Toca una flor de Anigozanthos y notarás algo parecido a fieltro: el tubo entero está forrado de pelos densos y cortos, teñidos muchas veces de un color distinto al del interior de la corola, y esa pelambre curvada rematada en seis lóbulos abiertos es lo que hizo que en Australia bautizaran a la planta como pata de canguro.
Qué es y de dónde viene
Anigozanthos es un género de la familia Haemodoraceae con once especies, todas endémicas del suroeste de Australia Occidental. Son herbáceas perennes rizomatosas: forman un abanico de hojas planas y acintadas, parecidas a las de un lirio, desde el que se levantan varas florales altas y ramificadas.
Las especies y grupos que llegan a los viveros españoles:
- Anigozanthos flavidus. La más grande y con diferencia la más resistente y adaptable. Varas de 1,5 a 2 metros, flores verdosas, amarillas o rojizas. Procede de zonas más húmedas y es la base genética de casi todos los híbridos comerciales porque aporta vigor y tolerancia a las enfermedades.
- Anigozanthos manglesii. El emblema floral del estado de Australia Occidental, con el tubo verde brillante y la base roja intensa. Espectacular y bastante más difícil de mantener.
- Híbridos de la serie 'Bush' ('Bush Gold', 'Bush Ranger', 'Bush Pearl') y de la serie 'Kanga' o 'Landscape'. Son los que se venden en maceta: compactos, de 40 a 80 centímetros, en amarillo, naranja, rojo, rosa y bicolor. Al derivar de A. flavidus resisten mejor la mancha foliar que las especies puras.
Existe un género próximo, Macropidia fuliginosa, la pata de canguro negra, de flores verdes cubiertas de pelos negros, que es notoriamente difícil y rara vez sale adelante fuera de su clima.
El fósforo la mata: lo primero que hay que saber
Este punto decide el éxito o el fracaso, y rara vez aparece en las etiquetas del vivero.
Los suelos del suroeste australiano son arenas antiquísimas, lixiviadas durante millones de años y extraordinariamente pobres en fósforo, con niveles de fósforo disponible que en muchos casos no llegan a 5 miligramos por kilo, frente a los 20 a 60 habituales en un suelo agrícola europeo. La flora que evolucionó allí —proteáceas como Banksia, Grevillea y Protea, y también las Haemodoraceae— desarrolló mecanismos de absorción de fósforo extremadamente eficientes: raíces proteoideas, exudación de ácidos orgánicos, captación agresiva.
El problema es que esos mecanismos no se apagan cuando hay fósforo de sobra. Plantada en un sustrato normal o abonada con un fertilizante corriente, la planta sigue absorbiendo a toda máquina y acumula fósforo hasta niveles tóxicos en el tejido. El resultado es la llamada toxicidad por fósforo: las hojas más viejas amarillean primero, aparecen manchas y necrosis en las puntas y en los bordes, el crecimiento se para y en pocas semanas o meses la planta se muere. Se parece a una carencia de hierro o de nitrógeno, y quien la interpreta así y abona más, la remata.
Traducido a la práctica:
- No uses fertilizantes universales ni abonos para plantas de flor. Un NPK 15-15-15 o un abono de geranios tiene mucho más fósforo del que esta planta puede manejar.
- Usa abonos formulados para plantas australianas o para proteáceas, de bajo fósforo, con una P por debajo del 3 %. En España se encuentran como «abono para plantas acidófilas de bajo fósforo» o importados como native plant fertiliser.
- Si no encuentras uno, la alternativa razonable es no abonar en absoluto y renovar el sustrato cada año o dos. La planta viene preparada para la pobreza; sobrevive mucho mejor con hambre que con exceso.
- Aplica lo que apliques a media dosis y solo en primavera, una o dos veces.
- Evita también el estiércol, la gallinaza y el compost de origen animal, que son ricos en fósforo. Si usas materia orgánica, que sea compost vegetal maduro y en cantidad pequeña.
La misma advertencia sirve para el resto de la flora australiana y sudafricana de suelos pobres que se cultiva aquí.
Drenaje extremo
La segunda causa de muerte, y en España quizá la primera, es el agua parada en la zona del rizoma. La planta vive en arena, con lluvias invernales que se filtran en minutos y un verano largo y seco. Un sustrato que retenga humedad alrededor del rizoma durante días provoca podredumbre, y llega acompañada de Phytophthora cinnamomi, un oomiceto muy presente en los suelos españoles y devastador para toda la flora australiana.
Las medidas concretas:
En maceta. Mezcla muy mineral: una parte de sustrato para acidófilas o de turba, una parte de arena silícea gruesa de río —nunca arena fina de playa— y una parte de picón, puzolana o perlita gruesa. Maceta con agujeros amplios y, si es de barro, mejor. Prohibido el plato con agua. Una capa de grava en superficie mantiene seco el cuello.
En jardín. Plantar en caballón o en talud, es decir, sobre un montículo de 20 o 30 centímetros de altura, para que el agua se aleje del rizoma por gravedad. Si el suelo es arcilloso, hay que enmendarlo con arena gruesa y grava en un volumen amplio o renunciar a la planta. Nunca plantar en una hondonada ni donde se acumule el riego del césped.
Riego. Regular pero espaciado en primavera y verano, dejando que el sustrato se seque de forma apreciable entre riegos. En invierno, reducir al mínimo: con las lluvias suele bastar, y en maceta un riego cada tres o cuatro semanas. Riega al pie y por la mañana, nunca sobre el follaje, porque mojar las hojas por la tarde es lo que dispara la mancha negra.
