Lo verdaderamente notable de la flor del ave del paraíso no es que parezca un pájaro, sino que funcione como un mecanismo. Esa lengüeta azul que sobresale del centro y que a la vista es el «pico» de la figura es en realidad una trampilla de precisión: dos pétalos soldados que forman una percha, y que se abren por una hendidura longitudinal cuando un pájaro se posa encima. El peso del ave hace el trabajo. Al separarse los bordes, los estambres que iban ocultos dentro emergen y le untan de polen las patas y el pecho. Cuando el pájaro se va, la trampilla se cierra.

Flor de Strelitzia reginae

Anatomía de la flor y cómo opera

Strelitzia reginae pertenece a la familia de las estrelitziáceas, emparentada con las musáceas —los plátanos— y con las heliconias. Es originaria de la provincia sudafricana del Cabo Oriental, donde crece en las orillas de los ríos y en claros de matorral costero. El nombre lo puso el jardín botánico de Kew en 1773 en honor de Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, esposa de Jorge III.

Lo que a distancia parece «una flor» es en realidad una inflorescencia. La estructura horizontal en forma de barca, verde con tonos rojizos en el borde, es una espata, una bráctea protectora. De su interior van emergiendo, de una en una y a lo largo de varias semanas, entre cinco y ocho flores individuales. Ese escalonamiento es lo que da a la mata una floración larga a partir de una sola espata.

Cada flor tiene tres sépalos naranja, erguidos, que forman el penacho, y tres pétalos azules. De esos tres pétalos, uno es pequeño y queda en la base; los otros dos están fusionados longitudinalmente en una pieza sagitada, con forma de punta de flecha, que se proyecta en horizontal. Dentro de ese estuche azul viajan escondidos los cinco estambres y el largo estilo.

El polinizador natural es un pájaro nectarívoro. En Sudáfrica el papel principal lo desempeña el tejedor del Cabo (Ploceus capensis) y también varias suimangas o nectarinias. El ave llega buscando el néctar abundante que se acumula en la base de la flor, y para alcanzarlo necesita apoyarse: la pieza azul horizontal es la única percha disponible y está situada exactamente donde interesa a la planta.

Aquí es donde el diseño resulta elegante. Los dos pétalos soldados dejan entre sí una hendidura que permanece cerrada en reposo. Bajo el peso del pájaro —unos pocos gramos bastan— los bordes se separan y los estambres quedan expuestos por debajo, justo contra los tarsos y el vientre del ave. El polen de Strelitzia no es un polvo suelto: se libera en hilos pegajosos y cohesivos, que se adhieren a las patas y a las plumas y resisten el vuelo mucho mejor que un polen pulverulento. En la siguiente flor visitada, el estigma, que sobresale por delante, roza esa carga y recoge lo que necesita.

Es un sistema de polinización ornitófila de manual: colores saturados en el rojo-naranja y el azul, que las aves distinguen bien y muchos insectos no; ausencia de perfume, porque las aves tienen olfato pobre y no hace falta gastar en aromas; néctar copioso y diluido, ajustado a un visitante de metabolismo alto; y una estructura mecánica robusta capaz de soportar el peso y el zarandeo de un animal vertebrado. Nada de eso ocurre por casualidad.

Consecuencia práctica en España: aquí no hay aves con ese comportamiento, así que las estrelitzias cultivadas casi nunca fructifican solas. Si quieres semilla, hay que polinizar a mano, abriendo con el dedo la hendidura de la lengüeta azul para exponer los estambres y transferir el polen al estigma de otra flor, preferiblemente de otra mata.

Cultivo en España

Es una planta que encaja bien en el país, con una condición: el frío.

Clima. Resiste heladas ligeras y puntuales de hasta -2 o -3 °C con daño foliar; por debajo se quema el follaje y con -5 °C se pierde la planta o al menos la floración de la temporada. Eso la sitúa cómoda en todo el litoral mediterráneo, desde Cataluña hasta Andalucía, en la costa atlántica andaluza, en Canarias —donde se comporta como planta común de jardín y se cultiva para flor cortada— y en zonas resguardadas del litoral cantábrico. En el interior peninsular, con heladas de -5 o -7 °C, hay que cultivarla en maceta y guardarla en invierno, o darle un microclima muy protegido junto a un muro orientado al sur.

