Una flor dura dos o tres semanas. Una hoja de color dura toda la temporada, y en muchas especies todo el año. Esa es la razón por la que los jardineros con oficio construyen los arriates y las composiciones de interior sobre el follaje y dejan la flor como acompañamiento, y no al revés.

Hay hojas rojas, púrpuras, doradas, plateadas, rosadas, casi negras, jaspeadas de crema o veteadas de blanco. Entender de dónde sale ese color no es un adorno teórico: explica directamente por qué unas plantas necesitan más luz que sus versiones verdes, por qué otras se vuelven verdes si les falta sol y por qué algunas revierten y hay que corregirlas con la tijera.

Hojas de caladium con manchas rosas y blancas sobre fondo verde

Por qué una hoja no es verde

Todas las hojas fotosintéticas contienen clorofila. Lo que cambia es qué otros pigmentos la acompañan y en qué proporción, o si hay zonas del tejido donde directamente falta.

Antocianinas. Son los pigmentos responsables de los rojos, púrpuras, borgoña y casi negros. Se acumulan en la vacuola de las células y tapan visualmente la clorofila, que sigue estando debajo. Las produce la planta como protección frente al exceso de radiación y como respuesta al frío, y por eso muchas plantas de hoja púrpura intensifican el color a pleno sol y se apagan a la sombra. Es el caso del ciruelo rojo, del Cotinus coggygria 'Royal Purple' o del Berberis thunbergii 'Atropurpurea'.

Carotenoides. Amarillos, naranjas y dorados. Están presentes en cualquier hoja verde, pero enmascarados. En los cultivares dorados —Choisya ternata 'Sundance', Physocarpus 'Dart's Gold', las coníferas de punta amarilla— la clorofila está en menor cantidad y el carotenoide se ve.

Variegaciones por ausencia de clorofila. Aquí está el grupo más numeroso en jardinería, y el que más se malinterpreta. Las manchas o franjas blancas y crema de una hoja variegada son tejido sin clorofila, generalmente porque la planta es una quimera: tiene dos poblaciones de células genéticamente distintas conviviendo en capas. Ese tejido no fotosintetiza. La consecuencia es doble y muy práctica: la planta variegada crece más despacio que su versión verde y, al tener menos maquinaria fotosintética, necesita más luz para compensar, pero al mismo tiempo el tejido blanco carece de la protección de la clorofila y se quema con más facilidad. De ahí la aparente contradicción de que estas plantas quieran mucha luz pero indirecta.

Variegaciones estructurales. Un tercer mecanismo, menos conocido: en algunas plantas las zonas plateadas o argentadas no son falta de pigmento, sino cámaras de aire bajo la epidermis que reflejan la luz. Ocurre en las Begonia rex plateadas, en muchas Pilea y en el cardo mariano. Estas variegaciones no revierten y no comprometen la fotosíntesis.

Variegación vírica. Existe, y en algunos casos históricos se ha cultivado a propósito, como los mosaicos de ciertos Abutilon. Es la excepción, no la regla: la inmensa mayoría de las plantas variegadas de vivero son quimeras estables, no plantas enfermas.

Plantas de interior con hoja de color

Caladium. Probablemente el follaje más espectacular que se puede tener en maceta: hojas en forma de corazón, translúcidas, en combinaciones de verde, blanco, rosa y rojo. Su particularidad es que es un tubérculo con reposo obligatorio: en otoño amarillea y pierde toda la hoja, algo que mucha gente interpreta como que la planta ha muerto. No lo está. Se deja secar el tiesto, se guarda el tubérculo en un sitio fresco por encima de 15 °C y se vuelve a plantar y regar en abril. Durante el crecimiento pide calor, humedad ambiental alta y luz filtrada.

Coleus (Plectranthus scutellarioides). El más rápido, el más barato y el más versátil. Hay cultivares en prácticamente cualquier combinación de verde lima, granate, rosa, cobre y crema. Se multiplica por esqueje en agua en una semana. Requiere pinzar las puntas con regularidad para que ramifique y quitar las espigas de flor en cuanto asoman, porque florecer le hace perder color y ahilarse. Con poca luz, los cultivares oscuros se vuelven verdosos.

Croton (Codiaeum variegatum). Hojas coriáceas y brillantes con vetas amarillas, naranjas y rojas. Es la más luminosa de la lista y también la más quisquillosa: necesita mucha luz —cuanta menos reciba, más verde se vuelve— y detesta las corrientes de aire y los cambios bruscos de sitio, ante los cuales responde soltando las hojas de golpe. Su savia lechosa es irritante.

Fittonia. Pequeña, rastrera, con un nervado blanco o rosa muy fino sobre verde oscuro. Es de sombra real y de humedad alta, ideal para terrarios y baños con ventana. Se desmaya de forma dramática en cuanto le falta agua, y se recupera igual de rápido al regarla.

Calathea y Goeppertia. Follaje con dibujos geométricos y envés púrpura. Exigentes con la humedad ambiental y muy sensibles a la cal y al cloro del agua del grifo, que les quema los bordes de las hojas. Riega con agua de lluvia o reposada.

Begonia rex. Espirales plateadas, púrpuras y verde metálico. Luz indirecta abundante, sustrato suelto, y sobre todo no mojar la hoja, porque marca y favorece el oídio.

