Pide una mimosa en un vivero y puedes salir con tres plantas que apenas tienen relación entre sí: una herbácea tropical que pliega las hojas al tocarla, un árbol australiano de flor amarilla que perfuma medio barrio en febrero, o un arbusto americano que fuera de los herbarios apenas se nombra. El nombre lo comparten; la biología, el cultivo y hasta la legalidad, no.

Ese enredo es lo primero que conviene deshacer, porque de él dependen decisiones prácticas: si esa planta se puede plantar en el jardín, si aguanta el invierno fuera y si comprarla es siquiera legal en España. Vamos por partes.

Tres plantas, un solo nombre

El nombre mimosa nació con Mimosa pudica, la planta sensitiva. Linneo bautizó el género con la raíz griega mimos, el mimo o actor, por ese gesto de imitar el desmayo cuando se la roza. De ahí el nombre saltó por parecido de follaje: las hojas bipinnadas, finísimas y divididas de la Acacia dealbata recuerdan mucho a las de la sensitiva, y en la Costa Azul del siglo XIX empezaron a llamar mimosa al árbol amarillo. El apodo cuajó y llegó a España con las flores cortadas.

Resumido, esto es lo que puede haber detrás de la palabra:

La mimosa sensitiva, Mimosa pudica: herbácea tropical americana de un palmo, con hojas que se pliegan al contacto, que en la Península se cultiva en maceta y no pasa el invierno a la intemperie. Tiene artículo propio en esta web, así que aquí no la desarrollamos.

La mimosa de enero, Acacia dealbata: el árbol de pompones amarillos y olor dulce que florece en pleno invierno. No es una Mimosa, es una acacia, y es especie exótica invasora catalogada en España.

Las Mimosa auténticas: unas seiscientas especies, casi todas americanas, de las que en España solo se cultiva la sensitiva y, muy de vez en cuando, alguna arbustiva de colección.

Que la confusión sea tan tenaz tiene una explicación botánica: Mimosa y Acacia pertenecen a la misma familia, las fabáceas, y dentro de ella al mismo grupo, el clado mimosoide. Comparten las hojas divididas, las flores sin pétalos vistosos agrupadas en cabezuelas de estambres y el fruto en legumbre. Son primas lejanas, no la misma cosa.

Mimosa en flor

Acacia dealbata: el árbol que florece en invierno

Acacia dealbata Link procede del sureste de Australia y de Tasmania, donde crece en las laderas de eucaliptal. Llegó a Europa a principios del siglo XIX como planta ornamental y de aquí pasó al norte de África, a Sudamérica y a buena parte de la cuenca mediterránea.

Es un árbol de 8 a 15 metros, de copa abierta y corteza lisa grisácea que se agrieta con los años. La hoja es bipinnada, con quince a veinte pares de pinnas y cada pinna con decenas de folíolos diminutos; el conjunto tiene un tono verde azulado con reflejo blanquecino, y de ahí viene el epíteto dealbata, blanqueada.

La floración es la razón de su fama. Entre enero y marzo —diciembre en el litoral sur, más cerca de marzo en el interior de Galicia— el árbol se cubre de racimos de glomérulos esféricos de unos cinco milímetros, de un amarillo intenso. Cada bolita es una cabezuela de veinte a treinta flores minúsculas cuyos estambres largos le dan el aspecto de pompón. El perfume es dulce, denso y de largo alcance: un ejemplar adulto se huele desde bastante antes de verlo, y esa esencia se ha usado en perfumería.

Crece deprisa, y ese es un dato que conviene tomarse en serio antes de plantar nada parecido: de 1 a 1,5 metros al año en sus primeras temporadas. A cambio, vive poco para ser un árbol —entre treinta y cincuenta años— y con la edad se vuelve quebradizo: ramas gruesas que se desgajan con el viento o bajo el peso de la propia floración. Resiste heladas moderadas, hasta unos -6 o -8 °C en ejemplar adulto, y prefiere suelos ácidos o neutros; en terreno calizo amarillea por clorosis férrica, motivo por el cual en jardinería se ha injertado sobre patrón de Acacia retinodes, más tolerante a la cal.

Por qué se ha convertido en un problema

En el noroeste peninsular —Galicia, occidente de Asturias, el norte de Portugal— la mimosa ha dejado de ser un árbol de jardín para convertirse en una masa continua que sustituye al monte autóctono. Hay tres mecanismos detrás, y funcionan combinados.

La semilla dura y el banco del suelo. Produce legumbres a millares, con semillas de cubierta impermeable que pueden permanecer viables en el suelo durante décadas sin germinar. Ahí esperan.

El fuego. El calor de un incendio rompe esa cubierta y sincroniza la germinación: donde antes había cien plántulas dispersas, tras el fuego aparecen miles por hectárea al mismo tiempo, en un suelo despejado de competencia. Es un mecanismo heredado de su hábitat australiano, donde los incendios son parte del ciclo, y en el noroeste español encaja con una desgracia: cuanto más arde el monte, más rápido avanza la acacia.

El rebrote de raíz. Aquí está el detalle que arruina la mayor parte de los intentos de eliminarla. La planta emite brotes desde raíces superficiales alejadas del tronco. Si se corta un pie adulto o se daña el sistema radicular con maquinaria, la reacción es una orla de decenas de chupones alrededor y a varios metros de distancia, todos alimentados por la misma raíz. Talar sin tratar el tocón multiplica el problema en lugar de resolverlo, y por eso las campañas de control combinan corte con tratamiento del tocón recién cortado, o descortezado en anillo, y exigen seguimiento durante años.

