En Kalanchoe beharensis lo que impresiona no es la flor, insignificante y rara, sino la hoja: triangular, de treinta o cuarenta centímetros, con el borde ondulado como si estuviera plisado a mano y toda la superficie recubierta de un fieltro pardo dorado que apetece tocar. Los nombres populares —orejas de elefante, planta de terciopelo— apuntan siempre a lo mismo, porque el argumento de esta especie es su textura, no su flor.
De Madagascar a los jardines secos
La especie es endémica del suroeste de Madagascar, de la región semiárida de Behara, de donde toma el epíteto. Allí vive en matorral espinoso sobre suelos pedregosos, con una estación seca larga y calor constante. Pertenece a las Crassulaceae y, dentro del enorme género Kalanchoe, ocupa el extremo de las especies arbustivas grandes: nada que ver con los kalanchoes de flor que se venden en maceta pequeña para interior.
Crece con un tallo único y erguido que engorda con los años y se ramifica poco. En cultivo alcanza con soltura los dos metros, y en su medio natural o en jardines de clima adecuado supera los tres. El tallo queda cubierto de cicatrices foliares prominentes, unas protuberancias en relieve que le dan un aspecto rugoso y escamoso muy reconocible incluso sin hojas.
La hoja
Las hojas son opuestas, en pares cruzados, sobre peciolos largos, y su forma es triangular o de punta de flecha, ancha en la base y estrechada hacia el ápice. El margen no es liso: está ondulado y recortado en dientes gruesos, con los bordes a menudo revueltos hacia arriba, lo que hace que la lámina nunca sea plana y que la luz la recorra creando sombras propias.
Toda ella, por el haz y por el envés, está cubierta de una capa densa de tricomas de color que va del pardo dorado al plateado, según la exposición y el cultivar. Ese indumento no es un adorno: refleja parte de la radiación, reduce la pérdida de agua y le permite soportar insolaciones que quemarían una hoja lampiña.
Hay cultivares que juegan con ese carácter. 'Fang' desarrolla unas excrecencias carnosas en el envés, a lo largo del nervio, que parecen colmillos —de ahí el nombre—. 'Oak Leaf' tiene la hoja más profundamente lobulada. Y circulan selecciones enanas y de tono más plateado, útiles para maceta donde no hay sitio para un ejemplar de dos metros.
La floración, en cambio, es casi anecdótica: llega solo en ejemplares viejos y en clima adecuado, en forma de una panícula alta de florecillas verde amarillentas discretas. Quien plante esta especie esperando flor se equivoca de motivo.
Textura como argumento de diseño
En un jardín seco, donde la paleta de color es limitada y la floración es estacional, la textura hace el trabajo que en otros climas hace la flor. Esta especie aporta una superficie mate y aterciopelada que absorbe la luz en lugar de reflejarla, y funciona por contraste con lo que tenga al lado.
Junto a hojas lisas, anchas y brillantes —Agave attenuata, Aeonium— el contraste es de acabado: mate contra pulido. Junto a follaje lineal y rígido —Cordyline, Dianella, gramíneas ornamentales— el contraste es de forma: masa contra línea. Y su tono pardo dorado casa especialmente bien con los azules glaucos de Senecio serpens o Cotyledon orbiculata plantados a sus pies.
Su otro papel es el de planta focal. Un ejemplar adulto, con su tallo desnudo y su copa de hojas grandes, tiene la escala suficiente para organizar un rincón entero, y en maceta grande sobre una terraza sostiene la composición él solo.
Cultivo en clima cálido y seco
Temperatura. Es el factor limitante. Vegeta bien entre 18 y 32 °C y agradece el calor seco del verano. El mínimo práctico está en torno a 5 °C, y por debajo de 3 o 4 °C la hoja se mancha y se pudre, sobre todo si el frío coincide con humedad. En España se planta en tierra en Canarias, en el litoral de Murcia, Almería, Málaga, Alicante y zonas resguardadas de la costa levantina; en el resto del país, maceta que se recoge en octubre.
Luz. Pleno sol o sol filtrado. Con luz insuficiente los entrenudos se alargan, la hoja empequeñece y el fieltro pierde densidad y color.
Suelo y riego. Sustrato muy drenante, arenoso o pedregoso, y riegos espaciados: en verano cada diez o quince días en maceta, menos en tierra, y prácticamente nada de noviembre a marzo. La humedad estancada en las raíces con temperatura baja es lo que la mata.
