Hay un arbusto sudafricano que decide cada temporada qué tipo de planta va a ser. Cuando llueve funciona como una planta corriente, abre los estomas de día y crece deprisa; cuando el agua escasea cambia de fisiología y pasa a trabajar de noche, ahorrando agua a costa de crecer despacio. Ese doble régimen se llama CAM facultativo, lo tienen muy pocas especies leñosas en el mundo, y es la razón por la que Portulacaria afra ha pasado de ser una maceta de repisa a ocupar plantaciones de miles de hectáreas en la provincia del Cabo Oriental.

Portulacaria afra, arbusto elefante

Quién es y de dónde sale

Portulacaria afra Jacq. es un arbusto suculento que en su tierra alcanza de dos a cinco metros, con tallos de corteza rojiza o caoba, quebradizos y muy ramificados, y hojas pequeñas, opuestas, ovaladas y de un verde brillante, de uno a dos centímetros y medio. Florece en primavera con racimos de florecillas rosadas diminutas, aunque en maceta rara vez lo hace.

La familia ha cambiado. Durante mucho tiempo se la colocó entre las portulacáceas, con las verdolagas, pero los análisis moleculares la trasladaron a las Didiereaceae, una familia pequeña y curiosa cuyo núcleo son los bosques espinosos del sur de Madagascar. Portulacaria es, por tanto, pariente de los Alluaudia malgaches y no de las Portulaca, pese al nombre.

Su hábitat es el matorral subtropical del Cabo Oriental, el llamado albany thicket, una espesura densa de arbustos suculentos y espinosos que ocupa valles cálidos y semiáridos entre Port Elizabeth y Grahamstown y se prolonga hacia el Karoo. En afrikáans se llama spekboom, árbol de tocino, y en inglés elephant bush, arbusto elefante: los elefantes del parque nacional de Addo se alimentan de él, y un elefante adulto puede consumir cantidades enormes al día sin acabar con la mata, porque cada rama rota que cae al suelo enraíza por su cuenta.

El CAM facultativo: cambiar de metabolismo

Aquí está lo interesante de esta planta, y merece explicarse despacio.

Casi todas las plantas del planeta funcionan en modo C3: abren los estomas de día para captar dióxido de carbono y lo fijan directamente con la enzima rubisco. Es eficiente cuando hay agua, y ruinoso cuando no la hay, porque por esos poros abiertos al calor del mediodía se escapa vapor sin parar.

Las suculentas resolvieron eso con el CAM, que separa las dos operaciones en el tiempo: capturan CO₂ de noche y lo guardan como ácido málico, y de día fotosintetizan con los estomas cerrados. Gastan poquísima agua, pero crecen despacio porque la cantidad de carbono que pueden almacenar cada noche tiene un techo. La explicación completa está en el artículo Plantas suculentas de este sitio.

La mayoría de las especies están en uno u otro campo de por vida. Portulacaria afra, no. Es C3-CAM facultativa: usa el modo C3 cuando el suelo tiene humedad y bascula al modo CAM cuando se seca, con una transición reversible que tarda unos días en completarse y que se puede medir siguiendo la acidez de sus hojas a lo largo de la jornada. En régimen CAM, una hoja de spekboom sabe ácida al amanecer y no al atardecer, porque el málico acumulado durante la noche se ha consumido; en régimen C3 no hay esa oscilación. Es una de las demostraciones más limpias que existen del ciclo CAM, y de hecho la especie se usa desde los años ochenta como material de laboratorio para estudiarlo.

La consecuencia ecológica es la que importa. Un arbusto que puede crecer rápido cuando llueve y sobrevivir con un consumo mínimo cuando no llueve tiene una ventaja enorme en un clima de precipitación irregular como el del Karoo oriental, donde puede caer todo el agua del año en dos semanas. Aprovecha los pulsos y aguanta los huecos.

Carbono y restauración del Karoo

Ese mismo rasgo llevó a la Portulacaria a la agenda climática sudafricana.

