Decir "una begonia" es casi tan impreciso como decir "un pájaro". Begonia es uno de los géneros más numerosos del reino vegetal, con más de 2.000 especies descritas y miles de híbridos, y dentro de él hay plantas que no se parecen en nada entre sí ni piden los mismos cuidados. La begonia de flor que ponemos en el jardín en mayo y la begonia rex de hojas metálicas que vive dentro de casa son parientes lejanas con necesidades distintas. Ordenar ese mundo es lo primero que hay que hacer para no matarlas.
La clave está en la raíz
La clasificación que de verdad sirve al jardinero no se basa en la hoja ni en la flor, sino en el tipo de raíz o de base del tallo, porque de ahí se deduce todo lo demás: cómo se riega, cómo se multiplica y qué hace la planta en invierno. Hay tres grandes grupos.
Begonias de raíz fibrosa. Raíz normal, sin órgano de reserva, y crecimiento continuo todo el año mientras haya temperatura. Aquí entran las begonias de flor de temporada y las de caña.
Begonias rizomatosas. Desarrollan un rizoma grueso que repta por la superficie del sustrato y del que salen las hojas directamente, con peciolos largos. Casi no tienen tallo aéreo. Se cultivan por el follaje, y aquí está el grupo Rex.
Begonias tuberosas. Forman un tubérculo aplanado que acumula reservas, y tienen un periodo de reposo obligatorio en invierno durante el cual la planta desaparece por completo. No están muertas: están durmiendo, y regarlas entonces las mata.
Ese tercer punto es responsable de la mitad de las begonias que se tiran a la basura cada octubre.
Begonias de raíz fibrosa
Begonia de flor o semperflorens (Begonia Semperflorens-Cultorum, derivada de Begonia cucullata). Es la planta de temporada de toda la vida: mata compacta de 20 a 30 cm, hojas redondeadas y carnosas de color verde brillante o bronce, y flores pequeñas blancas, rosas o rojas sin parar de mayo a las primeras heladas. Es la única begonia que tolera sol directo, y en concreto las de hoja bronce, cuyo pigmento oscuro las protege. Las de hoja verde prefieren media sombra.
Se vende como anual, pero técnicamente es perenne: en el litoral mediterráneo, Canarias o el sur de Andalucía sobrevive el invierno sin problema y rebrota con más fuerza al año siguiente. En el interior peninsular, con heladas, se pierde.
Begonias de caña o de alas de ángel. Tallos erectos, articulados como una caña de bambú, que pueden pasar del metro y medio, con hojas asimétricas en forma de ala y racimos colgantes de flores. La más conocida es Begonia maculata, de hojas verde oscuro con puntos plateados y envés rojo vino, que lleva años siendo una de las plantas de interior más buscadas. También Begonia coccinea y numerosos híbridos.
Son plantas de interior o de terraza protegida, muy agradecidas, que solo piden luz abundante sin sol directo y una poda anual dura para no quedarse desnudas por abajo.
Begonias arbustivas. Muy ramificadas desde la base, con muchos tallos blandos. Begonia luxurians, de hojas palmeadas que parecen las de un cannabis, es una de las más llamativas.
Begonia elatior (Begonia × hiemalis). Un híbrido entre begonia tuberosa y Begonia socotrana, vendido en floristería con flores dobles muy abundantes que parecen rositas. Es la begonia que más gente compra y la que menos dura, porque llega de invernadero forzada a floración máxima. Después de esa floración conviene podarla a la mitad, reducir riego y darle un descanso; con suerte rebrota, aunque nunca vuelve a estar como el día que la compraste.
Begonias rizomatosas y el grupo Rex
Aquí la flor es lo de menos: se cultivan por el follaje, y en ningún otro grupo de plantas de interior hay tanta variedad de dibujos, texturas y colores en la hoja.
Las begonias Rex (Begonia Rex-Cultorum, con Begonia rex como especie fundadora) tienen hojas grandes, asimétricas, con espirales plateadas, franjas púrpura, brillos metálicos y bordes ondulados o dentados. Begonia masoniana, la begonia cruz de hierro, lleva una cruz de Malta parda sobre un fondo verde rugoso. Begonia bowerae, la begonia ojo de tigre, es diminuta y tiene el borde de la hoja marcado con pestañas oscuras.
Todas comparten un modo de crecer: el rizoma avanza sobre la superficie del sustrato, no bajo tierra. De ahí se deducen dos reglas prácticas. Primera, se plantan en macetas anchas y poco profundas, no en tiestos hondos: la raíz es superficial y el volumen sobrante de sustrato húmedo solo genera podredumbre. Segunda, no se entierra el rizoma; se apoya sobre el sustrato y como mucho se sujeta con una horquilla hasta que emita raíces.
