Conviene empezar por una aclaración, porque el nombre de planta cohete o planta cohetes se aplica en castellano a más de un vegetal. A veces designa a Russelia equisetiformis, la lluvia de coral de tallos colgantes; en catálogos de interior aparece asociado a Crossandra infundibuliformis. La planta de esta guía, y la que responde a ese nombre en jardinería de exterior, es el género Kniphofia, conocido también como tritoma o tritomo, y en inglés como atizador al rojo por razones evidentes en cuanto se ve una en flor.

Inflorescencia naranja y amarilla de Kniphofia galpinii

Qué es una kniphofia

El género reúne unas setenta especies de la familia de las asfodeláceas, la misma de los aloes, repartidas por el sur y el este de África, con el grueso en Sudáfrica y con especies de montaña en Etiopía y en las tierras altas de Kenia. Forma una mata densa de hojas lineales, largas, acanaladas y quilladas, dispuestas en abanico, que según la especie miden desde cuarenta centímetros hasta metro y medio y persisten todo el año en climas suaves.

De esa mata sale un escapo desnudo y rígido rematado por un racimo cilíndrico y compacto de flores tubulares colgantes. La inflorescencia se abre desde abajo hacia la punta y, como los botones todavía cerrados son de un rojo o naranja más encendido que las flores ya abiertas, que viran a amarillo, el racimo atraviesa una fase bicolor con la base amarilla y el remate rojo. Ese degradado, sobre un tallo perfectamente vertical, es su firma.

Las especies disponibles cubren un rango amplio. Kniphofia uvaria es la más difundida en jardines españoles, con escapos de un metro largo en junio y julio. K. galpinii es menuda, de sesenta centímetros, hoja fina y flor naranja albaricoque en septiembre. K. rooperi florece en otoño con racimos casi ovalados. K. caulescens desarrolla un tallo grueso con el tiempo y resiste el frío mejor que ninguna. Y K. northiae es la excepción monumental: una roseta única de hojas anchas de metro y medio que recuerda a un agave, más apreciada por el follaje que por la flor. Entre los cultivares, 'Alcazar' da naranja intenso, 'Percy's Pride' un amarillo verdoso muy elegante y las series enanas tipo 'Poco' o 'Little Maid' se quedan por debajo de los sesenta centímetros.

Agua en verano, sequedad en invierno

El error de partida al cultivarlas viene de su aspecto. Las hojas correosas y el parentesco con los aloes sugieren una planta de secano, y no lo es: la mayoría de las Kniphofia proceden de praderas de montaña, orillas de arroyo y vaguadas donde el suelo se mantiene fresco durante la estación de crecimiento. En un arriate mediterráneo eso se traduce en riegos regulares y generosos de abril a septiembre, cuando están creciendo y floreciendo, con suelo profundo y fértil.

La otra mitad de la ecuación es invernal y va justo en sentido contrario. Durante el reposo la mata no tolera el suelo saturado: la corona, que es carnosa, se pudre. Por eso pide un terreno que drene de verdad, y en tierras arcillosas conviene plantar sobre lomo elevado con grava incorporada. La combinación que buscan es humedad en verano y sequedad en invierno, que es exactamente la contraria a la de muchos jardines españoles y la razón por la que a veces se pierden sin causa aparente.

Existe además un truco tradicional que resuelve buena parte del problema: a la entrada del invierno se recogen las hojas en un manojo y se atan sobre el centro de la mata con una cuerda blanda. Así el follaje forma una especie de tienda que desvía el agua de lluvia hacia fuera en lugar de dejar que se embalse en el embudo central. Se desata en marzo, al empezar el rebrote.

Plantación y ubicación

Pleno sol, sin discusión; en sombra parcial vegeta y da escapos torcidos que buscan la luz. Se planta en primavera, con el cuello a ras de suelo, dejando de cincuenta a setenta centímetros entre matas según el porte de la especie, porque con los años ocupan bastante más de lo que parece al salir del vivero.

La rusticidad varía: en general soportan de -10 a -12 °C, y K. caulescens o K. uvaria algo más, lo que las hace viables en casi toda la Península salvo en zonas de invierno muy severo, donde conviene un acolchado grueso de paja o de hojarasca sobre la corona, retirado en cuanto pasen las heladas. En maceta funcionan si el recipiente es hondo —la raíz es carnosa y profundiza— y de al menos treinta y cinco centímetros de diámetro.

El abonado se limita a un aporte de compost en primavera y, si se busca floración intensa, un fertilizante de liberación lenta bajo en nitrógeno al arrancar la temporada. Un exceso de nitrógeno da hoja larga y blanda y pocos escapos.

Mantenimiento a lo largo del año

Terminada cada inflorescencia, el escapo se corta a ras de la mata. Con ello se evita que la planta gaste en semilla y se favorece la emisión de nuevas varas, que en K. uvaria pueden escalonarse durante seis o siete semanas. Las hojas secas exteriores se retiran tirando de ellas hacia abajo, con la mano, cuando ya se sueltan solas; cortarlas todas a media altura en otoño deja la corona expuesta y no aporta nada.

La división se hace cada cuatro o cinco años, en primavera y nunca en otoño, separando con pala los abanicos periféricos que tengan raíz propia. Es una planta a la que el trasplante le cuesta: tarda una temporada entera en recuperarse y florecer, así que no conviene moverla sin motivo.

De problemas sanitarios hay poco que reseñar. Babosas y caracoles se refugian en el corazón de la mata y roen las hojas jóvenes en primavera; los trips pueden marcar el follaje en veranos secos; y la podredumbre de la corona por exceso de agua invernal, ya mencionada, es la causa más seria de fracaso. No se le conocen toxicidades relevantes para personas o mascotas, aunque tampoco es una planta comestible ni de uso medicinal.

Fauna y combinaciones

Cada flor tubular produce néctar en cantidad notable —basta inclinar un racimo para verlo gotear— y en su tierra la polinizan aves nectarívoras que se posan en el escapo. En un jardín español los visitantes son abejas y abejorros, que trabajan el racimo de abajo arriba siguiendo el orden de apertura, y en ocasiones algún párido o curruca que aprende a robar el néctar.

Su porte vertical y su color encendido piden compañía que los sostenga sin competir. Funciona bien con gramíneas ornamentales de textura fina, con Agapanthus, con Sedum telephium, con salvias arbustivas y con Achillea en tonos cálidos, y también en jardines de grava de estilo seco siempre que reciba el riego estival que necesita. Como flor cortada aguanta ocho o diez días en agua y es difícil de ignorar en un ramo.

En resumen

La planta cohetes de jardín es la Kniphofia o tritoma, una vivaz sudafricana de mata graminoide y escapos rematados en racimos cilíndricos bicolores, rojos arriba y amarillos abajo. Pide pleno sol, riego abundante durante el crecimiento —viene de suelos frescos, no de secano— y, en contrapartida, un drenaje invernal impecable que evite que se pudra la corona; atar las hojas sobre el centro en invierno protege ese punto. Se corta cada escapo agotado a ras, se divide cada cuatro o cinco años en primavera y aporta al arriate una vertical de color entre junio y octubre según la especie elegida.


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