Hay una fecha que decide cómo será el Caladium en agosto, y es el día de marzo en que se entierra el tubérculo. Plantado en un sustrato a 22 °C, brota en dos semanas y llega al verano con doce hojas. Plantado en un balcón de Valladolid en marzo, con el sustrato a 12 °C, se pudre sin brotar y el jardinero concluye que el tubérculo venía malo.
Los Caladium son plantas herbáceas tuberosas de la familia Araceae cuyo atractivo está entero en las hojas: láminas finísimas, casi de papel de seda, pintadas en combinaciones de verde, blanco, rosa y rojo que cambian de dibujo en cada cultivar. Cuidarlas no es difícil, pero exige entender que trabajan por temporadas y no todo el año.
Qué son y de dónde salen
El género Caladium agrupa una quincena de especies del trópico húmedo sudamericano, sobre todo de la cuenca amazónica y de las sabanas estacionales de Brasil, Venezuela y las Guayanas. En su hábitat crecen en el sotobosque, a media luz, con lluvias abundantes de noviembre a mayo y una estación seca durante la cual pierden el follaje y aguantan bajo tierra como tubérculo.
Las plantas de jardinería descienden casi todas de Caladium bicolor, cruzada durante más de un siglo con C. picturatum y C. schomburgkii; el conjunto de esos híbridos se designa como Caladium × hortulanum. Comercialmente se dividen en dos grupos que conviene distinguir antes de comprar:
Hoja acorazonada (fancy-leaved): hojas grandes, anchas, peltadas, sobre peciolos largos. Son las más espectaculares y las más delicadas con el sol. Aquí entran 'Candidum', 'White Christmas', 'Carolyn Whorton', 'Freida Hemple' o 'Fannie Munson'.
Hoja estrecha (strap-leaved o lance): hojas más pequeñas y alargadas, pero muchas más por planta, dando una mata compacta. Toleran bastante mejor la insolación directa de primera hora. 'Florida Sweetheart', 'Miss Muffet' o 'Red Frill' son ejemplos. Para una terraza española de verano, este grupo da menos disgustos.
El calendario del caladio
Antes de hablar de riego o de abono conviene fijar el ciclo, porque casi todos los cuidados dependen de en qué punto de él esté la planta:
Febrero a abril: plantación del tubérculo en interior, con calor. Abril a junio: brotación y desarrollo rápido del follaje. Junio a agosto: plena vegetación, riegos y abonados frecuentes; es cuando la planta luce. Septiembre: se retira el abono y se van espaciando los riegos. Octubre a noviembre: las hojas amarillean y caen. Diciembre a febrero: reposo del tubérculo, en seco y en calor.
Interpretar la caída de hojas de octubre como una enfermedad y responder regando y abonando más es lo que arruina el tubérculo: se pudre en un sustrato mojado que ya no consume agua.
Plantar el tubérculo
El tubérculo del caladio es aplanado, marrón y con dos caras distintas: una lisa y redondeada, que va abajo, y otra rugosa y con protuberancias, que va arriba. Esos bultos son las yemas de crecimiento. Al revés, la brotación se retrasa semanas o no llega.
Se planta a 3-5 cm de profundidad en una maceta con agujeros y sustrato ligero, y se riega con moderación hasta que asome el primer brote; a partir de ahí, riego normal. La clave está en la temperatura: el sustrato debe estar entre 21 y 24 °C para que brote en dos o tres semanas. Por debajo de 18 °C se ralentiza, y por debajo de 15 °C con humedad se pudre. En la práctica esto significa plantarlos dentro de casa —encima de un armario cerca de un radiador, o con cable calefactor si se tienen varios— y no sacarlos al exterior hasta que las noches se estabilicen por encima de 15 °C, lo que en la mitad norte peninsular no ocurre hasta finales de mayo.
El calibre del tubérculo se corresponde con el número de hojas: uno de 3 cm da tres o cuatro hojas el primer año; uno de 6-7 cm puede dar más de diez. Si buscas volumen inmediato, compra grande. Y si prefieres una mata baja y tupida a una hoja enorme y solitaria, elimina con la punta de un cuchillo la yema central antes de plantar: eso libera las yemas laterales y la planta sale ramificada.
Luz: donde se gana o se pierde el color
El dibujo de la hoja depende de la luz. En penumbra el caladio no muere, pero estira los peciolos, se vence y las zonas rosas o rojas se apagan hasta quedar en un verde deslucido. En sol directo de verano, en cambio, aparecen quemaduras: manchas pardas, secas y translúcidas que ya no se recuperan y que hay que cortar.
La posición buena es luz muy clara pero tamizada: junto a una ventana al este, o a un metro de una ventana al sur con visillo. En exterior, sombra luminosa bajo un árbol, un porche orientado a levante o el lado este de la casa. Una pista práctica: cuanto más blanca sea la variedad, menos sol aguanta, porque el tejido sin clorofila se calienta y se seca antes.
Riego y humedad ambiental
Durante la temporada de hojas, el sustrato debe estar húmedo de forma constante, sin llegar a encharcarse. En un piso con calefacción o en pleno julio eso puede significar regar dos o tres veces por semana; en mayo, una. La regla útil no es el calendario sino el dedo: si el primer centímetro de sustrato está seco, se riega; se moja hasta que escurra por los agujeros y se vacía el plato al cabo de unos minutos.
El agua, siempre templada. Un riego con agua fría del grifo en abril frena el crecimiento de una planta tropical durante varios días. En zonas de agua muy caliza —buena parte de Levante, Madrid y el valle del Ebro— conviene alternar con agua de lluvia, porque el caladio prefiere sustratos ácidos y la cal acaba clorosando las hojas.
