Una pipa enterrada a tres centímetros con el suelo a 20 °C asoma en cinco o siete días. Esa misma pipa, en una maceta de 12 centímetros sobre el alféizar de la cocina, dará una planta raquítica de 30 centímetros que abrirá una flor del tamaño de una moneda y se secará en tres semanas. Germinar un girasol no tiene mérito; llevarlo hasta una flor decente, sí. Y lo que separa una cosa de la otra son dos factores muy concretos: el recipiente y las horas de sol directo.
Sembrar girasoles en casa se puede hacer perfectamente, incluso en un balcón, pero hay que elegir la variedad adecuada al espacio disponible en lugar de forzar una variedad gigante en un tiesto pequeño. Este artículo va de eso: de qué semilla comprar, cuándo ponerla, en qué recipiente y cómo llevar la planta hasta la flor y, si quieres, hasta la cosecha de pipas.
Qué planta es realmente el girasol
El girasol común es Helianthus annuus, una asterácea anual originaria de Norteamérica. Anual quiere decir exactamente lo que parece: germina, crece, florece, produce semilla y muere en la misma temporada. No hay bulbo, ni cepa, ni rebrote al año siguiente. Si quieres girasoles cada verano, tienes que sembrarlos cada primavera.
Lo que llamamos «la flor» no es una flor, sino un capítulo: una inflorescencia compuesta por cientos o miles de flores diminutas. Las del borde, con esa lengüeta amarilla llamativa, son estériles y solo sirven de reclamo para los polinizadores. Las del disco central son las fértiles, y cada una de ellas, si se poliniza, se convierte en una pipa. Esto tiene una consecuencia práctica: un capítulo con muchas pipas vacías no ha tenido un problema de riego, ha tenido un problema de polinización.
La otra particularidad relevante es la raíz. El girasol desarrolla una raíz pivotante profunda, capaz de bajar más de un metro en campo abierto. Esa raíz es la que le permite aguantar el calor del verano peninsular, y es también la razón por la que el girasol detesta que lo trasplanten y por la que las macetas someras nunca dan buenos resultados.
El girasol no sigue al sol (o no como crees)
Esta es la creencia más extendida sobre la planta y conviene corregirla, porque además explica cómo colocarla. El heliotropismo del girasol es real, pero solo ocurre mientras la planta está creciendo y el botón floral aún no ha abierto. En esa fase el tallo se elonga de forma desigual a lo largo del día y el botón acompaña al sol de este a oeste, volviendo de noche hacia el este.
Cuando el capítulo abre, el tallo se lignifica y el movimiento se detiene. A partir de ahí el girasol maduro queda fijo mirando al este, y así permanece hasta que se seca. Por eso un campo de girasoles en flor mira todo a la vez en la misma dirección aunque sea por la tarde. En casa esto significa que, si colocas la maceta contra una pared, la flor abierta te dará la espalda para siempre si la orientación no es la buena: la cara del capítulo mirará hacia el este, es decir, hacia donde salía el sol durante su desarrollo.
Cuándo sembrar en España
El girasol necesita el suelo templado para germinar bien. Por debajo de 10 °C la semilla se queda parada y acaba pudriéndose; el rango bueno está entre 15 y 25 °C de temperatura del sustrato. Traducido al calendario peninsular:
Andalucía, Murcia, Levante y valle del Guadalquivir: de mediados de marzo a mayo. Aquí conviene no retrasarse mucho, porque una siembra de junio florecerá en pleno agosto y el calor extremo acorta la duración de la flor.
Centro peninsular, Castilla, Aragón, Extremadura: de abril a finales de mayo, cuando ya no haya riesgo de heladas tardías. Las plántulas de girasol aguantan mal por debajo de 0 °C.
Cornisa cantábrica y zonas de montaña: de mayo a principios de junio.
Canarias y costa mediterránea muy suave: hay margen desde febrero-marzo hasta bien entrado el verano.
Desde la siembra hasta la flor pasan entre 60 y 100 días según variedad: las enanas de maceta rondan los 60-70, las gigantes se van a 90-110. Si quieres girasoles abiertos en una fecha concreta, cuenta hacia atrás desde ahí. Y si te gusta tenerlos escalonados, siembra un pequeño lote cada dos o tres semanas entre abril y junio en lugar de todos a la vez.
Qué semilla sirve y cuál no
Aquí se cometen bastantes errores. Las pipas tostadas y saladas de bolsa no germinan: el tostado mata el embrión y la sal remata la faena. Es una prueba condenada al fracaso, aunque circule como truco casero.
Las pipas crudas para pájaros sí germinan, con frecuencia bastante bien, pero son semilla de variedades industriales de grano seleccionadas por rendimiento, no por flor. Suelen dar plantas altas, de tallo grueso y capítulo grande pero poco vistoso, y el porcentaje de germinación es irregular porque no se han conservado como semilla de siembra. Sirven para experimentar en el jardín, no para el balcón.
