Una mata de lantana en flor enseña a la vez cabezuelas amarillas, naranjas y rojas, y las tres son lo mismo en tres momentos distintos: cada florecilla cambia de color a medida que envejece dentro de la misma inflorescencia. De ese degradado sale el apodo popular de bandera española. Lantana camara es un arbusto de la familia de las verbenáceas, originario del trópico americano, con dos cosas que conviene saber antes de comprarlo: parte de la planta es tóxica y, en clima cálido, se escapa del jardín con mucha facilidad.
Los frutos verdes, lo primero
Tras la floración, la lantana forma pequeños racimos de bayas que empiezan siendo verdes y duras y maduran a un morado casi negro. Las verdes, sin madurar, son la parte peligrosa: concentran triterpenos y están detrás de casos pediátricos documentados en varios países, con vómitos, diarrea, debilidad, somnolencia y dilatación pupilar en niños que las han comido tomándolas por moras o arándanos. No hay ninguna razón para probar tampoco las maduras.
Con niños pequeños o perros en el jardín, la medida práctica es cortar las inflorescencias marchitas antes de que cuajen fruto. Se tarda poco, evita el riesgo y además prolonga la floración, porque la planta deja de gastar en semilla. Ante cualquier ingestión, el Instituto Nacional de Toxicología (91 562 04 20) orienta por teléfono; si aparecen síntomas, 112.
Las hojas y el ganado
El otro problema toxicológico es de otra escala y afecta sobre todo a rumiantes. Las hojas contienen lantadenos, unos triterpenos pentacíclicos que dañan las células del hígado y bloquean el flujo biliar. Al obstruirse esa vía, un pigmento derivado de la clorofila, la filoeritrina, se acumula en sangre en lugar de eliminarse por la bilis, y ese pigmento reacciona con la luz solar en la piel.
El resultado es una fotosensibilización secundaria: ovejas, vacas y cabras que han ramoneado lantana desarrollan ictericia y quemaduras graves en las zonas de piel poco pigmentada, morro, orejas, párpados y ubre. Es una intoxicación bien conocida en Australia, India y Sudáfrica, donde la lantana ocupa pastos enteros. En España el escenario realista no es el pasto invadido, sino restos de poda arrojados a una linde o a un barranco donde pasta ganado o donde llegan cabras sueltas. Los restos van a la fracción vegetal de residuos, nunca al monte.
Manipular la planta también puede dar dermatitis de contacto en personas sensibles, y las hojas frotadas desprenden un olor fuerte y resinoso, poco agradable. Guantes en la poda y asunto resuelto.
Una invasora de primer orden
La lantana figura en la lista de la UICN de las cien especies exóticas invasoras más dañinas del planeta, y no por casualidad. Reúne todas las características del buen invasor: florece y fructifica sin parar mientras haya calor, produce fruto carnoso que las aves dispersan a kilómetros, germina bien en suelo removido, rebrota con fuerza tras el corte y tras el fuego, tolera sequía y suelos pobres, y sus hojas liberan compuestos que dificultan la germinación de otras especies alrededor. Donde prospera acaba formando matorrales densos e impenetrables que desplazan a la vegetación autóctona y que son caros y lentos de eliminar.
En España, el clima marca la diferencia. En el interior peninsular las heladas la mantienen a raya y no pasa de planta de temporada. En el litoral cálido y, sobre todo, en Canarias, la historia es otra: en las islas está naturalizada desde hace décadas y aparece en barrancos, laderas y bordes de camino, con núcleos consolidados que las administraciones insulares vigilan y controlan. Ahí una lantana de jardín no es solo una lantana de jardín.
