El nombre común de kalanchoe reúne cosas muy distintas: la maceta florida de supermercado que se compra en diciembre, la suculenta de hoja aterciopelada que crece en un alféizar y una planta catalogada como invasora en el litoral cálido. El género Kalanchoe, de la familia Crassulaceae, reúne alrededor de 140 especies originarias sobre todo de Madagascar y del este de África, y las tres cosas anteriores caben en él sin contradicción. Repasar lo que las diferencia es la manera de dejar de tratarlas a todas igual, y también de saber por qué conviene tenerlas lejos de un perro o un gato.
Aviso primero: el género es cardiotóxico
Antes de hablar de cultivo hay que decirlo con claridad. Las especies de Kalanchoe contienen bufadienólidos, un grupo de glucósidos cardiotónicos emparentados funcionalmente con los de la digital. Actúan sobre la bomba de sodio y potasio del músculo cardíaco y, en dosis suficiente, alteran el ritmo del corazón.
La toxicidad está bien documentada en ganado. En Sudáfrica y en Australia, la ingestión de Kalanchoe por vacuno y ovino causa un cuadro conocido como «krimpsiekte», con debilidad, parálisis progresiva y muerte, y ha provocado pérdidas ganaderas notables. Los compuestos se concentran especialmente en las flores.
En animales de compañía, los servicios veterinarios de toxicología recogen casos de intoxicación en perros y gatos que mordisquean hojas o flores: vómitos, diarrea, salivación, apatía y, en cuadros graves, arritmias. Un gato que juegue con una maceta florida en el salón es un escenario perfectamente posible. Si se sospecha ingestión, la actuación es llamar al veterinario de inmediato y llevar una muestra de la planta; no hay remedio casero que valga.
Para las personas, el riesgo real es el de la ingestión accidental por parte de niños pequeños, que en caso de ocurrir es motivo de consulta al servicio de toxicología o al médico. Y hay que ser explícito en un punto: aunque circulen en internet afirmaciones sobre propiedades curativas del kalanchoe, y aunque algunas especies tengan uso en medicina tradicional en sus zonas de origen, no existe evidencia clínica que respalde su consumo y la presencia de glucósidos cardíacos hace que ese consumo sea desaconsejable, sobre todo en personas que toman digoxina, antiarrítmicos, diuréticos o medicación para el corazón, donde la interacción es previsiblemente peligrosa. En este artículo no se describe ninguna preparación ni uso interno. Quien tenga dudas sobre plantas y medicación debe preguntar al médico o al farmacéutico, no a un foro.
Con eso dicho, es una planta ornamental perfectamente razonable si se ubica donde nadie la coma.
Kalanchoe blossfeldiana: la de flor de invierno
Es la especie que llena los expositores de floristería entre noviembre y marzo, con ramilletes densos de flores pequeñas en rojo, naranja, amarillo, rosa o blanco, sobre hojas gruesas, brillantes y de borde festoneado. Procede de Madagascar y ha sido objeto de un trabajo de mejora intensísimo: hay series de cultivares simples y dobles, enanos y de porte medio.
Es una planta de vida larga que se comporta como planta de temporada por un motivo concreto y corregible.
Por qué no vuelve a florecer en casa
Kalanchoe blossfeldiana es una especie de día corto. Su inducción floral no depende de la temperatura ni del abono, sino de la duración de la noche: necesita periodos de oscuridad continua de al menos 13 o 14 horas, repetidos durante unas seis semanas, para que las yemas pasen de vegetativas a florales.
El detalle decisivo es que la oscuridad tiene que ser ininterrumpida. El pigmento que mide la longitud de la noche, el fitocromo, se reinicia con muy poca luz; encender la lámpara del salón media hora a las once de la noche basta para anular el efecto de esa noche entera. En una vivienda con luz artificial hasta tarde, o con una farola frente a la ventana, la planta nunca recibe la señal, permanece en estado vegetativo, se alarga, y termina en la basura tras la única floración con la que vino del invernadero.
Forzarla es sencillo y no requiere material especial. El procedimiento:
Tras la floración, cortar los tallos florales secos y dejar la planta en crecimiento normal durante la primavera y el verano, con luz abundante, riego espaciado y un abono equilibrado cada tres o cuatro semanas.
A partir de finales de septiembre o principios de octubre, aplicar el tratamiento fotoperiódico: dejarla al aire libre o junto a una ventana durante el día, y a última hora de la tarde meterla en un armario, un trastero sin luz o cubrirla con una caja de cartón opaca, retirándola a la mañana siguiente. Entre 14 y 15 horas de oscuridad diarias.
Mantener la rutina todos los días durante seis a ocho semanas, sin saltarse ninguno. Un solo despiste con la luz encendida retrasa el proceso.
Temperatura durante la inducción entre 15 y 20 °C. Por encima de 25 °C la inducción se inhibe aunque el fotoperiodo sea correcto.
Cuando se vean los botones florales, devolverla a su sitio habitual y volver al riego normal. Desde el inicio del tratamiento hasta la flor abierta pasan entre diez y catorce semanas.
