Hay dos maneras de encontrarse con la correhuela rosa. Una es en mayo, en un talud de cuneta seco de Andalucía o de Murcia, cubierto de campanillas rosas de cinco centímetros sobre un follaje plateado y recortado, y pensar que eso hay que llevárselo al jardín. La otra es tres años después, sacando rizomas de debajo de un rosal mientras se cae en la cuenta de que la planta ha viajado ocho metros bajo tierra.
Convolvulus althaeoides, la campanilla malvácea o correhuela rosa, es exactamente esas dos cosas a la vez. Vivaz mediterránea de una belleza incuestionable, resistente a la sequía como pocas, y a la vez una colonizadora tenaz que en un arriate pequeño se convierte en un problema serio. Todo lo que sigue gira alrededor de esa doble cara.
Cómo es
Herbácea vivaz de la familia Convolvulaceae, con tallos volubles y postrados de 30 cm a 1,5 m que se arrastran por el suelo o trepan enroscándose sobre cualquier soporte. Rebrota cada primavera desde una raíz gruesa y un sistema de rizomas.
Flor. Infundibuliforme, de 3 a 5 cm de diámetro, de un rosa vivo con el centro más pálido y cinco líneas radiales marcadas. Se abre por la mañana y se cierra al atardecer o cuando se nubla, y cada flor dura un solo día; la floración va de abril a junio, y en la costa se alarga a julio.
Hoja. Lo interesante está aquí, y es lo que confunde. En la subespecie tipo la hoja basal es triangular o acorazonada, con lóbulos gruesos y sin gran división, verde grisácea. En la subespecie tenuissimus (a veces citada como Convolvulus elegantissimus) la hoja está profundamente dividida en segmentos estrechos, casi filiformes, y todo el conjunto está cubierto de pelo sedoso que le da un aspecto plateado muy distinto. Una misma especie con dos apariencias, que en el vivero acaban etiquetadas como plantas distintas.
Fruto. Cápsula pelosa con dos a cuatro semillas oscuras, de cubierta dura.
Origen. Toda la cuenca mediterránea, desde Portugal hasta Oriente Próximo y el norte de África. En España está por casi toda la mitad sur, el Levante, Baleares y el valle del Ebro, en terrenos secos, márgenes, taludes, ribazos y cultivos leñosos de secano.
Distinguirla de las otras correhuelas
Tres plantas se llaman correhuela en España y conviene no equivocarse, porque la peor de todas para el hortelano no es esta.
Convolvulus arvensis, la correhuela común o corregüela de huerta. Flor mucho menor, de 1,5 a 2,5 cm, blanca o rosa pálido. Hoja sagitada, entera, verde y sin pelo llamativo. Sin nada del follaje plateado y recortado de althaeoides. Es la mala hierba perenne más difícil de erradicar en huerta y cultivo herbáceo: raíces que llegan a más de dos metros de profundidad, reservas que le permiten rebrotar indefinidamente y regeneración a partir de fragmentos de raíz de un centímetro. Si lo que sale entre las lechugas tiene flor pequeña y hoja de punta de flecha, no es la ornamental; es esta.
Calystegia sepium y Calystegia soldanella. Flores blancas grandes, de 4 a 6 cm en sepium, sobre hojas sagitadas amplias. El carácter que las separa sin discusión son las dos brácteas anchas que envuelven el cáliz justo bajo la flor, como un segundo cáliz: en Convolvulus esas brácteas son pequeñas y quedan lejos de la flor, sobre el pedúnculo. C. sepium vive en suelos húmedos, setos y riberas —contexto muy distinto del secano de althaeoides—; C. soldanella es la de las dunas litorales, con hoja carnosa y arriñonada.
En corto: flor rosa grande y hoja plateada muy dividida, althaeoides. Flor pequeña y hoja en flecha verde, arvensis. Flor blanca grande con dos brácteas abrazando el cáliz, Calystegia.
El problema: rizoma y volubilidad
Merece la pena entender el mecanismo antes de decidir si la plantas.
Rizoma profundo y horizontal. La correhuela rosa emite raíces gemíferas que corren a 20, 40 o 60 cm de profundidad y emiten brotes a distancia de la mata madre. Cuando aparece un tallo nuevo a metro y medio, no es una semilla: es la misma planta. Y ahí está el detalle que arruina las escardas apresuradas: cada fragmento de rizoma con una yema regenera una planta entera. Cavar, romper y remover multiplica en lugar de eliminar, exactamente como ocurre con la grama o con C. arvensis.
Tallos volubles. Los tallos giran en busca de apoyo y se enroscan sobre lo que encuentren: tallos de lavanda, ramas jóvenes de rosal, alambres, mallas. Al engrosar el tallo agarrado, el enrollamiento estrangula. Una mata de salvia o un romero joven envueltos durante una temporada salen deformados y debilitados.
Semilla dura y persistente. La cubierta impermeable permite que la semilla espere años en el suelo hasta que la escarificación natural la despierte. Aunque elimines la planta, el banco de semillas sigue ahí.
La suma de las tres cosas explica la recomendación general: en arriates de menos de dos o tres metros, entre plantas delicadas o cerca de una huerta, esta planta no compensa.
