Pocas flores hay más pequeñas y con más presencia colectiva que las del nomeolvides. Cada una mide entre cinco y ocho milímetros, tiene cinco pétalos de un azul celeste limpio y un ojo amarillo diminuto en el centro que la hace inconfundible; y sin embargo, cuando Myosotis sylvatica se instala en un macizo produce una neblina azul continua que ninguna planta grande consigue imitar. Su gracia está en la cantidad, no en el ejemplar.
La planta
Pertenece a las Boraginaceae y es originaria de Europa, incluida la Península Ibérica, donde crece de forma natural en bosques frescos, riberas y prados de montaña del norte y de los sistemas montañosos del centro. El nombre del género procede del griego y significa oreja de ratón, por la forma de las hojas basales: pequeñas, ovaladas, cubiertas de pelos cortos y ásperos.
Levanta entre 15 y 40 cm y ramifica desde la base. Las flores se disponen en cimas escorpioides, es decir, en inflorescencias enrolladas en espiral como la cola de un escorpión, que se van desenrollando a medida que abren las flores. Es un rasgo típico de la familia y ayuda a identificarla. Florece de marzo a junio, con el grueso en abril y mayo, aunque en zonas frescas se alarga hasta julio.
El azul es el color de la especie, pero el cultivo ha fijado variedades rosas y blancas. Cultivares habituales: 'Victoria Blue', compacta y de floración densa; 'Blue Ball', muy baja y adecuada para borde; 'Rosylva', rosa; y 'Snowsylva', blanca.
Bienal: qué implica exactamente
El nomeolvides es una bienal, y ese dato gobierna todo su manejo. Su ciclo se reparte en dos años naturales:
Primer año. La semilla germina a finales de verano o en otoño y la planta forma una roseta baja de hojas que pasa el invierno sin florecer. No hay flor y apenas hay volumen. Es la fase que desconcierta a quien la siembra en primavera esperando flor esa misma temporada.
Segundo año. En primavera la roseta se estira, ramifica y florece durante dos o tres meses. Terminada la floración forma las semillas, se agota y muere. No rebrota.
Existen cultivares seleccionados que se comportan como anuales si se siembran muy temprano bajo cubierta, y algunas plantas se comportan como perennes de vida corta en clima fresco, pero el patrón general es el bienal.
La resiembra es el sistema
La consecuencia práctica del ciclo bienal es que el nomeolvides no se mantiene en un jardín como mata perenne: se mantiene como población. Las plantas que florecen este año mueren, pero antes han sembrado el suelo con miles de semillas diminutas, y de ellas nacerán las rosetas que florecerán la primavera siguiente. Una vez establecido el ciclo, el macizo se autoabastece indefinidamente sin intervención.
Para que eso funcione hay que hacer dos cosas y evitar una tercera. Hay que dejar que las plantas maduren la semilla antes de retirarlas, esperando a que los frutos —cuatro núculas por flor, pequeñas, negras y brillantes— se hayan formado. Y hay que no cavar ni remover el macizo en verano y otoño, o se entierran las semillas a profundidad de la que no salen. Lo que hay que evitar es acolchar con capa gruesa sobre el suelo donde se espera la resiembra, porque la semilla es minúscula y la plántula no atraviesa cinco centímetros de corteza.
La resiembra tiene una contrapartida: es abundante y aparece donde le parece, incluso entre las juntas del pavimento. En un jardín ordenado exige arrancar las plántulas sobrantes en otoño, cosa que se hace con el dedo porque salen sin resistencia.
Si se prefiere controlar el proceso, se siembra a mano en semillero de junio a agosto, se repica en septiembre y se plantan las rosetas en su sitio definitivo en octubre o noviembre, a 20-25 cm entre ellas. Las semillas necesitan luz escasa: se cubren apenas y germinan en dos o tres semanas a 15-18 °C.
Su uso clásico: bajo rosales y con bulbos
El nomeolvides tiene dos empleos tradicionales en jardinería europea que siguen siendo los mejores.
Bajo rosales. Un rosal en abril y mayo es una estructura de tallos espinosos con hoja nueva y todavía sin flor, y el suelo a su pie queda desnudo. La niebla azul del nomeolvides tapiza ese hueco, contrasta con el verde rojizo del brote del rosal y termina justo cuando el rosal empieza a florecer, momento en que la bienal se retira. La combinación funciona además en lo agronómico: raíces superficiales que no compiten con las profundas del rosal y una cubierta que reduce la evaporación del suelo.
Con bulbos de primavera. El emparejamiento con tulipanes es un clásico de manual, y con narcisos, muscaris y jacintos funciona igual de bien. El nomeolvides cumple aquí varias funciones a la vez: da color de fondo a la altura del suelo, sostiene visualmente los tallos desnudos de los tulipanes, y sobre todo disimula el follaje que amarillea de los bulbos cuando estos terminan de florecer y hay que dejar que sequen sus hojas. Las combinaciones de tulipán blanco o rosa sobre fondo azul, o de tulipán rojo oscuro sobre el mismo fondo, son el uso más repetido en jardinería pública.
