Un muro viejo de mampostería en la cornisa cantábrica puede sostener veinte o treinta especies vasculares distintas sin que nadie haya plantado ninguna, y casi todas ellas repiten el mismo esquema: raíz fina que se mete por la junta, hoja pequeña o suculenta, ciclo corto y semilla diminuta. Ese conjunto tiene nombre propio en ecología —vegetación rupícola o casmofítica— y tiene además una versión jardinera que se practica poco en España pese a que aquí sobran paredes de piedra: el jardín de muro.

Este artículo va de la técnica. La hierba de campanario o cimbalaria (Cymbalaria muralis) aparece en él como una pieza más del repertorio, la mejor conocida y la que llega sola; su biología, el mecanismo por el que curva el pedúnculo hacia la sombra y se autosiembra en la junta, y sus cuidados en detalle están contados en el artículo dedicado a la especie. Aquí interesa el soporte: qué es un muro para una planta, qué muros se pueden plantar, cuáles no se tocan y cómo se introduce una semilla en una fisura vertical con alguna probabilidad de éxito.

Cymbalaria muralis creciendo sobre una pared de piedra

Un muro es un acantilado en miniatura

Las plantas que colonizan paredes no llegan de ninguna parte exótica: proceden de roquedos, cantiles, gleras y cortados naturales, y el muro les ofrece una réplica razonable de su hábitat original. De ahí que la flora de una tapia del interior de Castilla se parezca más a la de un farallón calizo próximo que a la del prado que tiene a los pies.

Las condiciones que impone ese soporte son cuatro y explican la fisonomía de sus habitantes.

Sustrato mínimo y discontinuo. Toda la tierra disponible cabe en el interior de una junta: polvo atmosférico, restos de mortero disgregado, hojarasca y excrementos de aves acumulados durante años. Se habla de milímetros a pocos centímetros de espesor. Sobreviven las especies que enraízan en poco volumen y que reparten raíces largas y filiformes por las fisuras en lugar de exigir una masa de tierra.

Agua intermitente. La pared se seca en horas después de la lluvia, pero la junta retiene humedad bastante más tiempo, y en la base del muro y en la coronación el balance hídrico es completamente distinto del de la parte media. Un paramento que recibe el goteo de una teja rota tiene su propia flora, más higrófila, en una banda estrecha.

Química del ligante. Un muro tomado con mortero de cal es un hábitat calcícola aunque la piedra sea granito o pizarra, porque el carbonato del mortero domina la solución del suelo de la junta. Un muro de piedra seca de granito, sin mortero, es ácido. Eso condiciona qué helechos y qué crasas prosperan: Asplenium ruta-muraria y Ceterach officinarum se instalan en la cal, mientras que Asplenium septentrionale o Umbilicus rupestris aparecen en fábricas silíceas.

Orientación. Es el factor que más manda. Una cara norte en Galicia mantiene humedad ambiental casi todo el año y admite helechos, musgos y umbelíferas de roca. La misma pared orientada al sur en Murcia alcanza más de 55 °C en la superficie de la piedra en agosto y solo tolera crasas y anuales de ciclo invernal, que germinan en octubre, florecen en marzo y desaparecen antes del calor.

Qué muros se pueden plantar y cuáles se dejan en paz

La decisión no es estética, es constructiva y a veces legal.

Muro de piedra en seco. El candidato ideal. No hay ligante que perder, la estabilidad depende del trabado de las piezas y del relleno interior, y las raíces finas circulan por huecos que ya existen. Un muro de bancal o un cierre de finca de este tipo admite plantación sin más precaución que evitar leñosas de raíz gruesa.

Muro de mampostería con mortero moderno de cemento. Admite plantación en las juntas que ya estén abiertas, pero difícilmente se coloniza solo mientras el mortero está sano, porque no hay por dónde entrar. Es el caso en el que la vegetación llega cuando la fábrica ya se está degradando por otro motivo.

Muro de tapial, adobe o tierra. Aquí sí hay que decir que no. La estabilidad de un muro de tierra depende de que no se humedezca; una cubierta vegetal que retiene agua contra el paramento y que abre vías de infiltración acelera su ruina. En tapiales tradicionales lo que se hace es desbrozar, no plantar.

Fábrica histórica y patrimonio. Murallas, ábsides, puentes, castillos, cercas monumentales y cualquier elemento catalogado quedan fuera. En bienes protegidos la vegetación se retira bajo criterio de conservación, y hay legislación autonómica y de patrimonio que impide actuar por cuenta propia. Plantar en un lienzo de muralla no es jardinería, es una alteración de un bien protegido.

Muros de contención estructurales y hormigón armado. No se plantan por una razón distinta: la vegetación en la coronación y en las juntas de un muro de contención dificulta la inspección de fisuras y puede obstruir los mechinales de drenaje. Un mechinal atascado deja que se acumule presión hidrostática detrás del muro, y ese sí es un problema serio.

