La flor de cono es una de las vivaces más rentables que se pueden plantar en un jardín español: florece durante meses, atrae polinizadores en masa, resiste la sequía una vez arraigada y no pide prácticamente nada. Antes de entrar en materia conviene aclarar un lío de nombres que arrastra desde hace décadas y que lleva a mucha gente a comprar una planta distinta de la que buscaba.

Rudbeckia o Echinacea: el equívoco de partida

En castellano se llama flor de cono —traducción del inglés coneflower— tanto a las Rudbeckia como a las Echinacea, y de ahí viene la confusión. Son dos géneros distintos de la familia Asteraceae, emparentados y de aspecto parecido, pero no intercambiables.

Las Rudbeckia tienen las lígulas —lo que llamamos pétalos— amarillas, doradas o anaranjadas, con el disco central negro o pardo muy oscuro. De ahí su nombre popular inglés, black-eyed Susan. Las más vistas aquí son Rudbeckia fulgida, cuyo cultivar 'Goldsturm' es un clásico de jardín, y Rudbeckia hirta.

Las Echinacea son las de flores púrpura, rosa o blanco, con un cono central abombado y espinoso al tacto, de color anaranjado o cobrizo. La especie tipo es Echinacea purpurea.

Cuando alguien busca la «flor de cono púrpura» está buscando, casi siempre, Echinacea purpurea: no existe ninguna Rudbeckia de flor púrpura. Este artículo trata sobre todo la equinácea, aunque el cultivo de ambas es tan similar que casi todo lo que sigue vale igual para las dos.

Flor de cono púrpura en plena floración

Características

Es una herbácea perenne originaria de las praderas del centro y este de Estados Unidos. Ese origen explica su comportamiento: soporta veranos calurosos, inviernos duros, suelos mediocres y viento, porque en la pradera todo eso es lo normal.

Forma matas erguidas de 60 a 120 cm de altura y unos 45 a 60 cm de anchura, con tallos rígidos y ásperos que apenas necesitan tutorado. Las hojas son ovado-lanceoladas, verde oscuro y de textura rugosa.

Los capítulos florales miden entre 8 y 12 cm de diámetro. Las lígulas, de color rosa púrpura, rodean el disco central y con el tiempo se van inclinando hacia abajo: es un rasgo característico de la especie, no un signo de decaimiento. El cono central, prominente y erizado, pasa del verde al naranja cobrizo según madura.

La floración es larga: de junio a septiembre en gran parte de la Península, y puede prolongarse hasta octubre en zonas costeras suaves si se van retirando las flores marchitas. Eso sí, es una planta de vida corta para ser vivaz: cada mata rinde bien tres o cuatro años y después pierde vigor, así que conviene dividirla o renovarla.

Existen numerosos cultivares —'Magnus', de color más intenso; 'White Swan', de flor blanca; 'PowWow Wild Berry', más compacta— y series de flor doble muy vendidas. Un aviso útil: las variedades de flor doble aportan mucho menos néctar y polen accesible, de modo que si el objetivo es atraer abejas y mariposas, quédate con la especie o con cultivares de flor simple.

Dónde plantarla

A pleno sol. Necesita un mínimo de seis horas de sol directo al día para florecer con densidad y mantener los tallos firmes. A media sombra sobrevive, pero produce menos flores y tallos que acaban doblándose.

La única matización es el suroeste peninsular en pleno agosto: en Extremadura o el interior de Andalucía agradece algo de sombra a última hora de la tarde, aunque no es imprescindible si el riego es correcto.

Resiste el frío hasta unos -20 °C, de modo que no hay ningún punto de la Península donde el invierno sea un obstáculo. Lo que sí puede matarla es el encharcamiento invernal: un suelo pesado y frío que retenga agua de noviembre a febrero pudre la corona.

Suelo y plantación

Prefiere suelos fértiles pero bien drenados, con pH entre 6 y 7,5. Tolera los calizos sin problema, algo que en España importa porque buena parte de nuestros suelos lo son.

En terrenos arcillosos, la solución práctica es plantar en caballón o bancal elevado y mezclar arena gruesa o gravilla con compost al preparar el hoyo. No basta con aportar materia orgánica: si el agua no tiene por dónde irse, seguirá acumulándose.

Las épocas de plantación son otoño, entre octubre y noviembre, en zonas de invierno suave, para que enraíce antes del calor, o primavera, en marzo y abril, en el interior frío. Deja unos 45 cm entre plantas: apretarlas favorece el oídio.

En maceta funciona si el recipiente tiene al menos 30 cm de diámetro y buen drenaje, pero exigirá riegos mucho más frecuentes y perderá buena parte de su fama de planta resistente.

Riego y abonado

El primer verano hay que regar con regularidad, una o dos veces por semana según el calor, para que desarrolle su sistema radicular profundo. A partir del segundo año es notablemente resistente a la sequía y en jardines del norte y el centro puede pasar el verano con riegos ocasionales.