Durante el siglo XX, la ganadería caprina intensiva arrasó grandes extensiones de matorral del Cabo Oriental. Donde había una espesura cerrada quedó suelo desnudo, erosionado y con la materia orgánica perdida; se calcula que más de un millón de hectáreas de este tipo de matorral están degradadas. Y a diferencia de otras formaciones, esta no se regenera sola: el spekboom no coloniza terreno abierto porque sus plántulas no soportan la insolación directa del suelo pelado, así que el sistema queda bloqueado en el estado degradado durante décadas.

A partir de los años dos mil, investigadores de la Universidad de Rodas y del CSIR, entre ellos Anthony Mills y Richard Cowling, documentaron que los matorrales intactos de spekboom almacenaban cantidades de carbono en suelo y biomasa comparables a las de un bosque templado, muy por encima de lo esperable en una zona semiárida, y que la restauración con esta especie podía recuperar parte de ese depósito. Las cifras que se manejaron —del orden de varias toneladas de CO₂ por hectárea y año en las mejores condiciones— impulsaron el Subtropical Thicket Restoration Programme, un programa público de plantación con financiación ligada a mercados de carbono y a empleo rural.

La técnica de plantación aprovecha lo que hace el elefante: se cortan estacas de medio metro a un metro —llamadas truncheons—, se dejan cicatrizar unos días y se clavan directamente en el suelo, sin vivero, sin riego y sin sustrato preparado. Es un método barato y escalable, apto para trabajar con brigadas locales sobre grandes superficies.

Conviene añadir la parte incómoda, porque el asunto se ha divulgado con bastante exceso. Los resultados en campo han sido desiguales: la supervivencia de las estacas depende mucho de la estación de plantación, de la exposición y de si se excluye el ganado, y en muchas parcelas ha quedado bastante por debajo de lo previsto. Varios trabajos posteriores han rebajado las estimaciones iniciales de secuestro y han señalado que la recuperación completa del carbono del suelo lleva décadas, no años. El spekboom es una herramienta real de restauración de un ecosistema concreto, no una solución de compensación climática, y las campañas que lo han presentado como tal han hecho un flaco favor a la investigación seria que hay detrás.

Portulacaria o Crassula: cómo distinguirlas

La confusión con el árbol de jade, Crassula ovata, es constante, y las etiquetas de vivero la alimentan porque a ambas se les llama planta de la moneda o planta del dinero. Botánicamente no son ni parientes lejanas: una es didiereácea y la otra crasulácea. A la vista, cinco diferencias resuelven el caso.

  • Tamaño de la hoja. Portulacaria: de 1 a 2,5 cm, numerosas y muy juntas. Crassula ovata: de 3 a 9 cm, mucho más espaciadas.
  • Grosor. La de la Portulacaria es fina y algo flexible; la del jade es rechoncha y rígida, claramente más suculenta.
  • Color del tallo. Este es el rasgo decisivo: la Portulacaria tiene ramas rojizas o caoba desde jóvenes. El jade las tiene verdes y luego gris pardo.
  • Disposición. Portulacaria crece con ramas horizontales y colgantes, tendiendo a la cascada. El jade crece erguido, en candelabro.
  • Flor. Racimos rosados diminutos en la Portulacaria; estrellitas blancas o rosa pálido en umbelas terminales en el jade.

Hay una diferencia más, de cultivo: Portulacaria afra crece bastante más rápido y rebrota con mucha más facilidad tras una poda severa.

Portulacaria afra variegata

Cultivo en España

Luz. Cuanta más, mejor. A pleno sol la mata se compacta y los tallos toman color; en sombra los entrenudos se alargan y las hojas se separan. En interior necesita la ventana más luminosa de la casa, sur o suroeste, pegada al cristal. Las formas variegadas —'Variegata', de borde crema, y 'Medio-picta', con el centro claro— agradecen algo de sombra en las horas centrales de julio, porque el tejido sin clorofila se quema antes.

Temperatura. El límite práctico está en torno a 0 °C. Tolera mínimas de -2 °C puntuales y en seco, pero una helada de verdad la parte. En el litoral mediterráneo, en el valle del Guadalquivir y en Canarias vive fuera todo el año; en el interior peninsular hay que entrarla de noviembre a marzo, o cultivarla en maceta grande y moverla.

