Con la calefacción puesta, el salón de un piso en enero puede bajar del 30 % de humedad relativa. Eso, para una fitonia o un musgo, es un desierto. La salida no consiste en humedecer la casa entera, cosa que no se consigue, sino en fabricar un volumen pequeño de aire húmedo y meter dentro las plantas que lo necesitan. Ese volumen es el verdadero tema de este artículo; las especies vienen después.

Un recipiente, no una habitación

Intentar subir la humedad de un salón de cincuenta metros cúbicos es pelearse con la ventilación, con la calefacción y con el volumen. Un tarro de cinco litros con tapa hace solo lo contrario: la propia transpiración de las plantas satura ese aire en pocas horas y lo mantiene por encima del 90 % sin ningún aparato. El agua se evapora de la hoja, condensa en el cristal, escurre al sustrato y vuelve a subir. Es un ciclo cerrado y no cuesta nada.

Conviene aclarar dos remedios habituales que rinden poco. Pulverizar sube la humedad relativa durante unos minutos y después el aire vuelve a donde estaba; deja además la hoja mojada, que es justo lo que favorece las manchas foliares. La bandeja con grava y agua sí produce un efecto medible, pero solo en los diez o veinte centímetros inmediatos y siempre que haya poca corriente. Ninguna de las dos sustituye a un recinto.

Cuatro recintos posibles

El terrario cerrado. Una pecera con tapa, un tarro de conserva grande, una bombonera. Volúmenes de dos a treinta litros. Es el sistema más estable: una vez equilibrado se riega dos o tres veces al año. Exige plantas de crecimiento contenido, porque en seis meses cualquiera de ellas llega al cristal.

La cubeta con tapa translúcida. Una caja de plástico de las de guardar ropa, con la tapa apoyada sin cerrar del todo. Fea, pero insuperable para enraizar esquejes, aclimatar plantas recién compradas y recuperar helechos maltrechos. Se usa como sala de curas, no como decoración.

La campana de cristal. Una cúpula sobre un plato, con una sola planta debajo. Muy poco volumen de aire, de modo que se calienta y se satura muy deprisa: hay que levantarla a diario y no ponerla nunca donde le dé el sol.

El cuarto de baño con ventana. Aquí conviene ser exacto, porque su fama es mayor que su rendimiento: la humedad de un baño no es continua, sino a picos. Después de una ducha el aire llega al 80 o 90 %, y veinte minutos más tarde ha vuelto al valor del resto de la casa. Lo que sí ofrece un baño es estabilidad térmica y ausencia de corrientes, y eso ya es mucho. Sin ventana, en cambio, no hay planta que valga; el asunto está tratado en el artículo sobre plantas para el cuarto de baño.

Humedad y ventilación: el punto donde fallan los terrarios

Un terrario no fracasa por falta de humedad. Fracasa por exceso de humedad sin movimiento de aire. En aire saturado y quieto, a 22 °C, prosperan Botrytis cinerea, los oídios y las podredumbres bacterianas blandas, que entran por cualquier corte o por una hoja tocando el vidrio mojado.

La referencia práctica es la condensación. Un terrario bien ajustado amanece con el cristal velado y se aclara antes del mediodía. Si el vidrio está empañado a todas horas y chorrea, sobra agua; si nunca condensa, el cierre no es estanco o falta riego.

Cinco medidas resuelven casi todos los casos:

Airear. Durante las primeras semanas, destapar diez minutos dos veces por semana. Un terrario ya equilibrado puede vivir cerrado, pero abrirlo de vez en cuando no le hace ningún daño.

Nada de sol directo. Un recipiente cerrado al sol se convierte en una estufa: se pueden alcanzar cuarenta y tantos grados en minutos y cocer todo el contenido. Luz clara indirecta, o pantalla LED a treinta centímetros.

Drenaje real. Una capa de tres centímetros de arcilla expandida o grava en el fondo, una malla fina encima y sobre ella el sustrato. La lámina de agua nunca debe tocar la tierra.

Carbón vegetal en la mezcla. Un puñado de carbón activo o de carbón de encina triturado retiene compuestos de la descomposición y ayuda a que el conjunto no se agrie.

Retirar la hoja muerta. La materia orgánica en descomposición es el sustrato de la que después ataca al tejido vivo. Unas pinzas largas bastan.

El moho, y cómo leerlo

Hay dos mohos y significan cosas distintas.

El moho blanco algodonoso sobre el sustrato o sobre una hoja caída es saprófito: vive de materia muerta, aparece en las primeras semanas de casi cualquier terrario nuevo y desaparece solo cuando el sistema se estabiliza, sobre todo si hay colémbolos, esos insectos minúsculos y blancos que se introducen a propósito en los terrarios para comérselo. No hay que alarmarse.

