Si observas una maranta al caer la tarde y vuelves a mirarla un rato después, la habrás encontrado cambiada: las hojas que durante el día se extendían horizontales se han levantado y juntado en vertical, con las caras superiores enfrentadas, como manos cerradas. Al amanecer volverán a abrirse. Ese movimiento diario, audible incluso en las variedades de hoja rígida, le ha dado el nombre de planta de la oración y es lo que define a Maranta leuconeura por encima de cualquier otro rasgo.

Origen y familia

Procede de las selvas tropicales húmedas de Brasil, donde vive en el estrato bajo del bosque, sobre suelo cubierto de hojarasca y bajo un dosel que filtra casi toda la luz directa. Pertenece a la familia Marantaceae, que debe su nombre a Bartolomeo Maranta, botánico y médico italiano del siglo XVI.

La variedad que se conoce como maranta tricolor es Maranta leuconeura var. erythroneura, y su nombre lo dice todo: leuconeura significa de nervios blancos y erythroneura de nervios rojos. Combina las dos cosas. Sobre un fondo verde oscuro aterciopelado, con manchas de un verde claro brillante repartidas a ambos lados del nervio central en forma de espina de pescado, discurre una red de nervaduras rojo carmín perfectamente marcadas hasta el borde de la hoja. El envés es de un morado vinoso uniforme.

Otras variedades habituales de la misma especie son kerchoveana, de nervios verdes y manchas oscuras que recuerdan huellas —de ahí el nombre inglés de pata de conejo—, y massangeana, de fondo grisáceo y nervios plateados.

Es una planta de porte bajo y extendido, de 20 a 30 cm de altura, con tallos que se tumban y raíces tuberosas subterráneas. Puede florecer en interior, con espiguillas de flores blanquecinas o lilas muy pequeñas, sin valor ornamental.

Hoja de Maranta leuconeura tricolor con nervaduras rojas sobre fondo verde

La nictinastia y el pulvínulo

El movimiento nocturno de las hojas se llama nictinastia, y no tiene nada que ver con el crecimiento: es un movimiento reversible que se repite cada día durante toda la vida de la hoja.

El mecanismo reside en el pulvínulo, un engrosamiento articulado situado en la unión entre el pecíolo y la lámina de la hoja, visible como un pequeño abultamiento. Dentro del pulvínulo hay dos grupos de células motoras enfrentadas. Cuando uno de ellos bombea iones de potasio y cloruro hacia el interior, el agua entra por ósmosis, esas células se hinchan y aumentan su turgencia; el grupo opuesto hace lo contrario y pierde turgencia. La diferencia de presión entre ambos lados flexiona la articulación y mueve la hoja entera, igual que un músculo antagonista movería un hueso. Al invertirse el flujo iónico, la hoja vuelve a su posición.

El proceso está controlado por el reloj circadiano de la planta y sincronizado por la luz a través de fitocromos. Que sea circadiano y no una simple reacción a la oscuridad tiene una prueba elegante: una maranta mantenida en oscuridad constante durante varios días sigue abriendo y cerrando las hojas con ritmo aproximado de veinticuatro horas, sin señal exterior que la guíe.

Sobre para qué sirve hay varias hipótesis con respaldo desigual: reducir la pérdida de calor por radiación nocturna, evitar que el rocío se deposite y favorezca hongos sobre el haz, disminuir la exposición de la hoja a la luz lunar que podría desajustar la percepción del fotoperiodo, y dificultar el acceso de herbívoros nocturnos. Ninguna excluye a las demás.

En la práctica del cultivo, el pulvínulo funciona como indicador. Una maranta que no llega a abrir del todo por la mañana suele estar recibiendo poca luz; una que se mantiene cerrada de día o cuyas hojas se enrollan longitudinalmente está pasando sed o sufriendo aire demasiado seco.

Humedad: el factor decisivo

La maranta viene de una selva y en una casa española pasa el año a merced del aire seco, que es su principal causa de fracaso. Necesita una humedad relativa por encima del 60 %, y preferiblemente del 70 %. En un salón con calefacción de invierno la humedad baja del 30 %, y ahí las hojas empiezan a secarse por los bordes.

