Si has recorrido una rambla del sureste, un solar abandonado en Alicante o el borde de una carretera en Canarias, has visto el árbol del tabaco aunque no supieras su nombre. Es ese arbusto alto de aspecto desgarbado, con hojas azuladas de tacto casi ceroso y racimos de flores tubulares amarillas colgando de las puntas. Crece donde no crece nada, florece prácticamente todo el año y nadie lo ha plantado.
Y ahí está el asunto que hay que abordar antes de hablar de cuidados: el Nicotiana glauca es una planta exótica invasora en España y además tóxica. Es perfectamente posible describir cómo se cultiva, pero cualquier artículo honesto tiene que empezar por decir que en la mayoría de los casos la decisión correcta no es plantarla, sino saber reconocerla.
Qué es el árbol del tabaco
Nicotiana glauca es una solanácea, de la misma familia que el tomate, la patata, la berenjena y, efectivamente, el tabaco de fumar (Nicotiana tabacum), aunque no es la especie que se cultiva para ese fin. Es originaria del noroeste de Argentina y sur de Bolivia, y desde allí se ha extendido por todas las regiones cálidas y secas del planeta: sur de Estados Unidos, México, Sudáfrica, Australia y toda la cuenca mediterránea.
Llegó a Europa en el siglo XIX como planta ornamental de jardín botánico y se escapó de cultivo con enorme facilidad. Hoy está naturalizada en buena parte del litoral mediterráneo español, en el valle del Ebro, en Andalucía y de forma muy abundante en las islas Canarias, donde ocupa barrancos y terrenos removidos.
Se le conoce por muchos nombres: gandul, palán palán, tabaco moruno, bobo, calabacillo, mostacilla o simplemente tabaco borde. En Canarias, bobo o tabaco moro son los más habituales.
Cómo reconocerlo
Porte. Arbusto o arbolillo de tallos flexibles y poco leñosos que alcanza normalmente de dos a cuatro metros, y puede superar los seis en condiciones favorables. Crece muy deprisa, de forma desordenada, con ramas largas que se arquean por su propio peso.
Hojas. Es su rasgo más característico. Son ovadas, enteras, con peciolo largo, de un verde azulado o glauco y cubiertas por una capa cerosa que se marca con el dedo. De ahí el epíteto glauca. No tienen ni un pelo, a diferencia de otras Nicotiana, que son pegajosas al tacto. Pueden medir hasta 15 o 20 cm.
Flores. Tubulares, colgantes, de tres a cuatro centímetros, de un amarillo intenso, agrupadas en panículas terminales. Es de las pocas plantas que florecen casi todo el año en la España mediterránea, con máximos en primavera y otoño. Sus flores están adaptadas a la polinización por colibríes en su área de origen; aquí las visitan sobre todo esfíngidos y abejorros.
Fruto. Una cápsula ovoide de aproximadamente un centímetro que al secarse libera centenares de semillas diminutas. Una sola planta adulta puede producir decenas de miles de semillas al año, muy ligeras, dispersadas por el viento y el agua de escorrentía. Ahí está la raíz de su comportamiento invasor.
Toxicidad: no es una advertencia menor
Toda la planta contiene alcaloides, y el principal es la anabasina, no la nicotina, aunque también hay algo de esta. La anabasina es un potente agonista de los receptores nicotínicos y resulta tóxica por ingestión para personas y ganado. Se han documentado intoxicaciones graves y muertes, en muchos casos por confundir sus hojas con verduras comestibles, ya que a cierta distancia recuerdan a hojas de acelga o espinaca.
Los síntomas de una intoxicación incluyen náuseas, vómitos, taquicardia, debilidad muscular progresiva y, en casos serios, parálisis respiratoria. La anabasina es además teratógena en ganado: se han descrito malformaciones en crías de cerdas y vacas que consumieron la planta durante la gestación.
El contacto con la piel no supone un riesgo relevante, pero conviene lavarse las manos después de manipularla y usar guantes al podarla, sobre todo si se tienen heridas. Y por supuesto, mantenerla lejos del alcance de niños y de animales domésticos.
Que la planta sea tóxica no la convierte en un monstruo: la adelfa, el ricino o el tejo también lo son y están en mil jardines. Pero sí obliga a decidir con conocimiento de causa.
Su condición de especie invasora en España
Nicotiana glauca figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013. Esa inclusión implica, con carácter general, la prohibición de su posesión, transporte, tráfico y comercio, así como la obligación de las administraciones de actuar para su control. Algunas comunidades autónomas, y muy especialmente Canarias, tienen además planes de erradicación activos.
Dicho de forma directa: en España no se debe plantar, ni en jardín ni en maceta, ni comprar semillas, ni difundirla. Si aparece espontáneamente en tu parcela, lo apropiado es eliminarla.
Sus efectos ecológicos son concretos. Coloniza con rapidez ramblas, barrancos, cauces secos, taludes de carretera y terrenos removidos, forma masas densas que desplazan a la vegetación autóctona de esos mismos ambientes —tarays, adelfas, retamas—, altera la dinámica de los cauces y ocupa el nicho de especies pioneras nativas. En Canarias es uno de los invasores más extendidos en zonas bajas y de medianías.