Sustrato. Drenante, con la mitad de componente mineral: sustrato de cactáceas, o universal con arena gruesa y pómice. Detesta el suelo compacto y húmedo.

Riego. Aquí su metabolismo cambiante permite algo de manga ancha. En crecimiento, de abril a septiembre, riego a fondo cada siete o diez días con secado completo entre uno y otro; con eso funciona en modo C3 y engorda. En invierno, con temperaturas bajas y poca luz, un riego al mes es suficiente y a menudo sobra. El síntoma de exceso es la caída masiva de hojas con tallos blandos; el de sequía, hojas arrugadas que se recuperan en horas tras regar.

Poda. La admite drásticamente y en cualquier momento de la temporada cálida. Rebrota desde madera vieja, lo que la hace muy manejable.

Esqueje. Es la multiplicación evidente y funciona casi al cien por cien. Se corta una rama de diez a veinte centímetros, se retiran las hojas de la mitad inferior, se deja secar el corte de tres a cinco días a la sombra y se planta en sustrato apenas húmedo. Enraíza en dos o tres semanas de primavera a verano. Saltarse el secado del corte es lo que hace que un esqueje se pudra.

Plagas. Pocas. Cochinilla algodonosa en axilas y cuello, y araña roja en ambientes muy secos de interior. El encharcamiento, más que ninguna plaga, es lo que mata ejemplares.

Bonsái: la razón de su prestigio en maceta

Entre las suculentas de bonsái, esta es la de referencia, y por motivos concretos.

Primero, la hoja reduce: con maceta pequeña, riego ajustado y sol, el tamaño foliar baja de dos centímetros a menos de uno, una proporción que funciona con troncos de veinte o treinta centímetros. Segundo, engrosa el tronco deprisa y desarrolla pronto una corteza rugosa que da aspecto de árbol viejo; existe incluso un cultivar de corteza corchosa muy buscado. Tercero, rebrota de yemas latentes por todo el tronco tras la poda, lo que permite reconstruir ramas donde uno quiera.

Su punto flojo es el alambrado: las ramas son quebradizas y con la savia cargada de agua se marcan y se parten con facilidad, así que el trabajo se hace más por poda de dirección —cortar dejando la yema orientada hacia donde debe salir la rama nueva— que por alambre. Cuando se alambra, conviene hacerlo en ramas ligeramente deshidratadas y retirar el alambre pronto, porque el engrosamiento es rápido y muerde la corteza.

El trasplante se hace en primavera, cada dos o tres años, con raíz podada y una semana sin riego después. Y en clima español, el ejemplar agradece pasar de abril a octubre en el exterior a pleno sol: es cuando gana carácter.

Un apunte final: en Sudáfrica las hojas de spekboom, de sabor ácido, se han comido tradicionalmente en ensalada y como forraje de emergencia para el ganado. No hay toxicidad descrita en la especie, aunque tampoco motivo para experimentar con ella en la cocina española.

En resumen

Portulacaria afra es un arbusto suculento del Cabo Oriental sudafricano, de la familia Didiereaceae, con tallos rojizos y hojas pequeñas y brillantes, conocido allí como spekboom. Su particularidad fisiológica es el CAM facultativo: alterna entre metabolismo C3 con humedad y CAM en sequía, un cambio reversible que la hace rápida cuando llueve y muy ahorradora cuando no.

Por eso se ha plantado a gran escala para restaurar el matorral degradado del Cabo Oriental y recuperar el carbono perdido, mediante estacas clavadas directamente en el suelo. Los resultados son reales pero irregulares, y las cifras iniciales de secuestro se han corregido a la baja: es restauración de un ecosistema concreto, no una solución climática global.

En jardinería pide sol, sustrato drenante, riego espaciado y protección frente a la helada, se multiplica por esqueje con solo dejar cicatrizar el corte, y es la suculenta de bonsái por excelencia. Se distingue de Crassula ovata por la hoja pequeña y fina, el tallo rojizo y el porte tendido.


Contenidos relacionados