Sol. Pleno sol, sin discusión. Necesita seis u ocho horas diarias. A la sombra florece poco y enferma mucho.
Cortar la vara floral a ras para que rebrote
Aquí está el manejo que mantiene la planta viva y florida durante años, y es más drástico de lo que parece razonable a primera vista.
Anigozanthos crece por abanicos: cada abanico de hojas produce una única vara floral en su vida y, una vez ha florecido, ese abanico entra en declive, sus hojas se van poniendo pardas y no vuelve a florecer. El rizoma, mientras tanto, emite abanicos nuevos por los lados. Si dejas los abanicos agotados en su sitio, acumulas hoja seca, la mata se cierra, la ventilación desaparece y la mancha foliar se instala.
Por eso la operación correcta, cuando la vara termina de florecer, no es cortar solo la vara:
- Sigue la vara hacia abajo hasta la base y corta el abanico entero al que pertenece, a ras de suelo, tirando de las hojas viejas que salgan con facilidad.
- Retira también cualquier abanico marchito o con hojas manchadas, aunque no haya florecido.
- Deja intactos los abanicos jóvenes y verdes, que son los que florecerán la temporada siguiente.
En ejemplares muy densos o descuidados, el corte total —toda la planta a 5 o 10 centímetros del suelo, a finales de invierno— es una técnica estándar en Australia. Rebrota desde el rizoma con follaje limpio y flores nuevas en la misma temporada. Es agresivo pero funciona, y en variedades derivadas de A. flavidus se hace cada dos o tres años como rejuvenecimiento. En híbridos enanos, mejor un aclareo selectivo que un corte a cero.
Un apunte de floristería: la vara cortada en el momento en que las primeras flores se abren dura dos o tres semanas en jarrón, y es de las flores de corte más duraderas que existen.
Rusticidad y dónde funciona en España
La resistencia al frío es limitada y depende de la especie. A. flavidus y sus híbridos aguantan heladas ligeras de hasta −2 o −3 °C ya establecidos y con suelo seco; las especies pequeñas y A. manglesii se dañan por debajo de 0 °C. La combinación letal es frío más humedad: una helada con el rizoma mojado pudre la planta aunque la temperatura no sea extrema.
Dónde va bien plantada en tierra: litoral mediterráneo, Andalucía, Levante, Baleares y Canarias, en suelo drenante y a pleno sol. Ahí es una perenne de larga vida que florece de primavera a otoño.
Dónde requiere maceta y resguardo: interior peninsular con heladas, meseta, valle del Ebro. Se cultiva en tiesto y se entra a una galería fresca y luminosa en invierno, con riego casi nulo.
Dónde cuesta mucho: la cornisa cantábrica y Galicia. No por el frío, que es moderado, sino por la lluvia invernal continuada y la humedad ambiental alta, que favorecen la podredumbre del rizoma y la mancha foliar. Ahí solo tiene sentido en maceta grande, bajo cubierta y con sustrato muy mineral.
Enfermedades y plagas
Mancha negra o mancha de la tinta (Alternaria alternata). El problema sanitario característico de la especie: manchas negras irregulares que avanzan desde la punta de la hoja hacia abajo hasta ennegrecer el abanico entero. Aparece con humedad, follaje mojado y falta de aire. Se controla con manejo, no con fungicidas: retirar y quemar las hojas afectadas en cuanto se ven, no mojar el follaje, aclarar la mata para que circule el aire, pleno sol, y elegir híbridos de A. flavidus, que son mucho menos susceptibles.
Podredumbre del rizoma por Phytophthora o por asfixia. Marchitez repentina de abanicos enteros con el sustrato húmedo. No tiene tratamiento eficaz una vez instalada; todo está en el drenaje.
Caracoles y babosas, que devoran los brotes tiernos y las varas jóvenes en primavera y son una plaga real en esta planta.
Pulgón en las varas florales en desarrollo y trips, que decoloran los pétalos.
Multiplicación
Por división del rizoma a finales de invierno o al comienzo de la primavera: se desentierra la mata, se separan porciones con al menos tres abanicos y raíces propias, se recorta el follaje a la mitad y se replanta de inmediato en sustrato drenante, con riego moderado hasta el arraigo. Es el único método que conserva el color de un híbrido.
Por semilla, sembrada en otoño en bandeja con mezcla arenosa, a 18-22 °C. La germinación es irregular y mejora con tratamiento de humo —los productos de humo vegetal replican el estímulo del fuego, factor natural de germinación en la flora australiana—. Las plantas de semilla tardan dos o tres años en florecer y no reproducen el tipo de los híbridos.
Seguridad
No se le conocen problemas de toxicidad para personas ni para animales domésticos, y no aparece en los listados de plantas peligrosas. Los pelos de la flor pueden resultar irritantes en pieles muy sensibles al manipularla en cantidad. No tiene uso medicinal ni alimentario.
En resumen
La pata de canguro es una planta de arenas pobres, sol duro y verano seco, y todo su cultivo se deduce de ahí. La regla que más ejemplares salva: nada de fertilizantes corrientes, porque el fósforo que otras plantas agradecen a esta la envenena; usa abono de bajo fósforo o no abones. Plántala a pleno sol, en sustrato mineral y sobre caballón si va al jardín, riega espaciado y nunca sobre las hojas. Cuando una vara termine, corta a ras el abanico entero que la produjo, porque ese abanico ya no volverá a florecer y el rizoma tiene otros esperando.