A esto se suma que, como leguminosa, fija nitrógeno atmosférico y enriquece un suelo que en el matorral y el brezal atlántico era pobre por naturaleza. Ese cambio favorece a especies nitrófilas y perjudica a la flora original, de modo que aunque se retire la acacia el terreno tarda en volver a lo que era. La hojarasca también libera compuestos que frenan la germinación de otras plantas.

Qué dice la normativa española

Acacia dealbata figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, para todo el territorio nacional. La inclusión conlleva la prohibición genérica de su posesión con fines de propagación, transporte, comercio, tráfico y suelta en el medio natural. En términos prácticos: no se puede vender planta viva ni semilla, no se puede plantar y no se puede regalar un esqueje al vecino.

Lo que no exige la norma es arrancar un árbol que lleva cuarenta años en un jardín particular; lo que sí impide es multiplicarlo y sacarlo de ahí. Varias comunidades del noroeste mantienen además planes de control y campañas de retirada, con recomendaciones técnicas propias sobre cómo actuar según el tamaño del rodal.

Conviene saber que no es la única acacia en esa situación. Acacia melanoxylon, Acacia longifolia, Acacia saligna y Acacia karroo también están catalogadas, así que sustituir una mimosa por otra acacia ornamental no es una salida. La flor cortada que se vende en febrero procede de cultivos comerciales, buena parte de ellos en Francia e Italia, y ese comercio de flor cortada sigue su propia regulación.

Las Mimosa de verdad

El género Mimosa reúne alrededor de seiscientas especies, con el centro de diversidad en Brasil y México. Casi todas son hierbas, subarbustos o arbustos espinosos de clima tropical y subtropical, con hojas sensibles al tacto en grado variable y cabezuelas globosas rosadas, lilas o blancas —nunca del amarillo de la acacia.

Además de Mimosa pudica, la conocida es Mimosa tenuiflora (a menudo citada como Mimosa hostilis), un arbusto del nordeste brasileño y de Centroamérica de corteza muy rica en taninos. En Europa no tienen presencia en jardinería, y ninguna de ellas resiste el invierno peninsular al aire libre salvo en el litoral más templado y en Canarias.

El rasgo del plegado de hojas, por cierto, no define al género: lo tienen unas especies y otras no, y también aparece en plantas emparentadas como Neptunia o Biophytum. Es un mecanismo hidráulico, no una marca de familia.

Hojas plegadas de Mimosa pudica, la mimosa sensitiva

Alternativas de flor amarilla en invierno

Lo que se busca al plantar una mimosa es color y perfume en el peor momento del año. Eso se puede conseguir sin meter una invasora en el jardín, aunque hace falta combinar dos o tres arbustos en vez de un solo árbol, porque ninguno cubre por sí solo de diciembre a marzo con esa exuberancia.

Hamamelis × intermedia y Hamamelis mollis. Flores de pétalos acintados amarillos o anaranjados sobre madera desnuda, de enero a febrero, con un aroma limpio y penetrante. Arbusto de 2 a 4 metros, lento. Quiere suelo ácido o neutro, fresco y con materia orgánica, y clima sin veranos abrasadores: va bien en la cornisa cantábrica, en Galicia y en zonas de montaña.

Chimonanthus praecox. Flores pequeñas de amarillo pálido y aspecto céreo, de diciembre a febrero, con un perfume que llega lejos incluso en días fríos. Arbusto de 3 metros, rústico hasta -15 °C, tolera la cal y el verano seco. Tarda tres o cuatro años en empezar a florecer bien.

Jasminum nudiflorum. Ramas verdes y arqueadas cubiertas de flores amarillas de noviembre a marzo, sin perfume pero de una fiabilidad total. Aguanta el frío, la sombra parcial y la poda dura; se conduce sobre muro o se deja caer por un talud.

Mahonia × media y Mahonia aquifolium. Racimos amarillos erguidos de noviembre a febrero, con olor a muguete en los híbridos, hoja perenne coriácea y buen comportamiento a la sombra. Fructifican en bayas azules que comen los pájaros.

Cornus mas. El cornejo macho abre en febrero, antes de brotar, en una nube de flores amarillo verdoso; después da frutos rojos comestibles. Arbusto o arbolillo de 5 a 6 metros, muy rústico y adaptable, incluso en suelo calizo.

Coronilla valentina subsp. glauca. Opción mediterránea y autóctona en buena parte del este peninsular: mata de hoja glauca cubierta de flores amarillas perfumadas de enero a mayo, resistente a la sequía y al suelo pobre. No pasa de metro y medio.

Y si el jardín está en el noroeste, la respuesta local es Ulex europaeus, el tojo, que también florece en amarillo durante el invierno, huele a coco al sol y sostiene fauna propia. Es espinoso y arde bien, así que su sitio está lejos de la casa, pero es la planta que la acacia ha ido desplazando.

En resumen

La palabra mimosa cubre tres cosas distintas. Mimosa pudica es la sensitiva tropical de maceta, con artículo aparte. Las Mimosa verdaderas son unas seiscientas especies americanas de flor rosada, ausentes de la jardinería española. Y el árbol amarillo y perfumado que florece en enero es Acacia dealbata, una acacia australiana de crecimiento rápido, vida corta y madera frágil, que se ha vuelto invasora en el noroeste peninsular gracias a un banco de semillas de décadas, a la germinación masiva tras los incendios y al rebrote desde las raíces que convierte cada tala mal hecha en un rodal nuevo. Está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, con prohibición de venta, plantación y propagación. Para tener flor amarilla en invierno sin ese riesgo, hay alternativas contrastadas: Hamamelis, Chimonanthus praecox, Jasminum nudiflorum, Mahonia, Cornus mas o Coronilla valentina, según el clima y el suelo de cada sitio.


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