Seis horas de sol directo es el mínimo que necesita una verbena de jardinera para florecer sin parar. Con cuatro se alarga, saca tallos flojos con las hojas separadas, produce una tanda de flores en mayo y luego se cubre de oídio en junio. No es una carencia que se corrija con abono ni con riego: o recibe sol o no florece.
El género Verbena agrupa unas 150 especies de la familia Verbenaceae, en su mayoría americanas, aunque la que da nombre al grupo sea una hierba europea de cuneta. En un centro de jardinería español te vas a encontrar con tres o cuatro plantas muy distintas compartiendo el mismo rótulo, y saber cuál tienes delante cambia por completo la forma de cuidarla y la posibilidad de que sobreviva al invierno.
Cuatro plantas distintas, un solo nombre
La verbena de jardinera. Es la que se vende en primavera en bandejas de colores, de porte rastrero o en cojín, con las flores agrupadas en corimbos apretados de rosa, morado, rojo, coral o blanco, muchas con el ojo blanco en el centro. Botánicamente la mayor parte de estos híbridos se clasifican hoy en el género Glandularia (Glandularia × hybrida, antes Verbena × hybrida), y proceden del cruce de especies sudamericanas. Alcanza 20-30 cm de alto y se extiende 40-50 cm. Es vivaz en su origen pero muy sensible al frío: por debajo de -3 o -4 °C se pierde, así que en el interior peninsular se comporta como planta de temporada y en la costa mediterránea o el sur puede repetir año tras año.
Verbena bonariensis. La verbena de Buenos Aires. Nada que ver en aspecto: tallos rígidos, cuadrados, casi sin hoja, de 1,2 a 2 m de altura, rematados por corimbos planos de flores lila. Es transparente, se ve el jardín a través de ella, y por eso se planta en primera línea de arriate sin tapar nada. Florece de junio a las primeras heladas y atrae mariposas y abejorros como pocas plantas de temporada. Aguanta hasta -8 o -10 °C con la parte aérea seca y rebrota de cepa; en zonas más frías se pierde la mata pero se resiembra sola. Y ahí está su peaje: siembra con una generosidad que raya en lo molesto. Está naturalizada en zonas húmedas del norte y del suroeste peninsular, y si tu jardín linda con una vaguada, un arroyo o terreno baldío, corta los corimbos secos antes de que suelten semilla.
Verbena rigida. De 30 a 50 cm, hojas ásperas y rasposas, flores púrpura intenso. La particularidad es que se extiende por rizomas subterráneos, con lo cual coloniza superficie. Resulta útil para tapizar taludes secos y soleados, y es un incordio en un arriate pequeño y ordenado. Tolera bien la sequía y la helada moderada.
Verbena officinalis. La verbena común, la silvestre, la de la tradición popular y la noche de San Juan. Es una vivaz erguida de 30 a 80 cm, con tallos de sección cuadrada, hojas de la base profundamente divididas y espigas largas y delgadas con flores diminutas de color lila muy pálido. Como planta ornamental tiene un valor escaso; crece espontánea en cunetas, ribazos y suelos removidos de toda la Península. Es la que carga con la fama medicinal, y de eso hablo más abajo.
Un apunte para evitar una confusión de compra habitual: la hierbaluisa o maría luisa (Aloysia citrodora, antes Lippia citriodora) es de la misma familia y a veces se rotula como «verbena de olor», pero es un arbusto caducifolio de hasta 2 m con hojas lanceoladas de intenso aroma a limón. Si buscas la infusión, esa es la planta; si buscas flor para la jardinera, no.
Sol, suelo y sitio
Todas las verbenas ornamentales quieren sol directo, cuanto más mejor. Una orientación sur o poniente, sin sombra de muro ni de árbol durante las horas centrales. Es de las pocas plantas de flor que agradecen el reflejo del calor de una pared o de un suelo de terraza.
El suelo importa menos de lo que parece, salvo en un aspecto: el drenaje. Vive perfectamente en tierra pobre, pedregosa o arenosa, y se estropea en una arcilla compacta que retiene agua en invierno. En terreno pesado, planta en caballón o mezcla arena gruesa y compost. El pH le da igual dentro del rango normal de jardín.
En maceta usa un sustrato universal aligerado con un 20-30 % de perlita o arena, y una jardinera con agujeros generosos. Para la verbena colgante conviene un recipiente de al menos 25 cm de profundidad: el volumen escaso obliga a regar dos veces al día en julio, y ese vaivén de encharcado a seco es lo que acaba matándola.
Riego
Riego moderado y espaciado, dejando que se seque la capa superficial entre uno y otro. Una verbena bien enraizada aguanta sin problema tres o cuatro días de calor en tierra, y en pleno agosto pide agua a diario si está en maceta pequeña y al sol.