No mojar la hoja. Este cuidado es específico de las especies afieltradas y conviene subrayarlo. El agua se queda atrapada entre los tricomas, tarda en evaporar, deja cercos de cal al secar y, si hay frío o poca ventilación, favorece la podredumbre de la lámina. Se riega siempre al pie, nunca por aspersión, y se evita situarla bajo el alcance de los aspersores del césped.
Limpieza. El fieltro atrapa polvo. Se retira soplando o con una brocha suave y seca en el sentido del pelo. Frotar con un paño, y mucho menos con un paño húmedo, arranca los tricomas y deja una calva verde brillante que ya no se recupera: esa hoja seguirá así hasta que caiga.
Abonado. Escaso. Un fertilizante de suculentas, bajo en nitrógeno, un par de veces entre mayo y agosto. El exceso da hojas grandes pero blandas y de indumento pobre.
El tallo desnudo y cómo manejarlo
Con el tiempo, esta especie va perdiendo las hojas inferiores y las concentra en la parte alta. Es un comportamiento natural y no un fallo de cultivo: la planta invierte en la corona y abandona el follaje que ya recibe poca luz. El resultado es un tallo largo, gris, escamoso y desnudo rematado por un penacho de hojas, con un aire de arbolillo. Un exceso de sombra o de riego acelera el proceso y lo vuelve antiestético, con entrenudos largos y planta caída.
Hay dos maneras de gestionarlo, según lo que se busque:
Aceptarlo y aprovecharlo. El tallo escamoso es interesante por sí mismo. Basta con plantar delante algo de porte bajo —crasas tapizantes, Sedum, Senecio— que cubra la base, y el conjunto gana en lugar de perder.
Rejuvenecerla. En primavera o principios de verano, con la planta en pleno crecimiento, se corta la punta a la altura deseada con hoja limpia y afilada. El tallo responde emitiendo brotes laterales por debajo del corte, y en un par de temporadas se rehace una copa más baja y ramificada. La punta cortada no se tira: es un esqueje de primera.
Multiplicación
Se reproduce con facilidad de dos formas, ambas en primavera o verano y con calor.
Por esqueje de tallo. Un trozo de veinte o treinta centímetros, con las hojas inferiores retiradas. Lo importante es dejar cicatrizar el corte al aire, en sombra, entre cinco y diez días, hasta que forme una costra seca. Después se planta en arena o sustrato muy drenante apenas húmedo, a 22-25 °C, y enraíza en tres a seis semanas. Un esqueje plantado sin cicatrizar se pudre por la base.
Por hoja. Una hoja madura, cortada con su peciolo y también secada unos días, apoyada sobre sustrato arenoso ligeramente húmedo, emite raíces y plántulas por la base y por los cortes de los nervios principales. Tarda más, pero funciona y permite obtener varias plantas de una sola hoja.
Plagas y precauciones
La plaga que hay que vigilar es la cochinilla algodonosa, que se instala en las axilas de los peciolos y bajo el envés, donde el fieltro la esconde y donde los tratamientos por pulverización resbalan sin llegar a mojar al insecto. Conviene revisar la corona con frecuencia y actuar pronto, retirando los focos con un bastoncillo antes de que se extiendan. En brotes tiernos puede aparecer pulgón, y en interior seco, araña roja.
Una nota final: como el resto del género Kalanchoe, contiene bufadienólidos, compuestos cardiotóxicos, y su ingestión es peligrosa para perros, gatos y niños; conviene tenerlo presente al situarla.
En resumen
Kalanchoe beharensis es un kalanchoe arbustivo de Madagascar que llega a varios metros y cuyo valor está en la hoja triangular, ondulada y cubierta de un fieltro pardo dorado. Quiere calor, pleno sol, suelo muy drenante, riegos espaciados y un mínimo cercano a los 5 °C, lo que en España la limita al litoral cálido y a Canarias salvo cultivo en maceta. Nunca se le moja la hoja ni se le frota el indumento. Con los años pierde el follaje bajo y deja el tallo desnudo, algo que se acepta plantando crasas delante o se corrige decapitando la punta en primavera para forzar la brotación lateral; esa punta enraíza sin dificultad tras dejar cicatrizar el corte varios días.