Sobre la tierra de la maceta hay una bola gris, rugosa y agrietada, del tamaño de un pomelo o de un balón según los años que lleve, y de su parte alta arrancan unos tallos finos que se enroscan en cualquier cosa que encuentren. Ese contraste entre el bulto pétreo y la enredadera ligera es toda la gracia de Fockea edulis, una caudiciforme sudafricana que se cultiva en maceta desde el primer día hasta el último.
Qué es un caudex y qué hace este
La especie pertenece a las apocináceas, la familia de las adelfas y los estapelias, y procede del Karoo y del Cabo Oriental, en Sudáfrica, con poblaciones también en Namibia: tierra de lluvias escasas, irregulares y concentradas en unas pocas semanas del año. Su respuesta a ese régimen es un órgano de reserva subterráneo, el caudex, un engrosamiento del tallo y la raíz que almacena agua y almidón y permite a la planta rebrotar después de meses sin nada.
En el campo ese caudex vive enterrado por completo, puede superar el medio metro y pesar decenas de kilos, y su superficie es lisa y clara. En cultivo se hace lo contrario de lo que hace la naturaleza: cada dos o tres años, al trasplantar, se sube un poco el cuerpo de la planta hasta dejarlo por encima del sustrato. Al recibir aire y luz, la epidermis se endurece, se oscurece y se agrieta en placas corchosas, y de ahí sale la textura de piedra vieja que se busca. El proceso es reversible en el sentido contrario: un caudex mantenido bajo tierra crece bastante más deprisa, así que quien tiene paciencia lo cría enterrado los primeros años y lo va sacando después.
De la corona brotan tallos volubles, verdes, de dos o tres metros, con hojas ovales de borde ondulado y brillo cerúleo. Las flores son pequeñas, verdosas, con cinco lóbulos peludos y aroma desagradable; interesan poco. Al herir cualquier parte verde mana un látex blanco que irrita la piel y sobre todo los ojos, motivo suficiente para podar con guantes y lavarse después.
El ciclo manda sobre el riego
Es una planta de temporada marcada, y el calendario de riego se deduce de ella en lugar de fijarse de antemano. Entre marzo y abril, con el calor, brotan los tallos nuevos desde la corona; a partir de ahí y hasta septiembre la planta trabaja y bebe: se riega a fondo cada vez que el sustrato se ha secado por completo, lo que en verano puede significar una vez por semana, con un abono equilibrado y bajo en nitrógeno una vez al mes.
En octubre las hojas amarillean y los tallos se secan. Esa es la señal para cerrar el grifo: durante el reposo, de noviembre a febrero, el caudex vive de sus reservas y no admite agua; un riego en enero con la planta parada es la forma más directa de perderla por podredumbre basal. Si el caudex se arruga mucho a final de invierno, un vaso de agua en un día templado de febrero basta como recordatorio. Los tallos secos se cortan a un par de centímetros de la corona, y en primavera la planta rebrota sola.
El sustrato ha de ser franco y muy drenante: sustrato de cactáceas con un tercio de pómez o arena gruesa, en maceta con desagüe amplio. Mientras el caudex se cría bajo tierra conviene un tiesto profundo; una vez levantado, uno ancho y estable, porque la enredadera hace de vela y vuelca la maceta. La temperatura mínima segura ronda los 8-10 °C: en la mayor parte de España pasa el invierno dentro de casa o en un invernadero frío, y en el litoral cálido puede quedarse fuera resguardada.
Enredadera que necesita guía
Los tallos son volubles, es decir, giran buscando apoyo y se enrollan en él. Sin nada a lo que agarrarse se enredan entre sí y forman una maraña que tapa el caudex. Lo habitual es colocar un aro de alambre, tres cañas en trípode o una espiral metálica y conducirlos ahí en primavera. También se pueden despuntar a treinta o cuarenta centímetros para mantener la planta compacta, sabiendo que menos hoja significa menos engorde del caudex ese año.
La multiplicación es por semilla. Los frutos son un par de folículos alargados, cargados de semillas con vilano sedoso, y hacen falta dos ejemplares para que haya fruto porque la especie es dioica. Germinan en pocos días a 22-25 °C y desde la primera semana engrosan el hipocótilo, de modo que la plántula ya tiene su caudex en miniatura. Los esquejes de tallo enraízan, pero rara vez forman caudex y acaban dando una liana sin cuerpo, así que no compensan.
Todo va despacio. Un ejemplar de semilla necesita cinco o seis años para tener un caudex de puño, y los ejemplares gruesos que se ven en exposiciones llevan décadas encima. Conviene saberlo antes de comprar: buena parte del precio de una fockea es tiempo.
Sobre el epíteto "edulis"
El nombre específico recoge un dato etnobotánico: en el Karoo, los pueblos khoisan aprovechaban tradicionalmente el caudex de esta especie como recurso de emergencia en épocas de escasez, y por eso los botánicos del siglo XIX la bautizaron así. El dato pertenece a la historia natural de la planta, no a su manejo doméstico.
Dicho claramente: la fockea de maceta no es un alimento. Ese uso tradicional se apoyaba en un conocimiento local sobre qué ejemplares, en qué estado y con qué preparación previa, y la familia a la que pertenece incluye numerosos géneros con compuestos cardiotóxicos. El látex de la planta es irritante y la ingestión de cualquier parte puede provocar molestias digestivas, de manera que conviene mantenerla fuera del alcance de niños y animales y tratarla como lo que es en el jardín europeo: una pieza de colección ornamental. Ante cualquier ingestión accidental, la consulta es al médico o al Servicio de Información Toxicológica.
Una planta con papeleo
El género Fockea figura en el Apéndice II de CITES, el convenio que regula el comercio internacional de especies amenazadas. En la práctica esto significa que su importación o exportación fuera de la Unión Europea exige permisos, y que un ejemplar adquirido en un vivero europeo debe poder acreditar su origen. Como la especie germina bien y se propaga sin dificultad en cultivo, la oferta legal de plantas de semillero es amplia y a precios razonables, sin necesidad de recurrir a piezas recolectadas.
En resumen
Fockea edulis es una caudiciforme sudafricana cuyo órgano de reserva subterráneo se cultiva levantado sobre el sustrato para lucir su corteza agrietada, con tallos trepadores que brotan cada primavera y se secan en otoño. El riego sigue ese ciclo: abundante y espaciado en pleno crecimiento, nulo durante el reposo invernal, siempre sobre sustrato muy drenante y con mínimas por encima de 8 °C. Crece despacio, se reproduce por semilla y necesita un soporte donde enroscar los tallos. Su epíteto alude a un aprovechamiento tradicional del caudex por los pueblos del Karoo, pero la planta de colección no es comestible: su látex irrita y está incluida en el Apéndice II de CITES.