Pocas plantas devuelven tanto por tan poco trabajo como el flox musgoso. Es una vivaz rastrera que durante seis u ocho semanas de primavera cubre el suelo con una lámina de flores tan densa que no se ve ni una hoja, y el resto del año se comporta como un tapiz verde oscuro que aguanta la sequía sin quejarse. Su nombre botánico es Phlox subulata, y en los viveros españoles aparece también como flox rastrero, flox de musgo o, simplemente, «phlox de rocalla».
Es una planta fácil, pero fracasa con una regularidad sospechosa en manos de quien la trata como a una planta de flor convencional. La razón casi siempre es la misma y la veremos más abajo: exceso de agua y falta de sol.
Qué es exactamente el flox musgoso
Phlox subulata pertenece a la familia Polemoniaceae y es originaria del este y centro de Estados Unidos, donde crece de forma natural en laderas rocosas, taludes arenosos y afloramientos calizos. Ese dato no es una curiosidad de enciclopedia: describe con exactitud las condiciones que hay que reproducirle en el jardín. Suelo pobre, drenaje rápido, sol directo y raíces que nunca se quedan en agua estancada.
Es una perenne rastrera de hoja persistente. No supera los 10-15 cm de altura, pero cada mata se extiende con facilidad hasta 40-60 cm de diámetro en un par de temporadas. Los tallos son leñosos en la base y van enraizando allí donde tocan tierra húmeda, lo que explica su capacidad de colonizar taludes.
La hoja es la que le da el apellido: lineales, rígidas y punzantes, de apenas 1-2 cm, dispuestas tan apretadas que de lejos el conjunto parece un cojín de musgo. El epíteto subulata significa precisamente «en forma de lezna». A diferencia de casi todas las tapizantes de flor, esta no se seca en invierno: mantiene el follaje verde grisáceo todo el año, y eso la hace útil incluso fuera de temporada.
Las flores son pequeñas, de 1,5 a 2 cm, con cinco pétalos escotados en el ápice —de ahí que muchos las describan con forma de corazón— y un ojo central más oscuro. Salen en tal cantidad que tapan por completo la mata. La gama va del blanco puro al rosa fucsia, pasando por lila, malva, azul violáceo y bicolores rayados.
Cuándo florece en España
En la mayor parte de la Península la floración principal se produce entre finales de marzo y mediados de mayo. En el litoral mediterráneo y en Andalucía se adelanta a marzo; en la meseta norte y en zonas de montaña se retrasa hasta abril o incluso mayo. Dura de cuatro a seis semanas si el tiempo es fresco, y bastante menos si llega una ola de calor temprana, porque el calor acelera el marchitamiento de la corola.
Es habitual que, tras una poda de limpieza después de la floración, la planta emita una segunda tanda de flores dispersa en septiembre. No tiene la espectacularidad de la primaveral, pero conviene saber que puede ocurrir y no es señal de nada raro.
Variedades que merece la pena buscar
Casi todo lo que se vende son cultivares seleccionados, no la especie tipo. Los más extendidos en el mercado europeo:
'Emerald Blue', de flor lila azulada y follaje especialmente compacto, probablemente el más vendido. 'Candy Stripe' (también etiquetado como 'Tamaongalei'), rosa con una franja blanca central en cada pétalo, muy vistoso de cerca. 'White Delight', blanco puro, excelente para contrastar con piedra oscura. 'Purple Beauty' y 'McDaniel's Cushion', este último de flor rosa intenso y mata más voluminosa. 'Atropurpurea', el más saturado en carmín.
Conviene no confundir Phlox subulata con dos parientes que se venden a su lado y necesitan otra cosa: Phlox paniculata es una vivaz erecta de 80-120 cm que florece en verano y exige riego regular y suelo fértil, justo lo contrario; y Phlox douglasii es también rastrera pero de mata más plana y menor vigor. Tampoco es una Aubrieta, aunque en el vivero ocupen la misma estantería y cumplan una función parecida: la aubrieta tiene hoja blanda, ovalada y peluda, y flores de cuatro pétalos, no cinco.
Plantación: dónde y cómo
Época. Los dos momentos buenos son otoño (octubre-noviembre) y principios de primavera (febrero-marzo). El otoño es preferible en clima mediterráneo, porque la planta dispone de todo el invierno para enraizar con las lluvias y llega a la primavera siguiente ya asentada. Evita plantar en mayo o junio: arrancará con estrés hídrico y perderás la mitad de la mata.
Exposición. Sol directo, y cuanto más mejor. Con menos de cinco o seis horas de sol al día la planta sobrevive, pero se ahíla, se abre por el centro y florece de manera raquítica. En el sur peninsular tolera una sombra ligera de las horas centrales de julio y agosto sin perder floración, pero no la plantes bajo la copa de un árbol ni en el lado norte de un muro.
Suelo. Aquí está el punto crítico. Necesita un sustrato ligero, arenoso o pedregoso, con pH entre 6 y 7,5. Tolera bien el suelo calizo, muy frecuente en media España, lo que la hace más agradecida que otras tapizantes de rocalla. Si tu terreno es arcilloso y compacto, no la plantes tal cual: levanta el nivel haciendo un caballón o una rocalla, y mezcla la tierra a partes iguales con arena gruesa de río o gravilla de 3-6 mm. Un cuarto de volumen de compost bien hecho es suficiente en cuanto a materia orgánica; más de eso es contraproducente.
Marco de plantación. De 3 a 5 plantas por metro cuadrado, separadas 30-35 cm. Parece poco al principio y sobra al segundo año. El error opuesto —plantar apretado para tapar antes— produce matas que compiten, se ahogan por el centro y se vuelven propensas al oídio.