Aglaonema y Dieffenbachia. Las opciones más tolerantes con la poca luz. Los cultivares rojos y rosas de Aglaonema han cambiado bastante el panorama de las plantas de interior de bajo mantenimiento.

Tradescantia zebrina. Rayas plateadas sobre púrpura, colgante, indestructible y de esqueje inmediato. Con poca luz se estira y pierde el púrpura del envés.

Hoja de color en el jardín

En exterior, el follaje coloreado resuelve dos problemas: da estructura visual los meses en que no hay flor y permite componer contrastes que las flores, por su carácter fugaz, no sostienen.

Púrpuras y granates. Cotinus coggygria 'Royal Purple', arbusto grande de hoja redonda y color intensísimo. Berberis thunbergii 'Atropurpurea', espinoso y compacto, muy resistente al frío y a la sequía. Prunus cerasifera 'Pissardii', el ciruelo rojo de los parques. Physocarpus opulifolius 'Diabolo'. Todos ellos exigen sol directo: a media sombra se vuelven verde sucio.

Dorados y limas. Choisya ternata 'Sundance', que además aromatiza. Spiraea japonica 'Goldflame', con brotes cobrizos que pasan a dorado. Las coníferas enanas de tono amarillo. Aquí hay un matiz para el clima español: los cultivares dorados se queman con el sol de mediodía en el interior peninsular. Van mejor en zona de sol de mañana o de sombra ligera, donde además el amarillo destaca más contra el fondo oscuro.

Rojos estacionales. Photinia × fraseri 'Red Robin' es el seto más plantado de España y su gracia no es la flor, sino el brote nuevo rojo intenso. Un dato útil: cuanto más se poda, más brota, y por tanto más rojo se ve. Dos podas al año, en marzo y a finales de junio, mantienen el efecto casi continuo. Nandina domestica enrojece en invierno con el frío. Los arces japoneses (Acer palmatum) son el referente absoluto en otoño, pero necesitan suelo ácido, humedad y protección del viento seco: en la meseta y en el sur son un cultivo difícil, mejor en maceta y a la sombra de la tarde.

Plateados y grises. El grupo más adaptado al clima mediterráneo, porque el gris viene de una capa de pelos que reduce la transpiración. Santolina chamaecyparissus, Artemisia 'Powis Castle', Senecio cineraria, Convolvulus cneorum, Teucrium fruticans, olivo. Sol pleno, suelo seco y prácticamente ningún riego una vez arraigados.

Vivaces y gramíneas. Las Heuchera ofrecen hoy una gama que va del ámbar al negro, y en clima español agradecen la sombra de la tarde. Imperata cylindrica 'Red Baron' es una gramínea cuyas puntas se tiñen de rojo sangre a contraluz. Las Phormium y las Cordyline aportan volumen con hojas en franjas rojas, crema y bronce.

Errores frecuentes y cómo evitarlos

Poner una planta variegada en un rincón oscuro. Es el error clásico, porque suele tratarse de plantas de interior y se asume que aguantan poca luz. Al tener menos clorofila, necesitan más luz que las verdes, no menos. Sin ella, o pierden la variegación o se estiran y se despueblan.

No corregir la reversión. Muchas plantas variegadas emiten de vez en cuando una rama totalmente verde. Como esa rama fotosintetiza mejor, crece más deprisa y con el tiempo se come la planta entera. Hay que cortarla desde su punto de origen en cuanto se ve. Le pasa mucho al Euonymus fortunei, a las hiedras variegadas, al Pittosporum 'Variegatum' y a los Ficus jaspeados.

Sacar de golpe al sol una planta de interior. El tejido blanco de una variegación se quema en una tarde. Toda aclimatación al exterior debe ser progresiva, empezando por sombra plena.

Abonar en exceso los púrpuras y plateados. El nitrógeno abundante estimula la producción de clorofila y apaga el color. Las plantas grises, además, se vuelven blandas y pierden el fieltro.

Amontonar colores. Un arriate con púrpura, dorado, variegado blanco y plateado a partes iguales resulta ruidoso. La regla que funciona es una masa dominante de verde y dos acentos de color como mucho, repetidos a lo largo del arriate para dar ritmo.

Olvidar la luz de contra. Los follajes rojos y las gramíneas teñidas se transforman cuando el sol está bajo y les llega por detrás. Colocarlos al este o al oeste, de modo que reciban luz rasante a primera o última hora, multiplica su efecto sin gastar un euro.

En resumen

El color de una hoja depende de tres cosas: pigmentos que enmascaran la clorofila (antocianinas rojas, carotenoides amarillos), zonas de tejido sin clorofila (las variegaciones), o cámaras de aire que reflejan la luz (los plateados estructurales). Saber cuál de las tres tienes delante te dice de inmediato cómo cuidarla.

En términos prácticos: los púrpuras y granates piden sol directo para no apagarse; los variegados blancos piden mucha luz pero filtrada y hay que vigilar las reversiones verdes; los dorados se queman con el sol duro del verano peninsular; y los plateados son, con diferencia, los mejor adaptados al clima mediterráneo seco.

Y una última idea de composición: el follaje es la estructura del jardín, no su decoración. Un arriate bien montado sobre hojas de color se sostiene doce meses al año; uno montado sobre flores, tres semanas.


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