Hay pocas vivaces capaces de estar en flor desde mayo hasta las primeras heladas sin pedir apenas agua ni abono. La gaura es una de ellas. Sus flores pequeñas, colgadas de tallos finísimos que se mueven con la menor brisa, le han dado el nombre popular de flor de mariposa, y en jardinería mediterránea se ha convertido en una pieza casi imprescindible para dar movimiento y ligereza a las borduras.

Origen y nombre correcto

Es originaria del sur de Estados Unidos, concretamente de Texas y Luisiana, donde crece en praderas y suelos arenosos con veranos largos y calurosos. Ese hábitat explica su tolerancia al calor y a la sequía, y también por qué le sienta tan mal el suelo encharcado.

Se ha cultivado durante décadas como Gaura lindheimeri, pero los estudios filogenéticos llevaron a incluir el género Gaura dentro de Oenothera. El nombre válido hoy es Oenothera lindheimeri, aunque en viveros y catálogos se sigue vendiendo como gaura y así la llama todo el mundo. Pertenece a la familia Onagraceae, la misma que las onagras y las fucsias.

Características

Es una herbácea perenne que forma una mata basal de hojas lanceoladas, estrechas, de color verde grisáceo y a menudo con manchas rojizas. De esa mata salen tallos delgados, muy ramificados y flexibles, que alcanzan entre 60 y 150 cm según el cultivar.

Las flores son lo característico: miden 2 o 3 cm, tienen cuatro pétalos dispuestos de forma asimétrica —todos hacia arriba, como las alas de una mariposa posada— y unos estambres largos y curvados que sobresalen. Se abren de abajo arriba a lo largo de espigas laxas, y como cada flor dura poco pero se van relevando sin pausa, la planta parece estar siempre florecida.

El color de la especie es blanco, con un tinte rosado que se acentúa al marchitarse. Los cultivares han ampliado mucho la gama: 'Whirling Butterflies' es blanco puro y muy floreado; 'Siskiyou Pink' tiene flor rosa intensa y follaje oscuro; 'Rosyjane' presenta pétalos blancos ribeteados de rosa; y las series enanas tipo 'Gaudi' o 'Belleza' se quedan en 40 o 50 cm, pensadas para maceta y primer plano de bordura.

La floración va de mayo a octubre en la mayor parte de España, y en la costa mediterránea o Canarias puede prolongarse hasta noviembre o diciembre si el otoño viene suave. Que florezca «todo el año» es una exageración habitual: en invierno para, y en climas fríos desaparece hasta la primavera.

Un detalle que conviene saber de antemano: desarrolla una raíz pivotante profunda. Eso la hace muy resistente a la sequía cuando está establecida, pero también significa que un ejemplar adulto se trasplanta mal y que la división de mata no funciona como en otras vivaces.

Flores blancas de Gaura lindheimeri

Ubicación y luz

Quiere pleno sol, sin medias tintas. Con menos de seis horas de sol directo los tallos se estiran, se vuelven laxos, se tumban sobre las plantas vecinas y la floración cae drásticamente. En sombra parcial no muere, pero deja de tener sentido plantarla.

Aguanta bien el viento —sus tallos son flexibles y ceden en lugar de partirse— y también la proximidad al mar, con buena tolerancia a la salinidad ambiental, lo que la hace muy útil en jardines costeros.

En maceta funciona correctamente si el recipiente tiene al menos 30 cm de profundidad, precisamente por esa raíz pivotante. Los cultivares enanos son los más adecuados para contenedor.

Tierra

Lo único innegociable es el drenaje. Prefiere suelos ligeros, arenosos o francoarenosos, incluso pobres, con pH indiferente entre 6 y 8. Los suelos calizos españoles no le suponen ningún problema.

En terrenos arcillosos hay que intervenir: incorpora arena gruesa o gravilla al preparar el hoyo, mejora la estructura con compost maduro y, si el terreno es realmente pesado, planta en caballón o bancal elevado. La causa número uno de muerte de la gaura en España no es el frío ni la sequía, sino el agua estancada en invierno.

En maceta, una mezcla de dos partes de sustrato universal, una de fibra de coco y una de perlita o arena gruesa da un resultado fiable.

Riego

El primer año hay que regar con cierta regularidad para que la raíz baje: una o dos veces por semana en verano, siempre esperando a que los primeros centímetros del suelo se hayan secado.

A partir del segundo año es muy resistente a la sequía. En el norte y buena parte del centro peninsular puede pasar el verano con riegos puntuales; en el sur y en la costa mediterránea, un riego cada 10 o 15 días en pleno agosto es suficiente en suelo profundo.

En maceta el planteamiento cambia por completo: el volumen limitado obliga a regar dos o tres veces por semana en verano, comprobando siempre el sustrato antes.

El exceso de agua se manifiesta con hojas amarillas desde la base, tallos blandos y decaimiento general que muchos confunden con falta de riego, agravando el problema. Nunca dejes plato con agua debajo, y no riegues por aspersión sobre el follaje.

Abonado

Necesita muy poco, y este es uno de los puntos donde más se equivoca el jardinero aplicado. Un aporte de compost o estiércol bien maduro a finales del invierno, extendido alrededor de la mata, cubre las necesidades de todo el año en suelo de jardín.

