Un mediodía de julio, una ligularia bien plantada puede parecer muerta: las hojas caen a plomo, los peciolos se doblan y la mata queda desmadejada sobre el suelo. Cuatro horas después, con el sol bajo o tras un riego, está otra vez erguida como si nada. Ese desmayo teatral es su rasgo más característico y la clave para entender dónde se puede plantar y dónde no.
Por qué se desmaya y por qué se recupera
Las ligularias son compuestas de hoja grande, ancha y relativamente fina, con una superficie de transpiración enorme para una vivaz herbácea. Vienen de bordes de arroyo, praderas húmedas y bosques ribereños de Asia oriental, ambientes de aire fresco, suelo saturado y luz filtrada.
En un mediodía caluroso y soleado, la evaporación por la hoja supera lo que la raíz es capaz de absorber, aunque el suelo esté empapado. La planta pierde turgencia y se derrumba, y ese colapso funciona además como defensa: al plegarse reduce la superficie expuesta al sol. Cuando cae la demanda evaporativa, el agua vuelve a las células y la hoja se levanta.
El fenómeno es reversible mientras dure poco. Si se repite a diario durante semanas, o si el suelo sí estaba seco, los bordes de las hojas se queman de forma permanente, la mata pierde superficie y la floración se resiente. La conclusión práctica es doble: sombra en las horas centrales y suelo que no se seque nunca.
La planta que resuelve la sombra encharcada
Ese requisito, que parece un inconveniente, es precisamente su valor. La zona de sombra con suelo pesado y siempre húmedo —bajo un árbol grande junto al estanque, en un rincón donde el agua se estanca, al pie de un muro orientado al norte— es un lugar difícil de vestir. Muchas vivaces de porte se pudren allí y las que aguantan el encharcamiento suelen ser pequeñas.
Las ligularias llenan ese hueco: de 60 cm a 1,8 m de altura, hoja de gran formato y espigas o corimbos amarillos y anaranjados en pleno verano, cuando el jardín de sombra ya ha dado casi todo. Combinan bien con hostas, astilbes, rodgersias, helechos y carex.
Geográficamente, en España son plantas del norte húmedo: Galicia, cornisa cantábrica, Pirineo, Sistema Ibérico y jardines de montaña. Del centro hacia el sur exigen un arriate de sombra permanente con riego generoso, y aun así el aire seco y las noches cálidas las castigan. En el litoral mediterráneo funcionan solo en microclimas frescos.
Especies y cultivares
Ligularia dentata. Hojas grandes, redondeadas, casi acorazonadas, y flores en capítulos anaranjados agrupados en corimbos planos, de julio a septiembre. Alcanza 1-1,2 m. Sus cultivares de follaje oscuro son los más buscados: 'Britt-Marie Crawford', con la hoja de un chocolate muy oscuro por el haz y púrpura por el envés, y 'Desdemona' y 'Othello', con tonos bronce que se aclaran en verano.
Ligularia przewalskii. Todo lo contrario en textura: hojas profundamente hendidas, casi recortadas en tiras, sobre tallos negros muy finos que sostienen espigas estrechas de flores amarillas de hasta 1,5-1,8 m. Aporta verticalidad y ligereza.
Ligularia stenocephala 'The Rocket'. La más plantada de las de espiga: hoja acorazonada con el borde muy dentado, tallos oscuros y espigas amarillas erguidas, algo más anchas que las de przewalskii. Los híbridos entre ambas circulan con nombres cruzados en los viveros.
Ligularia japonica, de hojas palmeadas muy divididas, y Ligularia fischeri, de aspecto más rústico, aparecen con menos frecuencia en el comercio español.
Caso aparte: Farfugium japonicum, antes clasificado como Ligularia tussilaginea y todavía vendido con ese nombre. Es de hoja perenne, coriácea y brillante, más pequeño (40-60 cm), florece en otoño e invierno y tolera mejor el calor y la sequedad que las ligularias verdaderas. Sus formas 'Aureomaculatum', con manchas amarillas, y 'Argenteum', con jaspeado blanco, funcionan bien en maceta y en jardines de sombra del norte y de la costa templada. Para quien vive en clima mediterráneo y quiere ese aspecto, es la elección sensata.
Suelo, plantación y riego
Suelo. Profundo, rico en materia orgánica y que retenga agua. La arcilla les va bien. En terreno arenoso hay que enmendar con compost en cantidad y acolchar con 5-8 cm de restos vegetales, corteza o mantillo.
