El Agave lophantha es uno de los agaves más agradecidos que se pueden cultivar en España: aguanta la sequía, no alcanza un tamaño desproporcionado y se multiplica solo mediante hijuelos. Se le conoce popularmente como lechuguilla, aunque conviene aclarar desde el principio que ese nombre genera confusión, porque también se aplica a otra especie distinta.

Qué planta es exactamente

Agave lophantha Schiede ex Kunth es una especie originaria del noreste de México y del sur de Texas, propia de terrenos calizos y pedregosos con lluvias escasas. En la bibliografía actual aparece con frecuencia bajo el nombre Agave univittata, que tiene prioridad nomenclatural; ambos nombres se refieren a la misma planta, así que si lo encuentras etiquetado de una u otra forma en el vivero, no te estás llevando cosas diferentes.

Aquí está la primera corrección importante: la lechuguilla propiamente dicha es Agave lechuguilla, otra especie mexicana de hojas más estrechas, rígidas y grisáceas, de la que se extrae la fibra conocida como ixtle. El comercio ornamental español arrastra desde hace décadas la costumbre de llamar lechuguilla también a A. lophantha, y de ahí viene el lío. No es un error grave a efectos de cultivo, porque las dos se cuidan de forma parecida, pero si buscas información en fuentes botánicas te conviene saber cuál es cuál.

Ejemplar de Agave lophantha con sus hojas alargadas y dentadas

Características: por qué encaja bien en jardines pequeños

Forma una roseta acaule de entre 40 y 70 cm de altura y un diámetro similar, ocasionalmente algo mayor en ejemplares muy viejos. Las hojas son estrechas y alargadas, de 30 a 60 cm de largo por apenas 4-6 cm de ancho, de color verde medio y con una banda central más clara muy característica que recorre el haz de la hoja en sentido longitudinal; de ahí el epíteto univittata, que significa "con una sola banda".

El margen de la hoja lleva dientes córneos, fuertes y ganchudos, y remata en una espina terminal dura de 1 a 3 cm. No es una planta para poner junto a un paso estrecho ni al borde de un camino: esos dientes enganchan la ropa y la espina apical pincha de verdad. Si la sitúas cerca de una zona de tránsito o hay niños en casa, lo razonable es despuntar la espina terminal con unas tijeras, algo que la planta tolera sin problema y que no afecta a su desarrollo.

El cultivar más vendido es 'Quadricolor', con hojas variegadas en verde oscuro, verde claro y márgenes amarillos, que enrojecen cuando la planta recibe sol directo y pasa algo de sed. Es más lento y algo más delicado que la forma verde, pero también más pequeño, lo que lo hace idóneo para maceta.

Como todos los agaves es monocárpica: florece una sola vez y muere después. La floración llega a los 10-15 años en condiciones normales de jardín, con una vara erguida que puede superar los 3 metros, cubierta de flores amarillo verdosas. Lo importante es que mucho antes de eso la planta ya habrá emitido numerosos hijuelos alrededor de la base, así que el ejemplar madre desaparece pero la mata se perpetúa. De hecho, si no controlas los hijuelos, en pocos años tendrás un grupo denso donde plantaste uno solo.

Ubicación y suelo

Sol directo, cuanto más mejor. En sombra o media sombra la roseta se abre, las hojas se alargan y se vuelven flácidas, y el ejemplar pierde por completo la compacidad que lo hace atractivo. En zonas de interior con veranos de más de 40 °C aguanta perfectamente la insolación, siempre que el sustrato drene.

El suelo es el factor que decide si la planta vive muchos años o se pudre el primer invierno. Necesita un terreno pobre, pedregoso y con drenaje rápido. En jardín, si tienes tierra arcillosa, no plantes a ras: levanta un montículo de 30-40 cm mezclando la tierra con arena gruesa de río, gravilla o zahorra, y planta en lo alto. En maceta, una mezcla del 50 % de sustrato para cactáceas y 50 % de material mineral (pómice, picón, arlita machacada o gravilla silícea de 3-6 mm) funciona muy bien. Tolera bien la caliza, así que no hace falta buscar sustrato ácido.

Usa siempre maceta con agujeros de drenaje y sin plato debajo, o vacía el plato al cuarto de hora de regar. El barro cocido es preferible al plástico porque evapora agua por las paredes y acorta el tiempo que el cepellón permanece húmedo.

Riego: el error más común

La mayoría de los agaves que se pierden en España no mueren de sed, sino ahogados. La regla práctica: riega solo cuando el sustrato esté seco por completo, comprobándolo con el dedo o con un palito de madera que introduzcas hasta el fondo del cepellón.