Dos precisiones que marcan la diferencia:
Riega al pie, nunca por encima. Mojar el follaje al atardecer y dejarlo húmedo toda la noche es la receta exacta para el oídio, que en esta planta no es una posibilidad remota sino lo esperable en cuanto se dan las condiciones. Manguera al suelo o riego por goteo.
El exceso hace más daño que la falta. El síntoma engañoso es que una verbena asfixiada por riego se marchita igual que una seca, con las hojas mustias y colgando. Si al tocar el sustrato lo notas húmedo y la planta está lacia, el problema es la raíz, no la sed, y añadir agua acaba de rematarla. En ese punto lo que hay que hacer es dejar secar y comprobar el drenaje.
Abonado y poda de rejuvenecimiento
Las verbenas de jardinera florecen con una intensidad que agota la maceta. Durante la temporada de flor, de abril a octubre, aplica un abono líquido para plantas de flor cada 15 días, con más potasio que nitrógeno. Si el abono es muy nitrogenado tendrás una planta grande y verde con la mitad de flores. En tierra de jardín, con un aporte de compost en primavera basta.
La operación que más rinde es la poda de recorte a mitad de verano. Hacia finales de junio o julio, cuando notes que la floración afloja y los tallos se han quedado desnudos por la base, corta la mata a un tercio o a la mitad de su tamaño, con tijera y sin miramientos. Riega, abona y en dos o tres semanas rebrota compacta y vuelve a florecer hasta el otoño. Sin ese corte, la planta se descuelga, se pela por el centro y termina la temporada en agosto.
Retirar las flores marchitas de forma continua mantiene la floración y evita que la planta gaste energía en semilla. En Verbena bonariensis, además, corta los corimbos secos si no quieres plantones por todas partes la primavera siguiente.
Frío: cuáles pasan el invierno
Conviene tenerlo claro antes de comprar, porque determina si estás haciendo una inversión o un gasto anual.
Los híbridos de jardinera se pierden con heladas de -3 o -4 °C. En Levante, Baleares, Canarias, Andalucía costera y buena parte del litoral atlántico sur duran varios años, aunque envejezcan y florezcan peor. En Madrid, Castilla, Aragón o Navarra hay que darlos por perdidos en diciembre, o refugiar la jardinera en un porche resguardado.
Verbena bonariensis y Verbena rigida resisten bastante más. Se secan por arriba con las primeras heladas fuertes; no se cortan hasta finales de invierno, porque los tallos secos protegen la cepa y de paso alimentan a los jilgueros. Un acolchado de 5 cm sobre la base asegura el rebrote en zonas frías.
Verbena officinalis es plenamente rústica en toda la Península.
Multiplicación
Esquejes. Es el método rápido y el que conserva el color exacto de la variedad, cosa que la semilla no garantiza en los híbridos. Se toman en verano o a principios de otoño: brotes no florecidos de 8-10 cm, corte por debajo de un nudo, se quitan las hojas inferiores y se clavan en una mezcla de turba y perlita a partes iguales, húmeda pero no encharcada, en semisombra. Enraízan en dos o tres semanas. Guardando cuatro esquejes en un porche protegido tienes la jardinera del año siguiente sin comprar nada.
Semilla. Siembra en febrero o marzo en semillero protegido, a 18-21 °C. La germinación es lenta e irregular, entre dos y cuatro semanas, y aquí hay un detalle que se pasa por alto: la semilla de verbena necesita oscuridad, así que hay que cubrirla con unos milímetros de sustrato o tapar la bandeja. Mantén el sustrato apenas húmedo, porque el exceso favorece el damping-off que siega las plántulas a ras. Trasplanta al exterior cuando haya pasado el riesgo de helada, normalmente a partir de mediados de abril en la costa y de mayo en el interior.
División de mata en el caso de Verbena rigida y bonariensis, a principios de primavera, separando trozos de cepa con raíz.
Plagas y enfermedades
Oídio. El problema principal, con diferencia. Se manifiesta como un polvillo blanco harinoso en el haz de las hojas, que después amarillean y se secan. Lo desencadenan la sombra, el aire estancado entre plantas apiñadas, el follaje mojado y los contrastes de temperatura entre día y noche a finales de primavera. Se previene con sol, espaciado y riego al pie; se trata con azufre mojable —nunca aplicado por encima de 30 °C, porque quema la hoja— o con bicarbonato potásico, retirando antes las hojas más afectadas.
Araña roja. Calor seco y polvo. Punteado amarillo fino en el haz, telarañas mínimas en el envés y hojas que se vuelven grisáceas. Frecuente en terrazas cerradas de julio y agosto. Aumentar la humedad ambiental, limpiar el envés con agua a presión y, si persiste, jabón potásico o acaricida específico.
