Quien haya viajado por Galicia, Asturias o Cantabria conoce esta planta aunque no sepa su nombre: un arbusto de hoja fina cubierto de flores colgantes rojas y moradas, creciendo en las cunetas, en los muros de piedra y en los setos de las casas rurales. Es Fuchsia magellanica, la pendiente de la reina, y tiene una particularidad que la separa del resto de fucsias que se venden en los centros de jardinería: es la única realmente rústica, capaz de pasar el invierno en el suelo sin protección en buena parte del país.
Origen y por qué importa
Es originaria del sur de Chile y del suroeste de Argentina, de los bosques templados húmedos de la Patagonia y de la zona de Magallanes, que es lo que le da el epíteto específico. Allí crece en el sotobosque y en los bordes de camino de una región con lluvias abundantes, veranos frescos e inviernos fríos pero no extremos.
Ese perfil climático es exactamente el de la cornisa cantábrica y Galicia, donde se introdujo hace más de un siglo y donde hoy está ampliamente naturalizada. En algunos enclaves se comporta como planta asilvestrada, formando setos espontáneos. Y también explica su punto débil: no lleva bien el verano seco y caluroso del interior y del sur peninsular. No es una planta que se pueda plantar en cualquier sitio de España solo porque aguante el frío.
Cómo es la planta
Es un arbusto caducifolio o semicaducifolio según el clima, de porte erecto y ramificado, con ramas arqueadas y una corteza que se desprende en tiras pardas en los tallos viejos. En condiciones favorables alcanza de 1,5 a 3 metros de altura, y en su óptimo, en zonas de clima oceánico suave, puede llegar a formar matas de 3-4 metros que parecen pequeños árboles.
Las hojas son opuestas o verticiladas de tres en tres, ovado-lanceoladas, de 2 a 5 cm, con el margen finamente aserrado, verde medio y algo brillantes. Los tallos jóvenes suelen tener un tono rojizo.
La flor es lo que justifica su fama. Cuelga de un pedicelo largo y fino, como un pendiente, y está formada por dos partes claramente diferenciadas: un tubo y cuatro sépalos de un rojo escarlata intenso, que se abren hacia atrás, y dentro cuatro pétalos de color púrpura violáceo formando una campanilla más corta. De ahí sobresalen los estambres largos y el estilo, también rojizos. Mide unos 4-5 cm en total.
Comparada con las fucsias híbridas de maceta, la flor de F. magellanica es más pequeña, más estrecha y siempre simple, nunca doble. A cambio, la planta produce muchísimas y durante muchísimo tiempo: en el norte florece de junio hasta las primeras heladas de noviembre, cinco meses largos de flor continua.
Después vienen frutos en baya carnosa, ovoide, de color púrpura casi negro al madurar. Son comestibles, aunque el sabor es soso y algo áspero; se usan puntualmente en mermeladas. Los pájaros dan buena cuenta de ellos.
Variedades que merece la pena conocer
Hay bastantes selecciones cultivadas y algunas son mejores que la especie tipo según el uso:
F. magellanica var. gracilis: la más común en jardinería, de ramas más finas y arqueadas y flores algo más estilizadas. Es la que se ve en la mayoría de los setos del norte.
'Riccartonii': la selección tradicional de seto. Más compacta y densa, con sépalos rojos anchos y muy buena tolerancia al frío. Es la elección si quieres una pantalla vegetal.
'Versicolor': follaje variegado en gris verdoso, crema y rosado, especialmente vistoso en la brotación de primavera. Crece menos y necesita algo más de sol para mantener el color.
'Aurea': hoja dorada. Muy luminosa en zonas de sombra, pero se quema con facilidad si le da el sol fuerte.
var. molinae (a veces vendida como 'Alba'): flores mucho más pálidas, blanco rosado con lila. Distinta y elegante, aunque menos llamativa de lejos.
Dónde plantarla: el clima manda
Es el apartado que decide si el cultivo tendrá éxito.
Clima ideal: oceánico o de montaña húmeda. Galicia, cornisa cantábrica, Pirineos y prepirineo, sierras del sistema Central y del noroeste, zonas de media montaña con veranos suaves. Ahí crece sin esfuerzo y con riego mínimo.