Riega siempre al pie y no por aspersión: mojar el follaje en verano es la vía directa al oídio. El goteo es la opción ideal.

El abonado debe ser moderado. Un aporte de compost o estiércol bien maduro en otoño o a finales del invierno basta para todo el año. Los abonos ricos en nitrógeno producen mucha hoja, tallos blandos que se tumban y menos flor; es un error frecuente en quien intenta «mejorar» una planta que ya estaba bien.

Poda y mantenimiento

Retirar las flores marchitas durante el verano, cortando el tallo hasta el primer par de hojas, prolonga la floración varias semanas. Es la intervención que más se nota.

En cambio, no cortes toda la planta en otoño. Es una recomendación repetida que conviene revisar: los conos secos alimentan a jilgueros y otros pájaros granívoros durante el invierno, los tallos huecos dan refugio a insectos beneficiosos y la estructura seca resulta decorativa con la escarcha. Deja la mata en pie y córtala a unos 10 cm del suelo a finales de febrero o principios de marzo, justo antes de que rebrote.

Cada tres o cuatro años divide la mata en primavera: desentierra el cepellón, sepáralo en porciones con raíces y varias yemas, y replanta. Es la manera de mantener el vigor y, de paso, multiplicar gratis.

Multiplicación por semilla

La equinácea se siembra con facilidad. La semilla germina mejor tras un periodo frío, así que hay dos caminos.

La siembra otoñal directa, en octubre o noviembre, en el sitio definitivo o en bandeja al aire libre: el invierno hace de estratificación natural y la nascencia llega en primavera. Es el método más sencillo y el que da plantas más robustas.

La siembra primaveral con estratificación previa: mezcla la semilla con sustrato ligeramente húmedo en una bolsa y guárdala en la nevera, a unos 4 °C, durante cuatro a seis semanas. Después siembra en bandeja a 18-22 °C, cubriendo la semilla con apenas 3 mm de sustrato, porque necesita algo de luz para germinar. Tarda entre 10 y 20 días en nacer.

Trasplanta a maceta individual cuando tenga tres o cuatro hojas verdaderas y llévala al jardín al alcanzar unos 10 cm. Ten en cuenta dos cosas: las plantas de semilla no florecen hasta el segundo año, y los cultivares seleccionados no salen idénticos de semilla. Si quieres clonar un color concreto, divide la mata en lugar de sembrar.

Detalle del cono central de la flor de cono

Plagas y enfermedades

Es una planta sana, pero tiene tres problemas típicos.

El oídio es el más común: un polvo blanquecino sobre las hojas a finales de verano, favorecido por el calor con noches húmedas y la falta de ventilación. Se previene con marco de plantación amplio, riego al pie y retirada de las hojas afectadas. Si hay que tratar, azufre mojable aplicado en las horas frescas, nunca por encima de 30 °C porque quema el follaje.

Los caracoles y babosas destrozan los brotes tiernos en primavera, sobre todo en plantas jóvenes. Las trampas de cerveza y las barreras de gravilla funcionan razonablemente; el fosfato férrico es la opción química menos dañina para el entorno.

Los pulgones colonizan los tallos florales en primavera. Suelen controlarse solos si hay mariquitas y sírfidos en el jardín; si no, jabón potásico. Ten presente que tratar con insecticidas de amplio espectro una planta cuyo mayor mérito es atraer polinizadores es un contrasentido.

Mención aparte para la podredumbre de raíz y corona, causada casi siempre por drenaje deficiente. No hay tratamiento eficaz una vez instalada: se previene o se pierde la planta.

Usos en el jardín

Encaja perfectamente en borduras de estilo pradera, junto a Achillea, Salvia nemorosa, Perovskia y gramíneas como Stipa tenuissima o Pennisetum. Su porte erguido y su floración larga la convierten en una de las mejores plantas de estructura para jardines de bajo consumo de agua.

Es además excelente flor de corte, con una duración en jarrón de siete a diez días si se corta a primera hora de la mañana.

Sobre su uso medicinal: la raíz y la parte aérea de Echinacea purpurea se emplean en fitoterapia y existe literatura sobre su efecto en infecciones respiratorias, con resultados discutidos. No es materia de un artículo de jardinería y no debe automedicarse a partir de plantas del jardín.

En resumen

La flor de cono púrpura es Echinacea purpurea, no una Rudbeckia: estas últimas son las amarillas de ojo negro. Es una vivaz de pradera de 60 a 120 cm que florece de junio a septiembre, quiere pleno sol y suelo bien drenado, resiste hasta -20 °C y aguanta la sequía a partir del segundo año. Riega al pie, abona con moderación, retira las flores marchitas para alargar la floración y no cortes los tallos hasta finales del invierno. Divide la mata cada tres o cuatro años para que no decaiga y, si la plantas por los polinizadores, elige variedades de flor simple.


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