El cafeto es una planta de interior injustamente poco conocida en España. Tiene hojas grandes, brillantes y de un verde oscuro casi charolado, porte compacto y ordenado, crece a un ritmo razonable y, si se le dan las condiciones adecuadas, llega a florecer y a producir sus frutos rojos dentro de casa. No vas a llenar la despensa con la cosecha —una planta doméstica da para un puñado de granos—, pero como planta ornamental de follaje está a la altura de una ficus o una monstera, y resulta bastante más agradecida de lo que su fama tropical sugiere.

Qué planta es

La especie que se cultiva casi siempre en maceta es Coffea arabica, de la familia de las rubiáceas, la misma de la gardenia y la ixora. Es originaria de las tierras altas del suroeste de Etiopía y del sur de Sudán, donde crece entre los 1.000 y los 2.000 metros de altitud, en el sotobosque de bosques húmedos de montaña. Ese detalle es la clave de todo su cultivo: no es una planta de selva tórrida a pleno sol, sino de sombra fresca y humedad constante. Mucha gente la mata poniéndola a pleno sol pensando que "es tropical".

La otra especie comercial importante, Coffea canephora (el robusta), es más rústica y de tierras bajas, pero apenas se encuentra en jardinería doméstica.

En su hábitat el cafeto es un arbusto o arbolillo de cuatro a seis metros. En cultivo se poda a dos o tres metros, y en maceta se mantiene sin problema entre un metro y metro y medio.

Un detalle de su arquitectura que conviene entender antes de podarla: el cafeto tiene crecimiento dimórfico. El tallo principal crece en vertical (ortotrópico) y las ramas laterales lo hacen en horizontal (plagiotrópico), y son estas ramas horizontales las que dan flor y fruto. Una rama lateral separada como esqueje seguirá creciendo tumbada toda su vida y nunca formará un tronco. Esto tiene consecuencias prácticas que veremos más abajo.

Cafeto Coffea arabica cultivado en maceta

Luz

Quiere luz brillante filtrada, nunca sol directo intenso. Recuerda que en origen vive bajo la copa de otros árboles; de hecho, los cafetales de calidad se cultivan bajo sombra. El sol de mediodía a través de un cristal le quema las hojas en cuestión de horas, dejando manchas pardas grandes en el centro del limbo.

La posición ideal en un piso español es junto a una ventana al este, o a un metro y medio de una ventana sur con visillo. Una ventana al norte funciona en verano pero se queda escasa de noviembre a febrero, y en esos meses la planta se estanca y puede alargar los entrenudos.

Si buscas floración, la luz importa: con luz media el cafeto sobrevive y mantiene un follaje bonito, pero no florecerá nunca. Para que forme botones necesita bastante claridad indirecta durante todo el año.

Temperatura

Este es el factor limitante en España. El cafeto quiere un rango estable entre 18 y 24 ºC y no le gustan los extremos por ninguno de los dos lados.

Por debajo de 13 ºC detiene el crecimiento; por debajo de 10 ºC las hojas se ennegrecen y caen; con una helada, la planta muere. Esto lo convierte en una planta de interior en toda la península. Solo en el litoral más suave de Málaga, Cádiz, la costa de Granada o Canarias podría vivir fuera, y aun así en posición protegida.

Por arriba, tampoco tolera bien el calor extremo: por encima de 30 ºC sufre estrés, cierra estomas y deja de crecer. Un verano de interior de Sevilla o Zaragoza sin refrigeración es tan problemático para él como un invierno frío.

Lo que más le perjudica son los cambios bruscos. Evita colocarlo junto a la puerta de la calle, bajo la salida del aire acondicionado o pegado a un radiador.

Humedad ambiental

Aquí es donde el clima español juega en contra. El cafeto quiere más del 60 % de humedad relativa, y un piso con calefacción central en enero puede estar al 25 o 30 %. La consecuencia visible son puntas y bordes de hoja secos y marrones, y una invitación abierta a la araña roja.