Clima difícil: mitad sur, valle del Ebro, Levante seco, meseta con veranos de más de 35 ºC sostenidos. En estas zonas es viable pero exige compensación: sombra durante las horas centrales, riego frecuente, acolchado grueso y, si es posible, un microclima fresco (patio interior orientado al norte, junto a una fachada sombreada, bajo un árbol de copa clara). En maceta se maneja mejor porque puedes moverla.
Exposición. Contra lo que a veces se dice, no es una planta de sombra profunda. Quiere media sombra o sol de mañana. En el norte tolera bastante sol directo; en el centro y sur, el sol de tarde en verano le achicharra las hojas y le hace tirar los botones florales. La combinación que mejor le va es raíz fresca y sombreada, copa iluminada.
Viento. Los tallos son quebradizos y las flores se caen con el viento fuerte. Un sitio resguardado da mejor resultado. Tolera bien la brisa marina, pero no la exposición directa al aerosol salino de primera línea.
Suelo y riego
Suelo. Quiere tierra fresca, profunda, rica en materia orgánica y de reacción ligeramente ácida a neutra. En suelos calizos con pH alto tiende a sufrir clorosis férrica: las hojas amarillean entre los nervios, que se mantienen verdes. Si tu terreno es calizo, planta en maceta con sustrato ácido, o mejora el hoyo con turba, compost y corteza y usa quelato de hierro puntualmente.
Lo que no tolera es el encharcamiento permanente. Fresco no es lo mismo que anegado. En terrenos pesados, planta ligeramente elevada y añade materia orgánica y arena gruesa al hoyo.
Riego. Es una planta que necesita agua con regularidad, más que la media de arbustos ornamentales. En verano, en clima seco, puede necesitar riego cada 2-3 días en maceta y 2 veces por semana en suelo. La señal de estrés hídrico es inconfundible: las hojas se descuelgan flácidas y los botones florales caen sin abrir. Si pasa de forma repetida, la floración se interrumpe durante semanas.
El acolchado es casi obligatorio fuera de la zona norte: 5-8 cm de corteza de pino, restos de poda triturados o compost sobre el alcorque reducen la evaporación, mantienen la raíz fresca y evitan el estrés de las tardes de julio.
Abonado
Florece durante meses y eso consume. Un aporte de compost o estiércol maduro en superficie a final de invierno cubre la base. Durante la temporada de floración, de mayo a septiembre, un abono líquido rico en potasio, tipo el de tomate o el de geranios, cada 15 días en maceta y cada mes en suelo, mantiene la producción de flor.
Evita los abonos muy nitrogenados: dan hoja grande, brote blando muy apetecible para el pulgón, y menos flor. A partir de mediados de septiembre suspende el abonado para que la madera endurezca antes del frío.
Rusticidad e invierno
Es su gran ventaja sobre las fucsias híbridas, y conviene entender bien cómo funciona.
Fuchsia magellanica es rústica de raíz. Con heladas moderadas pierde la hoja y conserva la estructura; con heladas más severas, del orden de -10 a -12 ºC, la parte aérea muere hasta el suelo, pero la cepa y las raíces sobreviven y rebrota desde la base en primavera. Es el mismo comportamiento que una perenne herbácea. Puede llegar a rebrotar incluso tras episodios más fríos si la cepa está bien acolchada.
De ahí una recomendación importante en zonas frías: planta el cuello unos 5 cm más profundo de lo que venía en la maceta y cubre la base con 10-15 cm de acolchado en noviembre. Eso protege las yemas basales, que son las que van a reconstruir la planta.
Y otra: no podes en otoño. Los tallos secos del invierno, aunque estén feos, protegen la corona. Se cortan en primavera.
Poda
La regla que hay que tener clara es que florece sobre la madera del año, es decir, sobre los brotes nuevos de la temporada. Eso significa que podar fuerte no reduce la floración, la favorece.
Poda principal: a finales de invierno o principios de primavera, entre febrero y marzo, cuando ya se ven las yemas hinchándose pero antes de que broten. Es la señal correcta: espera a ver por dónde brota antes de decidir dónde cortas, porque parte de la madera aparentemente seca está viva.