Exposición. Sol pleno en zonas templadas y costeras, que es lo que da más espatas. En el interior cálido y seco, con veranos de 38-40 °C, prefiere sombra ligera o sol de mañana, porque a pleno sol y con aire seco las hojas se broncean y se rasgan más. En sombra densa vegeta y no florece: hoja abundante, ninguna flor.

Suelo. Franco, profundo y bien drenado, con materia orgánica. Tolera suelos mediocres y cierta caliza, y —dato útil para la costa— soporta bastante bien el salitre y el viento marino, lo que la convierte en una buena planta de primera línea de playa. Lo que no soporta es el encharcamiento prolongado, que le pudre las raíces carnosas.

Riego. Regular en primavera y verano, dejando secar los primeros centímetros entre riegos, y reducido en invierno. Una vez bien establecida en tierra aguanta periodos secos con notable entereza, pero la floración se resiente. En maceta, el equilibrio es más delicado: sustrato que drene rápido y riegos abundantes espaciados, nunca agua permanente en el plato.

Abonado. Es voraz cuando está en producción. Un abono equilibrado durante el crecimiento y otro más rico en potasio y fósforo a la entrada del otoño favorece la formación de espatas. En tierra, un aporte anual de compost o estiércol maduro en superficie a finales de invierno funciona bien.

Época de floración. En el clima mediterráneo español florece sobre todo de otoño a primavera, con el grueso entre noviembre y mayo, lo que la hace especialmente valiosa: aporta color fuerte en los meses en que el jardín tiene poco. Cada flor individual dura una o dos semanas y la espata completa puede prolongarse mes y medio.

Mantenimiento. Retirar las hojas viejas y las espatas agotadas cortándolas al ras de la base, con cuchillo o tijera de podar limpia. No hay poda de formación: la planta crece por abanicos que salen del rizoma.

La lentitud, y por qué trasplantarla la agrava

Esta es la parte que más decepciones causa y la que conviene entender antes de comprar.

Una estrelitzia de semilla tarda entre cuatro y siete años en florecer, y puede irse a ocho o diez si las condiciones no son óptimas. No hay atajo: la planta debe construir primero un rizoma con volumen y reservas suficientes, y hasta que no alcanza cierta masa no inicia flores. Un ejemplar procedente de división de una mata adulta acorta mucho ese plazo, uno a tres años, porque parte de un rizoma ya desarrollado.

El segundo factor es el trasplante. La estrelitzia tiene raíces gruesas, carnosas y quebradizas, que se parten con facilidad y que no toleran bien la manipulación. Cada vez que se le rompe raíz, la planta dedica la temporada siguiente —a veces dos— a reconstruir sistema radicular en lugar de a formar espatas. A eso se suma un rasgo bien conocido: florece mejor cuando está apretada en su recipiente, con el cepellón lleno de raíces. Una planta recién pasada a una maceta grande y con abundante sustrato libre alrededor invierte en ocupar ese espacio, y la floración se pospone.

Las reglas que se derivan de ahí son concretas. Cambiar de maceta solo cada tres o cuatro años, y únicamente cuando la planta se levanta del sustrato o el recipiente empieza a deformarse. Subir un solo tamaño cada vez, no dos. Hacerlo en primavera, con la planta activa. Manipular el cepellón entero, sin desenredar raíces ni sacudir la tierra. Y en jardín, elegir bien el sitio a la primera y dejarla quieta: una estrelitzia bien plantada puede estar veinte años en el mismo hueco formando una mata cada vez más grande y más florífera.

Si compras una planta que aún no ha florecido, mira el número de abanicos. Con menos de cuatro o cinco brotes bien formados, es improbable que florezca a corto plazo por muy bien que la cuides.

División de la mata

Es el método de multiplicación práctico, y el único que garantiza flor pronto y planta idéntica a la madre.

Se hace en primavera, una vez terminada la floración, cuando la planta va a arrancar el crecimiento y puede reponerse. Se descalza la mata o se saca de la maceta, se localiza el rizoma y se separa con un cuchillo bien afilado y desinfectado, procurando que cada división lleve al menos tres o cuatro abanicos de hojas y una porción sustancial de raíz. Las divisiones de uno o dos brotes prosperan mal y tardan años en dar flor.

Los cortes se dejan orear un día a la sombra para que cicatricen, y se pueden espolvorear con azufre o canela para reducir el riesgo de podredumbre. Se plantan a la misma profundidad que estaban, con el rizoma justo bajo la superficie, y se riega con moderación las primeras semanas: raíz herida más suelo húmedo es la receta de la pudrición.

