Dos plantas etiquetadas como «begonia» en el mismo expositor del vivero pueden necesitar cuidados opuestos. Una quiere sol de mañana, floración de verano y quedarse completamente seca de noviembre a marzo; la otra, sombra, aire húmedo y no perder la hoja en ningún momento del año. El género reúne cerca de 2.000 especies descritas y un catálogo hortícola enorme construido sobre ellas, así que acertar consiste casi entero en identificar cuál de los tres grandes grupos tienes delante.
Todas pertenecen a la familia Begoniaceae y llevan el nombre de Michel Bégon, intendente francés en el Caribe a finales del siglo XVII. Casi todas proceden de zonas tropicales y subtropicales húmedas de América, Asia y África, del sotobosque, de las paredes rocosas sombrías y de las orillas de arroyo. Esa procedencia dicta todo lo demás: luz filtrada, aire húmedo, sustrato aireado y ninguna tolerancia al frío.
Cómo distinguirlas por la raíz, que es lo que importa
La clasificación hortícola útil no va por el color de la flor, sino por el órgano subterráneo. De ahí se deduce el riego, la parada invernal y la forma de multiplicarlas.
Begonias de raíz fibrosa. Raíces finas, sin tubérculo ni rizoma engrosado, y crecimiento continuo todo el año si la temperatura acompaña. Aquí está la begonia de flor o de jardín (Begonia semperflorens-cultorum, derivada de B. cucullata), esa mata compacta de 20-25 cm con hoja redonda verde o bronce que se planta a miles en parterres y jardineras. Y aquí están también las begonias de caña o de ala de ángel (B. coccinea, B. maculata 'Wightii', la de hoja moteada de plata), con tallos erguidos y nudosos como el bambú, hojas asimétricas y racimos colgantes de flores rojas, rosas o blancas. Estas últimas pasan de metro y medio con los años.
Begonias tuberosas. Forman un tubérculo aplanado, y ese tubérculo manda: brotan en primavera, florecen de junio a octubre con las flores más grandes y espectaculares del género —dobles, de hasta 12 cm, en amarillo, naranja, rojo o blanco—, y en otoño amarillean y entran en reposo obligatorio. El grupo comercial es Begonia × tuberhybrida, con series erguidas para maceta y series péndulas (Pendula, tipo Cascade) para cesta colgante. Aparte va Begonia boliviensis, de flores estrechas colgantes y aguante notablemente mayor al sol y al calor: es la que mejor se comporta en un balcón español de verano.
Begonias rizomatosas. Un rizoma grueso y peludo que repta por la superficie del sustrato, hojas grandes en roseta directamente desde él y flores insignificantes en varas altas. Se cultivan por la hoja. El subgrupo estrella son las Begonia Rex (B. rex-cultorum), con hojas en espiral, plateadas, moradas, verde metálico o casi negras; y B. masoniana, la begonia cruz de hierro, con su marca parda en aspa sobre fondo verde rugoso.
Hay un cuarto tipo que confunde: la begonia Elatior (Begonia × hiemalis), la que se vende en floristería cargada de flores dobles en pleno invierno. Es un cruce entre tuberosas y B. socotrana, cultivada en invernadero con manipulación de fotoperiodo. Florece porque le han dado días cortos controlados; en casa, tras esa floración, rara vez vuelve a florecer bien. No es que la estés cuidando mal: es que fue producida para durar unas semanas.
Rasgos que comparten todas
La hoja es asimétrica. El limbo tiene los dos lados desiguales, con la nervadura desplazada y una base en forma de corazón torcido. Es el carácter más constante del género y sirve para reconocer una begonia sin flores.
Son monoicas, con flores masculinas y femeninas separadas. Merece la pena mirarlo una vez porque tiene consecuencias prácticas: la flor masculina tiene dos pétalos grandes y dos pequeños, y un manojo de estambres amarillos en el centro; la femenina lleva debajo de los pétalos un ovario con tres alas, como un pequeño triángulo hinchado. En las tuberosas de flor doble, las flores grandes y dobles son las masculinas, y a los lados aparecen dos femeninas sencillas y feas. Quitar esas dos femeninas en cuanto se ven hace que la planta no gaste en semilla y que la flor central salga mucho mayor y dure más. Es la intervención que más cambia el resultado en una begonia tuberosa y apenas cuesta diez segundos por brote.
Los tallos son suculentos. Quebradizos, jugosos, con nudos marcados. Almacenan agua, lo que significa que la planta aguanta una sequía corta mucho mejor que un exceso de riego, y que un tallo roto no es una catástrofe: se convierte en esqueje.
No toleran el frío. Por debajo de 12-13 °C se paran y empiezan a amarillear; a 5 °C se dañan y con la primera helada se pierden. En España peninsular, ninguna begonia es planta de exterior permanente salvo en la costa mediterránea y canaria más resguardada, y aun ahí conviene protegerlas.
