Un muérdago y una orquídea instalados en la misma rama están haciendo cosas opuestas. El muérdago perfora la madera y bebe de la savia del árbol; la orquídea solo se agarra a la corteza y saca el agua del aire y de la lluvia. Esa diferencia —de dónde procede el agua y de dónde proceden los minerales— es lo que separa a un parásito de una epífita, y todo lo demás se deduce de ella.

Epífita significa literalmente «sobre planta». La planta que sirve de soporte se llama forófito, y el término es útil porque deja claro su papel: es un percha, no una despensa. Las raíces de la epífita se adhieren a la corteza y no atraviesan el cámbium ni conectan con el xilema del árbol. El parásito sí lo hace, con un órgano específico, el haustorio, que es una tubería enchufada a la savia del huésped: así funcionan el muérdago (Viscum album), que es hemiparásito porque además fotosintetiza, y la cuscuta (Cuscuta), que ha perdido incluso las hojas.

Planta epífita instalada sobre la rama de un árbol

Un árbol cargado de epífitas no está siendo chupado

De la distinción anterior sale una consecuencia que en jardinería se maneja al revés a menudo. Cuando un árbol viejo aparece cubierto de líquenes, musgos y bromelias, la relación causal suele ir en sentido contrario al que se supone: el árbol perdió densidad de copa por edad, enfermedad o sequía, entró más luz al tronco y las epífitas prosperaron. Limpiar el tronco a cepillo no cura nada.

Dicho lo cual, la convivencia no siempre es neutra. Una carga muy grande de epífitas añade peso y superficie de vela, y puede acabar rompiendo ramas en un temporal; y algunas, como se verá, terminan estrangulando al soporte. Pero ninguna le roba savia.

El problema real: vivir sin suelo

Una rama a quince metros de altura no tiene depósito de agua. Después de un aguacero tropical, la corteza vuelve a estar seca en un par de horas, y en la estación seca pueden pasar semanas sin lluvia. Aunque el bosque en conjunto sea húmedo, el microhábitat de la epífita es periódicamente árido. Casi todo lo raro que tienen estas plantas es una respuesta a eso.

Hay unas 28.000 especies epífitas vasculares, cerca del 9% de la flora vascular del planeta. Dos tercios son orquídeas; el resto se reparte sobre todo entre bromelias, helechos, aráceas, gesneriáceas y unos cuantos cactus de tallo aplanado o cilíndrico (Rhipsalis, Epiphyllum, Schlumbergera). Y aunque los grupos no tienen nada que ver entre sí, las soluciones se repiten.

Tricomas: absorber por la hoja

Las tillandsias han renunciado prácticamente a la raíz como órgano absorbente. Sus hojas están cubiertas de tricomas peltados: escamas microscópicas con forma de paraguas, formadas por células muertas y huecas. Cuando se mojan, se saturan por capilaridad en segundos y conducen el agua hasta las células vivas de debajo; cuando se secan, se llenan de aire y reflejan la luz.

De ahí una regla de compra excelente: cuanto más plateada es una tillandsia, más seco es su hábitat. Tillandsia tectorum o T. xerographica, densamente escamosas, quieren mucha luz y riegos espaciados. T. cyanea o T. bulbosa, verdes y casi lampiñas, vienen de sitios húmedos y sombreados y requieren lo contrario.

Cisternas: guardar el agua entre las hojas

Muchas bromelias resuelven el problema con un depósito. Las bases de sus hojas se solapan tan estrechamente que forman un tanque —los ecólogos lo llaman fitotelma— capaz de retener desde unos mililitros hasta varios litros. El agua se absorbe por los tricomas de esa zona basal, no por la raíz, que en Aechmea, Guzmania, Neoregelia o Vriesea queda reducida a un anclaje. La cisterna atrapa además hojas caídas, insectos y polvo que se descomponen dentro y aportan nitrógeno; en América tropical hay ranas y larvas de mosquito que completan su ciclo ahí.

