El polen que provoca los estornudos no se ve. Ni se huele, ni tiene color, ni sale de nada que llame la atención en un jardín. Sale de flores diminutas, verdosas o pardas, colgantes, sin pétalos y sin perfume, situadas en árboles y hierbas que no parecen estar floreciendo. Y mientras tanto, la lista de plantas peligrosas para alérgicos que circula cada primavera suele estar encabezada por gerberas, margaritas y ramos de novia, que no tienen prácticamente nada que ver con el asunto.
Merece la pena desmontar esa confusión primero, porque de ella depende todo lo demás: qué se quita del jardín, qué se planta en su lugar y qué es sencillamente inútil.
Viento contra insecto: el criterio que ordena la lista
Una planta que confía su polen al viento se enfrenta a un problema estadístico brutal: la probabilidad de que un grano suelto en el aire aterrice sobre el estigma correcto es ínfima. La solución evolutiva es la cantidad. Un solo ciprés puede liberar miles de millones de granos en una temporada; un abedul, un olivo o una pradera de gramíneas trabajan en el mismo orden de magnitud. Ese polen es pequeño —de 15 a 40 micras—, seco, liso y ligero, para mantenerse en suspensión durante horas y viajar kilómetros. Es exactamente el tipo de partícula que se inhala y llega a la mucosa nasal y bronquial.
Una planta polinizada por insectos tiene el problema resuelto por otra vía: paga con néctar y anuncia con color y olor. No necesita cantidad, necesita puntería. Su polen es grande, pesado, y con frecuencia pegajoso o espinoso, diseñado para adherirse al cuerpo del insecto y no para flotar. Un polen así rara vez alcanza concentraciones respirables en el aire; para reaccionar a él hay que meter la nariz en la flor.
De ahí la regla que resuelve la mayoría de las dudas: cuanto más vistosa y perfumada es la flor, menos participa en la polinosis. Rosales, adelfas, jaras, lavandas, hortensias, camelias, buganvillas, glicinias, geranios, petunias y prácticamente toda la floración ornamental de color entran en esta categoría.
Hay dos matices honestos que conviene señalar. El primero es el contacto directo: quien manipula flores a diario —floristería, invernadero— puede sensibilizarse a pólenes entomófilos concretos, y el caso documentado en España afecta sobre todo a compuestas como la Gerbera, el crisantemo y el girasol. Es una alergia ocupacional, distinta de la polinosis estacional. El segundo es la reactividad cruzada entre compuestas: quien está sensibilizado a la artemisia puede reaccionar ante ellas.
El girasol merece mención aparte porque está a medio camino: es entomófilo, pero en cultivo extensivo la superficie es tan enorme que en zonas de Andalucía y Castilla se detecta polen de Helianthus en el aire.
Gramíneas: el pico de mayo
Encabezan los recuentos de sensibilización en España junto al olivo, y son las responsables del cuadro clásico de finales de primavera. No hablamos de una especie, sino de una familia entera con alérgenos muy parecidos entre sí: Lolium perenne, Dactylis glomerata, Phleum pratense, Poa pratensis, Festuca, Cynodon dactylon y las cerealistas. Quien reacciona a una reacciona a casi todas, y el detalle de esa reactividad cruzada está desarrollado en el artículo dedicado al dáctilo.
Calendario: de abril a junio en general, con máximo en mayo en el centro peninsular, adelantado a marzo-abril en el litoral sur y desplazado a junio en el norte y en montaña. En zonas cálidas del sur, Cynodon alarga la emisión hasta bien entrado el verano y en regadío puede haber recuentos casi todo el año.
Qué hacer en el jardín. El césped emite polen solo si le dejamos espigar. Segar con regularidad durante abril y mayo —antes de que aparezcan las cañas florales— elimina la emisión de la propia parcela. Los céspedes de estación cálida (Zoysia, Cynodon en variedades estériles seleccionadas) desplazan o suprimen el problema en el sur. Y para superficies grandes hay alternativas al césped que no son gramíneas: tapizantes de Dichondra repens, Lippia nodiflora (Phyla), tomillo rastrero o gravas plantadas con aromáticas.
Olivo
Olea europaea. En Jaén, Córdoba y buena parte de Andalucía interior es el alérgeno dominante, por encima de las gramíneas, sencillamente por la superficie que ocupa. Su polen es anemófilo pese a que el olivo recibe también visitas de insectos, y el alérgeno mayoritario, Ole e 1, tiene reactividad cruzada con la del fresno, el aligustre, el jazmín y la Forsythia, todos de la familia de las oleáceas.
Calendario: de mayo a junio, concentrado en pocas semanas, con máximos que en las comarcas olivareras alcanzan cifras que no se registran en ningún otro sitio de Europa. Se solapa con el final de las gramíneas, y esa suma explica por qué mayo es el mes duro en el interior de Andalucía.