El moho gris aterciopelado sobre tejido vivo, con la hoja o el tallo reblandecidos por debajo, es otra cosa: Botrytis. Ahí se corta lo afectado con tijera limpia, se retira todo el material caído, se deja el recipiente abierto varios días y se reduce el riego. Si vuelve, hay demasiada agua o demasiada materia muerta en el fondo.

Un tercer aviso: si al abrir la tapa huele a cieno o a huevo, el fondo está anegado y en anaerobiosis. Eso no se corrige aireando; se desmonta y se rehace.

Helecho de fronde fina cultivado en ambiente húmedo

Las plantas pequeñas que piden ese aire

Fittonia albivenis. Hoja fina con nervadura blanca o roja. Funciona como indicador del conjunto: se desploma entera cuando falta agua y se recupera en dos horas al regarla. Si en un terrario cerrado la fitonia se marchita, algo va mal en todo el sistema.

Selaginella kraussiana y Selaginella martensii. Aspecto de musgo grande, condición de licofita. No perdonan un solo día de aire seco, de modo que fuera de un recinto cerrado no duran. Nada que ver con Selaginella lepidophylla, la rosa de Jericó, que es planta de desierto y no pinta nada aquí.

Soleirolia soleirolii, la lágrima de bebé. Tapiza en semanas y hay que recortarla, porque acaba trepando por el vidrio y ahogando a las vecinas. Útil precisamente por eso: cubre el suelo del terrario en un mes.

Musgos. Hypnum cupressiforme, Leucobryum glaucum o Thuidium tamariscinum se comportan bien en terrario si reciben luz, porque la creencia de que el musgo quiere oscuridad es falsa: quiere humedad constante y luz suave. Se compran en tiendas especializadas; recolectarlos en el monte, y más aún en espacios protegidos, ni procede ni suele ser legal.

Pileas pequeñas. Pilea glauca, de hoja diminuta y azulada, Pilea depressa y Pilea involucrata 'Moon Valley', de hoja gofrada. La Pilea peperomioides, que es la conocida, no entra en esta categoría: crece demasiado y no pide humedad alta.

Peperomias miniatura. Peperomia prostrata y Peperomia rotundifolia, colgantes de hoja redonda. Ojo: tienen tejido algo suculento y son las primeras en pudrirse si el sustrato queda empapado, así que van en la parte alta del montaje, sobre corteza o madera.

Orquídeas en miniatura. Aquí hace falta una distinción de temperatura. Haraella retrocalla, Phalaenopsis parishii o las Bulbophyllum pequeñas de tierras bajas se dan bien a 20-26 °C. En cambio Masdevallia, Dracula y la mayoría de Lepanthes son de bosque nublado y necesitan noches por debajo de 16-18 °C; en un piso peninsular en verano se pierden sin remedio, salvo en la cornisa cantábrica o a cierta altitud. Se montan sobre corcho o en canastilla, no en maceta con turba.

Y para acompañar: Ficus pumila 'Quercifolia' de hoja minúscula, Begonia bowerae, Adiantum raddianum —el culantrillo de hoja fina, que en aire de piso se seca y en recinto cerrado va perfecto— y Cryptanthus bivittatus para poner color rojizo a ras de sustrato.

Agua, sustrato y luz

El agua debe ser blanda. En un recinto cerrado el agua circula pero las sales no salen: se acumulan. Con agua dura del grifo, en pocos meses aparecen costras blancas en el vidrio, en el musgo y en la base de las hojas. Agua de lluvia, destilada o de ósmosis.

El sustrato debe drenar. Fibra de coco o turba rubia con un tercio de perlita, más esfagno picado y carbón. Nunca tierra de jardín ni sustrato universal compactado.

La luz, medida. Diez a doce horas de una barra LED pequeña situada a veinte o treinta centímetros, o una ventana orientada al norte a menos de un metro. Con menos, las plantas se ahílan y el musgo pardea.

Abono, casi nada. Una cuarta parte de la dosis, dos o tres veces al año. En un terrario no interesa que las plantas crezcan deprisa; interesa que se mantengan.

En resumen

Las plantas pequeñas de ambiente húmedo no necesitan una casa húmeda, sino un recinto: terrario cerrado, cubeta con tapa, campana o un baño con ventana. La transpiración de las propias plantas satura ese aire sin aparatos. El fallo típico no es la sequedad sino el aire saturado y quieto, que trae Botrytis y podredumbres; la referencia es que el cristal amanezca velado y se aclare antes del mediodía. El moho blanco sobre materia muerta es normal y pasajero; el gris sobre tejido vivo obliga a cortar, retirar y ventilar. Fittonia, selaginelas, soleirolia, musgos, pileas y peperomias pequeñas y orquídeas miniatura son las candidatas, con la salvedad de que las orquídeas de bosque nublado piden noches frescas que un piso español no da en verano.


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