Pseudobulbos: la despensa de la orquídea

En las orquídeas de crecimiento simpodial —Cattleya, Dendrobium, Oncidium, Coelogyne, Laelia— uno o varios entrenudos del tallo se engrosan hasta formar un pseudobulbo, ese cuerpo verde, brillante y a menudo arrugado con la edad, que almacena agua y reservas para pasar la temporada seca. Cuando un pseudobulbo se arruga, la planta está tirando de reserva y falta agua.

Las orquídeas monopodiales, en cambio, no lo tienen: Phalaenopsis guarda el agua en sus hojas carnosas y Vanda apenas guarda nada, y depende de sus raíces colgantes y de una humedad ambiental alta. Por eso una vanda montada al aire se moja a diario y una cattleya no.

Velamen: la esponja de las raíces aéreas

Las raíces aéreas de orquídeas y de muchas aráceas están recubiertas de velamen, varias capas de células muertas y vacías que funcionan como papel secante: absorben agua por capilaridad casi instantáneamente, la retienen, protegen del sol y frenan la evaporación. También intervienen en la captación de minerales.

El velamen ofrece de regalo el mejor indicador de riego que existe en jardinería de interior. Seco, está lleno de aire y se ve blanco plateado. Mojado, se vuelve transparente y deja ver el cilindro verde de debajo. Una Phalaenopsis con las raíces verdes no necesita agua; con las raíces plateadas, sí. No hace falta tocar el sustrato.

A todo esto se suma que aproximadamente la mitad de las orquídeas epífitas y casi todas las tillandsias funcionan con metabolismo CAM: abren los estomas de noche, cuando el aire está fresco y húmedo, fijan el CO₂ en forma de ácido málico y lo procesan de día con los estomas cerrados. Es el mismo mecanismo de los cactus, y ahorra muchísima agua.

Raíces aéreas de una epífita adheridas a la corteza

De dónde salen los minerales

Sin suelo, la nutrición mineral viene de cuatro fuentes, todas muy diluidas: el agua de lluvia y la niebla, el polvo atmosférico, el agua que escurre por el tronco después de lavar la copa —cargada de lixiviados de las hojas del árbol— y la materia orgánica que la propia planta consigue atrapar.

Este último punto tiene arquitecturas dedicadas. El nido de ave (Asplenium nidus) forma un embudo de frondes que recoge hojarasca. Los cuernos de alce (Platycerium) van más lejos: producen dos tipos de fronda distintos, unas estériles con forma de escudo, que se aplican contra el tronco, se secan y forman una cesta donde se acumula hojarasca hasta convertirse en un pequeño humus suspendido, y otras fértiles, colgantes y astadas, que hacen la fotosíntesis y llevan las esporas. Al montar un platicerio conviene entender esto: los escudos pardos no son hojas muertas que haya que arrancar, son la maceta de la planta.

De holoepífita a estranguladora

Dentro de la categoría hay grados de compromiso con la vida aérea.

Las holoepífitas completan todo su ciclo sin tocar el suelo: la mayoría de orquídeas, las tillandsias, los helechos epífitos.

Las hemiepífitas primarias empiezan arriba y terminan abajo. La semilla de un higuerón estrangulador (Ficus aurea, F. macrophylla, F. benghalensis) germina en una horquilla del árbol y crece como epífita hasta que emite raíces que descienden por el tronco y alcanzan el suelo. A partir de ahí se acelera: las raíces engruesan, se fusionan formando un enrejado alrededor del tronco del hospedador, la copa del ficus se impone sobre la suya y el árbol original acaba muriendo por compresión, competencia radicular y falta de luz. Sigue sin haber parasitismo —no hay haustorio en ningún momento—, pero el resultado para el forófito es letal. Lo mismo hacen varias Clusia.

