El plato que hay debajo de una maceta puede producir más mosquitos tigre que la balsa entera del jardín del vecino. Ese es el dato que ordena todo lo demás, y el que explica por qué este mosquito exige una estrategia distinta de la del mosquito común de toda la vida. Aedes albopictus no viene de una charca lejana ni del río: se cría en el propio balcón, en volúmenes de agua ridículos, y no se aleja mucho de donde nació. Quien lo pica casi siempre lo ha criado sin saberlo.

Entender su biología es lo que permite decidir qué sirve. Y adelanto la conclusión incómoda: ninguna planta lo sustituye. Vaciar el agua sí funciona; una maceta de citronela en la terraza, no.

Por qué el tigre no es el mosquito de siempre

El mosquito común español es Culex pipiens. Pica de noche, entra en el dormitorio, zumba junto a la oreja, se cría en aguas relativamente grandes y con materia orgánica —imbornales, fosas sépticas, balsas de riego, alcorques encharcados— y vuela distancias considerables.

El mosquito tigre (Aedes albopictus), originario del sudeste asiático, llegó a la península en 2004 detectado en Sant Cugat del Vallès y hoy está establecido en todo el litoral mediterráneo, Baleares, buena parte de Andalucía y el valle del Ebro, con focos en el interior y en la cornisa cantábrica. Se reconoce por su tamaño pequeño, su cuerpo negro con una única línea blanca longitudinal en el tórax y los anillos blancos en las patas. Su comportamiento es opuesto al del Culex en casi todo:

Pica de día. Su actividad es diurna, con máximos a primera hora de la mañana y sobre todo en las dos o tres horas anteriores al anochecer. La mosquitera de la ventana, que resuelve el problema del mosquito común, sirve de poco contra un insecto que ataca en la terraza a las siete de la tarde.

Vuela bajo. Se orienta hacia el suelo y pica preferentemente en tobillos, pantorrillas y pies. Rara vez sube por encima de la cintura. Es también un picador insistente y sigiloso: apenas zumba y suele picar varias veces en la misma sesión, porque se interrumpe al menor movimiento y vuelve.

Se mueve poco. Su radio de dispersión habitual es de unos cien o doscientos metros desde el punto de cría, y la hembra suele permanecer toda su vida en un radio muy corto. Esto es una mala noticia y una buena a la vez: la mala es que el criadero está casi seguro en tu parcela o en la de al lado; la buena es que actuar sobre ese pequeño espacio produce un efecto inmediato y comprobable, cosa que no ocurre con Culex.

La biología que hay que aprovechar

El ciclo completo pasa por huevo, cuatro estadios larvarios, pupa y adulto. En condiciones de verano español, con agua entre 25 y 30 grados, ese recorrido se completa en siete a diez días. Ese número es la clave operativa: cualquier recipiente que retenga agua durante más de una semana puede producir mosquitos.

Lo que hace especial a esta especie es dónde y cómo pone. La hembra no suelta los huevos sobre el agua: los deposita uno a uno sobre la pared del recipiente, justo por encima de la línea del agua. Esos huevos resisten la desecación durante meses —hay registros de más de un año— y eclosionan cuando una lluvia o un riego vuelve a subir el nivel y los cubre. De ahí dos consecuencias prácticas:

La primera es que volcar el agua no basta si no se friega la pared. Un plato de maceta vaciado conserva los huevos adheridos y, al primer riego, vuelve a producir larvas. Hay que restregarlo con un cepillo o un trapo.

La segunda es que el volumen necesario es minúsculo. Cinco mililitros bastan. Se han encontrado larvas en el hueco de una brida de manguera, en el pliegue de una lona, en una chapa arrugada, en el agujero de drenaje de una jardinera y en el platillo de un bebedero de pájaros.

La revisión semanal del balcón y del jardín

Es la única medida que reduce de verdad la población, y conviene hacerla una vez por semana de mayo a noviembre, siguiendo un recorrido fijo.

Platos de macetas. El foco número uno. Lo mejor es retirarlos y sustituirlos por pies elevadores o por un lecho de grava que impida el charco; si son imprescindibles porque la planta necesita reserva, vaciarlos y frotarlos cada semana. Un plato bajo un macetero grande, escondido entre hojas, puede llevar meses funcionando.

Bebederos de animales y de aves. Cambiar el agua cada dos o tres días y enjuagar el recipiente al hacerlo.

Canalones y sumideros. Un canalón obstruido por hojas retiene agua todo el verano y es un criadero perfecto e invisible. Limpiarlos en primavera y comprobar la pendiente. Los imbornales y sumideros del patio se pueden tratar cuando no se puedan secar.

Bidones, regaderas, cubos y carretillas. Todo lo que acumule agua se guarda boca abajo. Los depósitos de recogida de lluvia se cierran con tapa hermética o con una malla mosquitera fina —de 1 milímetro de luz— sujeta con goma; la malla es imprescindible también en el rebosadero.

Lonas y cubiertas. La cubierta de la piscina, la lona del barbacoa, el plástico de la leña: cualquier pliegue forma un charco. Tensarlas o retirarlas.