La humedad del aire pesa tanto como el riego. Con menos del 40 % de humedad relativa los márgenes del limbo se secan y se vuelven marrones y quebradizos aunque el sustrato esté perfecto. Se corrige agrupando macetas, colocando la planta sobre un plato con grava húmeda o usando un humidificador. Pulverizar las hojas es un gesto casi inútil: sube la humedad tres minutos y, si el agua queda sobre la hoja por la noche, favorece manchas foliares bacterianas.
Sustrato y abonado
Sustrato aireado, rico y ácido, con pH entre 5,5 y 6,5. Una mezcla sencilla: dos partes de fibra de coco o turba rubia, una de perlita y una de humus de lombriz o compost fino. El sustrato universal de saco, solo y bien apretado, retiene demasiada agua junto al tubérculo.
Se abona solo mientras hay hojas creciendo: fertilizante líquido equilibrado o algo más rico en potasio, cada 15 días, de abril a finales de agosto, a la dosis indicada. Pasar de dosis no da hojas más grandes; quema las raíces y deja los bordes tostados. Y desde septiembre, ninguno: la planta está retirando reservas al tubérculo y el abono ya no se aprovecha.
Multiplicación y trasplante
Se multiplica por división del tubérculo en primavera, en el mismo momento de plantarlo. Con un cuchillo desinfectado se corta en porciones que conserven una yema como mínimo, se dejan orear las heridas 24 o 48 horas en un lugar seco y ventilado hasta que cicatricen, y entonces se entierran. Espolvorear las superficies de corte con azufre o canela reduce las pudriciones. Plantar los trozos recién cortados en sustrato húmedo termina casi siempre en una masa blanda.
Por semilla es posible pero decepcionante: los híbridos no repiten el color de la madre y las plántulas salen apagadas.
El trasplante coincide con la plantación anual: cada primavera se cambia el sustrato entero, se revisa el tubérculo y, si ha engordado, se sube de maceta. No hace falta trasplantar en plena vegetación.
Guardar los tubérculos hasta la primavera siguiente
Cuando el follaje empieza a amarillear en otoño, se espacian los riegos y se deja que las hojas se sequen solas; cortarlas en verde priva al tubérculo de las reservas que está recuperando. Vacía ya la maceta, hay dos maneras de pasar el invierno:
En la propia maceta, sin regar nada, en una habitación donde la temperatura no baje de 15 °C. Es lo más cómodo si tienes una o dos plantas.
Desenterrados: se sacan los tubérculos, se limpian de tierra sin lavarlos, se orean unos días y se guardan en una caja con turba seca, vermiculita o serrín, a una temperatura de 15 a 21 °C. Por debajo de 13 °C el tubérculo se daña aunque esté completamente seco, así que el garaje sin calefacción o el trastero de una casa de la meseta no valen. Un armario del interior de la vivienda, sí.
Conviene mirar la caja una vez al mes y retirar cualquier tubérculo blando o mohoso antes de que contagie al resto. En febrero se replantan y vuelve a empezar el ciclo, con la ventaja de que un tubérculo bien invernado engorda cada año y da más hojas que el anterior. Mantener la planta con hojas todo el invierno a base de calefacción y luz artificial es posible, pero agota las reservas y la temporada siguiente sale más pobre.
Problemas frecuentes y qué los provoca
Bordes de la hoja secos y marrones: aire seco, casi siempre calefacción o aire acondicionado cerca. Sube la humedad ambiental.
Manchas pardas y translúcidas en el centro del limbo: quemadura solar. Cambia de sitio la maceta.
Hojas caídas y color desvaído: falta de luz. Acércala a la ventana.
Amarilleo generalizado en pleno verano: exceso de riego o maceta sin drenaje; comprueba si el tubérculo está blando.
Punteado amarillo y telarañas finas en el envés: araña roja, favorecida por el ambiente seco. Limpia el envés y trata con jabón potásico o acaricida, probando primero en una sola hoja porque este follaje se quema con facilidad.
Plateado en el haz y deformaciones: trips. En brotes tiernos y pegajosos, pulgón. En las axilas de los peciolos, cochinilla algodonosa.
Tubérculo blando y con olor: podredumbre por Pythium, Rhizoctonia o Fusarium, resultado de frío con humedad o de un almacenaje mal ventilado. No tiene arreglo; retíralo.
Cuidado con la savia
Como el resto de las aráceas, el Caladium contiene cristales de oxalato cálcico en todos sus tejidos. Masticar una hoja provoca ardor inmediato en boca y lengua, hinchazón y dificultad para tragar, y la savia irrita la piel sensible y sobre todo los ojos. Es tóxica para perros, gatos y caballos.
Ninguna razón para renunciar a la planta, pero sí para colocarla fuera del alcance de niños pequeños y mascotas, usar guantes al dividir tubérculos y lavarse las manos después. Si alguien la mastica: enjuagar la boca con agua, dar algo frío para aliviar y consultar con el Servicio de Información Toxicológica o el veterinario, sin provocar el vómito.
En resumen
Los Caladium son tuberosas tropicales de hoja, no plantas perennes de interior: viven de abril a septiembre y descansan el resto del año. Aceptar ese calendario es la mitad del cultivo.
Piden luz clara sin sol directo —la sombra apaga los colores y el sol los quema—, entre 21 y 30 °C, humedad ambiental por encima del 60 %, sustrato ácido y aireado, riego constante con agua templada y abono quincenal solo mientras vegetan. El tubérculo se planta de febrero a abril, a 3-5 cm y con la cara rugosa hacia arriba, y en invierno se conserva seco entre 15 y 21 °C.
Elige variedades de hoja estrecha si vas a tenerlas en exterior, no las abones después de agosto, no te asustes cuando pierdan las hojas en otoño, y recuerda que su savia irrita en serio: fuera del alcance de niños y animales.