Toxicidad: un dato que conviene tener antes de comprar
Las begonias contienen cristales de oxalato cálcico, concentrados sobre todo en el tubérculo y los tallos. Para perros, gatos y caballos figuran como plantas tóxicas: la mordida produce irritación intensa de boca y lengua, babeo, dificultad para tragar y vómitos, y la ingestión de tubérculo es la forma más grave. En personas el riesgo es menor y se limita a irritación bucal y digestiva si se mastica material vegetal, más dermatitis de contacto en personas sensibles al manipular savia. No es una planta que haya que desterrar de casa, pero sí una que conviene colocar fuera del alcance de un cachorro o de un gato mordisqueador, y lavarse las manos después de dividir rizomas o manipular tubérculos.
Sobre las propiedades medicinales que a veces se le atribuyen: varias especies asiáticas y americanas tienen uso en medicina popular local —B. fimbristipula o B. picta, entre otras—, y algunas hojas ácidas por el oxalato se consumen como condimento en el sudeste asiático. La tradición las asocia a usos febrífugos y cicatrizantes. La evidencia es otra cosa: no hay ensayos clínicos que respalden ningún uso terapéutico de la begonia en humanos, y el contenido en oxalatos desaconseja cualquier consumo de las variedades ornamentales de vivero. Trátala como planta decorativa, que es lo que es.
Luz, riego y sustrato: dónde se decide el éxito
Luz. Clara e indirecta como norma. Una ventana orientada al este, con sol suave hasta media mañana, es el sitio ideal para una Rex o una de caña. El sol directo de mediodía de junio a septiembre quema las hojas en un par de días, y las manchas necróticas no se recuperan. Las excepciones son la semperflorens de hoja bronce, que aguanta sol pleno en el norte y sol de mañana en el centro y sur, y la B. boliviensis. Al otro extremo, en sombra profunda las de caña se ahílan: entrenudos largos, tallos que se doblan y ninguna flor.
Riego. Regar cuando los 2-3 cm superiores del sustrato estén secos, empapando hasta que salga agua por el drenaje, y vaciar el plato a los diez minutos. El agua estancada en el plato pudre el cuello y la raíz en cuestión de días, y una begonia con podredumbre no se salva: los tallos se vuelven translúcidos y se desploman por su propio peso. En invierno, con la planta parada, se riega bastante menos; con las tuberosas se corta el riego del todo al entrar en reposo.
La contradicción de la humedad. Las begonias quieren aire húmedo (50-60 % de humedad relativa) y odian la hoja mojada. Pulverizar es exactamente lo contrario de lo que necesitan: el agua que queda sobre una hoja de Rex, que es pilosa y retiene gotas, es la vía de entrada del oídio —polvo blanco harinoso en el haz— y de la botritis, ese moho gris que aparece en flores marchitas y se extiende al tallo. Para subir la humedad, plato con grava y agua por debajo de la maceta, agrupar plantas o un humidificador. Y regar por la base del cepellón, no por encima.
Sustrato. Ligero, aireado y ligeramente ácido (pH 5,5-6,5). Un buen punto de partida es turba o fibra de coco con un 30 % de perlita, o sustrato universal de calidad aligerado con perlita y algo de corteza fina. La tierra de jardín compactada en maceta es una condena a plazo fijo. Igual de dañina es la maceta demasiado grande: un cepellón pequeño en cuatro litros de sustrato tarda semanas en secarse y la raíz se asfixia. Las begonias prefieren ir algo justas, y las rizomatosas piden maceta ancha y poco profunda porque el rizoma crece en horizontal.
Abono. Durante el crecimiento, fertilizante líquido para plantas de flor cada 15 días, a la mitad de la dosis que indique el envase. Para las Rex y rizomatosas cultivadas por la hoja, uno equilibrado. En cuanto la planta se para en otoño, se suspende: abonar una begonia dormida solo quema raíces.
El ciclo de las tuberosas, paso a paso
Es la begonia que más rendimiento da por euro invertido y también la que más se estropea por desconocer su ritmo.
En febrero o marzo se ponen los tubérculos a brotar en bandeja con sustrato apenas húmedo, en un sitio a 16-18 °C y con luz. Se colocan con la cara cóncava hacia arriba —el hueco es donde están las yemas— y se cubren muy ligeramente, sin enterrarlos. Plantado al revés, el tubérculo tarda semanas en enderezar el brote o directamente se pudre.
Cuando las heladas ya no son un riesgo, hacia abril o mayo según la zona, pasan a su maceta o jardinera definitiva, a media sombra. Riego moderado al principio, aumentando conforme crece la mata. Floración de junio a octubre, con eliminación continua de flores pasadas.