Si está en maceta, un abono líquido para plantas de flor, rico en potasio y bajo en nitrógeno, cada tres o cuatro semanas de abril a septiembre.

Abonar en exceso, y sobre todo con nitrógeno, produce plantas altas, blandas, que se tumban, florecen menos y se vuelven vulnerables al oídio. Con la gaura, quedarse corto es mejor que pasarse.

Multiplicación

Hay tres vías, con distinta fiabilidad.

Los esquejes de tallo son el método más práctico y el único que reproduce fielmente los cultivares. Se toman en primavera o principios de verano, de brotes semileñosos sin flor, de 8 a 10 cm. Retira las hojas inferiores, aplica hormona de enraizamiento si la tienes y planta en una mezcla de turba y perlita a partes iguales. Mantén en sombra luminosa, con humedad constante pero sin encharcar, a unos 20 °C. Enraízan en tres o cuatro semanas.

La siembra funciona bien con la especie. Se siembra en semillero de febrero a abril, a 18-22 °C, cubriendo apenas la semilla, y germina en dos o tres semanas. Las plantas florecen ese mismo año si la siembra es temprana. Ojo: los cultivares no salen fieles de semilla, y las plantas de semilla suelen ser más altas y desgarbadas que las seleccionadas.

La división de mata es la opción menos recomendable, precisamente por la raíz pivotante. Si aun así quieres intentarlo, hazlo en primavera muy temprana, con plantas jóvenes y aceptando un porcentaje alto de fallos.

Poda

La gaura tiende a desmadejarse con el tiempo, y la poda es lo que marca la diferencia entre una mata elegante y un enredo tumbado.

La intervención principal se hace a finales del invierno, entre febrero y principios de marzo: corta toda la parte aérea dejando unos 10 o 15 cm. Rebrota con fuerza desde la base y produce una mata compacta.

A mitad de verano, cuando la floración empieza a aflojar y los tallos se han abierto, un recorte de un tercio devuelve la forma y desencadena una segunda oleada de flor en tres o cuatro semanas. Es una poda que mucha gente no se atreve a hacer y que resulta muy rentable.

Durante la temporada, retirar los tallos florales agotados mantiene el aspecto y evita que la planta se siembre sola por todo el jardín, algo que en climas suaves puede llegar a ser molesto.

Época de plantación

En zonas de invierno suave —costa mediterránea, Andalucía, Levante, Canarias— la mejor época es el otoño, de octubre a noviembre: la planta enraíza durante el invierno y llega al verano preparada.

En el interior y el norte, donde las heladas son fuertes, conviene plantar en primavera, a partir de marzo o abril, cuando ha pasado el riesgo de helada intensa.

Como el trasplante de ejemplares adultos es delicado, elige bien el sitio desde el principio. Deja entre 40 y 60 cm entre plantas según el porte del cultivar.

Plagas y enfermedades

Es una planta notablemente sana. Los problemas que aparecen suelen ser consecuencia de errores de cultivo más que de una plaga agresiva.

El oídio es lo más frecuente: polvo blanquecino en hojas y tallos a finales de verano, favorecido por la falta de ventilación, el exceso de nitrógeno y el riego por aspersión. Se corrige aclarando la mata, regando al pie y, si hace falta, con azufre mojable aplicado en horas frescas.

Los pulgones atacan los ápices tiernos en primavera y se controlan con jabón potásico o con los propios depredadores naturales del jardín.

La podredumbre de raíz y cuello, provocada por hongos del suelo en condiciones de encharcamiento, es la única realmente grave, y no tiene tratamiento práctico. Solo se previene con drenaje.

En zonas húmedas puede aparecer roya, con pústulas anaranjadas en el envés. Se retiran las hojas afectadas y se mejora la aireación.

Rusticidad

Aguanta hasta unos -10 °C, y en suelo muy drenante y protegida puede soportar puntualmente algo más. La parte aérea se hiela y se seca, pero la corona rebrota en primavera.

La clave está en la combinación: frío con suelo húmedo la mata; frío con suelo seco lo tolera. Por eso una gaura en un jardín de Burgos con suelo arenoso puede rebrotar sin problemas, mientras que otra en un suelo arcilloso de un clima más benigno se pierde en el primer invierno lluvioso.

En el interior frío ayuda acolchar la base con paja o corteza en noviembre, y no cortar los tallos secos hasta el final del invierno, porque protegen la corona.

En resumen

La gaura, hoy Oenothera lindheimeri, es una vivaz de floración larguísima —de mayo a octubre o más— que aporta un movimiento ligero difícil de conseguir con otras plantas. Necesita pleno sol y, sobre todo, suelo bien drenado; resiste la sequía y el viento salino a partir del segundo año, y el frío hasta unos -10 °C siempre que no tenga los pies mojados. Abónala poco, riégala al pie, córtala a ras a finales del invierno y recórtala a la mitad en pleno verano para relanzar la floración. Multiplícala por esqueje si quieres mantener el cultivar, y elige bien el emplazamiento desde el principio porque su raíz pivotante hace que los trasplantes tardíos salgan mal.


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