Conviene contar con que la planta se quede parada una temporada. Es normal y no significa que la división haya fallado.

La siembra es viable pero solo para quien tenga paciencia. La semilla es negra, dura, con un mechón de arilo naranja vivo que conviene retirar; germina mejor fresca, tras remojo de un par de días y una escarificación superficial, a 25 °C constantes, y tarda de uno a seis meses con nascencia muy desigual. Después vienen los años de espera ya mencionados.

No confundirla con Strelitzia nicolai

En los viveros conviven varias estrelitzias, y de pequeñas se parecen lo suficiente como para que la confusión sea frecuente y las consecuencias, considerables.

Strelitzia reginae es la planta de este artículo: sin tronco, con las hojas naciendo directamente del rizoma sobre pecíolos largos, altura total de 1 a 1,5 m, y flores naranja y azul.

Strelitzia nicolai es otra cosa. Forma troncos leñosos y alcanza de 6 a 10 metros de altura, con hojas de más de un metro y medio de longitud que recuerdan a las de un plátano y una silueta en abanico. Sus flores son mucho mayores, con sépalos blancos y lengüeta azul, y no aparecen hasta que la planta tiene un tamaño considerable, lo que puede llevar bastantes años. Se vende habitualmente en maceta de interior, con dos o tres hojas y un aspecto que no anticipa nada de lo anterior. Plantada en un patio pequeño acaba levantando pavimento y tapando la casa; en interior, tarde o temprano toca el techo. Es una planta magnífica para un jardín grande de clima suave y una elección desafortunada para una terraza.

Hay una tercera, Strelitzia juncea, curiosa y cada vez más vista: tiene la misma flor que la reginae pero carece de lámina foliar, de modo que solo se ven pecíolos cilíndricos como juncos. Es más resistente a la sequía y más lenta todavía.

Y para completar, la «palmera del viajero» (Ravenala madagascariensis) se confunde a menudo con la nicolai: es de otra familia próxima, de Madagascar, con el abanico de hojas dispuesto en un plano perfecto y flores blancas poco vistosas. Ninguna de las tres da la flor naranja.

Problemas y detalles finales

Es una planta sana. Sus visitantes habituales son la cochinilla algodonosa y las cochinillas con escudo, que se alojan en la base de los pecíolos y en el envés a lo largo del nervio central; se retiran a mano o con jabón potásico, y conviene revisarlas porque en el hueco entre pecíolos pasan desapercibidas. En interior seco aparece araña roja. Los caracoles y babosas tienen predilección por las espatas jóvenes y pueden estropear una floración entera en una noche húmeda.

Las hojas rasgadas transversalmente no son una enfermedad: es la respuesta normal de una hoja grande al viento, igual que en los plátanos, y reduce la superficie de vela. No hay que hacer nada.

Si no florece, las causas por orden de probabilidad son: planta demasiado joven, poca luz, trasplante reciente o maceta excesiva, y falta de fósforo y potasio.

Como flor cortada dura entre una y dos semanas en jarrón, y se corta con el tallo entero cuando la primera flor asoma de la espata; las siguientes van abriendo ya en el agua, y se puede ayudar a que salgan abriendo con cuidado la ranura de la espata con el dedo.

Una nota de seguridad breve: las semillas y los frutos contienen compuestos que resultan irritantes y pueden causar molestias digestivas en perros y gatos si los ingieren. No es una planta peligrosa, pero conviene retirar los frutos si hay animales que mordisquean.

En resumen

Strelitzia reginae esconde bajo su aspecto de ave un mecanismo real: dos pétalos azules fusionados forman una percha que se abre por una hendidura cuando un pájaro nectarívoro se posa, exponiendo los estambres que le adhieren polen pegajoso en las patas. En España prospera en todo el litoral mediterráneo, el sur y Canarias, con daño a partir de -2 o -3 °C, y florece de otoño a primavera. Quiere sol —con sombra ligera en el interior cálido—, suelo drenado, riego regular en crecimiento y abonado generoso, y tolera bien el salitre. Tarda de cuatro a siete años en florecer desde semilla, y cada trasplante retrasa la floración porque sus raíces carnosas se rompen y porque florece mejor con el cepellón apretado: cambio de maceta cada tres o cuatro años y ni un movimiento más. La división se hace en primavera con tres o cuatro abanicos por porción. Y al comprar, distinguirla de Strelitzia nicolai, que forma tronco, supera los seis metros y da flores blancas: es otra planta y otro jardín.


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