Lo que decide el destino de la hierba cinta en un jardín no se ve al comprarla: está bajo tierra y se llama rizoma. En la maceta del vivero, Phalaris arundinacea 'Picta' es una mata contenida de hojas rayadas de blanco, luminosa y de aspecto delicado. Dos temporadas después, en un arriate normal, ha recorrido metro y medio en todas direcciones por debajo de las plantas vecinas y está emergiendo dentro del cepellón de la hosta y entre las raíces del rosal. No es un accidente ni un fallo de manejo: es exactamente lo que la especie hace en la naturaleza y la razón de su éxito.
Conviene decirlo antes que nada, porque el resto del artículo depende de ello: esta gramínea se planta contenida o no se planta. Con esa condición cumplida, es una planta útil, resistente y de las pocas que resuelven una orilla encharcada o un talud húmedo sin exigir nada a cambio.
Cinta, alpiste de caña, hierba de los canarios
Es una gramínea vivaz de la familia Poaceae, del mismo género que el alpiste común (Phalaris canariensis), aunque de porte y comportamiento muy distintos. Su área natural cubre las regiones templadas de Europa, Asia y buena parte de Norteamérica, y en España es autóctona: crece en riberas, acequias, juncales, márgenes de arroyo y fondos de vaguada de casi toda la mitad norte y del centro peninsular, escaseando en el sureste árido.
Caracteres de campo:
Porte. De 60 a 200 cm, y hasta 250 en suelo profundo y húmedo, con cañas erectas y robustas que forman masas continuas, no matas separadas.
Hoja. Ancha para una gramínea de ribera, de 1 a 2 cm, plana, áspera al pasar el dedo de la punta hacia la base, de un verde algo glauco en la forma silvestre. La lígula es membranosa, larga y llamativa, de hasta 8 mm, un carácter que ayuda a separarla de otras cañizas.
Panícula. De 7 a 20 cm, cerrada y estrecha en reposo, con las ramas apretadas contra el eje, pero que se abre y ensancha durante la floración, en mayo y junio, con tonos verdosos o purpúreos que pasan a pajizo al madurar. Ese abrir y cerrar de la panícula es su gesto más característico.
Rizoma. Grueso, blanquecino, horizontal, situado en los primeros 15 o 20 cm del suelo, con entrenudos largos y yemas en cada nudo. Cada fragmento con una yema es una planta nueva.
Por qué se come un arriate
La expansión no depende de la semilla, aunque también la produzca en cantidad. Depende de la velocidad de avance del rizoma, que en suelo fresco y fértil cubre con facilidad de 50 a 100 cm por temporada, y del hecho de que las yemas emiten brotes verticales a lo largo de todo su recorrido. El resultado en el campo es una masa monoespecífica: bajo una colonia establecida no queda casi nada más, porque la sombra del follaje y la capa de hojarasca seca que se acumula cada invierno impiden la germinación de otras especies.
En el jardín eso se traduce en tres consecuencias concretas. Primero, las vivaces vecinas de raíz superficial desaparecen en dos o tres años, empezando por las de porte bajo. Segundo, arrancar la colonia a posteriori es un trabajo desagradable: hay que levantar todo el volumen de suelo hasta 25 cm de profundidad y extraer cada fragmento de rizoma, porque los trozos que queden rebrotan; suele hacer falta repasar el mismo sitio dos o tres veces a lo largo de la temporada siguiente. Y tercero, prospera igual en terreno seco que en encharcado, así que la sequía estival no la frena: se agosta en superficie y vuelve.
La forma variegada 'Picta' es algo menos vigorosa que la silvestre, porque tiene menos superficie fotosintética. Menos vigorosa no significa contenida.
Invasora de humedales en Norteamérica
El caso norteamericano es el que ha dado a esta especie su mala reputación internacional. Aunque existen poblaciones nativas en el continente, los genotipos europeos introducidos desde el siglo XIX como forrajera y para estabilizar orillas resultaron mucho más agresivos, se cruzaron con los locales y dieron lugar a estirpes de vigor híbrido. Hoy figura entre las plantas más problemáticas de las zonas húmedas del norte y el medio oeste de Estados Unidos y del sur de Canadá, con miles de hectáreas de praderas húmedas, turberas bajas y llanuras de inundación convertidas en cañaverales puros.
El mecanismo del desplazamiento está bien estudiado y combina varios rasgos: responde con una fuerza desproporcionada a los aportes de nitrógeno y fósforo procedentes de la agricultura, tolera tanto la inundación prolongada como la sequía estival, rebrota inmediatamente tras el fuego o la siega, produce miles de semillas por panícula que viajan con el agua y acumula una hojarasca densa que sofoca a las plántulas de la flora nativa. La restauración de un humedal invadido exige años de siega, inundación controlada y replantación, con resultados irregulares.
En España la especie es autóctona y no tiene ese estatus ni figura en el catálogo de exóticas invasoras. El aviso pertinente aquí es otro y más limitado: las selecciones ornamentales no deben plantarse en la orilla de un cauce ni en un charca conectada con la red hidrográfica, ni tirarse los restos de división en un arroyo o en una cuneta húmeda, porque los fragmentos de rizoma arraigan aguas abajo con facilidad.
Contenerla de verdad
Si interesa el follaje —y es un follaje que ilumina una zona de sombra como pocos—, hay tres formas de tenerla sin consecuencias.
En contenedor enterrado. El sistema más práctico. Se entierra una maceta rígida sin fondo perforado, un bidón cortado o un cesto de estanque forrado, de al menos 40 cm de profundidad, dejando el borde 3 o 4 cm por encima del nivel del suelo. El borde emergente es imprescindible: sin él, el rizoma pasa por encima. Conviene revisarlo cada primavera y recortar lo que haya saltado.