Qué daño hacen de verdad las raíces

Circula la idea de que cualquier planta en una pared la destruye, y también la contraria, que las plantas de muro son inocuas. Las dos son falsas por generalizar. El daño depende del tipo de raíz y del tipo de fábrica.

En mampostería con mortero de cal, las herbáceas de raíz filiforme —cimbalaria, helechos de muro, crasas pequeñas— no rompen nada: se limitan a ocupar huecos preexistentes y su capacidad de empuje es despreciable frente a la resistencia de la piedra. El efecto negativo que sí tienen es indirecto y consiste en retener humedad contra el paramento, lo que favorece los ciclos de hielo y deshielo y la disolución lenta del ligante de cal. En un muro sano y bien coronado, ese efecto es menor. En uno con las juntas ya lavadas, lo acelera.

El daño mecánico real lo causan las leñosas: higuera, saúco, zarza, aligustre, ailanto y, en el norte, cualquier plántula de fresno o de arce que germine en la coronación. La raíz secundaria de una leñosa engorda año a año dentro de una junta y ejerce una presión de crecimiento que sí desplaza sillares y descuaja mampuestos. Una higuera de tres años en la parte alta de una tapia ya ha empezado a abrirla. La regla de mantenimiento es sencilla: se tolera lo herbáceo y se arranca lo leñoso cuando aún tiene dos hojas.

En hormigón el planteamiento cambia. Un paramento de hormigón sano es prácticamente impenetrable para una raíz, y la vegetación que aparece sobre él vive en la suciedad de la superficie o en la junta de construcción. Ahora bien, el hormigón armado tiene una debilidad que la mampostería no tiene: si una raíz o simplemente el agua retenida por el musgo alcanzan una fisura que llega hasta la armadura, el acero se corrosiona, aumenta de volumen y desconcha el recubrimiento. Ese deterioro —carbonatación y corrosión de armaduras— es mucho más grave para la estructura que la pérdida de un poco de mortero de cal en un muro de piedra. Por eso el criterio se invierte: en el muro tradicional la flora se puede administrar; en el hormigón estructural se retira.

Cómo se siembra una grieta

Sembrar en vertical tiene un obstáculo evidente: la semilla se cae y el riego escurre. Las tres técnicas que funcionan resuelven ese problema de maneras distintas.

La pella de barro. Es el método clásico y el más agradecido. Se prepara una masa con tierra arcillosa tamizada, un poco de arena fina y agua hasta obtener una pasta que se sostenga entre los dedos sin gotear; hay quien añade una parte de estiércol muy hecho o de compost cribado para dar algo de fertilidad inicial. Se mezclan las semillas en esa pasta, en cantidad generosa porque las pérdidas son altas, se hacen bolitas del tamaño de una avellana y se aprietan dentro de la junta empujando con el pulgar hasta que quedan retranqueadas y sujetas. Si la pasta se cae, lleva poca arcilla; si se agrieta al secar, lleva demasiada. Con especies de semilla mínima, como la cimbalaria o las campánulas, esto es lo único que evita que el primer aguacero se lo lleve todo.

Siembra en seco. Para juntas estrechas donde no cabe la pella. Se sopla o se introduce la semilla seca con un pincel fino o con un papel doblado en canal, empujándola hacia el fondo de la fisura, y se sella la boca con un tapón de musgo húmedo o de fibra de coco que impide el arrastre y mantiene humedad. Funciona mejor en otoño, con el muro ya mojado y la temporada de lluvias por delante, y es la técnica adecuada para helechos, que además se siembran por esporas: se raspa el envés de una fronde fértil sobre el musgo del tapón y se deja que la naturaleza haga el resto, que tardará dos años en verse.

El esqueje y el cepellón forzado. Más rápido que la semilla. Se ensancha ligeramente un hueco con un destornillador viejo, se rellena con sustrato humedecido y se introduce un esqueje enraizado o una plántula de alvéolo pequeño, apretando bien y calzando con una piedrecilla. Para las crasas ni siquiera hace falta raíz: un fragmento de Sedum encajado en una junta con un poco de tierra arraiga solo.

La época. En la mitad norte y en clima atlántico, de septiembre a noviembre; la semilla recibe el frío invernal que muchas especies de roquedo necesitan para germinar y arranca con las lluvias. En el Mediterráneo seco, octubre sin excepción: sembrar en primavera condena a la plántula a encontrarse el verano con dos centímetros de raíz. En zonas de montaña con nieve persistente, el final del invierno, en cuanto el muro deje de helarse a diario.

Los primeros meses. Un pulverizador cada dos o tres días si no llueve, durante la primera temporada, dirigido a la junta y no a la pared. Después, nada: una planta de muro que necesite riego permanente está mal elegida para ese sitio.