En jardinería: el olivo ornamental, el acebuche y los setos de aligustre (Ligustrum) son la misma familia. Un seto de aligustre recortado con frecuencia no llega a florecer, lo cual lo neutraliza; uno que se deja crecer, florece y huele, sí emite.
Cipreses y arizónicas: la alergia de invierno
Las cupresáceas son el grupo cuya importancia más ha crecido en las últimas décadas en España, y por un motivo que compete directamente a la jardinería: la generalización del seto de Cupressus arizonica, Cupressus sempervirens y Cupressocyparis leylandii en urbanizaciones, medianeras y viveros. También cuentan las tuyas y los enebros.
Su polinización ocurre de diciembre a marzo, con máximo habitual en enero y febrero, y ese calendario tiene una consecuencia clínica concreta: los síntomas aparecen en pleno invierno y se confunden con resfriados de repetición. El alérgeno principal, Cup a 1, presenta reactividad cruzada entre todas las especies del grupo.
Qué hacer. Es el caso donde una decisión de jardinería cambia la exposición de verdad, porque el foco está a metros de la ventana. Un seto de arizónicas se puede sustituir por especies de floración entomófila o de emisión insignificante: Viburnum tinus (durillo), Pittosporum tobira, Photinia × fraseri, laurel (Laurus nobilis), mirto (Myrtus communis), Elaeagnus, madroño (Arbutus unedo) o rosal arbustivo. Si no se quiere quitar el seto, recortarlo en octubre o noviembre, antes de que los conos masculinos maduren, reduce sensiblemente la emisión de esa temporada.
Plátano de sombra
Platanus × hispanica, el árbol de alineación por excelencia de las ciudades españolas, es responsable de un pico muy corto y muy intenso, típicamente entre finales de febrero y abril según la latitud, que suele durar dos o tres semanas. En Madrid y Barcelona, con miles de ejemplares alineados en las mismas calles, ese pico produce recuentos altísimos.
Se le suma un factor mecánico independiente de la alergia: los pelos del envés de la hoja y de los frutos globosos, que se desprenden con el viento y actúan como irritantes de vías respiratorias y de conjuntiva. No es una reacción inmunológica, pero molesta igual.
En el jardín particular es un árbol demasiado grande para casi cualquier parcela, así que la decisión suele venir dada. En arbolado urbano, la tendencia actual es diversificar la alineación en lugar de plantar monocultivos de una sola especie.
Parietaria, en el litoral mediterráneo
Parietaria judaica es una hierba discreta de la familia de las urticáceas que crece en grietas de muros, bordes de acera, escombreras y muretes de piedra. No la planta nadie: aparece. Y en el arco mediterráneo —Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Murcia y el litoral andaluz— es una de las causas principales de polinosis, con la particularidad de tener un periodo de emisión extraordinariamente largo, prácticamente de febrero a noviembre, con dos máximos, uno en primavera y otro en otoño.
Esa continuidad es lo que la hace difícil: quien está sensibilizado no tiene temporada de descanso, y los síntomas se atribuyen con frecuencia a ácaros o a contaminación en lugar de a una hierba de muro.
Qué hacer: revisar y limpiar juntas de muros, bordes de pavimento, alcorques y rincones de patio antes de que espigue. Es la única de esta lista que se combate arrancando, y con constancia funciona, porque es de dispersión local.
Salsola y quenopodios: el final del verano
Cierran el calendario. Salsola kali, la barrilla, y los quenopodios y amarantos (Chenopodium album, Amaranthus) polinizan de julio a octubre, con máximo en agosto y septiembre, y son especialmente relevantes en zonas áridas y semiáridas: valle del Ebro, La Mancha, Almería, Murcia y sur de Aragón. En esas comarcas la polinosis de finales de verano se explica sobre todo por ellas.
Son plantas ruderales, de suelos removidos, salinos, bordes de camino y solares abandonados. En un jardín, el control pasa por no dejar suelo desnudo: una cubierta vegetal o un acolchado ocupan el nicho que ellas aprovechan.
En el mismo tramo del año, y en zonas de interior, hay que contar también con Artemisia y con Plantago, este último activo desde primavera.
Qué plantar en su lugar
La sustitución no consiste en renunciar a plantar, sino en elegir vegetación entomófila, que además suele ser la que sostiene polinizadores.
Árboles y arbustos de bajo riesgo: madroño (Arbutus unedo), durillo (Viburnum tinus), cornejo (Cornus), árbol del amor (Cercis siliquastrum), magnolio, catalpa, tilo —entomófilo, aunque su perfume intenso puede molestar a personas con hiperreactividad—, adelfa, granado, mirto, laurel, jara (Cistus), romero (Salvia rosmarinus), lavandas, salvias, escalonia, celindo (Philadelphus) y rosales.
