En agosto, un Aeonium perfectamente sano parece medio muerto. Las rosetas se cierran como puños, las hojas de abajo se arrugan y caen, y el tallo queda desnudo con un penacho triste en la punta. Es entonces cuando se cometen la mitad de los errores que matan a esta planta, porque la reacción instintiva es coger la regadera. Y regar un Aeonium en pleno verano es la forma más rápida de perderlo.

Entender esa contradicción —una crasa que descansa cuando más calor hace— es prácticamente todo lo que hay que saber para cultivarlo bien.

De dónde viene y por qué crece al revés

Aeonium es un género de la familia Crassulaceae con unas 35 especies, y la inmensa mayoría son endemismos de las Islas Canarias. Hay alguna en Madeira, en Cabo Verde, en el norte de Marruecos y un par en el este de África, pero el centro de diversificación del género es el archipiélago canario, donde ocupan desde los acantilados del piso basal hasta las medianías húmedas. En las islas se los conoce como bejeques o góngaros.

Ese origen explica su calendario. Viven en un clima con inviernos suaves y lluviosos y veranos secos, y han adaptado su ciclo a él: crecen de octubre a mayo y entran en reposo estival cuando el suelo se seca y la temperatura sube. Al contrario que un cactus mexicano o una Echeveria, el Aeonium es una suculenta de crecimiento invernal.

Morfológicamente son fáciles de reconocer: rosetas planas, casi discoidales, de hojas finas y espatuladas, colocadas en el extremo de tallos leñosos y ramificados. Las raíces son escasas, finas y superficiales, otro dato que condiciona el cultivo. Y hay un detalle crucial: son monocárpicos por roseta. Cada roseta que florece —una panícula piramidal de florecillas amarillas, blancas o rosadas— muere después de hacerlo. No la planta entera, solo esa roseta. Si el ejemplar está ramificado, el resto sigue adelante.

Rosetas oscuras de Aeonium arboreum Atropurpureum

Las especies más cultivadas

Aeonium arboreum es el clásico: tallos leñosos de hasta un metro y medio, rosetas verdes de 15-20 cm. Su cultivar 'Atropurpureum' y el aún más oscuro 'Zwartkop' (también vendido como 'Schwarzkopf') son los que tienen las hojas de un granate casi negro. Ese color depende directamente del sol: a pleno sol se oscurecen hasta el negro brillante, y en sombra vuelven al verde en pocas semanas. Si compraste un 'Zwartkop' negro y se te ha puesto verde, no te han engañado: le falta luz.

Aeonium undulatum forma un tallo único, sin ramificar, con una roseta grande de hojas onduladas en el borde. Aeonium percarneum, de Gran Canaria, tiene las hojas glaucas con reflejos rosados en los márgenes cuando le da el sol. Aeonium haworthii es compacto y muy ramificado, ideal para maceta. Aeonium tabuliforme, el pastel de risco, es el más espectacular y el más difícil: una roseta plana como un plato, pegada a la roca, monocárpica y sin ramificar, que necesita cultivo inclinado para que no se le acumule agua en el centro. Y Aeonium 'Sunburst' es un híbrido variegado en crema y verde que se broncea de rosa en los bordes.

Luz y ubicación

Necesitan mucha luz. En el litoral atlántico y cantábrico, y en Canarias, van a pleno sol todo el año sin problema. En el interior peninsular y en el sur, el sol de julio y agosto —cuando se pasan de 35 ºC y la radiación es brutal— les provoca quemaduras: manchas pardas secas en el centro de la hoja que ya no se van. Ahí lo razonable es sol directo de octubre a mayo y sombra luminosa en verano, que además coincide con su reposo.

Como planta de interior permanente funciona mal. En un salón, aunque esté junto a la ventana, el tallo se estira, las rosetas se abren, se aclaran y se separan las hojas: es la típica planta ahilada que ya no vuelve atrás sola. El sitio del Aeonium es el balcón, la terraza o el alféizar exterior.

Riego: el punto donde se decide todo

De octubre a mayo, que es cuando crece, se riega en serio: agua abundante hasta que drene por los agujeros y después esperar a que el sustrato se seque por completo. En una maceta de barro en la terraza eso puede ser cada siete o diez días; en plástico y a media sombra, cada quince o veinte. La comprobación se hace con el dedo o con el peso de la maceta, nunca por calendario.

De junio a septiembre, casi nada. La planta está dormida, la raíz apenas absorbe y el sustrato húmedo a 30 ºC es un caldo de cultivo para la podredumbre de cuello. Un riego ligero cada tres o cuatro semanas, mojando solo la superficie y a última hora de la tarde, basta para que no se deshidrate del todo. Si el ejemplar está en sombra fresca, puede pasar el verano sin una gota.