Lo que funciona:

Bandeja de guijarros con agua bajo la maceta, cuidando de que la base del tiesto quede sobre las piedras y no dentro del agua. Evapora de forma continua alrededor de la planta.

Agrupar plantas. Varias plantas juntas crean un microclima húmedo por transpiración conjunta; una maranta sola en una estantería lo tiene peor.

Humidificador, que es la solución seria en casas con calefacción intensa.

Alejarla de radiadores, estufas y de la corriente de un aire acondicionado. Es tan importante como todo lo anterior.

Pulverizar las hojas ayuda poco: el efecto dura minutos y, si el agua tiene cal, deja manchas blancas sobre el terciopelo de la hoja. Y en ambiente sin ventilación puede favorecer manchas foliares. Cultivarla en un cuarto de baño con ventana es, si el sitio existe, la mejor decisión posible.

Agua sin cal

La maranta es sensible al calcio, al magnesio, al cloro y al flúor del agua corriente. En buena parte de España el agua del grifo es dura, y regar con ella provoca de forma característica puntas y bordes de hoja secos, marrones y crujientes, con un halo amarillento antes del tejido muerto, mientras el resto de la hoja permanece sana.

Ese síntoma se confunde con falta de riego, y quien lo interpreta así riega más y empeora la situación. La distinción es útil: si el sustrato está húmedo y las puntas se queman igualmente, el problema es la calidad del agua o el aire seco, no la cantidad de riego.

Hay que regar con agua de lluvia, agua destilada o agua osmotizada. Dejar reposar el agua del grifo veinticuatro horas elimina el cloro por evaporación, pero no la cal ni el flúor, así que solo resuelve una parte del problema. En zonas de agua muy dura conviene además trasplantar cada dos años, porque las sales se acumulan en el sustrato; un lavado del cepellón con agua abundante y de calidad, dejando escurrir, ayuda entre trasplantes.

El agua debe estar a temperatura ambiente. El agua fría sobre raíces tropicales produce un choque que se manifiesta en hojas caídas al día siguiente.

Luz, riego, temperatura y sustrato

Luz. Filtrada y abundante, nunca directa. Una ventana orientada al norte, o al este con visillo, o a un par de metros de una ventana sur. El sol directo decolora las hojas, apaga los nervios rojos y deja quemaduras pardas irreversibles. En penumbra excesiva las hojas se separan, el dibujo pierde contraste y el movimiento nocturno se vuelve perezoso.

Riego. Sustrato constantemente húmedo pero nunca empapado. En primavera y verano, dos riegos por semana según ambiente; en invierno, uno por semana o menos. Se comprueba metiendo el dedo: cuando el primer centímetro y medio esté seco, se riega. El plato bajo la maceta se vacía siempre después de regar, porque el agua estancada pudre las raíces tuberosas.

Temperatura. Entre 18 y 26 °C. Por debajo de 15 °C se detiene; por debajo de 10 °C sufre daños. No es planta de exterior en España salvo en verano y a la sombra plena en zonas húmedas del norte, y hay que entrarla mucho antes de las primeras noches frescas.

Sustrato. Ligero, aireado y con retención de humedad, porque las raíces son finas y superficiales. Una mezcla que funciona: dos partes de turba o fibra de coco, una parte de perlita y una parte de corteza fina o humus de lombriz. El sustrato universal solo, sin airear, se compacta y asfixia la raíz. pH ligeramente ácido, entre 5,5 y 6,5. Maceta ancha y poco profunda, con drenaje amplio, acorde a un sistema radicular que se extiende en horizontal.

Abonado. Fertilizante líquido para plantas verdes a media dosis, cada tres o cuatro semanas de abril a septiembre y nada en invierno. Es sensible al exceso de sales, y sobrefertilizar reproduce exactamente el mismo quemado de puntas que el agua dura.