Lo que hace bien
Dicho lo anterior, hay motivos por los que se sigue plantando en toda la cuenca mediterránea. Florece de forma continua desde la primavera hasta las primeras heladas, sin la pausa de verano que tienen tantos arbustos ornamentales, y lo hace en pleno sol y con calor de agosto. Una vez establecida aguanta la sequía con riegos muy espaciados, tolera suelos pobres, calcáreos y la brisa marina, y no exige abonado; de hecho, el exceso de nitrógeno le da hoja en vez de flor.
Y como planta nectarífera rinde muchísimo. Sus cabezuelas atraen mariposas de forma constante: Vanessa cardui, Papilio machaon, blanquitas, y también la esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum), que ronda las matas a media tarde. En un jardín seco de verano, cuando casi nada más florece, esa oferta de néctar tiene valor real.
Cultivo básico
Exposición y suelo. Sol directo, cuantas más horas mejor; a media sombra crece pero apenas florece. Suelo bien drenado, sin encharcamiento, con pH indiferente.
Frío. Es el límite de su cultivo. Por debajo de 0 °C pierde la hoja y hacia los -3 o -4 °C muere la parte aérea; en suelo protegido puede rebrotar desde la base si la helada fue corta. En zonas de heladas fuertes se cultiva en maceta y se refugia, o se asume como planta anual.
Riego. Frecuente el primer verano para que enraíce; después, riegos espaciados y abundantes en lugar de riegos cortos y diarios. En maceta necesita más constancia, porque el cepellón se seca rápido y responde con caída de botones.
Poda. A finales de invierno o principios de primavera, cuando ha pasado el riesgo de helada fuerte, se rebaja la mata a una estructura de veinte o treinta centímetros. Rebrota con vigor y florece sobre la madera del año. Durante la temporada, despuntar las inflorescencias pasadas mantiene la floración y evita el fruto.
Multiplicación. Por esqueje semileñoso en verano, que enraíza sin dificultad. La siembra de semilla propia no interesa: da plantas variables y, en zonas cálidas, alimenta justo el problema.
Plagas. La mosca blanca es su compañía habitual, sobre todo en maceta, en invernadero y en plantas resguardadas; la araña roja aparece con calor seco y aire estancado. Mojar el envés y mantener buena ventilación previene más que cualquier tratamiento.
Cómo plantarla con cabeza
Tener lantana en el jardín es compatible con no crear un problema, siguiendo unas reglas sencillas:
- Elegir cultivar. Existen selecciones compactas desarrolladas expresamente por su escasa o nula producción de semilla viable. En vivero se identifican como estériles o de baja fertilidad, y son la opción sensata en cualquier zona sin heladas.
- Distancia al monte. En Canarias y en el litoral cálido, no plantarla en parcelas que lindan con barrancos, laderas naturales o espacios protegidos. Cuanto más cerca del monte, más probable que las aves hagan el resto.
- Cortar el fruto. El despunte periódico de las cabezuelas agotadas corta la vía de dispersión y mejora la planta.
- Gestionar los restos. Podas y arranques, a residuo vegetal controlado. Un trozo de tallo tirado en una cuneta húmeda puede arraigar.
- Vigilar el entorno. Si aparecen plántulas espontáneas en el jardín o en el solar de al lado, la planta ya está semillando: conviene arrancarlas de pequeñas y replantearse el ejemplar.
En resumen
Lantana camara ofrece floración ininterrumpida, resistencia a sequía y calor, y un atractivo excepcional para mariposas, a cambio de dos advertencias serias. Sus frutos verdes son tóxicos y han provocado intoxicaciones infantiles, de modo que conviene cortar las inflorescencias antes de que cuajen; sus hojas contienen lantadenos que causan daño hepático y fotosensibilización en rumiantes, por lo que los restos de poda no deben acabar donde pasta el ganado. Además figura entre las invasoras más dañinas del mundo y está naturalizada en Canarias y en el litoral cálido. Con cultivares de baja producción de semilla, despunte regular y distancia respecto a los espacios naturales, sigue siendo un arbusto útil; sin esas precauciones, en zonas cálidas es una mala idea.