Huecos estructurales. Los tubos de los toldos, los pies de sombrilla huecos, las bases de las vallas metálicas sin tapón, los neumáticos guardados, los huecos de los bloques de hormigón. Los neumáticos son el criadero clásico y, de hecho, el comercio internacional de neumáticos usados es la vía por la que la especie ha colonizado el mundo.

Vegetación que acumula agua. Las axilas foliares de las bromelias y de algunas palmeras retienen agua permanentemente. Si hay bromelias en el patio, hay que enjuagarlas con manguera cada semana para arrastrar las larvas.

Para el agua que no se puede eliminar —una fuente ornamental, un imbornal, un pozo de registro— existen dos soluciones limpias. Una es biológica: Bacillus thuringiensis var. israelensis, un larvicida bacteriano específico de dípteros, inocuo para personas, mascotas, abejas y peces, que se vende en pastillas o en gránulos y se repone cada dos o cuatro semanas. La otra, en estanques ornamentales, es introducir peces que consuman larvas; conviene elegir especies autóctonas y desechar la gambusia, que es invasora y está prohibida en muchas comunidades.

El manejo del jardín: donde descansa el adulto

Eliminar criaderos ataca a las larvas. Sobre los adultos que ya vuelan también se puede actuar, porque tienen un requisito muy concreto: durante las horas centrales del día se refugian en vegetación densa, umbría y húmeda a menos de un metro del suelo.

Eso significa que una masa de hiedra sobre un muro en sombra, un seto muy tupido sin aclarar, un macizo de Vinca o de aspidistra bajo los árboles o un rincón donde el goteo mantiene la tierra siempre húmeda son dormitorios de mosquito tigre. Aclarar esa vegetación baja en las zonas de estar, dejar que el suelo se seque entre riegos, regar por goteo en lugar de por aspersión y podar de modo que circule aire reduce de forma apreciable la presión de picaduras en la terraza, sin tocar una sola flor del jardín.

Un ventilador de pie en la mesa de la cena también funciona, y no es un truco menor: el tigre vuela mal contra corrientes de aire moderadas, y una brisa de un metro por segundo lo mantiene alejado de la zona.

El asunto de las plantas repelentes

Aquí la respuesta honesta es corta. Las aromáticas que se venden como antimosquitos —lavanda, albahaca, melisa, romero, caléndula, hierba gatera y el llamado geranio citronela— contienen aceites esenciales con actividad repelente demostrada cuando se extraen, se concentran y se aplican sobre la piel. La planta viva en su maceta no libera esos compuestos al aire en cantidad apreciable: los guarda en tricomas glandulares y solo los suelta cuando la hoja se rompe. Una maceta intacta a dos metros de distancia no protege ninguna pierna.

El caso del Pelargonium citrosum y su relación con la citronela auténtica —que es Cymbopogon nardus, una gramínea sin parentesco alguno con los geranios— está tratado con detalle en el artículo sobre plantas repelentes de moscas, y lo que allí se concluye vale igual aquí.

Sí tiene sentido cultivarlas por otros motivos: la melisa (Melissa officinalis) y la albahaca (Ocimum basilicum) para la cocina, la lavanda (Lavandula dentata, L. stoechas) y el romero (Salvia rosmarinus) porque aguantan el verano peninsular sin apenas riego y alimentan abejas y mariposas, la caléndula (Calendula officinalis) porque florece de octubre a mayo y se autosiembra. Frotarse las hojas de melisa en tobillos y muñecas da un rato de tregua, media hora quizá, y desaparece al evaporarse. Como medida de fondo no cuenta.

Para protección personal efectiva, los productos con DEET, icaridina o IR3535 son los que tienen respaldo, con restricciones de edad y de concentración que conviene consultar en la farmacia, especialmente para niños y embarazadas. Y las medidas físicas siguen siendo las más fiables: pantalón largo y calcetines a última hora de la tarde, y mosquitera de 1 milímetro si hay ventanas abiertas.

Cuándo avisar y por qué importa

Aedes albopictus es vector competente de dengue, chikunguña y zika. En España se han registrado casos autóctonos aislados de dengue y chikunguña desde 2018, transmitidos localmente a partir de viajeros infectados. La vigilancia entomológica de las comunidades autónomas y aplicaciones ciudadanas de notificación de avistamientos se apoyan en los avisos vecinales, y muchos ayuntamientos del litoral tienen protocolo de actuación en espacio público. Comunicar un criadero comunitario —un patio de luces encharcado, un imbornal, una parcela abandonada— es más eficaz que cualquier medida individual.

En resumen

El mosquito tigre pica de día, vuela bajo y a la altura de los tobillos, se aleja poco de donde nació y se cría en cinco mililitros de agua, con huevos pegados por encima de la línea del agua que resisten meses secos. Por eso lo único que funciona es la revisión semanal de mayo a noviembre: vaciar y fregar platos de macetas, bebederos, cubos, lonas y canalones, tapar depósitos con malla de 1 milímetro y tratar con Bti el agua que no se puede eliminar. Aclarar la vegetación baja y húmeda quita refugio a los adultos, y un ventilador despeja la mesa. Las aromáticas del balcón no repelen nada mientras estén intactas; para la piel, DEET o icaridina consultados en la farmacia.


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