La salsola es una planta que casi nadie pide en el vivero y que, sin embargo, resuelve situaciones donde fracasa casi todo lo demás: arenales, suelos salinos, terrenos yesíferos, primera línea de costa y jardines donde el agua es un lujo. No es una planta de flor vistosa ni de porte espectacular. Es una planta funcional, con un aspecto grisáceo y carnoso que en un jardín seco queda muy bien y que aguanta condiciones que matarían a cualquier arbusto ornamental convencional.

Qué es la salsola y de qué especies hablamos

Salsola es un género de la familia de las amarantáceas, en la subfamilia de las quenopodioideas, es decir, parientes de la remolacha, la acelga y las salicornias. Agrupa plantas halófilas, adaptadas a vivir con sal en el suelo, distribuidas por las estepas y costas de Europa, Asia y el norte de África.

Conviene aclarar que "salsola" no designa una sola planta. En España se manejan sobre todo cuatro especies con comportamientos muy distintos:

Salsola kali (hoy reclasificada por muchos autores como Kali turgidum), la barrilla pinchosa. Es una anual de las dunas y arenales litorales, de porte globoso, muy ramificada, con hojas cilíndricas terminadas en una punta espinosa. Al secarse en otoño se desprende del suelo y rueda con el viento dispersando la semilla: es la especie que en América dio origen a los famosos tumbleweeds del oeste, donde se convirtió en una invasora agresiva tras llegar con trigo importado.

Salsola vermiculata, el sisallo o caramillo. Es un arbusto perenne de hasta un metro, dominante en las estepas salinas del valle del Ebro, Los Monegros y buena parte del sureste. Hoja pequeña, carnosa, algo grisácea, sin espinas. Es la más útil como planta pastable y para restauración.

Salsola oppositifolia, también llamada Salsola verticillata. Arbusto de hasta dos metros, leñoso, muy ramificado, con hojas carnosas dispuestas de forma opuesta. Vive en el sureste ibérico y en Canarias, y es la más interesante desde el punto de vista ornamental por su porte y su follaje.

Salsola genistoides, la escobilla o sosa, un arbusto casi áfilo de tallos verdes y juncosos, propio de suelos margosos y yesíferos de Murcia y Almería.

Mata de Salsola oppositifolia en terreno seco

Por qué aguanta lo que aguanta

Entender su fisiología ahorra muchos errores de cultivo. La salsola es una halófita facultativa: no necesita sal, pero la tolera en concentraciones que resultan tóxicas para casi cualquier otra planta de jardín. Lo consigue acumulando sodio y cloruro dentro de las vacuolas de sus células y compensando el desequilibrio osmótico con solutos orgánicos. Por eso tiene ese aspecto suculento: las hojas cilíndricas y carnosas almacenan agua y diluyen la sal acumulada.

Muchas especies del género, además, usan la vía fotosintética C4, más eficiente en el uso del agua a temperaturas altas y con radiación intensa. Esa combinación —tolerancia salina, hoja suculenta y metabolismo C4— explica por qué una salsola prospera en un albardín seco de Almería en agosto y se pudre en un parterre bien regado de un jardín atlántico.

De ahí se deduce la regla básica de su cultivo: lo que la mata no es la sequía ni la sal, sino el exceso de agua y el suelo compactado.

La barrilla: por qué esta planta fue un negocio

Merece la pena conocer este capítulo porque explica el nombre común. Durante los siglos XVII y XVIII, en el litoral de Alicante, Murcia y Almería, se cultivaban a gran escala las especies llamadas barrillas —sobre todo Salsola soda y Salsola kali— para incinerarlas y obtener de sus cenizas carbonato de sodio. Esa "sosa" era imprescindible para fabricar vidrio y jabón, y la barrilla española tenía fama de ser la de mayor pureza de Europa. Fue una exportación de primer orden hasta que el proceso Leblanc, y después el Solvay, permitieron sintetizar carbonato sódico industrialmente y hundieron el mercado en el siglo XIX.

Ese pasado sigue siendo visible en la toponimia y en el vocabulario de las comarcas del sureste, y explica por qué la planta se llama indistintamente barrilla, sosa o salsola.

Dónde plantarla

Sol directo, todo el que haya. No hay matices aquí. En semisombra la planta se ahíla, pierde el color glauco, se vuelve laxa y se cae. Es una especie de espacio abierto y radiación alta.

Es ideal para jardines de costa. Soporta la maresía y el viento cargado de sal sin quemarse las hojas, lo que la convierte en una de las pocas plantas que pueden ir en primera línea de playa sin protección. También funciona en rotondas, medianas, taludes áridos y jardines de grava, y en zonas donde el suelo ha quedado salinizado por riego con agua de mala calidad o por proximidad a saladares.

Donde no debe plantarse es en zonas de clima húmedo con lluvias estivales, en suelos que se encharcan en invierno o en parterres con riego automático que funcione todo el verano.

Suelo

El requisito único e innegociable es el drenaje. Prospera en arenas puras, en suelos pedregosos, en margas yesíferas y en terrenos calizos con pH alto, incluso por encima de 8. Le da igual que sean pobres en materia orgánica: de hecho, los prefiere.

En un suelo arcilloso hay que intervenir antes de plantar. Lo más efectivo es plantar sobre un caballón o montículo elevado de 20 o 30 cm y mezclar el terreno con arena gruesa de río y grava, no con arena fina, que compacta todavía más. Añadir compost es contraproducente: retiene humedad y aporta un exceso de nitrógeno que la planta no quiere.