Agua. Constante. Toleran el suelo saturado durante largos periodos e incluso encharcamientos temporales, y viven perfectamente en el borde de un estanque con la corona por encima del nivel del agua. Lo que no aceptan es la lámina permanente sobre el cuello ni el agua estancada y caliente en verano.
Luz. Media sombra o sombra clara. El sol de mañana lo aguantan; el de mediodía y tarde, no.
Viento. Las espigas altas de przewalskii y 'The Rocket' se tumban con rachas fuertes; conviene un rincón resguardado.
Plantación. En otoño o a principios de primavera, dejando 60-80 cm entre matas: ocupan más de lo que parece al comprarlas en maceta de dos litros.
Abonado. Un aporte de compost en superficie cada otoño basta. No requieren fertilizante mineral.
División. Cada cuatro o cinco años, en primavera, cuando el centro de la mata se despeja. Se levanta el cepellón y se separa con pala o cuchillo dejando yemas en cada porción.
Invernada. Rústicas hasta -25 ºC. La parte aérea desaparece en invierno y rebrota en marzo o abril. Marcar la posición evita cavar encima por error.
Babosas y caracoles
Es su problema principal, y por una razón evidente: se juntan hoja tierna, sombra y humedad permanente, el ambiente perfecto para los gasterópodos. El daño se concentra en la brotación de primavera, cuando las hojas emergen enrolladas y blandas; una noche basta para dejarlas agujereadas y esas perforaciones acompañan a la hoja el resto de la temporada.
Lo que da resultado:
- Revisiones nocturnas con linterna las dos o tres primeras semanas de brotación, retirando los ejemplares a mano. Es lo más eficaz.
- Cebos de fosfato férrico, autorizados en jardinería doméstica y menos problemáticos para mascotas y fauna que el metaldehído, repartidos en pequeñas cantidades alrededor de la mata.
- Retirar refugios: tablas, macetas volcadas, hojarasca amontonada junto a la planta.
- Barreras de grava gruesa o cinta de cobre en macetas y arriates elevados.
- Favorecer a sus depredadores: sapos, erizos, mirlos y escarabajos carábidos, que hacen buena parte del trabajo si el jardín no está esterilizado a base de insecticidas.
Los pulgones aparecen a veces en los tallos florales, y el oídio en veranos bochornosos con mata muy densa; se controlan aclarando y mejorando la ventilación.
Alcaloides: no son comestibles
Las ligularias pertenecen a la tribu de las senecioneas, el grupo de los senecios, y comparten con ellos la producción de alcaloides pirrolizidínicos. Estos compuestos se transforman en el hígado en metabolitos reactivos capaces de dañar las células hepáticas; la exposición repetida se asocia a enfermedad venooclusiva hepática, y el daño es acumulativo, no depende de una sola ingesta grande. En el sitio ya se trató esta familia de compuestos al hablar de los senecios de jardín.
Conviene saberlo porque en Corea las hojas jóvenes de Ligularia fischeri se consumen como verdura tradicional, el gomchwi, y esa referencia circula fuera de contexto. Los análisis han detectado alcaloides pirrolizidínicos en el género, las autoridades europeas han fijado límites máximos para su presencia en alimentos e infusiones, y no existe base para tratar a las ligularias ornamentales de un jardín español como planta comestible ni medicinal. No se recogen aquí preparaciones de ningún tipo.
El riesgo de una intoxicación por tocar o podar la planta es nulo; el problema sería ingerirla. Ante cualquier ingestión accidental, sobre todo en niños, conviene consultar al médico o llamar al Instituto Nacional de Toxicología (91 562 04 20), y al veterinario si afecta a un animal. Y ante dudas sobre plantas y salud, el médico o el farmacéutico, nunca una receta encontrada en la red.
En resumen
Las ligularias son vivaces de hoja grande y flor amarilla o anaranjada en verano que resuelven un sitio complicado: la sombra con suelo pesado y permanentemente húmedo, donde alcanzan de 60 cm a casi dos metros. Se desmayan de forma espectacular al sol del mediodía porque su hoja transpira más de lo que la raíz puede reponer, y se recuperan al bajar el calor o al regar, pero si eso se repite a diario los bordes se queman sin remedio. L. dentata y sus cultivares oscuros como 'Britt-Marie Crawford' aportan follaje; L. przewalskii y 'The Rocket', espigas verticales sobre tallos negros; Farfugium japonicum, antigua Ligularia tussilaginea, es la alternativa perenne para climas más suaves. Quieren suelo rico y húmedo, media sombra, viento escaso y división cada cuatro o cinco años, y su plaga seria son las babosas en la brotación. Como senecioneas, contienen alcaloides pirrolizidínicos hepatotóxicos y no son plantas comestibles.