Gesto que marca la diferencia: al plantar, deja el cuello de la planta ligeramente por encima del nivel del suelo y coloca una capa de 2-3 cm de gravilla alrededor. Ese acolchado mineral mantiene el follaje separado de la tierra húmeda y previene la mayoría de las podredumbres.
Cuidados a lo largo del año
Riego. El primer verano, riegos de asentamiento cada 7-10 días. A partir del segundo año, en la mitad norte peninsular puede vivir prácticamente de la lluvia; en el sur y en el litoral mediterráneo, un riego profundo cada 12-15 días en los meses secos basta. Riega al pie y por la mañana. Mojar el follaje en verano, y sobre todo por la tarde, es la vía directa al oídio.
Poda. Es el cuidado que más se descuida y el que más rendimiento da. En cuanto termine la floración —finales de mayo o principios de junio—, recorta toda la mata un tercio de su altura con tijera de setos o cortabordes. No tengas miedo: sobre el tallo leñoso rebrota sin problema. Esa poda evita que el centro se pele, mantiene la forma de cojín y multiplica la floración del año siguiente. Una Phlox subulata sin podar acaba, a los cuatro o cinco años, convertida en un anillo de vegetación con un agujero calvo en el medio.
Abonado. Muy poco. Un abono granulado de liberación lenta y bajo en nitrógeno, tipo 5-10-10, a razón de un puñado por metro cuadrado a finales de invierno, es todo lo que necesita. El exceso de nitrógeno produce mata frondosa y casi nada de flor, además de tejidos blandos que atraen problemas.
Frío. Es extraordinariamente rústica: resiste sin daño por debajo de -20 °C. En España no hay ningún punto donde el invierno la comprometa. Su límite está en el otro extremo: veranos muy largos con noches por encima de 25 °C y humedad alta la debilitan.
Multiplicación. La más sencilla es por esqueje de tallo en junio, justo después de la poda: trozos de 5-8 cm, se retiran las hojas del tercio inferior y se clavan en arena húmeda a la sombra; enraízan en tres o cuatro semanas. También funciona la división de mata en otoño y el acodo natural: basta con echar un poco de sustrato sobre un tallo tendido y separarlo cuando haya emitido raíces.
Enfermedades y plagas
Oídio. El clásico del género Phlox, aunque subulata es bastante menos sensible que P. paniculata. Aparece como polvillo blanco en el envés y en los tallos, típicamente en veranos húmedos o donde el riego por aspersión moja la mata. Se previene con separación adecuada, poda de aclareo y riego al pie. Si aparece, azufre mojable a dosis de etiqueta, aplicado con temperaturas por debajo de 28 °C para no quemar la hoja.
Podredumbre de cuello y raíz (Phytophthora, Rhizoctonia). Es la causa número uno de muerte súbita en esta planta. Se manifiesta como una zona de la mata que se pardea y se desprende con solo tirar. No tiene tratamiento práctico en jardinería doméstica: se corrige de raíz mejorando el drenaje y no volviendo a plantar en el mismo punto sin haber levantado el terreno.
Araña roja (Tetranychus urticae). Aparece en episodios de calor seco. Da al follaje un aspecto plomizo y punteado, con telaraña fina si la infestación es alta. Mojar el follaje con agua a presión al atardecer varios días seguidos suele bastar; en casos serios, jabón potásico o un acaricida específico.
Nematodos del tallo (Ditylenchus dipsaci). Poco frecuentes pero incurables: producen tallos deformes, engrosados y hojas retorcidas y estrechas. La única respuesta es arrancar y destruir la mata, no compostarla, y no replantar Phlox en ese punto durante varios años.
Caracoles y babosas. Atacan sobre todo a los brotes tiernos tras la poda de junio y en los rebrotes de otoño. Trampas de cerveza o fosfato férrico, que es inocuo para erizos y perros.
Dónde queda bien
Su destino natural es la rocalla, el borde de un camino de gravilla, la coronación de un muro de piedra seca —desde donde cae en cascada— y los taludes con pendiente, donde además hace un trabajo real de sujeción del suelo frente a la erosión. También funciona como tapizante entre losas de un pavimento poco transitado y en jardineras altas o macetas anchas y poco profundas.
Combina bien con plantas que pidan lo mismo: Sempervivum, Sedum, Armeria maritima, Dianthus, Iberis sempervirens, Aubrieta, tomillos rastreros y bulbos pequeños como Crocus o Muscari, que asoman a través del tapiz en febrero y le dan una segunda temporada de interés.
Lo que no funciona es meterla en un arriate mixto de vivaces de riego. Ahí la tapan, se queda a la sombra, recibe demasiada agua y desaparece en dos temporadas.
En resumen
Phlox subulata es una tapizante perenne de hoja persistente, de 10-15 cm de alto, que en primavera se cubre por completo de flores de cinco pétalos escotados en blanco, rosa, lila o azul violáceo. Quiere sol directo, suelo con drenaje rápido —incluso pobre y calizo— y muy poca agua una vez asentada. Resiste hasta -20 °C sin protección.
El cuidado que de verdad cambia el resultado es la poda de un tercio inmediatamente después de la floración: sin ella, la mata se pela por el centro en pocos años. Los dos errores que la matan son el exceso de riego sobre suelo arcilloso, que provoca podredumbre de cuello, y el exceso de nitrógeno, que da hoja y no flor. Planta en otoño, deja el cuello por encima del nivel del suelo, cubre con gravilla y prácticamente no tendrás que volver a intervenir.