La lavanda es una de las plantas más fáciles de multiplicar por esqueje que existen, y también una de las que más se compran innecesariamente en vivero. Una sola mata adulta puede dar treinta o cuarenta plantas nuevas en una tarde, con un porcentaje de enraizamiento que, si se hace en la época correcta, supera con holgura el 70 %.
Hay una razón práctica de peso para hacerlo. La lavanda se degrada con los años: a partir de la quinta o sexta temporada, la base se lignifica, se abre por el centro y deja de florecer bien. Como la madera vieja de lavanda no rebrota, no hay poda que arregle una mata envejecida. La única solución es reponerla, y tener esquejes enraizados es lo que permite hacerlo sin gasto ni espera.
Qué lavanda estás multiplicando
Antes de cortar conviene saber con qué especie se trabaja, porque el comportamiento cambia:
- Lavandula angustifolia, el espliego. La más rústica, aguanta hasta -20 °C. Enraíza bien y es la que da el mejor aceite esencial.
- Lavandula latifolia, el alhucema, autóctona de casi toda la Península.
- Lavandula × intermedia, el lavandín, híbrido de las dos anteriores. Es la más vigorosa y la que más rápido enraíza, pero produce semilla estéril o inviable: solo puede multiplicarse por esqueje. Ahí el esquejado no es una opción cómoda, es la única vía.
- Lavandula dentata y Lavandula stoechas, el cantueso. Muy comunes en el sur y el levante, menos resistentes al frío (hasta -5 o -7 °C). Enraízan con facilidad.
Un motivo adicional para esquejar en lugar de sembrar: la lavanda de semilla no reproduce fielmente las características de la planta madre. Si una mata concreta tiene un color, un porte o un aroma que interesa conservar, el esqueje es el único método que lo garantiza, porque es un clon.
Cuándo tomar los esquejes
Hay dos ventanas buenas y el resultado es distinto en cada una.
Esqueje semileñoso, de finales de verano a principios de otoño. Entre agosto y octubre en España, después de la floración. Es la mejor época y la que recomiendo por defecto. El tallo ya tiene consistencia, no se marchita en el propagador y la planta dispone de reservas. Enraíza en cuatro a ocho semanas y pasa el invierno en maceta protegida para plantarse en primavera.
Esqueje tierno, en primavera. De abril a mayo, con los brotes nuevos aún blandos. Enraíza más rápido, en dos o tres semanas, pero se deshidrata con muchísima facilidad y exige un control de humedad más estricto. Es una buena segunda oportunidad si se ha perdido la ventana de otoño.
La época que hay que evitar es el pleno verano en plena floración (junio-julio en la mayor parte del país): la planta está volcada en producir flor, el calor evapora el esqueje antes de que emita raíz y las pérdidas son altas.
Cómo elegir y preparar el esqueje
El material de partida decide el resultado más que cualquier otra cosa. Se buscan brotes laterales sin flor, de este año, rectos, de 8 a 12 cm, ni demasiado tiernos ni completamente leñosos. La prueba es sencilla: al doblarlo, debe curvarse y volver, no partirse en seco ni quedar fláccido.
Los tallos que llevan botón floral o cicatriz de flor no valen. La energía del esqueje se irá a esa flor en lugar de a la raíz. Si el brote elegido tiene flor, se pellizca antes de plantarlo, pero es preferible buscar otro.
El corte se hace por la mañana temprano, con la planta hidratada, y con tijera o cuchilla bien afilada y desinfectada con alcohol. Un corte machacado por una tijera roma es una puerta abierta a la podredumbre.
Preparación del esqueje:
- Cortar la base justo por debajo de un nudo. Ahí es donde se concentra el tejido meristemático del que salen las raíces.
- Retirar todas las hojas del tercio o mitad inferior, tirando hacia abajo o cortándolas al ras. Cualquier hoja enterrada se pudre.
- Dejar entre cuatro y seis pares de hojas en la parte superior. Si el esqueje tiene mucha hoja, se puede cortar la mitad superior de las hojas más grandes para reducir la transpiración.
- Opcionalmente, raspar la corteza de la base en un centímetro con la cuchilla. Esa herida controlada aumenta bastante la emisión de raíces en los esquejes más leñosos.
Los esquejes deben plantarse en el momento. Si hay que transportarlos, van envueltos en papel de cocina húmedo dentro de una bolsa, en frío, y como máximo unas horas.
Hormona de enraizamiento: útil, no imprescindible
La lavanda enraíza sin hormona. Con hormona de enraizamiento en polvo (ácido indolbutírico) el porcentaje sube y el proceso se acelera, especialmente en los esquejes semileñosos de otoño.