Una alternativa sin trabajo: dejarla fuera, en terraza protegida, en zonas de invierno suave. Al aire libre el fotoperiodo natural de otoño hace el trabajo solo, siempre que no le dé de lleno el alumbrado público. Tolera mal las heladas, así que por debajo de 5 °C hay que entrarla.
El resto del cultivo es cómodo: sustrato para cactáceas o universal con perlita, riego cuando el sustrato esté seco en un par de centímetros, jamás plato con agua, luz muy clara sin sol abrasador de mediodía en verano, y pinzado tras la floración para que ramifique en lugar de estirarse.
Los kalanchoes de hoja y sus plántulas
Otro grupo del género se cultiva por el follaje y por un fenómeno reproductivo llamativo. Kalanchoe daigremontiana, el «espinazo del diablo», tiene hojas triangulares grandes, verdes con manchas violáceas en el envés, y produce en las escotaduras del borde plántulas completas, con sus hojitas y sus raíces ya formadas, que se desprenden al menor roce y enraízan donde caen. Kalanchoe delagoensis —antes K. tubiflora— hace lo mismo pero con hojas cilíndricas, casi tubulares, moteadas, y forma las plántulas en el ápice de cada hoja. Existe además el híbrido entre ambas, Kalanchoe × houghtonii.
Esta reproducción vegetativa, técnicamente viviparidad foliar, es lo que hace la planta atractiva y también lo que la convierte en un problema. Una maceta genera cientos de plántulas por temporada; caen en las macetas vecinas, en las juntas del pavimento, en el jardín, y cada una es una planta nueva capaz de repetir el ciclo en pocos meses.
En zonas de clima cálido, Kalanchoe × houghtonii y K. delagoensis están catalogadas como invasoras. En España hay poblaciones naturalizadas en el litoral mediterráneo, Canarias y zonas del sur, donde colonizan taludes, márgenes de carretera, roquedos y campos abandonados, desplazando a la vegetación autóctona. Su tolerancia a la sequía, la ausencia de herbívoros que las controlen y la reproducción por plántulas las hacen difíciles de erradicar una vez asentadas.
La conducta responsable en esas zonas es sencilla. No plantarlas en suelo, mantenerlas en maceta con platillo, retirar las hojas viejas con plántulas antes de que se desprendan, y sobre todo no tirar restos al contenedor de orgánica ni al monte: los fragmentos rebrotan. La eliminación se hace secando el material al sol dentro de una bolsa cerrada antes de desecharlo. Y regalarlas a un vecino de zona costera propaga el problema, aunque la intención sea buena.
Otras especies que merecen sitio
Kalanchoe tomentosa, la «oreja de gato», tiene hojas ovaladas cubiertas de un fieltro plateado con puntas pardas; es lenta, muy resistente a la sequía y cómoda en interior luminoso. Kalanchoe thyrsiflora y Kalanchoe luciae forman rosetas de hojas anchas y redondas que enrojecen intensamente por el borde con el sol y el frío. Kalanchoe beharensis alcanza porte arbustivo de dos metros en clima suave, con hojas grandes, triangulares y aterciopeladas de color bronce. Kalanchoe pumila es rastrera, con follaje blanquecino y flores rosadas, buena para colgar. Kalanchoe gastonis-bonnieri destaca por sus hojas enormes, jaspeadas, con floración colgante amarillo verdosa.
Todas comparten el mismo manejo básico: mucha luz, poco riego, drenaje y protección de las heladas. Todas comparten también los bufadienólidos.
Multiplicación y problemas frecuentes
Se propagan con enorme facilidad por esqueje de hoja o de tallo, en primavera o verano. Se corta, se deja secar el corte dos o tres días a la sombra para que cicatrice, y se coloca sobre sustrato mineral apenas humedecido. Enraíza en dos o tres semanas. En las especies vivíparas basta con recoger una plántula del borde de la hoja.
Los problemas habituales tienen casi siempre la misma causa. Tallos alargados con hojas separadas indican falta de luz. Base blanda y oscura, exceso de agua o sustrato compacto. Manchas blancas algodonosas en las axilas de las hojas son cochinilla algodonosa, que se retira con un bastoncillo empapado en alcohol. Hojas con manchas pardas y aspecto de quemadura, sol directo de verano tras un invierno en interior, un cambio que hay que hacer de forma gradual. Y ausencia de flor en blossfeldiana, ya se ha visto, es cuestión de noches largas y no de otra cosa.
En resumen
Kalanchoe agrupa unas 140 especies suculentas de Madagascar y África oriental que comparten un dato no menor: contienen bufadienólidos, glucósidos cardíacos con intoxicaciones documentadas en ganado y con riesgo real para perros y gatos, motivo para situarlas fuera de su alcance y para no darles ningún uso interno ni combinarlas con medicación cardíaca sin criterio médico. La K. blossfeldiana de flor invernal no vuelve a florecer en una casa iluminada de noche porque es planta de día corto, y recupera la floración con seis a ocho semanas de noches de 14 horas absolutamente oscuras y temperaturas por debajo de 20 °C. Las especies de hoja daigremontiana y delagoensis producen plántulas en el borde de la hoja que las multiplican solas, y por eso figuran como invasoras en el litoral cálido español: maceta sí, suelo no, y restos secados en bolsa antes de tirarlos.