En octubre-noviembre las hojas amarillean y el tallo se afloja. Ahí se reduce el riego hasta suprimirlo, se deja secar la parte aérea y se desprende sola. El tubérculo se saca, se limpia de tierra, se deja orear unos días y se guarda en turba seca, serrín o papel, en oscuridad, entre 8 y 12 °C. Se revisa a mitad de invierno y se descarta el que tenga zonas blandas. En marzo vuelve a empezar. Un tubérculo bien conservado gana tamaño cada año y da más flores que el anterior.
Qué mirar en el vivero antes de pagar
Dale la vuelta a las hojas. El oídio empieza por el envés y por las hojas bajas, en forma de polvillo blanco o de manchas circulares translúcidas. Una begonia con oídio en el vivero llegará a casa con oídio y lo pasará a lo que tengas al lado.
Aprieta suavemente la base del tallo. Debe estar firme. Si está blando, acuoso o pardo en el cuello, la podredumbre ya está dentro y no hay tratamiento que la recupere.
Elige la mata compacta con brotes, no la más florida. Una planta cubierta de flor abierta está en su punto máximo y solo puede ir a menos; una con muchos botones cerrados te dará semanas de floración en casa.
Con tubérculos sueltos, busca los grandes —de 5 cm o más dan bastantes más flores que los de 3—, pesados, firmes al tacto, sin moho ni zonas hundidas, y con el hueco cóncavo bien visible.
En invierno, protege la planta del trayecto. Una Elatior o una Rex comprada en diciembre y llevada quince minutos en la mano por una calle a 6 °C pierde botones y hojas en los días siguientes. Que te la envuelvan en papel, y del coche a casa sin paradas.
Multiplicarlas, que es fácil y sale gratis
Las de caña y las fibrosas se sacan por esqueje de tallo: un trozo de 8-10 cm con dos o tres nudos, cortado bajo un nudo, sin las hojas inferiores, en agua o directamente en sustrato ligero y húmedo con la maceta dentro de una bolsa transparente. Enraízan en dos o tres semanas en primavera.
Las rizomatosas y las Rex se multiplican por hoja, que es el método más agradecido del mundo vegetal. Se toma una hoja sana con su peciolo, se hacen cortes transversales en los nervios principales del envés y se apoya boca abajo sobre sustrato húmedo, sujeta con grapillas o piedrecitas para que haga contacto, en ambiente cerrado y a unos 20-22 °C. De cada corte brota una plantita en cuatro a seis semanas. Alternativamente, se divide el rizoma en trozos de 5 cm con al menos una yema y se planta cada uno en superficie.
Las tuberosas se dividen cortando el tubérculo en primavera, cuando ya se ven los brotes, dejando al menos uno por porción y dejando secar la herida un par de días antes de plantar.
Problemas frecuentes y qué significan
Bordes de las hojas secos y crujientes: aire seco, calefacción cerca o corriente directa. Sube la humedad ambiental y aleja la planta del radiador.
Hojas amarillas y blandas desde abajo: exceso de agua. Comprueba el drenaje y espacia el riego. Si el sustrato huele agrio, hay que trasplantar y cortar raíz podrida.
Polvo blanco en el haz: oídio. Retira hojas afectadas, mejora la ventilación, deja de mojar la hoja y trata con azufre mojable o bicarbonato potásico. Insiste, porque vuelve.
Manchas grises aterciopeladas en flores y tallos: botritis. Quita todo el material afectado, baja el riego y ventila.
Puntos claros y telaraña fina en el envés: araña roja, favorecida por el aire seco del interior en invierno.
Tallos largos y flácidos con pocas hojas: falta de luz. Acércala a una ventana y pinza las puntas para que ramifique.
En resumen
Antes de decidir cómo cuidar una begonia hay que saber si es fibrosa (crecimiento continuo, para parterre o para maceta de caña), tuberosa (flor grande de junio a octubre y reposo invernal obligatorio con el tubérculo guardado a 8-12 °C) o rizomatosa (se cultiva por la hoja, maceta ancha y poco profunda). Todas comparten hoja asimétrica, tallo suculento, flores masculinas y femeninas separadas —quita las femeninas de las tuberosas y la flor central duplicará tamaño— y ninguna aguanta el frío por debajo de 12 °C. La luz debe ser clara pero filtrada, el sustrato ácido y aireado en maceta ajustada, y el riego generoso pero con el plato vacío: el agua parada en el plato pudre el cuello en pocos días. Se quiere aire húmedo, no hoja mojada, porque el oídio y la botritis entran justo por ahí. Contienen oxalato cálcico y son tóxicas para perros y gatos, y su fama medicinal es tradición sin respaldo clínico. Y si te falta espacio en el presupuesto, cualquier tallo roto puesto en agua es una begonia nueva.