Para casa, compra semilla de variedad ornamental. Las que dan buen resultado:
Para maceta y balcón (40-70 cm): 'Pacino', 'Big Smile', 'Sunspot' o el 'Teddy Bear' de flor doble tipo pompón. Son las únicas que se comportan de verdad en contenedor.
Para jardín, altura media (1,2-1,8 m) y flor cortada: las variedades ramificadas, que dan muchos capítulos medianos en lugar de uno solo. Aguantan mejor en jarrón y florecen durante semanas.
Para récord de altura (2,5-4 m): 'Gigante Ruso' o 'Mammoth'. Necesitan suelo, no maceta, y tutor sí o sí.
La semilla de girasol conserva buena germinación tres o cuatro años si se guarda en seco y fresco, así que un sobre sobrante del año pasado suele seguir siendo válido.
Siembra directa: casi siempre la mejor opción
Por esa raíz pivotante que comentábamos, el girasol prefiere que lo siembren en su sitio definitivo. Cada trasplante le corta la raíz principal y la planta pierde entre una y dos semanas de crecimiento, además de quedarse más baja y con la flor más pequeña.
En suelo o en la maceta final, entierra la pipa a 2-3 centímetros de profundidad, con la punta hacia abajo si te apetece hilar fino (no es imprescindible, la plántula se orienta sola). Riega y mantén el sustrato húmedo, nunca encharcado, hasta la nascencia. En cinco o siete días con buena temperatura verás los cotiledones.
Siembra dos o tres semillas por punto y, cuando tengan el primer par de hojas verdaderas, deja solo la más vigorosa. No arranques las sobrantes: córtalas a ras con tijera para no mover las raíces de la que se queda.
Marco de plantación en suelo: 25-30 cm entre plantas para variedades bajas, 45-60 cm para las medianas y 60-90 cm para las gigantes. Apretarlas es el error clásico del huerto casero: salen tallos finos, capítulos pequeños y hongos por falta de aireación.
Si aun así prefieres semillero, hazlo en macetas de turba o de papel de al menos 8-10 cm de alto, que se plantan enteras sin tocar la raíz, y trasplanta como muy tarde a las tres semanas, cuando la planta tenga dos o tres pares de hojas. Pasado ese punto, el retraso ya no se recupera.
Girasoles en maceta: el tamaño lo decide todo
Es la parte que más se descuida. Una variedad enana necesita como mínimo una maceta de 25-30 cm de diámetro y 30 cm de profundidad, es decir, unos 10-15 litros de sustrato. Una variedad de 1,5 metros pide 30-40 litros, y aun así se quedará por debajo de su altura natural. Las gigantes, directamente, no van en maceta.
Usa un sustrato universal de calidad aligerado con un 20-30 % de perlita o arena gruesa, y una maceta pesada y ancha de base: el girasol tiene el centro de gravedad muy alto y una ráfaga de viento en un balcón tumba un tiesto de plástico ligero con toda facilidad. El agujero de drenaje es obligatorio y el plato no debe quedar con agua estancada.
Sobre el sol, no hay negociación posible: seis horas de sol directo al día son el mínimo, y ocho son mejor. Un balcón orientado al norte, o uno al este que solo recibe luz hasta las once, no va a dar girasoles; dará tallos largos, pálidos y doblados buscando la luz, y probablemente ninguna flor. Si tu única opción es interior tras un cristal, asume que el resultado será mediocre incluso con la ventana más luminosa de la casa.
Riego: mucha agua, pero bien dada
El girasol es una planta exigente en agua, sobre todo en dos momentos: la fase de crecimiento rápido del tallo y las tres semanas que rodean la apertura del capítulo. Un estrés hídrico justo antes de florecer se paga con una flor más pequeña y con pipas vacías.
Dicho eso, «mucha agua» no significa un chorrito diario. En suelo, es preferible un riego abundante y espaciado, cada tres o cuatro días en verano, que moje de verdad los primeros 30-40 centímetros: así la raíz pivotante baja a buscar humedad y la planta se hace mucho más resistente al calor. Riegos superficiales y frecuentes producen justo lo contrario, un sistema radicular somero y una planta que se marchita en cuanto aprieta una ola de calor.
En maceta la historia cambia, porque el volumen es limitado: en julio y agosto una planta desarrollada puede necesitar riego diario, e incluso dos veces al día si hay viento y sol de tarde. Riega hasta que salga agua por el drenaje y vacía el plato a los diez minutos.
Un acolchado de paja, corteza o restos de siega en la base reduce mucho la evaporación y es de las mejores intervenciones que puedes hacer en un girasol de jardín.
