En medianas de avenida, arriates de aparcamiento, bordes de acera y jardineras de centro comercial se repite el mismo arbusto bajo: hoja pequeña, coriácea, brillante, ribeteada de amarillo o de blanco, verde todo el año y con aspecto de no haber sufrido nunca. Es Euonymus fortunei, el bonetero rastrero, y su presencia masiva en la jardinería pública se explica por una lista muy corta de virtudes: aguanta el frío, el calor, la sombra, la caliza, los gases del tráfico y la tijera.

Hojas variegadas verdes y amarillas de Euonymus fortunei

Un arbusto que además trepa

Pertenece a las celastráceas y procede de China, Corea y Japón. La hoja es opuesta, ovada, de dos a seis centímetros, de margen finamente dentado y textura de cuero. Las flores, en junio, son verdosas y minúsculas, y los frutos —cápsulas rosadas que se abren y dejan asomar una semilla envuelta en un arilo naranja— aparecen solo en ejemplares con ramas maduras.

Ese matiz es interesante porque explica su comportamiento. La planta tiene dos fases. En la juvenil, los tallos emiten raicillas adventicias a lo largo de toda su longitud, se pegan al suelo o a cualquier superficie vertical y no florecen nunca; es la fase rastrera y trepadora. Cuando un tallo alcanza la parte alta de un muro o de un tronco y recibe luz plena, cambia a la fase adulta: los brotes se vuelven erguidos, gruesos, sin raicillas, y esos son los que florecen y fructifican. La misma planta, según dónde acabe, es tapizante o arbusto.

Los cultivares del comercio son casi todos variegados. 'Emerald 'n' Gold' lleva borde amarillo dorado que se tiñe de rosa con el frío; 'Emerald Gaiety' lo lleva blanco crema; 'Silver Queen' es más vigoroso y de mata más alta; 'Coloratus' es verde puro, extendido, y vira a púrpura intenso en invierno, lo que lo hace muy útil como cubresuelos; 'Minimus' apenas levanta unos centímetros del suelo y sirve para rocalla.

Tres maneras de usarlo

Como tapizante. Plantando tres o cuatro unidades por metro cuadrado se cierra el suelo en dos o tres temporadas, con una alfombra de veinte a cuarenta centímetros que ahoga las malas hierbas y sujeta taludes. Es la solución habitual para el pie de setos, los bordes de aparcamiento y las pendientes donde no llega el riego.

Como trepador. Si se planta a treinta centímetros de un muro, una valla o un tronco, lo sube por sus propios medios sin alambres ni tutores, con las raicillas de los tallos, y puede alcanzar cuatro o cinco metros de altura. Conviene saber que esas raicillas se adhieren al mortero y a la pintura y dejan marca al arrancarlas, igual que la hiedra, así que no es apto para fachadas de las que uno quiera recuperar el aspecto original.

Como seto bajo o pieza recortada. Rebrota de madera vieja con facilidad, cosa que no todos los arbustos perennes hacen, y eso permite recortarlo dos veces al año —a finales de marzo y a finales de julio— para mantener setos de treinta a sesenta centímetros, bolas y borduras formales. Una mata desmadrada se puede rebajar drásticamente en primavera con la seguridad de que rebrota desde el tocón.

Cultivo: casi cualquier sitio

Resiste sin daños heladas de hasta -20 °C, tolera suelos calizos, arcillosos o pobres, y admite desde el pleno sol hasta la sombra bastante cerrada. Las formas variegadas necesitan más luz que las verdes para que el contraste de color se mantenga; en sombra profunda el amarillo palidece hacia un verde amarillento apagado.

El riego es moderado y solo hace falta de verdad durante los dos primeros años, mientras enraíza. Después, en el norte y en el interior húmedo se mantiene con el agua de lluvia; en el sur peninsular y en verano seco agradece un riego profundo cada diez o quince días para no perder brillo en la hoja. Un abonado equilibrado en primavera, o un acolchado de compost, basta como nutrición. Se multiplica sin dificultad por esqueje semileñoso de verano —trozos de diez centímetros que enraízan en pocas semanas— y por acodo natural, sencillamente separando un tallo rastrero que ya haya echado raíces.

