En los acantilados y arenales del litoral mediterráneo crece una mata baja de hojas peludas que florece en amarillo intenso desde febrero hasta bien entrado el otoño, soportando la sal del rocío marino, el viento constante y meses sin una gota de lluvia. Se conoce como estrellada de mar o margarita de mar, se ha cultivado durante décadas con el binomio Asteriscus maritimus, y hoy su nombre científico correcto es Pallenis maritima.
El cambio de nombre
Los estudios moleculares llevados a cabo sobre la tribu Inuleae dentro de las Asteraceae mostraron que el antiguo género Asteriscus no formaba un grupo natural, y las especies mediterráneas se transfirieron a Pallenis. La combinación válida es Pallenis maritima (L.) Greuter. En viveros, catálogos y conversación corriente sigue apareciendo como Asteriscus maritimus, y también como Odontospermum maritimum, un sinónimo más antiguo. Las tres denominaciones se refieren a la misma planta.
Origen y hábitat
Es autóctona de la cuenca mediterránea occidental y de la costa atlántica próxima al Estrecho. En España vive de forma natural en el litoral de Cataluña, la Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía y las Islas Baleares, y también en el norte de África, Portugal, Italia y Grecia. Sus poblaciones ocupan acantilados calizos junto al mar, roquedos batidos por la espuma, arenales consolidados y bordes de camino costero, siempre sobre suelo pedregoso, pobre y de drenaje rápido.
Ese hábitat concreto —piedra, sol, salpicadura salina y sequía estival— explica cada uno de sus rasgos y cada una de sus ventajas en jardinería.
Cómo es
Forma una mata perenne de porte extendido, de 20 a 40 cm de alto y hasta 60 u 80 cm de diámetro, con tallos que se tumban y se ramifican desde la base, llegando a colgar cuando la planta crece sobre un muro o una jardinera elevada.
Las hojas son alternas, espatuladas u oblongas, gruesas y algo carnosas, de un verde grisáceo apagado y recubiertas de una pilosidad corta y áspera que al tacto recuerda al papel de lija. Ese revestimiento de pelos no es decorativo: refleja parte de la radiación solar, retiene una capa de aire húmedo junto a la superficie y reduce la transpiración.
Los capítulos, de 3 a 5 cm de diámetro, son solitarios y terminales, con lígulas amarillo dorado dispuestas en radio alrededor de un disco central del mismo color y brácteas verdes que sobresalen entre los pétalos y dan a la flor su silueta estrellada. Es una compuesta de manual y de ahí viene su nombre.
Su floración es larguísima: en el litoral mediterráneo empieza en febrero o marzo y llega hasta noviembre, con un descanso parcial en los meses más calurosos de julio y agosto y un segundo empuje en cuanto refresca. En zonas suaves y con riego ocasional puede haber flores casi todo el año.
Sal, viento y sequía
Su tolerancia al ambiente marino es lo que la hace insustituible, y conviene detallar en qué consiste.
Sal en el aire. Soporta el aerosol salino directo, esa niebla de gotas microscópicas que el viento arranca de las olas y deposita sobre el follaje, y que quema en pocos días las hojas de la mayoría de ornamentales de jardín. Es planta apta para primera línea de costa sin protección alguna.
Sal en el suelo. Tolera cierta salinidad del sustrato, lo que permite usarla en jardines regados con agua salobre o de pozo costero, donde otras especies acumulan sales y se degradan.
Viento. Su porte bajo y sus tallos flexibles la hacen prácticamente indiferente al viento fuerte. No se desmocha ni necesita tutor.
Sequía. Una vez establecida atraviesa el verano mediterráneo sin riego. Reduce la floración y compacta la mata, pero no muere. Con un par de riegos profundos en verano mantiene el color.
Calor. Soporta sin daño temperaturas de más de 35 °C y la reverberación del sol sobre piedra o pavimento.
Su límite es el frío: por debajo de −4 o −5 °C sufre daños serios y una helada prolongada la mata. Eso la circunscribe al litoral, a Canarias y a zonas de invierno suave; tierra adentro se cultiva en maceta que se resguarda o como planta de temporada.
Cultivo
Exposición. Sol directo pleno, sin excepciones. En sombra se ahíla, deja de florecer y pierde la compacidad que la hace útil.
Suelo. Pobre, pedregoso, calizo o neutro, y sobre todo drenante. La arcilla húmeda es su única condena real. En terreno pesado hay que plantarla en caballón, en rocalla con grava o en maceta.
Riego. Moderado durante el primer año para asentar la raíz, y muy escaso después: cada diez o quince días en verano basta, y nada en invierno. El exceso de agua produce pudrición del cuello, que es la causa habitual de muerte en jardín doméstico.
Abonado. Prescindible. Un aporte muy ligero de fertilizante de liberación lenta en primavera si está en maceta; en suelo, ninguno. Abonar en exceso da mata blanda, alargada y con menos flor.