Dónde sí tiene sentido
El vigor que estorba en un arriate es exactamente lo que se busca en otros sitios.
Taludes secos y desmontes. Su mejor destino. Cubre suelos pedregosos, pobres y en pendiente, sujeta la tierra con el rizoma, no necesita riego una vez instalada y florece con fuerza cuando nada más lo hace. En taludes de camino, terraplenes y bordes de finca resuelve un problema real de erosión sin mantenimiento.
Jardín mediterráneo amplio. En una zona de secano de cierta superficie, entre romeros, cistus, lentiscos y espartos ya establecidos, se defiende y aporta color en primavera sin arrasar a vecinos de su tamaño. La clave es la superficie: espacio para expandirse y compañeros robustos.
Coronando muros y bancales. Colgando desde lo alto de un muro de piedra seca o del borde de una jardinera elevada da un efecto notable, con la ventaja de que la obra limita el rizoma.
Jardín seco y polinizadores. Consume prácticamente nada de agua tras el primer verano y sus flores atraen abejas y abejorros.
Maceta grande. Es la manera de tenerla si el jardín es pequeño: un contenedor de 40 litros o más, aislado del suelo y con plato retirado. Ahí el rizoma no llega a ninguna parte.
Cultivo
Exposición. Sol pleno. A media sombra se estira, florece poco y pierde el plateado.
Suelo. Cualquiera que drene. Prefiere los calizos, pedregosos y pobres; en suelo fértil y regado crece con exageración y se vuelve más invasora todavía. El encharcamiento invernal es lo único que la mata.
Riego. Durante el primer año, riegos espaciados para asentar la raíz: cada 10 o 15 días en verano. A partir del segundo, ninguno en la mayor parte de la península. Con la sequía estival entra en reposo, la parte aérea se agosta y rebrota con las lluvias de otoño.
Rusticidad. Resiste heladas moderadas, en torno a -8 o -10 °C, perdiendo la parte aérea y rebrotando desde el rizoma. Se cultiva sin problema en todo el litoral, en Andalucía, en el Levante y en el valle del Ebro; en la meseta norte hay que buscarle una solana abrigada.
Plantación. Otoño, de octubre a noviembre, para que enraíce con las lluvias antes del calor. También a finales de invierno.
Abonado. Ninguno. Cuanto peor come, mejor se comporta.
Poda. Un rebaje a ras de suelo tras la floración, en junio o julio, limpia la mata seca, evita la semillación y estimula un rebrote más compacto.
Multiplicación. Por semilla, escarificando la cubierta con una lija fina o remojando 24 horas en agua templada; siembra en otoño, con germinación en dos o tres semanas. También por división de rizoma en otoño, que es más rápido y siempre funciona.
Plagas. Pocas. Algún ataque de araña roja en periodo muy seco y caliente, y las orugas de esfíngidos y de Emmelia que se alimentan de convolvuláceas. Ninguno requiere tratamiento en jardín.
Cómo se contiene
Barrera física desde el primer día. Es la única medida realmente eficaz. Lámina antirrizoma de polietileno de 1 mm o mayor, o una banda de chapa, enterrada 50 o 60 cm y sobresaliendo tres o cuatro centímetros del suelo, para que el rizoma no pase por debajo ni por encima. Un bordillo de 15 cm no sirve de nada.
Aprovechar límites duros. Un macizo entre un camino de hormigón, un muro y una acera está contenido de por sí. Ese es el emplazamiento ideal.
No cavar los rebrotes. Contra lo que pide el instinto, la azada empeora la situación al trocear el rizoma. Lo que funciona es arrancar el tallo tirando desde la base, repetidamente, cada dos o tres semanas durante toda la temporada de crecimiento: cada rebrote consume reservas del rizoma y, sin hojas que las repongan, se agota. Es un método lento —dos o tres temporadas— pero es el que da resultado.
Acolchado opaco. Sobre una zona a recuperar, cartón grueso solapado y encima 10 cm de material orgánico o grava, mantenido dos temporadas completas, agota buena parte del rizoma por falta de luz.
Cortar antes de que semille. Retira las flores marchitas o siega tras la floración para no sumar semilla al problema.
Vigilar el enroscado. Revisa cada pocas semanas los arbustos vecinos y desenrolla los tallos antes de que aprieten. Es un gesto de dos minutos que evita un arbusto deformado.
En resumen
Convolvulus althaeoides ofrece flor rosa grande de abril a junio, follaje plateado y muy dividido en la subespecie tenuissimus, y una resistencia a la sequía que la hace prácticamente autónoma tras el primer verano. A cambio se expande por rizomas profundos que rebrotan de cada fragmento y por tallos volubles que estrangulan a los vecinos. Se distingue de C. arvensis por la flor grande y la hoja recortada, y de Calystegia por las brácteas pequeñas y alejadas del cáliz. Su sitio son los taludes secos, el jardín mediterráneo amplio, el coronamiento de muros y la maceta grande; en un arriate pequeño, o cerca de la huerta, sale cara. Si se planta en tierra, barrera enterrada de 50 cm desde el principio y arranque manual repetido de los rebrotes que escapen.