Si se usa, hay que hacerlo bien: mojar ligeramente la base, sacudir el exceso, y no meter el esqueje en el bote. Se vierte un poco de polvo en un platito y se descarta lo sobrante, para no contaminar el envase entero. Un exceso de hormona quema la base y frena el enraizamiento, así que sacudir el sobrante no es opcional.
El sustrato y el montaje
Aquí es donde se pierden la mayoría de los esquejes de lavanda. El sustrato debe ser muy drenante y pobre, no fértil. Una mezcla que funciona bien es 50 % de arena de sílice o perlita y 50 % de turba rubia o fibra de coco. También sirve vermiculita sola. Lo que no sirve es tierra de jardín ni sustrato universal: retienen demasiada agua y la base del esqueje se pudre antes de enraizar.
Se usan alveolos, bandejas o macetas pequeñas de 7-9 cm, con buen agujero de drenaje. Se humedece el sustrato antes de plantar, se hace un agujero con un lápiz y se introduce el esqueje unos 3-4 cm, apretando ligeramente alrededor. Hacer el agujero previo es importante: si se clava el esqueje directamente, se arrastra la hormona y se daña la base.
Después se coloca la bandeja en un lugar luminoso pero sin sol directo, a unos 18-22 °C. El calor de fondo, un propagador con manta térmica o simplemente colocarlo sobre una superficie templada, acelera notablemente el enraizamiento.
Sobre la bolsa de plástico: con lavanda hay que tener cuidado. A diferencia de otras plantas, la lavanda es mediterránea y muy propensa a la botritis en ambientes saturados. Si se cubre con bolsa o campana, hay que ventilar a diario y retirar la condensación. En muchos casos es mejor no cubrir en absoluto y limitarse a mantener el sustrato ligeramente húmedo con pulverizaciones ocasionales.
El seguimiento hasta el trasplante
Riego: el sustrato apenas húmedo, nunca empapado. Regar por inmersión rápida de la bandeja o pulverizar la superficie. Un esqueje de lavanda sin raíces no puede absorber agua y por tanto no necesita casi nada; lo que necesita es no deshidratarse por las hojas.
Limpieza: retirar de inmediato cualquier esqueje que se ennegrezca o enmohezca. La podredumbre se contagia en la bandeja con rapidez.
No tirar para comprobar. Es la tentación clásica y rompe las raicillas nuevas. La señal fiable de que ha enraizado es la aparición de brotes nuevos en el ápice, o ver raíces asomando por el agujero de drenaje. Se puede también empujar con suavidad lateralmente: si ofrece resistencia, hay raíz.
Trasplante: cuando el cepellón esté bien tomado, a maceta de 12-14 cm con sustrato drenante algo más nutritivo. Los esquejes de otoño pasan el invierno en esa maceta, en un lugar protegido de heladas fuertes pero fresco y luminoso, y se plantan en tierra en marzo o abril. Los de primavera pueden ir al jardín en el mismo otoño.
Al plantar definitivamente, marco de 40-60 cm entre plantas según especie, pleno sol y suelo con drenaje excelente, preferiblemente calcáreo. Un despunte de los ápices en la primera temporada obliga a la planta a ramificar desde la base y evita esa mata abierta por el centro que aparece tarde o temprano.
Errores frecuentes
Poner los esquejes en un vaso de agua. Con menta o potos funciona; con lavanda, no. La base se pudre antes de emitir raíz y, en el caso raro de que enraíce, esas raíces acuáticas mueren al trasplantar a tierra.
Usar sustrato rico. Los nutrientes no sirven de nada a un tallo sin raíces y en cambio favorecen hongos.
Tomar esquejes de madera vieja. Los tallos grises y lignificados de la base de una mata antigua no enraízan.
Exceso de humedad ambiental sin ventilación. Es la causa principal de fracaso en lavanda.
Sol directo. Un esqueje sin raíz al sol se deshidrata en cuestión de horas.
En resumen
Multiplicar lavanda por esqueje es sencillo si se respetan cuatro cosas: tomar brotes laterales sin flor de 8-12 cm a finales de verano o principios de otoño, cortar bajo un nudo y deshojar la mitad inferior, plantar en sustrato muy drenante y pobre, y mantenerlo apenas húmedo con buena ventilación en luz indirecta a 18-22 °C. La hormona ayuda pero no es imprescindible; el agua en vaso, en cambio, no funciona con esta planta. En cuatro a ocho semanas hay raíz, y en la primavera siguiente plantas listas para el jardín. Dado que la lavanda envejece y no rebrota de madera vieja, esquejar cada pocos años es la forma de mantener el macizo siempre joven sin volver al vivero.