En maceta y clima mediterráneo eso se traduce en torno a un riego cada 10-15 días de junio a septiembre, y uno cada 3 o 4 semanas en primavera y otoño. Durante el invierno, si la planta está fuera y expuesta a la lluvia, no necesita riego alguno; si está resguardada, con un aporte ligero al mes basta. Cuando riegues, hazlo a fondo hasta que salga agua por los agujeros, y no vuelvas a hacerlo hasta que el sustrato esté seco de nuevo.

En pleno suelo, un ejemplar establecido puede pasar todo el año con la lluvia natural en casi toda la mitad sur peninsular. Los primeros dos veranos sí conviene regarlo cada dos o tres semanas para que enraíce.

Un detalle a menudo olvidado: evita que el agua se acumule en el centro de la roseta, sobre todo con temperaturas frescas. El cogollo encharcado es la vía de entrada habitual de las podredumbres bacterianas.

Abonado y trasplante

Es una planta de suelos pobres y no le hace ninguna falta un abonado intenso. En maceta, un fertilizante para cactus y suculentas una vez al mes de abril a septiembre, a media dosis, es más que suficiente. Sobrealimentar produce hojas blandas, alargadas y mucho más sensibles al frío y a las plagas. En jardín, con enterrar un puñado de compost maduro alrededor cada primavera es bastante, y ni eso resulta imprescindible.

El trasplante se hace en primavera, cuando la planta empieza a moverse, y solo cada 2 o 3 años o cuando la roseta desborde el borde del tiesto. Trabaja con guantes gruesos de cuero y envuelve la roseta con papel de periódico plegado o con una tela para poder sujetarla sin clavarte los dientes marginales. Tras el trasplante, espera una semana antes de regar: así las raíces que se hayan roto cicatrizan y no se infectan.

Multiplicación

Lo habitual es separar los hijuelos, que brotan del rizoma alrededor de la planta madre. En primavera, aparta la tierra, localiza el estolón que une el hijuelo a la madre y córtalo limpiamente con una navaja desinfectada. Deja secar el corte a la sombra durante 4 o 5 días y plántalo después en un sustrato muy mineral, apenas húmedo. Enraíza en 3 o 4 semanas.

La semilla es viable pero solo se obtiene tras la floración, con lo cual rara vez interesa: germina en 2-3 semanas a 20-25 °C, aunque los ejemplares tardan varios años en alcanzar un tamaño presentable.

Plagas, enfermedades y frío

La plaga más seria en España es el picudo negro del agave (Scyphophorus acupunctatus), un curculiónido que perfora la base de la roseta y cuyas larvas destruyen el corazón de la planta. El síntoma es una roseta que de pronto se ablanda, huele mal y se desprende al tirar de ella. Cuando se detecta suele ser tarde, así que lo eficaz es la prevención: comprar en viveros solventes, revisar la base de los ejemplares nuevos y retirar y destruir las plantas afectadas en lugar de compostarlas.

También aparecen cochinillas algodonosas en las axilas de las hojas, fáciles de eliminar con un bastoncillo empapado en alcohol o con jabón potásico, y caracoles que roen la epidermis y dejan cicatrices permanentes. Estas cicatrices no se curan: la hoja dañada seguirá marcada toda su vida, motivo de más para tratar los daños a tiempo.

En cuanto a la rusticidad, aguanta sin daños heladas de hasta unos -6 o -7 °C si el suelo está seco. La combinación de frío y humedad es lo que la mata: en un terreno encharcado, una helada de -2 °C ya puede reventar los tejidos. Esto la hace cultivable al aire libre en todo el litoral mediterráneo, en Andalucía, en el valle del Ebro y en buena parte del interior con suelos drenantes, y aconsejable en maceta protegida en zonas de montaña. El cultivar 'Quadricolor' es algo menos resistente, así que ahí conviene descontar un par de grados.

En resumen

Agave lophantha (o A. univittata) es una suculenta de tamaño contenido, de crecimiento razonablemente rápido para el género y con muy pocas exigencias: sol pleno, sustrato mineral y drenante, riegos espaciados y ningún abono generoso. Sus puntos débiles son el exceso de agua, el picudo negro y la combinación de frío con humedad. Colócala lejos de zonas de paso por sus dientes y su espina terminal, aprovecha los hijuelos para multiplicarla gratis y recuerda que la verdadera lechuguilla es otra especie, Agave lechuguilla, aunque el nombre popular se comparta.


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