Son las begonias más exigentes en humedad ambiental y las más sensibles a la corriente de aire seco. Un radiador cerca las arruina en dos semanas.
Begonias tuberosas
Las Begonia × tuberhybrida dan las flores más espectaculares del género: hasta 15 cm de diámetro, dobles, en amarillo, naranja, rojo, rosa, blanco y bicolores, con formas que imitan camelias, claveles o rosas. Hay variedades erectas para maceta y arriate, y variedades colgantes (grupo Pendula) para cestas, que son quizá lo mejor que se puede poner en un balcón orientado al norte.
Aparte están las tuberosas de especie, más silvestres y menos exuberantes pero mucho más resistentes: Begonia boliviensis, de flores tubulares rojas colgantes, y Begonia sutherlandii, de flores naranjas pequeñas, ambas excelentes en semisombra exterior.
El calendario de manejo es fijo y hay que respetarlo:
Febrero-marzo. Se plantan los tubérculos en bandeja o maceta, en interior a unos 18 °C, con la cara cóncava hacia arriba (la convexa es la que echa raíces) y apenas cubiertos de sustrato. Riego muy escaso hasta que broten.
Mayo. Pasado el riesgo de helada, se sacan al exterior en semisombra o se trasplantan a su ubicación definitiva.
Junio a octubre. Floración continua. Riego regular y abono cada quince días.
Octubre-noviembre. Las hojas empiezan a amarillear: es la señal de reposo, no un problema. Se reduce el riego progresivamente hasta suprimirlo y se deja que el follaje se seque solo, porque durante ese proceso el tubérculo recupera reservas. Cortar las hojas verdes de golpe debilita el tubérculo para el año siguiente.
Invierno. Se desentierra el tubérculo, se limpia, se seca unos días y se guarda en una caja con turba seca o serrín, en un local oscuro y fresco, entre 8 y 12 °C. Revisar cada mes y descartar los que se ablanden.
Un truco de cultivo clásico: las begonias son monoicas con flores unisexuales. Las masculinas son las grandes y dobles; las femeninas, más pequeñas y con un ovario alado triangular detrás. Si quitas las flores femeninas en cuanto aparecen, las masculinas alcanzan mucho más tamaño porque la planta no gasta en formar semilla.
Cuidados comunes a casi todas
Luz. Mucha, pero indirecta. La regla general es luz brillante filtrada, del tipo que da una ventana orientada al este o una ventana grande al norte. El sol directo del mediodía quema las hojas de casi todo el género, con excepción de las semperflorens de hoja bronce. Al otro extremo, la falta de luz hace que las Rex pierdan el color plateado y se vuelvan verdes lisas.
Sustrato. Ligero, aireado y con capacidad de retención sin encharcarse: una mezcla de sustrato universal de calidad con un 20 % de perlita y un 20 % de fibra de coco o mantillo funciona bien. Prefieren pH ligeramente ácido, entre 5,5 y 6,5. Los sustratos muy turbosos y compactados que traen las plantas de floristería conviene cambiarlos al mes de la compra.
Riego. Cuando los dos o tres centímetros superiores del sustrato estén secos. Riega al pie o por inmersión, nunca sobre las hojas, y vacía siempre el plato. En verano puede ser dos veces por semana; en invierno, cada diez o quince días. Las begonias son plantas suculentas de forma discreta: sus tallos y hojas almacenan bastante agua, y por eso perdonan mejor un olvido que un exceso.
Humedad ambiental. Alta, en torno al 50-60 %, y aquí llega el error más extendido: no las pulverices. El agua sobre las hojas de una begonia produce manchas pardas y, sobre todo, es la puerta de entrada del oídio y de la botritis, sus dos enfermedades características. La forma correcta de subir la humedad es la bandeja con guijarros y agua bajo la maceta, sin que la base toque el agua, agrupar plantas o un humidificador.
Temperatura. Entre 18 y 24 °C es el rango cómodo. Por debajo de 12-15 °C detienen el crecimiento y las de interior sufren. Ninguna begonia común tolera la helada, con una excepción notable: Begonia grandis subsp. evansiana, una tuberosa asiática rústica que resiste hasta unos -10 °C bajo tierra y se comporta como vivaz de jardín en buena parte de España. Es la begonia que se puede plantar y olvidar en un arriate sombrío.