Sirve también para bordes de camino, para pie de arbustos caducos, para naturalizar en zonas semisombreadas y para maceta y jardinera de primavera.
Cultivo
Ubicación. Media sombra o sol suave. En el sur de España y en el interior peninsular, sombra ligera en las horas centrales: es planta de sotobosque fresco y el calor seco la acorta.
Suelo. Fresco, con materia orgánica, drenado y sin cal excesiva. No es exigente en fertilidad.
Riego. Regular durante la floración; no soporta la sequía. En maceta, casi diario en primavera avanzada. El suelo debe mantenerse húmedo pero no encharcado, porque el cuello se pudre con facilidad.
Abonado. Innecesario si el suelo tiene compost. Un exceso de nitrógeno da mata blanda, más propensa al oídio.
Poda. Ninguna, más allá de retirar tallos rotos. Despuntar no aporta nada porque la planta ya ramifica sola.
El oídio y cuándo arrancarla
Al final de la floración, en mayo y junio, el nomeolvides se cubre casi siempre de oídio, un polvillo blanco harinoso sobre hojas y tallos causado por hongos como Golovinomyces cynoglossi. Las hojas amarillean, la planta se afea y el macizo queda con aspecto de descuidado justo cuando el jardín entra en su mejor momento.
Conviene entender que a esas alturas no merece la pena tratarlo: la planta es bienal y está muriendo de todos modos, de manera que un fungicida solo prolonga un tejido condenado. Lo que sí importa es que un foco de oídio activo en el macizo esporula sobre las plantas vecinas y sobre las plántulas nuevas.
La conducta correcta es arrancar las plantas en cuanto hayan soltado semilla y el oídio se manifieste, sin esperar más, y retirar los restos del jardín en lugar de compostarlos en montón frío. El macizo queda limpio para la plantación de verano y las semillas ya están en el suelo, así que la resiembra no se ve afectada. Sacudir suavemente las plantas sobre el suelo antes de retirarlas asegura el reparto.
Como prevención de cara a la temporada siguiente: no plantar demasiado apretado, regar al pie y no por aspersión sobre el follaje, y evitar zonas sin circulación de aire.
Aparte del oídio, la sufren pulgones en los brotes tiernos —jabón potásico— y caracoles y babosas, que devoran las rosetas jóvenes en otoño e invierno.
Con qué se confunde
Myosotis arvensis, el nomeolvides de campo, es la confusión más común porque comparte género y aparece espontáneo en cultivos y bordes. Se distingue por su flor mucho más pequeña, de dos a cuatro milímetros, de un azul pálido apagado y con la corola cóncava en lugar de plana; por su porte más ralo y desordenado; y por su condición de anual de terreno alterado, no de sotobosque. Es planta de arvense, no ornamental, y quien espera el azul denso de sylvatica se lleva una decepción si le sale arvensis por resiembra espontánea. Otras especies del género fáciles de encontrar son M. scorpioides, de suelos encharcados y bordes de agua, perenne y de tallo más grueso, y M. alpestris, compacta y de montaña.
Brunnera macrophylla se vende a veces como nomeolvides perenne y la flor es efectivamente casi idéntica: azul, con ojo pequeño y en cimas escorpioides. La diferencia está en la hoja y en el porte: Brunnera tiene hojas basales grandes, acorazonadas y de hasta 15 cm, forma mata perenne que dura años y florece antes, en marzo y abril. Para quien quiere el efecto azul sin depender de la resiembra, es la alternativa correcta.
Anchusa comparte familia y el mismo tipo de flor azul con ojo, pero se reconoce por el tamaño: Anchusa azurea, la lengua de buey, es una planta robusta de 60 a 150 cm, con hojas grandes y ásperas y flores de más de un centímetro de un azul intenso casi ultramar, frecuente en cunetas y baldíos de media España. No se confunden salvo en fotografía de detalle.
En resumen
Myosotis sylvatica es una bienal europea de flor azul minúscula con ojo amarillo que florece de marzo a junio y muere después de sembrar. Se mantiene por resiembra espontánea, de modo que hay que dejarla granar y no remover el suelo del macizo en verano; alternativamente se siembra en semillero de junio a agosto y se plantan las rosetas en otoño. Quiere media sombra, suelo fresco y riego regular. Su mejor empleo sigue siendo el clásico: tapizando el pie de los rosales y acompañando a tulipanes y narcisos, cuyo follaje marchito disimula. Y en cuanto llegue el oídio de final de temporada, arrancarla sin tratarla: la semilla ya está en el suelo.