Las medidas que funcionan, en orden de eficacia: colocar la maceta sobre un plato ancho con arcilla expandida y agua sin que la base toque el agua; agrupar plantas para crear un microclima; usar un humidificador en la habitación durante los meses de calefacción; y pulverizar las hojas con agua sin cal, que es la menos eficaz de todas porque el efecto dura minutos, pero algo ayuda si se hace a diario.

Un cuarto de baño luminoso, si lo hay, es probablemente el mejor sitio de la casa para un cafeto.

Riego y calidad del agua

Quiere el sustrato uniformemente húmedo pero nunca encharcado. No es una planta que tolere la sequía: si se seca por completo, las hojas se doblan hacia abajo y, si el episodio se repite, empieza a soltarlas. Tampoco tolera el cepellón empapado, que le provoca podredumbre radicular.

En la práctica: riega cuando el primer centímetro y medio del sustrato esté seco al tacto. Suele ser dos veces por semana en verano y una cada diez días en invierno, pero comprueba siempre en lugar de seguir un calendario.

El agua debe ser templada y de baja mineralización. El cafeto es una planta acidófila y el agua dura le sube el pH del sustrato progresivamente, provocando clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios marcadamente verdes. Si vives en una zona de agua calcárea, usa agua de lluvia o embotellada de mineralización débil siempre que puedas, o al menos alterna.

Sustrato y trasplante

Necesita un sustrato ácido, rico en materia orgánica y con buen drenaje. El pH ideal está entre 5,5 y 6,5.

Una mezcla que funciona bien es sustrato para plantas acidófilas (el de hortensias, azaleas o camelias) con un 20-25 % de perlita y algo de fibra de coco. Un sustrato universal solo tiende a tener el pH demasiado alto y a compactarse.

Trasplanta cada dos años, en primavera, subiendo un par de centímetros de diámetro de maceta. El cafeto desarrolla una raíz pivotante marcada, así que agradece macetas más profundas que anchas y no le gusta que le manipulen demasiado el cepellón. Asegúrate de que la maceta tiene buenos agujeros de drenaje.

Abonado

Es una planta relativamente exigente en nutrientes, más que la media de las plantas de interior. Usa un fertilizante para plantas acidófilas —contienen hierro y magnesio en formas asimilables a pH bajo— cada quince días de abril a septiembre, a la dosis indicada o algo por debajo, y suspende el abonado en otoño e invierno.

Los síntomas de carencia son fáciles de leer: hojas jóvenes amarillas con nervios verdes indican falta de hierro, casi siempre por pH alto; el amarilleo entre nervios de las hojas viejas apunta a magnesio; un amarilleo general y uniforme de las hojas más antiguas suele ser nitrógeno.

Poda y forma

El cafeto de interior necesita poca poda, pero conviene saber qué se hace y cuándo.

Si quieres controlar la altura, despunta el tallo principal en primavera a la altura deseada. Eso detiene el crecimiento vertical y estimula la ramificación lateral, que es la que da flor. La operación se llama descope y es exactamente lo que se hace en los cafetales para poder recolectar sin escaleras.

El resto se limita a retirar ramas secas, cruzadas o muy débiles, siempre en primavera. Y una advertencia: no elimines las ramas horizontales pensando que desordenan la planta, porque son precisamente las productivas.

Floración y cosecha en casa

Un cafeto tarda entre tres y cinco años desde semilla en dar su primera floración, y solo lo hace si tiene luz, humedad y temperatura correctas de forma sostenida. No es un objetivo garantizado en un piso, pero se consigue con más frecuencia de lo que se cree.

Las flores son blancas, estrelladas, agrupadas en las axilas de las hojas de las ramas laterales, y muy perfumadas, con un aroma que recuerda al jazmín. Duran poco, apenas dos o tres días. La buena noticia para el cultivo doméstico es que Coffea arabica es autógama: se autopoliniza y no necesita una segunda planta ni insectos. Un ligero movimiento de las ramas o un pincel suave mejoran el cuajado en interior.

Tras la polinización se forman las cerezas, drupas que tardan entre siete y nueve meses en madurar, pasando de verde a amarillo y finalmente a un rojo intenso. Cada una contiene normalmente dos semillas enfrentadas por su cara plana: los granos de café.