Cómo eliminarlo de una parcela
Esta es, para la mayoría de lectores españoles, la información realmente útil.
El arranque manual funciona bien en plantas jóvenes y con el suelo húmedo, después de una lluvia. Hay que extraer la raíz completa, porque el gandul rebrota con facilidad desde la base y desde restos de raíz. Cortarlo a ras de suelo sin más solo consigue multiplicar los tallos.
El momento clave es actuar antes de que fructifique. Si la planta ya tiene cápsulas, córtalas y embólsalas antes de tocar el resto, porque al manipularla se liberan miles de semillas. Los restos no deben ir al compost ni quedarse tirados: se retiran en bolsa cerrada.
En ejemplares grandes y leñosos, la técnica más eficaz sin recurrir a herbicidas es el corte repetido: cortar a ras y volver a cortar cada rebrote a lo largo de una o dos temporadas hasta agotar las reservas de la raíz. Requiere constancia, pero funciona.
Después de eliminarlo, el suelo desnudo vuelve a ser terreno favorable para nuevas germinaciones. Cubrir la zona con acolchado o plantar especies autóctonas de crecimiento rápido reduce mucho la reinfestación.
Qué necesita para crecer (y por qué se le da tan bien)
Conocer sus exigencias explica su éxito y ayuda a predecir dónde va a aparecer.
Luz. Pleno sol. Es una especie pionera, colonizadora de espacios abiertos y perturbados. En sombra densa no prospera.
Suelo. Le vale casi cualquiera con drenaje: arenoso, pedregoso, calizo, salobre, pobre en materia orgánica, escombreras, gravas de rambla. Tolera pH alto y cierta salinidad. Lo único que no soporta es el encharcamiento permanente.
Agua. Enormemente resistente a la sequía una vez establecida, gracias a una raíz que profundiza deprisa y a la cutícula cerosa de las hojas, que reduce la transpiración. Sobrevive perfectamente con la lluvia del sureste peninsular, unos 250-300 mm anuales.
Temperatura. Es termófila. Aguanta sin problema por encima de 40 ºC y crece todo el año donde no hiela. Su límite es el frío: por debajo de -3 o -4 ºC la parte aérea se daña, y con heladas fuertes y repetidas muere, aunque puede rebrotar de raíz si el suelo no se hiela en profundidad. Esa sensibilidad al frío es precisamente lo que la ha mantenido confinada al litoral, a Canarias y a los valles cálidos del interior, y lo que impide que colonice la meseta norte.
Crecimiento. Extraordinariamente rápido. Puede pasar de semilla a planta florecida en menos de un año, lo que la convierte en una de las leñosas más veloces que se pueden ver en España.
Plagas. Prácticamente ninguna. Sus alcaloides la protegen de la mayoría de herbívoros e insectos, una de las razones de su ventaja competitiva frente a la flora nativa.
Sus usos, en su justa medida
En su área de origen, y también en Canarias, se le han atribuido usos tradicionales en emplastos externos para golpes, forúnculos e inflamaciones. Son usos populares documentados etnobotánicamente, pero no son inocuos ni están respaldados por evidencia clínica, y la ingestión es directamente peligrosa. Nada de esto debe interpretarse como una recomendación.
Sí tiene un interés real como fitorremediadora: se ha estudiado su capacidad de acumular metales pesados en suelos contaminados de zonas mineras, precisamente porque crece donde otras plantas no lo hacen. Es un campo de investigación legítimo, muy distinto de plantarla en un jardín.
Si aun así quieres una Nicotiana ornamental
Existen alternativas legales y sin problemas. La Nicotiana alata y sus híbridos de jardín, conocidos como tabaco ornamental, se cultivan como anuales de temporada, tienen flores tubulares blancas, rosas o rojas muy perfumadas al atardecer, y no plantean ningún riesgo de invasión porque no sobreviven al invierno. La Nicotiana sylvestris, más alta y con panículas de flores blancas colgantes, cumple un papel arquitectónico parecido al del gandul en un macizo, pero de forma controlada.
Si lo que buscas es un arbusto con flor amarilla y resistencia a la sequía para clima mediterráneo, hay opciones autóctonas mucho mejores: retama de olor (Spartium junceum), bolina (Genista umbellata) o distintas jaras y romeros según la zona.
En resumen
El árbol del tabaco o gandul (Nicotiana glauca) es un arbusto sudamericano de hojas glaucas y cerosas y flores amarillas tubulares, capaz de crecer en ramblas, escombreras y suelos pobres del sureste español y de Canarias con un riego prácticamente nulo. Crece rapidísimo, florece casi todo el año y solo lo frena el frío por debajo de -3 o -4 ºC.
Pero es tóxica por la anabasina que contiene y está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, con las prohibiciones que eso conlleva. Lo sensato no es cultivarla, sino saber identificarla y, si aparece en tu terreno, arrancarla con raíz antes de que fructifique y repetir el corte sobre los rebrotes hasta agotarla. Para lo ornamental hay Nicotiana anuales y arbustos mediterráneos que hacen el mismo papel sin ninguno de los dos problemas.