La reversión de las formas variegadas

Este es el único mantenimiento específico que pide la planta, y sin él el cultivar acaba desapareciendo. Las variedades de hoja bordeada son mutaciones estables solo en parte: de vez en cuando la mata emite un brote enteramente verde, sin variegación. Al disponer de más clorofila que las hojas variegadas, ese brote fotosintetiza más, crece más deprisa y con entrenudos más largos, y en dos o tres años ha ocupado la planta y ha convertido un 'Emerald 'n' Gold' en un arbusto verde corriente.

La corrección es mecánica y hay que hacerla pronto. En cuanto se ve un brote sin variegar, se sigue con la mano hasta su punto de nacimiento y se corta ahí, en la unión con la rama madre, no a media altura: un corte intermedio deja yemas del mismo tejido revertido, que rebrotan verdes otra vez. Una revisión en marzo y otra en septiembre bastan para mantener el color estable durante años.

Oídio y cochinilla, sus dos plagas de referencia

El oídio se manifiesta como un polvillo blanco harinoso sobre el haz de las hojas jóvenes y sobre los brotes tiernos, sobre todo en veranos húmedos, en plantaciones densas y en zonas donde el aire no circula. Deforma la hoja y afea la mata sin llegar a matarla. Se combate aclarando la mata para que ventile, recortando y retirando la parte afectada y evitando el riego por aspersión al final de la tarde, que deja el follaje mojado toda la noche. En focos persistentes funcionan los tratamientos a base de azufre aplicados con temperaturas moderadas.

Más seria es la cochinilla del euónimo (Unaspis euonymi), una diaspídida específica del género. Se ve como un salpicado de escamas alargadas y blancas —los machos— y escudos pardos en forma de coma —las hembras— sobre los tallos y el envés de las hojas, y en infestaciones fuertes cubre la corteza por completo, provoca amarilleo, defoliación y la muerte de ramas enteras. Su control combina la poda y retirada del material muy colonizado, un tratamiento con aceite parafínico al final del invierno sobre las formas invernantes y una segunda aplicación cuando aparecen las ninfas móviles, a comienzos del verano. Conviene revisar los tallos bajos, donde empieza y donde pasa desapercibida.

Toxicidad y carácter invasor

Todas las partes de la planta son tóxicas por ingestión, y en particular los frutos y las semillas, que contienen alcaloides y glucósidos con acción cardiotónica. Comer unos pocos frutos provoca vómitos, dolor abdominal y diarrea, y cantidades mayores pueden alterar el ritmo cardíaco. El color rosa y naranja de las cápsulas abiertas resulta llamativo a la altura de un niño pequeño, así que en jardines familiares interesa recortar los brotes adultos antes de que fructifiquen o elegir emplazamientos alejados de las zonas de juego. Su pariente Euonymus europaeus tuvo usos purgantes en la medicina popular europea, tradición sin respaldo clínico actual y que no debe reproducirse en casa bajo ningún concepto. Ante una ingestión, la consulta es al médico o al Servicio de Información Toxicológica; el farmacéutico puede orientar sobre interacciones si hay medicación cardíaca de por medio.

Por último, un dato que conviene tener presente al plantarlo. En el este de Estados Unidos la especie se ha naturalizado a partir de jardines y figura en las listas de plantas invasoras de varios estados: forma tapices continuos que impiden la regeneración del bosque y trepa por los troncos hasta las copas. En España no está catalogada como invasora ni su cultivo tiene restricción alguna, pero el comportamiento demuestra su capacidad de enraizar desde fragmentos, de modo que los restos de poda no deben abandonarse en el borde de un bosque húmedo o en un cauce, sino ir a la fracción vegetal de residuos.

En resumen

Euonymus fortunei es un arbusto perenne chino de hoja pequeña y a menudo variegada, capaz de tapizar el suelo, trepar por sí mismo gracias a raicillas adventicias y soportar recortes repetidos como seto bajo. Tolera frío intenso, caliza, sombra y contaminación urbana, lo que explica su uso masivo en jardinería pública. Pide dos atenciones concretas: eliminar de raíz los brotes verdes que revierten en las formas variegadas y vigilar la cochinilla del euónimo, además del oídio en ambientes cerrados. Es tóxico por ingestión, en especial sus frutos rosados, y en otros países se comporta como especie invasora, motivo para no abandonar restos de poda en el medio natural.


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