En zonas frías, donde la parte aérea se ha helado, corta directamente a 10-20 cm del suelo y deja que rebrote entera. La planta alcanza su altura de floración en la misma temporada.
En zonas suaves, donde conserva la estructura, haz una poda de renovación: elimina un tercio de la madera más vieja a ras, acorta el resto en un tercio o la mitad, y limpia las ramas cruzadas, secas o débiles. Así evitas que se desguarnezca por abajo, que es el defecto típico de las fucsias viejas sin podar.
Pinzado en primavera: cuando los brotes nuevos tengan tres o cuatro pares de hojas, pellizca la punta. Cada pinzado duplica el número de ramas y, por tanto, de flores, aunque retrasa la floración unas dos o tres semanas. Con dos pinzados en abril y mayo obtienes una mata mucho más densa.
Durante la temporada, no hace falta quitar flores marchitas para que siga floreciendo, pero retirar los frutos verdes prolonga algo la floración.
Multiplicación
Es una de las plantas más fáciles de enraizar que existen. Esquejes semileñosos de 8-10 cm tomados en primavera o a principios de verano, con dos o tres pares de hojas, quitando las inferiores y las flores. En agua enraízan en dos o tres semanas; en sustrato de turba y perlita, tapados con una bolsa para mantener humedad, también.
También se puede por acodo, doblando una rama baja al suelo y cubriéndola con tierra, o por semilla extraída de las bayas maduras, aunque la descendencia es variable y tarda más.
Usos en el jardín
Seto informal. Es su uso clásico en el norte de España, y para eso 'Riccartonii' es la mejor opción. Plantada a 60-80 cm entre pies forma una pantalla densa de 1,5-2 m que florece medio año. No se recorta con tijera de seto como un aligustre; se poda arbusto por arbusto en invierno.
Arbusto aislado o en macizo de sombra, combinado con hortensias, camelias, helechos y hostas, con las que comparte exigencias de suelo fresco y ácido.
Maceta grande en terraza o patio, mínimo 30-40 litros para un ejemplar adulto. Es la manera de tenerla en zonas de verano duro, porque puedes moverla a la sombra.
Para atraer fauna. Sus flores tubulares y colgantes están adaptadas a la polinización por colibríes en su tierra de origen; aquí las trabajan sobre todo abejorros y esfinges crepusculares. Las bayas alimentan mirlos y currucas.
Plagas y problemas
Pulgón en los brotes tiernos de primavera. Fácil de controlar con jabón potásico al 1-2 % o un chorro de agua.
Mosca blanca, sobre todo en plantas de invernadero o en rincones sin ventilación. Trampas amarillas para detectar, jabón potásico o extracto de neem repetido cada 7 días para controlar.
Araña roja en verano seco y caluroso. Es la señal de que el ambiente es demasiado seco para la planta. Se combate corrigiendo el emplazamiento y aumentando la humedad, además del tratamiento acaricida.
Oruga de esfinge. En verano pueden aparecer orugas grandes que defolian ramas enteras en pocos días. Se retiran a mano.
Roya de la fucsia (Pucciniastrum epilobii). Pústulas anaranjadas en el envés de las hojas y manchas amarillas por el haz. Aparece en ambientes húmedos y con poca ventilación. Retira y destruye las hojas afectadas, aclara la planta para que corra el aire y trata con un fungicida a base de cobre o azufre si persiste.
Caída de botones sin abrir. No es una enfermedad: es estrés hídrico, un golpe de calor o un cambio brusco de ubicación. Corrige el riego y el sitio.
En resumen
Fuchsia magellanica es la fucsia rústica: pierde la parte aérea con heladas fuertes pero rebrota de raíz, y como florece sobre madera del año, esa poda severa involuntaria no le resta flor. Con eso en mente, la poda correcta es a finales de invierno, nunca en otoño, y con pinzados en primavera para densificar.
El límite no es el frío, es el verano. Quiere suelo fresco, ácido y rico, media sombra, riego regular y acolchado, y por eso rinde de forma espectacular en Galicia y el Cantábrico y hay que trabajarla mucho más en el interior y el sur. Si vives en zona de veranos secos y calurosos, plántala en maceta grande a la sombra de la tarde, riega de verdad y tendrás flor colgante de junio a octubre.