Antes de hablar de jardinería hay que hablar de veneno. El Colchicum autumnale y el resto de especies del género contienen colchicina, un alcaloide de toxicidad extrema para el que no existe antídoto. La intoxicación humana por esta planta está documentada en la literatura médica europea con desenlaces mortales, y el margen entre una cantidad que provoca síntomas y una cantidad que mata es estrechísimo. Todas las partes son tóxicas: bulbo, hojas, flores y semillas.
Este artículo no incluye dosis, ni preparaciones, ni usos caseros de ningún tipo, porque no los hay que sean seguros. La colchicina es un fármaco de prescripción con márgenes terapéuticos muy ajustados que solo tiene sentido bajo control médico y en forma farmacéutica normalizada; la planta del jardín no es una alternativa a nada. Si sospechas ingestión, propia o de un niño, llama de inmediato al 112 o al Instituto Nacional de Toxicología (91 562 04 20) y lleva contigo una muestra de la planta.
La confusión que causa los accidentes
Los envenenamientos graves rara vez ocurren por curiosidad: ocurren por confusión con plantas comestibles en primavera. Las hojas de Colchicum brotan cuando la planta ya ha florecido meses antes, forman una roseta ancha y lanceolada, y se han confundido repetidamente con las hojas de ajo de oso (Allium ursinum), que se recolectan para consumo en zonas húmedas del norte peninsular y de Europa central. La diferencia decisiva es el olor: el ajo de oso huele intensamente a ajo al estrujar la hoja, y el Colchicum no huele a nada. Aun así, quien recolecta a puñados no estruja cada hoja, y ahí está el riesgo.
La segunda confusión es con el azafrán. El azafrán de especia procede de Crocus sativus, que también florece en otoño y en flor lila se le parece bastante. Nadie debería recolectar estigmas de una flor otoñal silvestre sin distinguir los dos géneros con seguridad.
Cómo distinguirlo de un Crocus
Hay dos caracteres que resuelven la identificación sin margen de duda:
Los estambres. El Colchicum tiene seis estambres; el Crocus tiene tres. Es una diferencia visible a simple vista dentro de la flor abierta y no admite interpretación, porque responde a que pertenecen a familias distintas: Colchicum es una colchicácea y Crocus una iridácea.
Las hojas. En el Crocus las hojas acompañan a la flor, estrechas y con una línea blanca central. En el Colchicum la flor sale del suelo desnuda, sin hoja alguna, y las hojas aparecen en primavera, meses después, cuando ya no hay flor con la que compararlas.
Ese desfase es precisamente lo que hace peligrosa la planta en campo: la fase visible y llamativa y la fase que se confunde con comida no coinciden nunca en el tiempo.
Qué planta es
Pese al nombre popular de narciso de otoño, no tiene parentesco con los narcisos. Es una geófita de cormo —no un bulbo de túnicas, sino un tallo subterráneo engrosado— repartida por Europa y el oeste de Asia. En la Península aparece de forma natural en prados húmedos y bordes de bosque de la mitad norte, en la cordillera Cantábrica, los Pirineos y el Sistema Ibérico, sobre suelos frescos que se encharcan en invierno.
La flor mide entre 5 y 15 cm de alto y tiene forma de copa alargada, con un tubo largo que en realidad es el cuello del perianto y no un tallo. El color va del lila pálido al rosa malva, y hay formas blancas. Cada cormo puede emitir varias flores sucesivas entre finales de agosto y octubre según la altitud.
El ciclo invertido
Su calendario funciona al revés que el de casi cualquier bulbosa de jardín, y entenderlo es lo que evita tratarla mal:
Finales de verano y otoño: florece sin hojas, alimentándose de las reservas acumuladas en el cormo. Puede hacerlo incluso fuera de la tierra, en un cajón, lo que confunde a quien compra cormos y los ve florecer sobre la estantería.
Otoño e invierno: tras la polinización, el ovario permanece bajo tierra, protegido del frío. Es una estrategia poco frecuente: la flor se juega la polinización en otoño pero no expone el fruto al invierno.