Las hemiepífitas secundarias recorren el camino inverso: germinan en el suelo, trepan por un tronco y con el tiempo su conexión basal se pudre, quedando colgadas. Es el caso de Monstera deliciosa y de muchos Philodendron. Las plántulas de monstera tienen una conducta curiosa, el escototropismo: crecen hacia la zona más oscura del suelo, que estadísticamente es la base de un tronco grueso, y solo empiezan a buscar la luz una vez que se han agarrado a él.

El cultivo se deduce de la biología

Nada de tierra. La raíz de una epífita está adaptada a una rama ventilada y se asfixia en un sustrato compacto: en turba o mantillo se pudre en pocos meses. Se usa corteza de pino de granulometría media o gruesa, fibra de coco en trozos, esfagno, carbón vegetal y perlita gruesa, o directamente montaje sobre corcho, rama o tabla de helecho arbóreo, sujetando con hilo hasta que las raíces se agarren solas.

Ciclos de mojado y secado, no humedad constante. Se riega por inmersión o empapando bien, se deja escurrir y se espera a que el sustrato o el velamen sequen antes de repetir. En una vivienda española, una Phalaenopsis suele pedir agua cada 7-12 días en invierno y cada 4-6 en verano, pero el color de las raíces manda sobre el calendario.

Agua con pocas sales. La lluvia con la que evolucionaron es casi destilada. El agua muy dura deja costras de cal en hojas y raíces, y las tillandsias son particularmente sensibles: mejor agua de lluvia, de ósmosis o agua del grifo blanda. El agua tratada con descalcificador de sal no sirve, porque cambia calcio por sodio.

Abono flojo y frecuente. En la naturaleza reciben nutrientes muy diluidos y de forma continua. La práctica habitual entre orquidiófilos es aplicar un cuarto de la dosis de la etiqueta en cada riego durante el periodo de crecimiento, en lugar de dosis completas ocasionales.

Luz brillante filtrada y aire en movimiento. El interior del dosel es luminoso pero sin sol directo, y siempre hay brisa. El aire estancado es la causa más frecuente de manchas y podredumbres en colecciones de interior.

Dos detalles específicos: tras mojar una tillandsia hay que escurrirla boca abajo, porque el agua retenida en el corazón de la roseta la pudre en pocos días; y en una bromelia de cisterna se mantiene el tanque con agua limpia, renovándola cada dos o tres semanas, mientras el sustrato se riega muy poco. En invierno, con la casa fría, el tanque se vacía.

Bromelias y orquídeas epífitas en cultivo

Una advertencia de procedencia

Toda la familia Orchidaceae está incluida en CITES, y varias especies de Tillandsia también. La recolección en el medio natural es ilegal en la práctica totalidad de los países de origen, y una planta arrancada de una rama rara vez sobrevive al traslado. Se compran ejemplares de vivero, propagados en cultivo, y se pide la documentación cuando se trata de especies botánicas.

En España, al aire libre solo prosperan en zonas muy suaves: Canarias, litoral mediterráneo protegido y valles cantábricos para los helechos. Tillandsia aeranthos y T. bergeri aguantan heladas cortas de un par de grados bajo cero; el resto pasa el invierno dentro.

En resumen

Una epífita usa a otra planta como soporte y no le toma ni agua ni nutrientes; el parásito lo hace mediante haustorios conectados a la savia, y esa es la línea divisoria. Vivir sobre una rama significa vivir sin suelo y con sequías periódicas, y de ahí salen los tricomas de las tillandsias, la cisterna de las bromelias, el pseudobulbo de las orquídeas simpodiales, el velamen de las raíces aéreas y el metabolismo CAM. Los minerales llegan diluidos, de la lluvia y de la hojarasca que la planta atrapa. En cultivo, esto se traduce en sustrato aireado o montaje sin sustrato, ciclos de mojado y secado, agua blanda y abonado flojo y continuo.


Contenidos relacionados