Mosca blanca y pulgón. Se ceban con los brotes tiernos, sobre todo si se ha abonado con exceso de nitrógeno. Jabón potásico repetido cada cinco o seis días suele bastar.
Podredumbre de raíz y cuello. Sustrato encharcado y drenaje deficiente. No tiene tratamiento razonable una vez avanzada; es puramente cuestión de prevención.
Orugas y caracoles en las plantas jóvenes recién trasplantadas.
La fama medicinal de la verbena
Toda la reputación terapéutica corresponde a Verbena officinalis, la silvestre, no a las de jardinera. Conviene separar dos cosas que suelen ir mezcladas.
Lo que dice la tradición. Es una planta con muchísima carga simbólica en Europa: los romanos la usaban en ritos de purificación, se cortaba en la noche de San Juan, y la fitoterapia popular europea le atribuyó desde la Edad Media propiedades digestivas, sedantes, antiinflamatorias, cicatrizantes, febrífugas y estimulantes del parto y de la lactancia. En España se ha usado tradicionalmente en infusión para molestias digestivas y estados de nerviosismo, y en compresas sobre golpes.
Lo que dice la evidencia. Las autoridades europeas la encuadran en la categoría de uso tradicional, una clasificación que se concede por el empleo prolongado y documentado a lo largo del tiempo, no porque haya ensayos clínicos que demuestren eficacia. Los ensayos que se citan con más frecuencia corresponden a un preparado combinado con otras cuatro plantas empleado en procesos catarrales de las vías respiratorias altas, del cual la verbena es solo un componente: esos resultados no se pueden atribuir a la verbena sola. Para sus usos populares como sedante, digestivo o analgésico, los estudios en humanos son escasos y de baja calidad. En laboratorio se han descrito actividades antiinflamatorias y antioxidantes de sus iridoides —verbenalina, hastatósido— y de sus flavonoides, pero eso es investigación preclínica y no equivale a un efecto demostrado en personas.
Precauciones reales. Se desaconseja en el embarazo, dado su uso tradicional como emenagogo y estimulante uterino, y no hay datos de seguridad suficientes durante la lactancia ni en niños. Por su contenido en taninos puede interferir en la absorción del hierro, lo que importa en personas con anemia o en tratamiento con suplementos férricos. Se recomienda prudencia si se toman anticoagulantes, antihipertensivos o hipoglucemiantes, y en general si se sigue cualquier medicación crónica. No sustituye a un tratamiento médico y no es la respuesta a un síntoma que persiste. Antes de tomar nada, consúltalo con tu médico o con tu farmacéutico, que además sabrán si interacciona con lo que ya tomas.
Sobre toxicidad para animales, las verbenas ornamentales no figuran entre las plantas de riesgo para perros y gatos. Otra cosa es una pariente de la misma familia con la que a veces comparte jardinera: la lantana (Lantana camara), cuyos frutos verdes sí son tóxicos por ingestión, sobre todo para el ganado y para niños pequeños.
Calendario
Febrero-marzo: siembra en semillero protegido. División de matas de bonariensis y rigida. Corte de los tallos secos del año anterior.
Abril-mayo: plantación al exterior pasado el riesgo de helada. Comienzo del abonado quincenal.
Junio-julio: pleno rendimiento. Recorte de rejuvenecimiento cuando afloje la floración. Vigilancia de oídio y araña roja.
Agosto-septiembre: riego diario en maceta, esquejes para el año siguiente.
Octubre-noviembre: fin de la floración. Retirada de corimbos secos de bonariensis si no quieres resiembra. Protección o refugio de las jardineras en zonas frías.
En resumen
La verbena es planta de sol pleno, suelo drenado y riego contenido. Colocarla en semisombra, mojarle las hojas y regarla en exceso son las tres decisiones que la echan a perder, en ese orden, y ninguna se compensa con más cuidados.
Comprueba qué verbena estás comprando: los híbridos de jardinera (Glandularia × hybrida) mueren con -4 °C y suelen tratarse como planta de temporada; Verbena bonariensis, de dos metros y transparente, resiste el invierno y se resiembra sola con entusiasmo; Verbena rigida se expande por rizoma; y Verbena officinalis, la silvestre, es la de la tradición medicinal y apenas tiene interés ornamental.
Aboná cada quince días durante la floración con un abono rico en potasio, recorta la mata a la mitad en pleno verano para que rebrote y vuelva a florecer hasta octubre, y guarda unos esquejes en septiembre: enraízan en tres semanas y te ahorran la compra de la primavera siguiente.
Y con la verbena officinalis, distingue lo que dice la tradición de lo que respalda la evidencia: su uso está reconocido como tradicional, no como eficacia demostrada en ensayos clínicos. En embarazo se desaconseja, y cualquier consumo debe consultarse con el médico o el farmacéutico.