En agosto parece un montón de palos grises clavados en la tierra, y está perfectamente viva. Eso resume el comportamiento del verode, que en Canarias también se llama vero, verol o berode, y cuyo nombre científico actual es Kleinia neriifolia Haw., antes Senecio kleinia (L.) Less. Conviene aclararlo de entrada, porque el nombre popular varía de isla a isla y en los viveros peninsulares aparece indistintamente con uno u otro binomio en la etiqueta.
Qué planta es
Es una crasa arbustiva de la familia de las compuestas, endémica del archipiélago canario, presente en las siete islas. Forma una mata de uno a dos metros de altura, que en ejemplares viejos y protegidos llega a tres, con tallos cilíndricos y carnosos de dos a cuatro centímetros de grosor, de un gris ceniciento característico y superficie marcada por anillos, las cicatrices que dejan las hojas caídas. La ramificación es dicótoma, en horquilla, y suele producirse en verticilos, lo que da a la planta adulta una silueta de candelabro irregular.
Las hojas nacen agrupadas en el extremo de cada tallo, en penacho. Son lanceoladas, blandas, de siete a quince centímetros, de un verde glauco algo azulado, con el nervio central marcado. El parecido con la adelfa está en el nombre específico —neriifolia significa "de hoja de Nerium"— y es puramente formal: no tienen ningún parentesco.
Florece de otoño a invierno, entre noviembre y febrero según altitud y año, con corimbos de capítulos cilíndricos blanquecinos o crema, sin lígulas vistosas, que huelen ligeramente. Después vienen los aquenios con vilano plumoso, blancos, que el viento dispersa como los del diente de león. Esa fructificación algodonosa en pleno invierno es otra seña de identidad.
El ciclo al revés
Aquí está lo que la hace peculiar y lo que provoca más de un disgusto en jardinería. El verode tiene hoja en invierno y primavera, y la pierde en verano. Cuando llega el calor y se acaba la humedad, la planta amarillea, deja caer todo el follaje y se queda reducida a los tallos grises. Se llama estivación, y es el equivalente estival de lo que hace un roble en otoño.
La lógica es económica. La hoja es el órgano que transpira; mantenerla durante cuatro o cinco meses de sequía, radiación alta y temperaturas de treinta grados costaría más agua de la que la planta puede reponer. Al desprenderse de ella, el verode reduce su superficie de evaporación casi a cero y sobrevive con las reservas de agua acumuladas en los tallos suculentos, que además, al ser verdes bajo esa capa cenicienta, siguen haciendo algo de fotosíntesis. Con las primeras lluvias de octubre rebrota en cuestión de días.
La consecuencia práctica es doble. Primera: en agosto no está muerta, y no hay que arrancarla ni intentar reanimarla. Segunda, más importante todavía: en verano no se riega. Regar una crasa que ha entrado voluntariamente en reposo, con el sustrato caliente y sin hoja que evapore, es la forma más rápida de pudrirle el cuello y las raíces. El riego que agradece es el de otoño e invierno, cuando está en actividad, y siempre moderado.
Su sitio en el tabaibal-cardonal
El verode pertenece al piso basal canario, el del tabaibal-cardonal, esa formación de matorral suculento que ocupa la franja costera y de medianías bajas, aproximadamente entre el nivel del mar y los 600 metros, y que puede subir algo más en laderas de solana. Comparte espacio con la tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera), el cardón (Euphorbia canariensis), la tabaiba amarga (Euphorbia obtusifolia), el balo (Plocama pendula), la cornical (Periploca laevigata) y la barrilla.
Dentro de esa comunidad cumple el papel de colonizador. Aparece en coladas volcánicas jóvenes, malpaíses, taludes de carretera, muros de piedra seca, laderas removidas y bordes de barranco, allí donde el suelo es escaso o inexistente. Se sujeta a la roca con poco anclaje y prospera en grietas con un puñado de material fino. Esa capacidad de instalarse en superficies imposibles es la que se aprovecha después en jardinería.
