Hay pocas plantas que hayan alcanzado la fama en internet con tanta rapidez como esta. Las fotografías de unos labios rojos y carnosos surgiendo del sotobosque tropical circulan desde hace más de una década bajo nombres como "flor del beso", "labios ardientes" o el más directo de todos, "labios de puta", traducción popular del hot lips anglosajón.
Lo interesante es que casi todo lo que se cuenta sobre ella en esas publicaciones es inexacto: ni esos labios son una flor, ni la planta se llama ya Psychotria elata, ni es una planta que se pueda cultivar en un jardín español. Vale la pena poner cada cosa en su sitio, porque la realidad botánica es más interesante que el meme.
Un cambio de nombre que conviene conocer
La especie se describió y popularizó como Psychotria elata, dentro de la familia Rubiaceae, la misma del café, la gardenia y la quina. Sin embargo, los estudios filogenéticos moleculares de las últimas dos décadas demostraron que el género Psychotria, tal como se entendía, era artificial: agrupaba especies que no formaban un grupo natural.
Como consecuencia, un buen número de especies fueron transferidas al género Palicourea, y esta entre ellas. El nombre científico actualmente aceptado es Palicourea elata (Sw.) Borhidi, con Psychotria elata como sinónimo. En la práctica, la inmensa mayoría de las publicaciones divulgativas y de los catálogos de coleccionista siguen usando el nombre antiguo, así que conviene conocer los dos.
Los "labios" no son una flor
Este es el punto central. Lo que se fotografía y se comparte no son pétalos. Son dos brácteas modificadas: hojas transformadas, engrosadas, carnosas y de un rojo escarlata intenso, que envuelven y protegen la inflorescencia antes de que esta se abra.
Las flores verdaderas son otra cosa por completo: pequeñas, tubulares, de color blanco a blanco-amarillento, apenas de un centímetro, agrupadas en un grupo compacto que emerge de entre las dos brácteas. Cuando llega el momento de la antesis, las brácteas se separan y se abren para dejar salir las flores, y en ese instante el efecto de "labios" desaparece por completo. La planta pasa de parecer una boca a parecer un ramillete de florecillas blancas sobre dos hojas rojas abiertas.
Dicho de otro modo: el aspecto que ha hecho famosa a esta planta es un estado transitorio, previo a la floración propiamente dicha, que dura relativamente poco. Las fotografías que circulan captan siempre ese momento concreto, y a menudo con las brácteas en su punto máximo de turgencia.
Hay que añadir algo más, porque conviene ser honesto: buena parte de las imágenes más difundidas están retocadas digitalmente para saturar el rojo y perfilar la forma de los labios. La planta real es llamativa, desde luego, pero el rojo es algo menos incandescente y la forma bastante menos antropomorfa que en las versiones virales.
Para qué sirven esas brácteas
El color rojo intenso cumple una función ecológica muy concreta: señalizar a los polinizadores. En el sotobosque tropical, oscuro y saturado de verde, unas flores blancas de un centímetro pasarían desapercibidas. Las brácteas actúan como un cartel visible a distancia.
El rojo apunta específicamente a los colibríes, que tienen una sensibilidad visual marcada hacia ese extremo del espectro y son polinizadores clave en las selvas neotropicales. También visitan la planta mariposas y algunos insectos. Es la misma estrategia que emplean la flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima) o las buganvillas, donde lo vistoso son brácteas y no corolas.
Además, mientras están cerradas, las brácteas protegen mecánicamente los botones florales de la lluvia torrencial y de los herbívoros.
Tras la polinización se forman los frutos, que son drupas ovoides de color azul oscuro a negro brillante, muy contrastadas contra las brácteas rojas que a veces persisten. Ese contraste rojo-azul es un patrón repetido en muchas rubiáceas tropicales y funciona como señal para las aves frugívoras, que dispersan las semillas.
Dónde vive realmente
Palicourea elata es un arbusto de sotobosque de entre 1,5 y 4 metros de altura, de hojas grandes, opuestas, oblongo-elípticas, de color verde oscuro brillante y con nervadura marcada, características de la familia.
Su área de distribución natural abarca los bosques tropicales húmedos de Centroamérica y el noroeste de Sudamérica: Costa Rica, Panamá, Nicaragua, Colombia y Ecuador, con presencia en zonas próximas. Vive en la penumbra bajo el dosel arbóreo, en altitudes que van desde el nivel del mar hasta la media montaña tropical, siempre en ambientes de humedad relativa muy alta y precipitación abundante repartida a lo largo del año.
Es decir: sombra, calor constante y humedad permanente. Sin estación seca marcada y sin oscilaciones térmicas fuertes.
No está catalogada como especie en peligro de extinción en las listas globales, pero su hábitat sí sufre presión sostenida por la deforestación, la expansión agrícola y la fragmentación forestal. Ese es su verdadero riesgo de conservación, no la recolección.
Cultivo: la conversación honesta
Conviene decirlo con claridad: esta planta no es cultivable al aire libre en ningún punto de la España peninsular, ni siquiera en la costa mediterránea. Sus requerimientos son los de una planta de selva ecuatorial, y ninguno de ellos se cumple aquí de forma natural.
Sus exigencias son:
Temperatura entre 18 y 28 °C de forma constante, día y noche, todo el año. Por debajo de 15 °C se detiene y sufre; el frío la daña de forma irreversible con bastante rapidez. Cualquier helada la mata sin remedio.