La araña roja, el problema principal

Tetranychus urticae encuentra en la maranta de interior las condiciones ideales: aire seco y caliente. Es su plaga número uno y aparece casi siempre en invierno, con la calefacción encendida.

Los síntomas empiezan con un punteado amarillo o plateado muy fino en el haz, que al mirarlo a contraluz revela miles de picaduras. Después el follaje pierde color, se broncea y en infestaciones avanzadas aparecen telarañas finísimas en el envés y entre pecíolos. El ácaro mide menos de medio milímetro; se detecta mejor sacudiendo una hoja sobre un papel blanco y observando los puntos que se mueven.

El control pasa antes que nada por subir la humedad ambiental, que es a la vez prevención y tratamiento: el ácaro no prospera con humedad alta. Además, una ducha con agua tibia y presión suave sobre el envés arrastra buena parte de la población, y hay que repetirla. El jabón potásico aplicado a fondo por el envés, con tres tratamientos separados cinco o seis días para alcanzar a los que van naciendo, resuelve la mayoría de los casos domésticos. Aislar la planta afectada evita que colonice a las vecinas.

Otras plagas menores: cochinilla algodonosa en las axilas, que se retira con bastoncillo y alcohol, y mosca blanca ocasional. Entre las enfermedades, manchas foliares por hongos o bacterias cuando se moja la hoja sin ventilación, y podredumbre radicular por exceso de agua.

División de mata

Es el método de multiplicación indicado y se aprovecha el trasplante para hacerlo. Época: primavera, al arrancar el crecimiento.

Se saca el cepellón de la maceta y se separan con las manos, deshaciendo suavemente el sustrato, las porciones que tengan raíces propias y al menos tres o cuatro hojas. Cuando las raíces tuberosas están muy entrelazadas se corta con cuchillo limpio, procurando dividir en dos o tres trozos grandes en lugar de muchos pequeños. Cada porción va a una maceta con sustrato nuevo, se riega y se mantiene con humedad muy alta y calor —bolsa transparente durante dos o tres semanas, con ventilaciones diarias— hasta que se recupere. Las primeras semanas la planta parece decaída; es normal.

También enraízan esquejes de tallo de 8-10 cm cortados justo por debajo de un nudo, con dos hojas, colocados en agua o en sustrato húmedo bajo campana, a 22-24 °C. Tardan de tres a seis semanas.

El parentesco con las Calathea

Maranta y Calathea son géneros hermanos dentro de las Marantaceae, y comparten pulvínulo, movimiento nictinástico, exigencias de humedad y sensibilidad a la cal. Las Calathea han sido reclasificadas en su mayoría dentro del género Goeppertia, de modo que la Calathea orbifolia es hoy Goeppertia orbifolia, y lo mismo ocurre con makoyana, lancifolia o zebrina. En el comercio siguen etiquetadas como calateas.

El manejo es prácticamente el mismo: luz filtrada, agua sin cal, sustrato aireado, humedad alta y araña roja como plaga dominante. Las diferencias son de porte —las Goeppertia son en general más erguidas y de hoja mayor, y la maranta más rastrera y de hoja pequeña— y de exigencia, porque varias calateas resultan aún más sensibles a la calidad del agua. Quien resuelve el cultivo de una resuelve el de la otra. También pertenecen a la familia Ctenanthe y Stromanthe, con idénticas necesidades.

En resumen

Maranta leuconeura var. erythroneura es una planta brasileña de sotobosque cuyo rasgo definitorio es la nictinastia: el pulvínulo de la base de cada hoja bombea iones y agua para levantarlas de noche y bajarlas de día, siguiendo un ritmo circadiano propio. Quiere luz filtrada, temperatura entre 18 y 26 °C, sustrato ligero y ácido, riego constante sin encharcar y, sobre todo, humedad ambiental alta y agua sin cal: la cal quema las puntas de las hojas de manera inconfundible. La araña roja es su plaga principal y prolifera justo cuando falta esa humedad. Se multiplica dividiendo la mata en primavera. Y todo lo dicho sirve igual para las calateas, hoy Goeppertia, que son sus parientes cercanas.


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