Abonado y sujeción
Si el suelo es medianamente fértil, el girasol de jardín no necesita gran cosa: una aportación de compost bien hecho al preparar el terreno suele bastar. El error habitual es el contrario, pasarse de nitrógeno. Un exceso da hojas enormes de un verde oscuro, tallos blandos, floración retrasada y plantas que se vencen con el primer viento.
En maceta sí hay que abonar, porque el sustrato se agota. A partir del mes de vida, un abono líquido cada 15 días; y cuando aparezca el botón floral, cambia a uno rico en potasio y fósforo, del tipo que se vende para tomates o para plantas de flor. El potasio mejora la consistencia del tallo y el tamaño del capítulo.
Todo lo que pase de un metro quiere tutor. Clávalo cuando la planta tenga unos 40 cm, no cuando ya esté doblada, y hazlo a 10 cm del tallo para no atravesar la raíz. Ata con cinta ancha o rafia en forma de ocho, flojo, y revisa las ataduras cada dos semanas porque el tallo engorda rápido y una brida apretada lo estrangula.
Problemas que te vas a encontrar
Caracoles y babosas. La amenaza número uno de la plántula recién nacida. En una noche húmeda liquidan una siembra entera. Protege los primeros quince días con una barrera o revisa a mano al anochecer.
Pájaros. Desentierran la pipa recién sembrada y, más tarde, se comen las semillas del capítulo maduro. Una malla ligera sobre el semillero y una bolsa de tela o papel sobre la flor cuando empiece a granar resuelven ambos casos.
Pulgón. Aparece en los brotes tiernos y en el envés. Con poblaciones bajas, un chorro de agua a presión o jabón potásico sobra. No hace falta más.
Oídio. Ese polvillo blanco en las hojas al final del verano. Es casi inevitable en girasoles tardíos y, si llega cuando la flor ya está abierta, tiene poca importancia real. Se previene con aireación entre plantas y regando al pie, no por aspersión.
Podredumbre del capítulo. En otoños lluviosos, la cabeza ya granada puede pudrirse por Botrytis o Sclerotinia. Si prevés una semana de lluvias y la semilla está casi lista, corta y termina el secado bajo techo.
Tallo doblado o planta caída. Casi siempre es falta de sol combinada con exceso de nitrógeno y ausencia de tutor. Una planta que se dobla no se «cura»: se entutora y se aprende para la siguiente.
Un apunte que sorprende: el girasol es alelopático. Sus raíces y sobre todo las cáscaras liberan compuestos que inhiben la germinación de otras especies. Por eso no conviene plantarlo pegado a judías o patatas, ni tirar montones de cáscaras de pipas bajo un arriate. En el compost, bien mezcladas y compostadas del todo, no dan problema.
De la flor a las pipas
Si quieres cosechar semilla, no cortes al primer signo de decaimiento. La flor se abre, aguanta entre una y tres semanas y luego los pétalos amarillos se secan y caen: eso es normal y significa que la semilla está engordando. La cosecha llega entre 30 y 45 días después de la floración, cuando se cumplen estas señales a la vez: el reverso del capítulo ha pasado de verde a amarillo pardo, las brácteas del borde están marrones y secas, y las pipas se desprenden con un roce del dedo.
Corta el capítulo dejando 30 centímetros de tallo y cuélgalo boca abajo en un lugar seco, ventilado y a la sombra durante una o dos semanas. Después, frota las pipas con la mano o con un cepillo sobre un cubo. Deja secar el grano un par de días más extendido en una bandeja antes de guardarlo, o criará moho.
Ten en cuenta que la semilla recogida de una variedad híbrida no reproducirá fielmente la planta madre: si tu girasol era un F1, la descendencia saldrá variada. Para volver a sembrar lo mismo, hay que comprar semilla otra vez; para comer las pipas o dárselas a los pájaros, da igual.
Y si no te interesa la semilla, hay una alternativa: deja el capítulo seco en pie durante el otoño. Los carboneros, jilgueros y verderones se encargarán de vaciarlo y tendrás comedero gratis.
En resumen
El girasol es anual, de raíz profunda y muy exigente en sol, y esos tres datos condicionan todo lo demás. Elige variedad enana si vas a maceta y de porte alto solo si tienes suelo; siembra directamente a 2-3 cm entre marzo y junio según tu zona, cuando el sustrato pase de 15 °C; asegura seis horas largas de sol directo; riega abundante y espaciado en tierra, y a diario en contenedor durante el verano; modera el nitrógeno y entutora todo lo que supere el metro. Recuerda que el seguimiento del sol termina cuando la flor abre, y que a partir de ahí el capítulo mira al este para siempre. Si vas a por las pipas, espera al reverso amarillo pardo y termina el secado colgando el capítulo boca abajo bajo techo.