Si quieres procesarlos, el método casero más sencillo es despulpar las cerezas maduras a mano, lavar bien las semillas para eliminar el mucílago —o dejarlas fermentar un día en agua y luego lavarlas—, secarlas a la sombra durante una o dos semanas hasta que suenen sueltas dentro del pergamino, retirar esa cubierta y tostarlas en sartén o al horno. Con una planta de interior estamos hablando de una cantidad simbólica, pero la experiencia merece la pena.

Multiplicación

Por semilla es el método habitual, con una condición decisiva que explica el 90 % de los fracasos: las semillas de café son recalcitrantes, es decir, pierden la viabilidad muy deprisa al secarse, en cuestión de pocos meses. Un grano de café tostado del supermercado no germinará jamás: el tostado destruye el embrión. Ni siquiera el café verde comercial suele servir, porque lleva demasiado tiempo almacenado y seco.

Necesitas semilla fresca en pergamino, procedente de una planta o de un proveedor especializado. Para sembrarla: retira el pergamino, ponla en remojo 24 horas y siémbrala tumbada, con la cara plana hacia abajo, apenas cubierta por un centímetro de sustrato arenoso y ácido. Mantén a 25-30 ºC con humedad alta, tapando el semillero. La germinación es lenta: entre seis y diez semanas, a veces más. Primero emerge un hipocótilo con la semilla encima, en la fase que los cafeteros llaman "fosforito" o "soldadito", y después se abren los cotiledones.

Por esqueje funciona, pero hay que elegir bien el material por lo del crecimiento dimórfico: usa esquejes de brotes verticales (chupones ortotrópicos), de unos 15 cm con dos o tres pares de hojas, cortando las hojas por la mitad para reducir la transpiración. Aplica hormona de enraizamiento, planta en perlita con turba y mantén en ambiente cerrado, con humedad muy alta y a 25 ºC. Tarda de dos a tres meses. Un esqueje de rama lateral enraizará, pero producirá una planta rastrera y deforme.

Problemas frecuentes

Bordes y puntas de hoja marrones y secas. Aire demasiado seco, o agua con exceso de sales. Es el problema número uno del cafeto en un piso español.

Hojas amarillas con nervios verdes. Clorosis férrica por pH alto: agua dura o sustrato inadecuado. Corrige con agua de lluvia y quelato de hierro.

Hojas que se vuelven amarillas y caen empezando por abajo, sustrato húmedo. Exceso de riego, posible podredumbre de raíz.

Manchas pardas grandes e irregulares en el centro de las hojas. Quemadura de sol directo.

Punteado amarillento fino y telarañas muy finas en el envés. Araña roja, favorecida por la calefacción. Sube la humedad y trata con jabón potásico o acaricida.

Manchas anaranjadas pulverulentas en el envés. Roya del cafeto (Hemileia vastatrix), la enfermedad más temida en las plantaciones. En interior es rara, pero si aparece hay que retirar las hojas afectadas, ventilar y bajar la humedad foliar.

Motas blancas algodonosas en axilas y envés. Cochinilla algodonosa. Alcohol con bastoncillo y repetición semanal.

Una advertencia con mascotas y niños

Todas las partes de la planta contienen cafeína, y las hojas y frutos son tóxicos para perros y gatos si se ingieren en cantidad: provocan agitación, taquicardia, vómitos y, en dosis altas, problemas cardíacos serios. Las cerezas rojas maduras son visualmente atractivas para un niño pequeño. Ubica la planta teniendo esto en cuenta.

En resumen

El cafeto (Coffea arabica) es una planta de sotobosque de montaña tropical, y eso significa: luz brillante indirecta pero nunca sol directo, 18-24 ºC estables, humedad ambiental alta, sustrato ácido siempre algo húmedo y agua blanda. El frío por debajo de 10 ºC y el aire seco de la calefacción son sus dos enemigos reales en España.

Con esas condiciones, en tres o cuatro años puede darte flores blancas perfumadas y cerezas rojas. Y si piensas sembrarlo, recuerda lo esencial: solo germina semilla fresca en pergamino; los granos tostados que tienes en la cocina no van a brotar por mucho que los riegues.


Contenidos relacionados