Y el aviso que importa: que se cierren las rosetas y caigan las hojas inferiores en verano es normal, no es sed. Es su forma de reducir superficie de transpiración. En septiembre, con las primeras lluvias y las noches frescas, la roseta se abre de nuevo y saca hojas nuevas. Regar para "salvarlo" en agosto es lo que hace que un tallo aparentemente sano se ponga negro y blando por la base en cuestión de días.

Sustrato y maceta

Drenaje por encima de todo. Una mezcla que da buen resultado es 50 % de material mineral —puzolana, arena gruesa de sílice, pómice o akadama— y 50 % de sustrato para cactus o mantillo tamizado. Ni turba sola ni tierra de jardín compactada. El pH ideal ronda la neutralidad y toleran sin problema los sustratos ligeramente calizos.

Como las raíces son superficiales, van mejor en macetas anchas y poco profundas que en tiestos altos, donde queda un fondo de sustrato permanentemente húmedo que no explora nadie. El barro sin esmaltar ayuda a que se seque antes y es más estable para ejemplares altos, que con el tiempo se vuelven cabezones.

El trasplante conviene hacerlo a principios de otoño, no en primavera. Es el momento en que reanudan el crecimiento y enraízan rápido, mientras que trasplantar en mayo los deja con la raíz removida justo antes del verano. Cada dos o tres años es suficiente.

Aeonium percarneum con rosetas glaucas de bordes rosados

Abonado

Poco y en su temporada. Un fertilizante para cactus y crasas, bajo en nitrógeno, a media dosis y una vez al mes de noviembre a abril. Nada en verano: abonar a una planta dormida solo acumula sales en el sustrato. El exceso de nitrógeno, además, produce hojas grandes, blandas y verdes, más apetecibles para el pulgón y más sensibles al frío.

Multiplicación por esquejes

Es de lo más agradecido que hay. Se corta un tallo con su roseta, de unos 10-15 cm, con una hoja limpia y en corte oblicuo. Se deja cicatrizar dos o tres días a la sombra, hasta que la herida esté seca, y se planta en sustrato mineral apenas humedecido. Enraíza en dos o tres semanas. La época buena es septiembre-octubre, y en segundo lugar marzo-abril; en julio no.

Un matiz que suele sorprender: al Aeonium no se le puede multiplicar por hoja. Con Echeveria, Sedum o Graptopetalum basta con dejar una hoja sobre el sustrato, pero las hojas de Aeonium rarísimamente emiten raíz y prácticamente nunca forman una nueva roseta. Aquí hay que esquejar tallo.

Este mismo sistema resuelve el problema del ejemplar viejo y desgarbado, con medio metro de tallo pelado y una roseta arriba: se decapita, se esqueja la punta y el tocón suele rebrotar por debajo del corte con varias ramas nuevas. Se gana una planta y se rejuvenece la otra.

Frío, plagas y averías

No son plantas rústicas frente al hielo. Aguantan bien hasta los 3-5 ºC, soportan alguna helada corta y ligera de -2 ºC con daño en las hojas exteriores, y por debajo de eso el tejido se deshace. En Levante, Andalucía costera, Baleares y Canarias viven fuera todo el año; en Madrid, Castilla o el valle del Ebro hay que meterlos en invierno a un lugar fresco y muy iluminado —galería, invernadero frío, porche cerrado—, nunca junto a un radiador, porque el calor seco los estira justo cuando deberían estar creciendo compactos.

De plagas, la cochinilla algodonosa es la principal, escondida en las axilas de las hojas y en el centro de la roseta; se trata con jabón potásico o, en casos localizados, con un bastoncillo mojado en alcohol. El pulgón ataca sobre todo a las inflorescencias en primavera. Y hay una plaga que se subestima: caracoles y babosas, que devoran las rosetas tiernas precisamente en otoño e invierno, cuando la planta está en pleno crecimiento y ellos activos. Las larvas de Otiorhynchus en el sustrato roen las raíces y provocan un decaimiento sin causa aparente.

En cuanto a síntomas: base del tallo negra y blanda es podredumbre por riego estival o sustrato compacto, y solo se salva cortando por encima de la zona sana y reesquejando. Tallo largo y rosetas abiertas y pálidas es falta de luz. Manchas pardas hundidas en el haz son quemaduras de sol tras un cambio brusco de ubicación; hay que aclimatarlos por etapas. Y una roseta que emite un cono floral no está enferma: se está despidiendo. Merece la pena esquejar antes un par de ramas por si acaso.

En resumen

El Aeonium es una crasa canaria de ciclo invertido: crece de otoño a primavera y duerme en verano. Riego generoso y espaciado en su temporada, casi nulo de junio a septiembre, sustrato mineral y drenante, maceta ancha y baja, mucha luz con sombra en los meses más duros y protección por debajo de los 0 ºC. Se multiplica por esqueje de tallo con una facilidad ridícula, pero no por hoja, y cada roseta que florece muere después. Si te quedas con una sola idea, que sea esta: cuando en agosto lo veas encogido y feo, deja la regadera donde está.


Contenidos relacionados