Primavera: emergen las hojas, anchas y verdes, junto con la cápsula de semillas, que asoma entre ellas y madura en mayo o junio. Ese periodo foliar es el único momento en que el cormo repone reservas.
Verano: las hojas amarillean y desaparecen. La planta pasa a reposo completo hasta la siguiente floración.
Cultivo
Plantación. Los cormos se plantan en julio o agosto, en cuanto se consiguen, a unos 10 cm de profundidad y separados 15 cm. Plantarlos tarde no impide la floración, pero el cormo florece con menos anclaje y las flores se tumban.
Ubicación. Sol o sombra ligera. Funciona bien bajo caducifolios, donde recibe luz plena en primavera —que es cuando la necesita, con las hojas fuera— y sombra en verano.
Suelo. Fresco, profundo y con materia orgánica, sin encharcamiento estival. En suelos secos de verano el cormo aguanta, pero desmerece.
Riego. Nulo en verano. En primavera, si la estación es seca, conviene regar mientras haya hoja verde: cortar el agua entonces equivale a saltarse la única recarga anual del cormo.
La hoja no se corta. Las hojas de primavera son feas para muchos gustos, anchas y desgarbadas, y amarillean sin gracia. Aun así hay que dejarlas hasta que sequen solas. Cortarlas en verde deja el cormo sin reservas y la floración del otoño siguiente será pobre o no llegará.
Multiplicación. Por división de los cormos hijos durante el reposo estival, cada tres o cuatro años cuando la mata se apiña. Siempre con guantes, y sin llevarse las manos a la cara ni a la boca mientras se manipulan.
Dónde no plantarlo
Esto es tan importante como el cultivo. No debe plantarse en jardines con niños pequeños, ni en zonas de juego, ni donde pasten caballos, ovejas o vacas. La colchicina no se degrada al secarse, de modo que el heno que incorpora hojas de Colchicum sigue siendo tóxico para el ganado meses después de segado; en prados de siega es una mala hierba que los ganaderos combaten por ese motivo.
En jardín doméstico su sitio razonable son bordes de arbustos, zonas ajardinadas no transitadas y macizos alejados del huerto, para que nadie recolecte hojas por error en primavera. Si el jardín tiene perro que roe lo que encuentra, mejor prescindir de ella.
Especies y variedades de jardín
Colchicum autumnale es la especie tipo, la más difundida y la que aparece silvestre en España. Colchicum speciosum, del Cáucaso, es de flor mayor y más robusta; su cultivar 'Album' da flores blancas de copa amplia. Colchicum byzantinum es generoso en número de flores por cormo. El híbrido 'Waterlily', doble y lila intenso, es el más vistoso y también el que más tiende a tumbarse por el peso de la flor, por lo que agradece plantarse entre cubresuelos que lo sostengan.
Toda la advertencia toxicológica se aplica por igual a cualquiera de ellos, cultivares incluidos.
Tradición y medicina
La planta figura en textos médicos antiguos y su alcaloide fue aislado en el siglo XIX, con un recorrido posterior largo en el tratamiento de la gota y de otras enfermedades inflamatorias. Ese recorrido pertenece a la farmacología, no a la jardinería. La colchicina de uso clínico tiene interacciones relevantes con inhibidores de la glicoproteína P y del CYP3A4 —claritromicina, ciclosporina, algunos antifúngicos—, requiere ajuste en insuficiencia renal o hepática y está desaconsejada en el embarazo. Nada de eso hace segura la planta: son razones adicionales para no acercarse a ella por cuenta propia. Cualquier duda sobre colchicina como medicamento corresponde al médico o al farmacéutico.
En resumen
El Colchicum es una planta ornamental de mérito y un veneno serio a la vez. Aporta lo que casi ninguna otra da: flor en septiembre y octubre, brotando del suelo desnudo, cuando el jardín se apaga. A cambio exige respeto absoluto —guantes al manipular, ninguna ingestión, ninguna preparación, y ubicación lejos de niños y de ganado— y entender su ciclo invertido: flor en otoño sin hoja, hoja en primavera sin flor, y hojas que se dejan secar solas porque son la única despensa del cormo. Ante cualquier sospecha de ingestión, urgencias sin esperar a que aparezcan síntomas.