Con barrera antirrizomas. Lámina de polipropileno o HDPE de las que se usan para el bambú, enterrada en vertical hasta 45-50 cm, con el remate superior visible y las uniones solapadas y grapadas. Es la solución cuando se quiere una franja lineal, por ejemplo a lo largo de una orilla.
En maceta a la vista. Funciona muy bien en un recipiente amplio, incluso sin agujeros de drenaje si se quiere mantener el sustrato saturado. Se divide y se renueva cada dos o tres años porque llena el volumen por completo.
Un apunte de cultivo que mejora mucho el resultado: hacia julio, cuando el follaje se afea y las hojas empiezan a secar por las puntas, se siega la mata entera a 10 cm del suelo y se riega. En tres semanas rebrota con hojas nuevas, limpias y bien contrastadas, que aguantan hasta el otoño. Esa siega tiene además la ventaja de eliminar las panículas antes de que la semilla madure.
Las selecciones ornamentales
'Picta' es la clásica, con hojas rayadas longitudinalmente de blanco y verde, cultivada en jardines europeos desde hace siglos y conocida en inglés como gardener's garters, las ligas del jardinero. 'Feesey' añade un tono rosado a los brotes nuevos en primavera y en otoño, más marcado en clima fresco, y pasa por ser algo menos expansiva. 'Luteopicta' sustituye el blanco por un amarillo cremoso que se apaga en verano. Todas comparten el mismo rizoma, con la misma advertencia.
Tolerancias: pleno sol en el norte y media sombra en el sur, donde el sol de mediodía quema las franjas blancas; suelo de cualquier textura, mejor si es fresco; encharcamiento permanente sin problema, incluso con 10 o 15 cm de lámina de agua sobre la corona; y frío considerable, por debajo de -20 °C, con pérdida total de la parte aérea y rebrote en primavera.
Depurar agua, sujetar orillas, producir biomasa
Los mismos rasgos que la hacen incómoda en un arriate la convierten en una herramienta seria en otros contextos.
En humedales construidos para depuración se emplea en filtros de flujo superficial y subsuperficial junto a carrizo (Phragmites australis) y espadaña (Typha). Aporta una biomasa alta, retira nitrógeno y fósforo del agua residual con eficacia, aguanta cargas contaminantes elevadas y soporta el régimen de inundación y vaciado propio de estos sistemas. Su ventaja frente al carrizo es que tolera mejor los periodos secos entre pulsos de agua.
En estabilización de márgenes, la red de rizomas sujeta el suelo de una orilla erosionable y disipa la energía del agua en avenidas menores. Es un uso tradicional en canales y acequias, siempre en tramos donde la especie ya está presente de forma natural.
Y en el norte de Europa se cultiva como cultivo energético: se siega en primavera, cuando la caña ya ha perdido humedad y buena parte de los minerales han retornado al rizoma, lo que da un combustible de mejor calidad para calderas de biomasa. Produce durante una década o más sin replantar.
Forraje: bueno joven, con una salvedad
Como planta de prado húmedo tiene una producción notable y una calidad aceptable si se aprovecha temprano. Segada o pastada antes del espigado, cuando la hoja está tierna, el ganado la come sin problema. Pasado ese punto, la caña se lignifica deprisa, la hoja se vuelve áspera por el borde silíceo y la palatabilidad cae.
La salvedad que hay que conocer es química. Algunas poblaciones de la especie acumulan en la hoja alcaloides indólicos —triptaminas y carbolinas, además de gramina— en concentraciones variables según el genotipo, el estado de crecimiento y el estrés de la planta. En ganado ovino, el consumo continuado de material rico en estos compuestos se ha asociado a trastornos nerviosos descritos clásicamente en el género Phalaris, y en general el contenido alcaloideo reduce la ingestión voluntaria y el rendimiento animal. El problema se aborda en agronomía por la vía de la genética: existen variedades forrajeras seleccionadas por bajo contenido en alcaloides, que son las que se recomiendan cuando se siembra con destino ganadero. Un rodal silvestre no ofrece ninguna garantía en ese sentido.
Por el mismo motivo, no es una planta de uso alimentario ni de infusión para personas, y no procede darle usos caseros. Ante cualquier duda sobre efectos de plantas en la salud, la consulta corresponde al médico o al farmacéutico, y en el caso del ganado, al veterinario.
En resumen
Phalaris arundinacea es una gramínea de ribera autóctona en España, de caña alta, hoja ancha y panícula que se abre en floración y se cierra después, cuya característica determinante es un rizoma horizontal capaz de avanzar cerca de un metro por temporada y de formar masas continuas donde no crece nada más. Esa capacidad la ha convertido en una invasora grave de humedales en Norteamérica, donde los genotipos europeos introducidos han transformado praderas húmedas en cañaverales puros. En jardinería se cultiva la forma variegada 'Picta' y sus variantes por el efecto luminoso del follaje, pero exige contenedor enterrado con el borde emergente, barrera de rizomas o maceta, y una siega a 10 cm en julio que renueva la hoja y evita que semille. Fuera del arriate es una planta valiosa: depura agua en humedales construidos, sujeta orillas y produce biomasa. Como forraje sirve joven, con la advertencia de que ciertas poblaciones acumulan alcaloides indólicos perjudiciales para el ganado, motivo por el cual las siembras ganaderas se hacen con variedades seleccionadas por su bajo contenido.