Herbáceas y tapizantes: vivaces de floración vistosa, aromáticas mediterráneas, Dichondra o Phyla nodiflora como alternativa al césped, y bulbosas.
Lo que conviene descartar en una parcela con alérgicos en casa: setos de cupresáceas, olivos y aligustres sin recortar, abedul (Betula, muy relevante en el norte), aliso, avellano, fresno, moreras, cenizos, y praderas de gramíneas sin siega regular.
Y dos medidas que no son de plantación pero pesan más de lo que parece: no tender la ropa fuera en días de máximo recuento, y no sacudir ni cortar el seto en plena emisión. Los días secos, ventosos y soleados concentran polen; después de una lluvia sostenida, el aire queda limpio unas horas.
Los pies masculinos del arbolado urbano
Hay especies dioicas, con ejemplares macho y ejemplares hembra separados: fresno, aliso, sauce, chopo, morera, ailanto, arce negundo, ginkgo, laurel. Durante décadas, los servicios de jardinería de muchas ciudades prefirieron sistemáticamente los pies masculinos por una razón práctica: no producen fruto, y por tanto no ensucian aceras, no atascan sumideros ni obligan a barrer. El ginkgo hembra, además, produce frutos de olor desagradable.
El resultado agregado de esa preferencia es un arbolado urbano que emite polen y no captura ninguno. La literatura sobre el tema acuñó el término sexismo botánico para describirlo. La corrección es evidente sobre el papel —plantar pies femeninos o mezclar sexos en especies dioicas, y diversificar las alineaciones— y lenta en la práctica, porque el arbolado de una ciudad se renueva a ritmo de décadas.
En un jardín privado la decisión es inmediata y sí está en manos del propietario: si se planta una morera, una hembra fructifica y ensucia, pero no poliniza. Conviene preguntarlo en el vivero, porque en muchos casos el material vendido es de una clase concreta y no se indica.
Lo que un jardín no puede resolver
Todo lo anterior reduce la exposición local, que no es poco cuando el foco está en la propia parcela. Pero el polen viaja: los granos de gramíneas y de cupresáceas recorren decenas de kilómetros, y un jardín bien elegido no aísla de la carga regional.
Y hay una parte que no corresponde a esta web. Los síntomas que se repiten cada año por las mismas fechas —estornudos en salva, picor nasal y ocular, congestión, lagrimeo, tos seca u opresión torácica— los valora un alergólogo, que es quien puede identificar con pruebas a qué polen se reacciona exactamente, cosa que cambia por completo el calendario que conviene vigilar y las medidas que tienen sentido. Automedicarse con antihistamínicos que se han oído nombrar, o con remedios de herbolario, no sustituye ese diagnóstico y puede retrasarlo. Si aparece dificultad para respirar o sibilancias, la consulta deja de ser postergable.
Un dato práctico y gratuito: las redes aerobiológicas españolas publican recuentos diarios de polen por especie y por provincia. Saber qué hay hoy en el aire de la zona es más útil que cualquier lista general.
En resumen
La polinosis la causa el polen anemófilo: pequeño, seco, ligero y producido en cantidades enormes por flores sin pétalos ni perfume. Las flores grandes, coloridas y aromáticas se polinizan con insectos, tienen polen pesado y pegajoso y apenas intervienen, salvo por contacto directo continuado o en cultivos extensivos como el girasol.
Los grupos que importan en España son las gramíneas, con máximo en mayo; el olivo y las demás oleáceas, en mayo y junio, dominantes en Andalucía interior; las cupresáceas, de diciembre a marzo, con el seto de arizónicas como foco doméstico; el plátano de sombra, con un pico corto entre febrero y abril; la parietaria, casi todo el año en el litoral mediterráneo; y salsola, quenopodios y artemisia de julio a octubre en zonas áridas.
En el jardín se gana quitando setos de cupresáceas, segando el césped antes del espigado, recortando aligustres y arizónicas fuera de la temporada de emisión, arrancando la parietaria de los muros y no dejando suelo desnudo donde entren ruderales.
Como sustitutos sirven madroño, durillo, mirto, laurel, cercis, jaras, lavandas, salvias, adelfa, granado y rosales, todos entomófilos y buenos para los polinizadores.
La preferencia histórica por pies masculinos en el arbolado urbano añadió emisión sin añadir captura; en un jardín particular, elegir ejemplares femeninos en especies dioicas está al alcance de cualquiera.
Y el diagnóstico corresponde al alergólogo: saber a qué se reacciona cambia por completo qué medidas tienen sentido, y ninguna elección de plantas sustituye esa consulta.