En maceta, un sustrato válido sería una mezcla de sustrato para cactáceas con un tercio adicional de arena gruesa o picón. Maceta de barro mejor que de plástico, porque transpira y ayuda a secar el cepellón entre riegos.

Riego: el punto donde se pierde

La mayoría de las salsolas que mueren en un jardín mueren ahogadas. Es una planta de zona árida y su raíz no tolera la falta de oxígeno.

Durante el primer año, mientras arraiga, necesita riegos de apoyo: una vez cada diez o quince días en verano, con volumen suficiente para mojar en profundidad, y nada en absoluto en invierno si llueve algo. Riegos abundantes y espaciados, nunca frecuentes y superficiales, porque lo que se busca es que la raíz baje.

A partir del segundo año, en clima mediterráneo, puede prescindir totalmente del riego. En veranos extremos y en suelos muy arenosos, dos o tres riegos de socorro entre julio y agosto bastan para que no pierda aspecto. En maceta sí hay que regar, pero solo cuando el sustrato esté seco por completo, comprobándolo con el dedo o por el peso de la maceta.

El plato bajo la maceta debe vaciarse siempre. Y si el agua de riego es dura o algo salina, no importa: esta es de las poquísimas plantas a las que eso no les afecta.

Temperatura y clima

Aguanta sin inmutarse más de 40 ºC en verano. En cuanto al frío, la resistencia depende de la especie: Salsola vermiculata, propia de las estepas continentales del Ebro, soporta heladas de -10 ºC o algo más; Salsola oppositifolia, de distribución más termófila y canaria, sufre por debajo de -4 o -5 ºC y no es apropiada para el interior de la meseta.

Las especies anuales como Salsola kali no plantean el problema: germinan en primavera, completan el ciclo en verano y mueren en otoño dispersando semilla.

Abonado, poda y mantenimiento

Abonado: ninguno. Es un error clásico querer "ayudarla" con fertilizante. Un exceso de nitrógeno produce crecimiento blando y desgarbado, pierde el color glauco y la hace vulnerable al frío y a los hongos. Si el suelo es extremadamente pobre, como mucho un aporte mínimo de fertilizante de liberación lenta al inicio de la primavera del primer año.

Poda: las especies arbustivas tienden a abrirse y descolgarse con los años. Un recorte de rejuvenecimiento a finales de invierno, en febrero, eliminando un tercio de la longitud de las ramas y toda la madera seca, mantiene la mata compacta. No podes en otoño: los brotes nuevos que emitiría no tendrían tiempo de endurecer antes de las primeras heladas.

Plagas: apenas tiene. Puede aparecer pulgón en los brotes tiernos de primavera, que se controla con un chorro de agua o jabón potásico si molesta. El problema real y frecuente es la podredumbre de raíz por hongos del suelo asociada al encharcamiento, que no tiene tratamiento práctico: se previene con drenaje y no se cura una vez instalada.

Multiplicación

Por semilla es el método natural y el más sencillo. Las semillas de Salsola son peculiares: contienen un embrión ya enrollado en espiral, con muy poca reserva, y tienen viabilidad corta, de apenas un año o dos. Hay que sembrarlas frescas, recogidas en otoño, y hacerlo en superficie o apenas cubiertas, porque necesitan luz y oxígeno para germinar. Un enterrado profundo es la causa habitual de que un semillero no salga.

Siembra a finales de invierno o principios de primavera, en bandeja con sustrato arenoso, riego por capilaridad y ambiente luminoso. Germinan rápido, en una o dos semanas, con temperaturas de 15-20 ºC. Trasplanta cuando las plántulas tengan varios centímetros, sin manipular la raíz más de lo necesario.

Por esqueje semileñoso funciona en las especies arbustivas. Toma esquejes de 10-12 cm a finales de primavera o en verano, retira las hojas inferiores, aplica hormona de enraizamiento y plántalos en perlita con arena, en ambiente luminoso pero sin sol directo y con humedad moderada, no saturada. El porcentaje de éxito es irregular, así que conviene poner más esquejes de los que se necesitan.

Dos advertencias antes de plantarla

La primera: Salsola kali y sus parientes anuales producen enormes cantidades de polen anemófilo y están entre los principales causantes de polinosis en el sureste español y en las zonas semiáridas. Si en casa hay alérgicos, evita las especies anuales y quédate con las arbustivas, o al menos recorta antes de la floración.

La segunda: por su facilidad para germinar y su dispersión rodante, las especies anuales pueden resembrarse por todo el jardín y comportarse como malas hierbas. En parcelas grandes y áridas no es problema; en un jardín pequeño y cuidado sí puede serlo. Las especies perennes, en cambio, se quedan donde las pones.

En resumen

La salsola es una halófita mediterránea de sol pleno, suelo drenante y riego casi nulo. Aguanta sal, sequía, calor extremo y suelos pobres, calizos o yesíferos, y por eso es una candidata excelente para jardines de costa, xerojardinería y restauración de terrenos degradados.

Sus cuidados se resumen en cuatro decisiones: plantarla a pleno sol, garantizar el drenaje, no abonarla y no regarla más de lo imprescindible el primer año. Un recorte a finales de invierno mantiene la mata en forma. Todo lo que se le añada por encima de eso —agua, abono, sombra o suelo rico— la perjudica en lugar de ayudarla.


Contenidos relacionados