Plantación. Otoño en el litoral, para que aproveche las lluvias y llegue al verano enraizada. En zonas más frescas, primavera. Marco de 40 a 50 cm entre plantas para que cierren y tapicen.
El recorte tras la floración
Es la única labor de mantenimiento que necesita y, si se omite, la planta se estropea. Con el tiempo los tallos se alargan, se lignifican por la base y pierden las hojas inferiores, de modo que la mata se abre por el centro, se apelmaza y queda con aspecto de nido de ramas secas con hojas solo en las puntas.
Para evitarlo se hace un recorte general tras el grueso de la floración, a finales de verano o a comienzos de otoño, acortando todos los tallos entre un tercio y la mitad y dando forma redondeada a la mata. En clima suave puede repetirse un recorte ligero a final de invierno, antes del arranque. El recorte estimula brotación nueva desde abajo, rejuvenece el conjunto y multiplica la floración de la temporada siguiente, porque las flores salen en madera nueva.
Importante: no cortar sobre madera vieja sin hojas. Pallenis maritima rebrota mal o no rebrota desde tallos leñosos ya desnudos, así que el corte debe dejar siempre hojas verdes por debajo. La consecuencia es que hay que podar todos los años, sin dejar que la planta se descontrole; una mata que lleva cinco años sin tocar rara vez se recupera con una poda drástica y conviene sustituirla.
Retirar las flores marchitas a lo largo de la temporada, cuando el ejemplar es pequeño o está en maceta visible, prolonga la floración y mantiene el aspecto limpio.
Multiplicación por esqueje
Es el método rápido, sencillo y el que reproduce fielmente la planta madre.
Época: final de primavera o final de verano, aprovechando los tallos que se retiran en el recorte, que es la forma económica de hacerlo.
Se toman esquejes de 8 a 12 cm de brotes del año, semileñosos, cortando justo por debajo de un nudo. Se eliminan las hojas de la mitad inferior y se retiran los capítulos florales si los hay, porque la flor consume recursos que hacen falta para enraizar. La hormona de enraizamiento no es imprescindible pero acelera el proceso.
Se plantan en una mezcla muy drenante de arena de río lavada y turba a partes iguales, o de perlita y fibra de coco, en semisombra, manteniendo el sustrato apenas húmedo. No conviene encerrarlos en bolsa: la especie es propensa a la podredumbre en ambiente saturado y prefiere aire circulando.
Enraízan en tres o cuatro semanas, y se trasplantan a maceta individual cuando las raíces han ocupado el alvéolo, para pasarlas a su sitio definitivo en la estación siguiente.
También se multiplica por división de mata en primavera y por semilla, sembrada en otoño o a comienzos de primavera sobre sustrato arenoso, aunque la vía de semilla es lenta y menos uniforme.
Plagas: prácticamente ninguna. Pulgón ocasional en los brotes tiernos de primavera, y poco más. La pudrición radicular por exceso de riego es su verdadero enemigo.
Usos: la alternativa autóctona en la costa
Sirve para tapizar taludes soleados, para rocalla, para borde de camino y para primera línea de mar, y funciona muy bien en jardineras y muros de contención donde cuelga por el borde. Es una planta de referencia en xerojardinería mediterránea y en jardinería pública de municipios costeros, donde reduce el consumo de agua y el mantenimiento.
Y aquí está uno de sus argumentos más sólidos: la jardinería de costa española lleva décadas resolviéndose con especies foráneas de gran vigor —Carpobrotus edulis, la uña de gato, hoy incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y prohibida, o Lampranthus y otras aizoáceas sudafricanas— que en las dunas y acantilados acaban desplazando a la flora nativa. Pallenis maritima ofrece el mismo servicio, cubierta densa, flor prolongada y resistencia extrema, siendo planta propia del litoral mediterráneo, sin riesgo de naturalizarse donde no debe y con valor para los polinizadores locales, que la visitan constantemente.
Combina bien con otras autóctonas de costa: Limonium, Crithmum maritimum, Lotus creticus, Helichrysum stoechas, Thymus, romero rastrero y Lavandula dentata. Un macizo compuesto solo con ese elenco puede llevarse en primera línea de playa sin riego de apoyo salvo el primer año.
En resumen
Pallenis maritima, la antigua Asteriscus maritimus, es una mata baja autóctona del litoral mediterráneo, de hoja gris peluda y flores amarillas estrelladas que se suceden de febrero a noviembre. Tolera el aerosol salino, el viento y la sequía como pocas ornamentales, y por eso resuelve la primera línea de costa, los taludes secos y la rocalla; su límite es el frío por debajo de −4 °C y el suelo encharcado. Necesita sol pleno, drenaje, poco riego y ningún abono, y un recorte anual tras la floración sobre madera con hojas, sin llegar al leño desnudo. Se multiplica con facilidad por esqueje semileñoso aprovechando ese mismo recorte. Y en jardinería de costa cumple el papel que durante años se encargó a especies foráneas invasoras, sin sus inconvenientes.