Abonado. Cada dos semanas durante el crecimiento, de abril a septiembre, con un fertilizante líquido equilibrado y diluido a la mitad. Para las de flor conviene un abono con más potasio; para las de follaje, uno más nitrogenado. Nada en invierno.
Multiplicación
Las begonias son de las plantas más fáciles de reproducir que existen, y las rizomatosas permiten el truco más vistoso de la jardinería doméstica: sacar plantas nuevas de una sola hoja.
Esqueje de hoja completa. Se corta una hoja madura y sana con un poco de peciolo, se le hacen cortes transversales en los nervios principales del envés con una cuchilla limpia y se apoya boca arriba sobre sustrato húmedo, sujeta con horquillas para que los cortes queden en contacto. Se cubre con una bolsa o campana para mantener la humedad, a unos 22 °C y con luz indirecta. En cuatro a seis semanas brotan plantitas de cada corte.
Esqueje de cuña. Variante del anterior: se corta la hoja en triángulos, cada uno con un trozo de nervio principal, y se clavan por el vértice en el sustrato. Igual de eficaz y ocupa menos.
Esqueje de tallo. Para las de caña y arbustivas. Trozos de 8 a 10 cm con dos o tres nudos, quitando las hojas inferiores, en agua o en sustrato ligero. Enraízan en dos o tres semanas de primavera a verano.
División. Las rizomatosas se separan cortando el rizoma en secciones con al menos una yema y algunas raíces, en primavera.
Tubérculos. Se pueden dividir en marzo, cuando ya se ven las yemas, dejando al menos una por porción y espolvoreando los cortes con azufre o canela antes de plantar.
Problemas frecuentes
Oídio. Manchas de polvo blanco en el haz de las hojas. Es la enfermedad de las begonias, favorecida por aire estancado, plantas apretadas y follaje mojado. Se previene con ventilación y riego al pie. Tratamiento: retirar hojas afectadas y aplicar azufre mojable o bicarbonato potásico.
Botritis. Moho gris en flores y tallos, típico de otoño húmedo y de plantas hacinadas. Retira de inmediato todo el material marchito, que es donde arranca la infección.
Nematodo foliar (Aphelenchoides). Manchas pardas de contorno anguloso, delimitadas nítidamente por los nervios de la hoja. No tiene tratamiento doméstico eficaz: se destruye la planta y no se reutiliza el sustrato. Se propaga precisamente con el agua de pulverización, otro motivo para no mojar las hojas.
Trips, mosca blanca, araña roja y cochinilla. Los sospechosos habituales de interior. La araña roja aparece con aire seco y calefacción; los trips, con calor. Jabón potásico o aceite de neem repetidos cada siete días durante tres semanas resuelven la mayoría de los casos leves.
Hojas amarillas y blandas. Exceso de riego, casi siempre. Bordes secos y crujientes. Falta de humedad ambiental o sol directo. Tallos largos con hojas separadas. Falta de luz.
Un apunte de seguridad: todas las begonias contienen oxalato cálcico y son tóxicas por ingestión para perros y gatos, siendo el tubérculo la parte más concentrada. En personas provocan irritación de boca y garganta. Hay que decir, sin embargo, que las flores de algunas especies se han usado tradicionalmente en cocina en pequeñas cantidades por su sabor ácido; no es motivo para experimentar en casa.
Cuál elegir
Si buscas flor en el jardín de mayo a octubre y no quieres complicarte, semperflorens. Si tienes un balcón a la sombra y quieres algo espectacular, tuberosas colgantes. Si quieres una planta de interior de follaje con carácter, una Rex o una masoniana, siempre que puedas darle humedad ambiental. Si te va lo arquitectónico, una maculata de caña. Y si quieres una begonia que se quede en el arriate año tras año sin sacarla, Begonia grandis subsp. evansiana.
En resumen
Las begonias se entienden agrupándolas por raíz: fibrosas (crecimiento continuo, incluye las de flor de temporada y las de caña), rizomatosas (follaje ornamental, maceta ancha y poco profunda, rizoma sin enterrar) y tuberosas (flor espectacular en verano y reposo obligatorio en invierno, con el tubérculo guardado en seco entre 8 y 12 °C). Todas piden luz brillante sin sol directo, sustrato ligero y ligeramente ácido, riego cuando los primeros centímetros estén secos y humedad ambiental alta conseguida sin mojar las hojas: pulverizarlas es el error que dispara el oídio y la botritis. Se multiplican con facilidad por hoja, esqueje o división, y todas son tóxicas por ingestión para mascotas.