Humedad relativa muy alta, del 70 al 90 %. Este es el factor más difícil de conseguir en Europa. En un salón español, con humedad ambiental de entre el 30 y el 50 % y calefacción en invierno, la planta se deshidrata por la hoja más rápido de lo que puede reponer, y muere aunque el sustrato esté húmedo.
Sombra filtrada. Luz brillante pero nunca directa, replicando la penumbra bajo el dosel. El sol directo quema las hojas en horas.
Sustrato ácido, muy rico en materia orgánica y con drenaje impecable. Mezclas basadas en fibra de coco, mantillo de hoja, corteza fina y perlita. Como toda rubiácea, es sensible a la cal, y el agua dura española produce clorosis rápidamente: hay que regar con agua de lluvia u osmotizada.
Riego constante sin encharcar. El sustrato debe mantenerse fresco de forma permanente. Ni sequía ni charco.
Ausencia de corrientes de aire seco. Un radiador cerca o una ventana con corriente la liquidan.
La única forma realista de mantenerla en España es dentro de un invernadero tropical calefactado o en un terrario o vitrina grande con control de temperatura y humedad. Es una planta de coleccionista de nivel avanzado, no una planta de interior al uso.
Multiplicación
Por esqueje semileñoso. Es el método más practicable donde se dispone de instalaciones. Se toman esquejes de 10-15 cm de brotes del año, se recorta la superficie foliar a la mitad para reducir la transpiración, se aplica hormona de enraizamiento y se plantan en un sustrato ligero y estéril. Requieren calor de fondo —en torno a 25 °C en la base— y un ambiente saturado de humedad, con propagador cerrado o niebla intermitente. El enraizamiento es lento, de varias semanas a un par de meses, y la tasa de éxito no es alta.
Por semilla. Aquí hay una advertencia importante. Las semillas de muchas rubiáceas tropicales son recalcitrantes: pierden viabilidad muy rápido al secarse y no soportan el almacenamiento prolongado. Deben sembrarse frescas, poco después de extraerlas del fruto maduro, sobre sustrato húmedo, en oscuridad parcial y con calor constante de 25-28 °C.
Esto tiene una implicación comercial directa: desconfíe de las semillas de "flor del beso" que se venden por internet. Los portales de venta masiva están llenos de ofertas baratísimas de semillas de esta planta, y en la práctica la inmensa mayoría son o bien semillas de otra especie completamente distinta, o bien semillas viejas ya inviables. Es una de las estafas botánicas más recurrentes de los últimos años, junto con las "rosas azules" y los "árboles arcoíris". Si consigue una planta legítima, será por vía de un vivero especializado en flora tropical o de un intercambio entre coleccionistas.
Sobre sus supuestos usos medicinales
Circulan afirmaciones que atribuyen a esta especie propiedades medicinales concretas, generalmente copiadas de unas publicaciones a otras sin fuente. Conviene la prudencia.
El género Psychotria en sentido amplio es químicamente muy diverso y algunas de sus especies contienen alcaloides indólicos con actividad farmacológica reconocida; la más conocida es Psychotria viridis, componente de la ayahuasca por su contenido en dimetiltriptamina. Pero eso no significa que todas las especies del grupo compartan esa química, y desde luego no autoriza a extrapolar propiedades de una a otra.
Para Palicourea elata en concreto no existe un cuerpo de evidencia sólido que respalde usos medicinales establecidos. Lo que hay son referencias etnobotánicas dispersas y mucha repetición acrítica. La postura razonable es tratarla como lo que es: una planta ornamental de interés botánico, no un remedio.
Otras plantas con "labios"
Si el atractivo es la forma curiosa, hay alternativas que sí se pueden cultivar aquí sin un invernadero tropical:
Palicourea (antes Psychotria) poeppigiana. La pariente más próxima en aspecto, con brácteas rojas igual de llamativas y a menudo confundida con ella en fotografías. Comparte las mismas exigencias de cultivo, así que no resuelve el problema.
Euphorbia pulcherrima, la flor de Pascua. El mismo principio botánico —brácteas coloreadas alrededor de flores insignificantes— en una planta perfectamente disponible y cultivable.
Buganvilla (Bougainvillea). También brácteas, en este caso papiráceas, y en el sur de España crece hasta con desdén.
Bulbophyllum y otras orquídeas de formas extravagantes, o el "orquídea mono" (Dracula simia), para quien busque rarezas de forma. Aunque conviene saber que Dracula exige condiciones frescas y húmedas igual de específicas.
En resumen
La llamada flor del beso es Palicourea elata, antes Psychotria elata, un arbusto de sotobosque de la familia de las rubiáceas nativo de los bosques húmedos de Centroamérica y el noroeste de Sudamérica.
Lo que parecen labios no es una flor sino un par de brácteas modificadas, rojas y carnosas, que envuelven la inflorescencia antes de abrirse; cuando las flores verdaderas —pequeñas, tubulares y blancas— salen al exterior, las brácteas se separan y el efecto desaparece. Su función es atraer a los colibríes en la penumbra del sotobosque, y los frutos posteriores son drupas azul-negruzcas dispersadas por aves.
Como planta de cultivo, hay que ser realista: necesita entre 18 y 28 °C todo el año, humedad relativa superior al 70 %, sombra filtrada y agua sin cal. Fuera de un invernadero tropical o un terrario controlado no hay forma de mantenerla viva en España. Y las semillas que se anuncian en portales de venta online son, casi sin excepción, inviables o de otra especie.