Cinco pétalos por flor, un centenar de flores por umbela y una umbela detrás de otra desde mayo hasta que llegue el frío: Pentas lanceolata se gana el nombre en el número. El género viene del griego pente, cinco, por la corola estrellada de cada florecilla, y esa acumulación de estrellas apretadas en cúpulas de diez o doce centímetros es lo que convierte a la mata en un imán para mariposas durante todo el verano.

La planta

Es una rubiácea, de la misma familia que el café y la gardenia, originaria del este de África y de la península arábiga, desde Etiopía y Kenia hasta Yemen. En su tierra es un subarbusto perenne de 60 a 120 centímetros, con tallos que se lignifican en la base y hojas lanceoladas, opuestas, verdes, algo rugosas y ligeramente vellosas.

La flor se agrupa en corimbos densos y redondeados en el extremo de cada tallo. Cada corola es un tubo estrecho de un centímetro que se abre en cinco lóbulos planos. La gama de colores cubre el rojo, el rosa, el fucsia, el malva, el lila y el blanco, y las series comerciales modernas —'Graffiti', 'Butterfly', 'Starcluster', 'Lucky Star', 'Northern Lights'— se han seleccionado por compacidad y por floración temprana.

Existen otras especies del género, como Pentas parvifolia o Pentas zanzibarica, pero en el comercio español la que se encuentra es prácticamente siempre P. lanceolata o sus híbridos. Se la llama también estrella egipcia o pentas.

Umbelas de flores estrelladas de Pentas lanceolata

Por qué atrae tanto a las mariposas

No es una impresión subjetiva: la penta figura en las listas de plantas nectaríferas recomendadas en programas de jardines para polinizadores, y hay una razón morfológica detrás. El tubo floral largo y estrecho reserva el néctar a los insectos de aparato bucal alargado, es decir, a mariposas diurnas y nocturnas y a esfíngidos. La superficie plana que forman los cinco lóbulos abiertos, sumada a la densidad del corimbo, ofrece además una plataforma de aterrizaje firme donde el insecto se posa y va libando flor tras flor sin volar.

En España atrae con fiabilidad a macaones, mariposas de la col, vanesas, colias y a la esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum), esa polilla diurna que se queda suspendida en el aire y a la que se confunde con un colibrí. En jardines de zonas cálidas también acuden abejorros de lengua larga.

Para maximizar el efecto: agrupa varias plantas del mismo color en lugar de dispersarlas, sitúalas a pleno sol y resguardadas del viento, y ten a mano una fuente de agua somera. Y evita los insecticidas sistémicos, que anulan el propósito.

Anual en casi toda España, perenne en el litoral cálido

La rusticidad marca el uso. Pentas lanceolata se sitúa en las zonas USDA 10 y 11: aguanta hasta unos 4 o 5 °C sin daño, se estropea con 2 °C y muere con la primera helada.

Eso se traduce en dos maneras muy distintas de cultivarla:

  • Como planta de temporada en el interior peninsular, la meseta, el valle del Ebro, el norte atlántico y cualquier zona con heladas invernales. Se planta en mayo, cuando ha pasado el riesgo, florece de junio a octubre y se pierde con el frío. Es el uso habitual en macetas de balcón, jardineras y arriates de verano.
  • Como perenne en el litoral mediterráneo templado —Málaga, Almería, Alicante, Murcia, litoral valenciano resguardado—, en las islas Canarias y en zonas costeras sin heladas. Ahí forma matas leñosas de metro y pico que florecen prácticamente todo el año, con un descanso en pleno invierno, y se rejuvenecen con una poda anual de aclareo en febrero.

Hay una tercera vía intermedia: cultivarla en maceta y invernarla. Se entra a una galería fresca y luminosa entre 10 y 15 °C antes de las primeras noches frías, se reduce el riego al mínimo para mantener el cepellón apenas húmedo, no se abona, y en marzo se poda a la mitad y se saca gradualmente. Rebrota con vigor y da una planta más grande el segundo año.

El pinzado, lo que multiplica la floración

La penta florece en el extremo de cada tallo. La aritmética es inmediata: más extremos, más ramos de flor. Y como la planta tiende de forma natural a subir en pocos tallos altos con una umbela cada uno, hay que forzarla a ramificar.

La operación se hace al plantarla y de nuevo unas semanas después, siempre antes de que se formen los botones:

  1. Con la planta ya establecida y con cuatro o cinco pares de hojas, pellizca con los dedos el par superior de hojas de cada tallo, o córtalo con tijera justo por encima de un nudo.
  2. De las axilas del nudo inferior brotarán dos ramas nuevas donde había una. En dos o tres semanas serán visibles.
  3. Repite el gesto una vez más sobre esas ramas si quieres una mata todavía más tupida, con el límite de no seguir pasado el final de mayo, porque cada pinzado retrasa la floración unas dos semanas.

El resultado, con dos pinzados, es una planta compacta, con cuatro veces más puntas florales y sin ese aspecto desgarbado de tallos altos y pelados por abajo. En las series enanas modernas el pinzado ya viene hecho de vivero, y un tercer pinzado no aporta.