Multiplicación por esqueje
La reproducción vegetativa es sencilla y es el método habitual. Se toma un trozo de tallo de quince a veinticinco centímetros, cortado limpio con tijera o cuchilla desinfectada, preferiblemente al final del invierno o al principio del otoño, con la planta en actividad. El corte se deja cicatrizar a la sombra entre cinco y diez días, hasta que forme una costra seca; saltarse ese paso es lo que hace que el esqueje se pudra por la base.
Después se planta en un sustrato muy drenante —arena gruesa, picón o puzolana con una parte de sustrato de cactáceas—, enterrando un tercio de su longitud, en semisombra y con el sustrato apenas humedecido, no mojado. Enraíza en tres a seis semanas. También se multiplica por semilla, que germina bien fresca, pero el esqueje conserva el porte y va mucho más rápido.
La planta admite recorte: si se corta un tallo por encima de un anillo, ramifica desde ahí, lo que permite densificar un ejemplar desgarbado. Los cortes cicatrizan sin problema si se hacen en tiempo seco.
En jardinería seca
En Canarias es una pieza básica de la jardinería con especies autóctonas: rotondas, taludes, jardines de xerojardinería en zonas turísticas y patios de piedra volcánica. Combina bien con tabaibas, aeoniums, Aloe, Euphorbia arbustivas y gramíneas secas, y su gris se sostiene visualmente durante el verano cuando el resto del jardín se apaga.
Fuera del archipiélago funciona en el litoral mediterráneo, en el sur peninsular y en jardines de costa, con estas condiciones:
- Sol directo todo el día. En sombra se ahíla, los tallos se alargan y la planta pierde el porte.
- Drenaje perfecto. Suelo arenoso, pedregoso o mezcla mineral; en terreno arcilloso, plantar en montículo o en jardinera elevada.
- Frío como límite. Tolera bajadas puntuales a 0 °C y algún roce con -2 °C en suelo seco, pero una helada mantenida o el frío con humedad la deshacen. Por encima de 5 °C de mínima invernal va tranquila; por debajo, mejor en maceta y a resguardo, o en invernadero frío.
- Viento y salinidad. Aguanta bien el viento marino y la brisa cargada de sal, lo que la hace útil en primera línea de costa.
- Riego. Nulo o casi nulo de junio a septiembre; espaciado y ligero el resto del año, dejando secar entre riegos.
Los problemas que puede dar son pocos y previsibles: cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas y en el penacho apical, que se retira con un algodón y alcohol o con jabón potásico; pulgón en los brotes tiernos de primavera; y sobre todo pudrición basal por exceso de agua o por sustrato compactado, que no tiene arreglo una vez avanzada. Si un ejemplar se está perdiendo por el cuello, la salida es cortar esquejes de la parte sana y empezar de nuevo.
Una nota sobre su uso
La etnobotánica canaria recoge aplicaciones tradicionales del verode sobre verrugas, heridas y afecciones de la piel. No hay estudios que respalden esos usos, y hay una razón para la prudencia: el grupo botánico al que pertenece, la tribu Senecioneae, es conocido por acumular alcaloides pirrolizidínicos, compuestos con toxicidad hepática acumulativa. No es planta para ingerir ni para preparar remedios caseros, y cualquier duda sobre una lesión de la piel corresponde al médico o al farmacéutico, no al jardín.
Y una recomendación de origen: al ser un endemismo, el material de plantación se compra en vivero, no se recolecta del medio natural. La recogida de plantas silvestres está regulada y, dentro de espacios protegidos —que en Canarias son muchos y a menudo coinciden con el hábitat de esta especie—, prohibida.
En resumen
Kleinia neriifolia, el verode, es una crasa endémica canaria de tallos grises anillados y hojas glaucas en penacho, con un calendario invertido: vegeta y florece en invierno y se queda desnuda en verano, que es cuando parece muerta sin estarlo. De ahí se deriva la única regla que hay que memorizar, no regarla en verano. Se multiplica sin dificultad por esqueje dejando cicatrizar el corte antes de plantarlo, prospera en suelos pobres, pedregosos y salinos a pleno sol, y aporta estructura y color ceniciento a un jardín seco tanto en el archipiélago como en la costa mediterránea peninsular. Sus límites son el frío húmedo y el encharcamiento; fuera de eso, exige muy poco.