Un repertorio para clima español

Conviene elegir por orientación y por clima antes que por catálogo. Estas son las que responden bien en la Península y en Baleares, agrupadas por situación.

Muro fresco, umbrío o de clima atlántico. La cimbalaria (Cymbalaria muralis) es la referencia, porque una vez instalada se encarga ella de colonizar el resto del lienzo. La acompañan bien Campanula poscharskyana y C. portenschlagiana, de flor azul y comportamiento expansivo; Erigeron karvinskianus, la vitadinia, que florece de marzo a noviembre y se resiembra sola; Pseudofumaria lutea —la antigua Corydalis lutea—, de flores amarillas y follaje glauco muy elegante en cal; el ombligo de Venus (Umbilicus rupestris), suculento y de hoja redonda, típico de muros del noroeste; y los helechos de pared: Asplenium trichomanes, Asplenium ruta-muraria, Ceterach officinarum y, en juntas con agua fija, Adiantum capillus-veneris, el culantrillo de pozo.

Muro soleado de clima mediterráneo. Aquí manda la suculencia y la vivaz leñosa de base. Sedum album, S. sediforme, S. dasyphyllum y S. acre cubren juntas y coronaciones sin riego. Sempervivum y Jovibarba en zonas de montaña. Centranthus ruber, la valeriana roja, se siembra sola en cualquier fisura y florece medio año, aunque con un porte que hay que controlar. Antirrhinum majus y sus parientes silvestres A. barrelieri y A. hispanicum son plantas rupícolas de origen y viven mejor en un muro que en un arriate. Añádanse Petrorhagia saxifraga, Dianthus de roca, Aurinia saxatilis, Aubrieta deltoidea en la mitad norte, Chaenorhinum origanifolium y las siemprevivas Helichrysum stoechas en coronaciones anchas.

Coronación y remate. La parte alta es el sitio más seco de todos y el más expuesto. Funcionan bien las crasas, los tomillos rastreros (Thymus serpyllum, T. praecox), la Erigeron ya citada y el Sedum sediforme. Lo que no debe consentirse en la coronación es una leñosa, porque es justo el punto por donde se abre un muro.

Dos advertencias de selección. La parietaria (Parietaria judaica) coloniza muros por su cuenta, pero produce polen muy alergénico y en muchas ciudades del litoral mediterráneo es una causa importante de polinosis; no se planta, se retira. Y conviene descartar todo lo que trepe con raíces adventicias sobre el paramento —hiedra adulta, Ficus pumila— si el muro es antiguo: no son plantas de grieta, son plantas que envuelven la fábrica y la mantienen húmeda de manera permanente.

Detalle de la cimbalaria enraizada en la junta de un muro

Mantener un muro plantado

El trabajo anual es escaso y se concentra en dos momentos.

En invierno se revisa la coronación y se arrancan a mano las plántulas leñosas, con raíz incluida, aprovechando que la fábrica está húmeda y ceden mejor. Es la única tarea realmente obligatoria.

A finales de verano se recorta lo que se haya desbocado y se recogen semillas de lo que interese propagar a otros tramos. Las herbáceas de muro se cortan sin contemplaciones; ninguna de las citadas se resiente de una tijera.

Lo que no debe hacerse nunca es limpiar el muro a presión con hidrolimpiadora ni aplicar herbicida sistémico sobre la fábrica. La primera arrastra el mortero de junta, que es exactamente lo que sostiene la pared; el segundo no distingue entre lo que se quiere conservar y lo que no, y en muros de piedra caliza o arenisca deja manchas persistentes. Si hay que eliminar vegetación en una fábrica delicada, se hace a mano, con cuidado, cortando a ras y dejando que la raíz se seque en el interior en lugar de tirar de ella y arrastrar material.

En resumen

El jardín de muro consiste en aprovechar que una pared es un acantilado artificial y plantarla con especies rupícolas adaptadas a poco sustrato, agua intermitente y exposición extrema. Se puede intervenir con tranquilidad en muros de piedra seca y en mampostería corriente; se deja en paz el tapial, el hormigón estructural y cualquier fábrica histórica o catalogada. Las herbáceas de raíz fina no rompen un muro tradicional, aunque retienen humedad contra él; el daño mecánico serio lo causan las leñosas, y por eso la única labor imprescindible es arrancar cada año las plántulas de higuera, saúco o zarza en la coronación. Para sembrar, la pella de barro con semilla apretada en la junta es la técnica más fiable, con la siembra en seco sellada con musgo para fisuras estrechas y el esqueje calzado para ir más rápido, siempre en otoño. Y en el repertorio, la cimbalaria ocupa el primer puesto en muro fresco, acompañada de campánulas, vitadinia y helechos de pared, mientras que en el muro seco y soleado del sur el trabajo lo hacen los sedums, la valeriana roja y los antirrinos silvestres.


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