Limpieza de las umbelas pasadas

Es la otra tarea que sostiene la floración de junio a octubre. Cuando un corimbo termina, sus florecillas se secan en su sitio, oscurecen y la planta empieza a formar semilla, un proceso que consume recursos y frena la aparición de flor nueva.

Retíralas en cuanto la mitad de las florecillas de la umbela se hayan marchitado, sin esperar a que se sequen del todo. El corte no va justo bajo la cabeza floral: hay que bajar el tallo hasta el primer par de hojas sanas y cortar por encima de ese nudo. De ahí saldrán las dos ramas que darán los ramos siguientes, con lo que la limpieza cumple a la vez la función del pinzado.

En una jardinera con varias plantas, esta revisión cada una o dos semanas durante el verano es lo que separa una floración continua de una temporada corta con parones.

Riego, sol y sustrato

Sol. Pleno sol para floración máxima, con un mínimo de seis horas diarias. Tolera la semisombra y sigue floreciendo, aunque con menos ramos y tallos más largos. En el sur peninsular en pleno agosto agradece protección del sol de las horas centrales, sobre todo en maceta.

Riego. Es una planta de floración abundante y por tanto de consumo alto, pero no de terreno encharcado. La pauta correcta: riego regular manteniendo el sustrato fresco, dejando secar los dos primeros centímetros entre aportes. En maceta al sol y en pleno verano puede significar todos los días; en arriate, dos o tres veces por semana. Si las hojas se caen a media tarde y recuperan al fresco de la noche, es estrés térmico normal y no necesariamente sed.

El error a evitar es el ciclo de sequía severa y encharcamiento, que provoca caída de botones. Riega en la base, no sobre las flores, que se manchan y se pudren.

Sustrato. Rico en materia orgánica y con drenaje. Universal de calidad con compost y un puñado de perlita en maceta; en tierra, aportación de compost y pH ligeramente ácido a neutro, entre 6 y 7.

Abono. Aquí sí conviene ser generoso: cada quince días de mayo a septiembre con un fertilizante para plantas de flor, rico en potasio. Una planta con esa cantidad de floración agota el sustrato de una maceta en pocas semanas. En tierra, un abono de liberación lenta al plantar y un refuerzo líquido mensual.

Marco. De 30 a 40 centímetros entre plantas en arriate; en jardinera, una planta cada 20 centímetros. Buena ventilación entre ejemplares reduce los problemas de hongos.

Multiplicación

Por esqueje de tallo en primavera o verano: 8 a 10 centímetros de brote sin flor, quitando las hojas inferiores, con hormona de enraizamiento, en perlita y turba a 22-25 °C y con humedad alta. Enraíza en tres o cuatro semanas. Es el método para conservar un color concreto y para pasar el invierno sin guardar la planta entera.

Por semilla en enero o febrero en semillero caliente a 22-24 °C, sin cubrir porque necesita luz para germinar. Germina en dos o tres semanas y florece el mismo año, aunque los híbridos comerciales no reproducen el tipo de la planta madre.

Plagas y problemas, sobre todo si se cultiva dentro

Al aire libre y con buena ventilación, la penta da pocos disgustos. En interior o en una galería cerrada cambia el escenario: sin depredadores naturales, con aire quieto y ambiente seco, tres plagas se disparan.

Mosca blanca. Es la más frecuente en esta planta bajo cubierta. Se ven adultos blancos que revolotean al mover las hojas y ninfas ovaladas pegadas al envés. Producen melaza y negrilla. Trampas cromáticas amarillas para detectarla pronto, lavado del envés y jabón potásico repetido cada cinco o siete días, porque un solo tratamiento no alcanza a los huevos.

Araña roja. Ácaro favorecido por el calor seco. Punteado amarillo fino en el haz, telilla en el envés y hojas que se broncean. Subir la humedad y lavar a fondo el envés es la primera medida; en casos serios, acaricida específico.

Pulgón. En los brotes tiernos y en los pedúnculos florales, que deforma. Se retira con un chorro de agua y con jabón potásico.

Fisiológicos: hojas amarillas con nervios verdes, clorosis por suelo calizo o agua dura, corregible con quelato de hierro; caída de botones sin abrir, riego irregular o cambio brusco de ubicación; oídio, polvillo blanco en el haz cuando hay poca ventilación y noches húmedas, que se previene separando plantas y regando por la base; pocos ramos y tallos largos, falta de luz o de pinzado.

Seguridad

Pentas lanceolata no figura entre las plantas tóxicas para perros y gatos en los listados de referencia, ni se le atribuyen problemas en niños. No tiene uso alimentario ni medicinal reconocido; su papel es estrictamente ornamental y ecológico.

En resumen

La penta es la planta de verano que se pone cuando se quiere flor continua y mariposas en el balcón. Pleno sol, sustrato fresco con buen drenaje, abono de flor cada quince días y dos tareas manuales que lo cambian todo: pinzar las puntas al plantarla para que ramifique y cortar cada umbela agotada por encima del primer par de hojas sanas, con lo que la floración no se detiene hasta octubre. En el interior peninsular es planta de temporada, porque la primera helada acaba con ella; en el litoral cálido y en Canarias se comporta como arbusto perenne. Y si la metes en casa, vigila la mosca blanca desde el primer día.


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