Compras una mata verde y fina de veinticinco centímetros etiquetada como «bambú enano de interior», la colocas en la mesa del salón porque queda bien ahí, y a las tres semanas está seca y de color paja. No la ha matado ninguna plaga: la ha matado un rincón con poca luz y un cepellón que se quedó sin agua durante dos días. Esa planta es más exigente en esos dos puntos que casi cualquier otra que se venda como planta de interior, y a cambio no pide nada más.
Qué es esa mata que venden como bambú enano
Su nombre botánico es Pogonatherum paniceum (sinónimo Pogonatherum crinitum), una gramínea perenne originaria del sur y sureste de Asia, presente también en el norte de Australia. Pertenece a la familia de las poáceas, igual que los bambúes verdaderos, pero no es un bambú: está en la tribu de las andropogóneas, más cerca de la caña de azúcar y del sorgo que de un Phyllostachys. El parecido es puro aire de familia —tallos delgados, nudos marcados, hojas estrechas— y de ahí vienen sus nombres comerciales: bambú enano, bambú de interior, bambú japonés, bambusa de interior.
Forma una mata densa de 30 a 60 cm de altura, con hojas lanceoladas de 2 a 5 cm y cañitas que rara vez superan el grosor de un lápiz de mina. No es tóxica ni para personas ni para animales domésticos, lo que la hace apta para casas con gatos, aunque conviene saber que un gato que la muerda dejará la mata pelada.
La luz manda
Aquí es donde se decide si la planta prospera o vegeta. Pogonatherum quiere mucha luz: junto a una ventana orientada al este o al sur, con sol directo de la mañana y luz filtrada el resto del día. En una estantería a dos metros de la ventana, en un pasillo o en un baño interior, los tallos se alargan buscando claridad, la mata se abre por el centro, pierde color y se vuelve mustia sin que haya ninguna otra causa.
El sol duro de mediodía del verano español, a través de un cristal, sí la quema: la hoja se blanquea y luego se seca. Un visillo o media sombra en julio y agosto resuelve.
De mayo a septiembre agradece salir a un balcón o patio en sombra luminosa. Lejos del viento seco, que la deshidrata en horas.
Riego: el punto sin margen
El sustrato debe mantenerse constantemente húmedo, nunca encharcado pero tampoco seco ni un día. Es una de las poquísimas plantas de interior a las que se les puede dejar un platito con un dedo de agua permanente durante los meses cálidos sin que las raíces se pudran, porque en su hábitat crece en taludes rezumantes y márgenes de arroyo. En invierno, con la planta parada y menos luz, se retira ese plato y se riega cuando el centímetro superior del sustrato empiece a secarse.
Si el cepellón llega a secarse del todo, las hojas se enrollan, se vuelven de color paja y no recuperan el color por mucho que riegues después. Lo que se recupera es la planta desde la base, y para eso hay que recortarla (ver más abajo).
El agua importa tanto como la frecuencia. El agua del grifo de buena parte de España es dura, y esta gramínea acusa la cal: las puntas de las hojas se ponen marrones y sobre el sustrato aparece una costra blanquecina. Usa agua de lluvia, agua de ósmosis, o agua del grifo reposada 24 horas si tu zona no es especialmente calcárea. Regar con agua sin cal es más determinante en esta planta que en un potos o una monstera.
Temperatura, humedad y la araña roja
Su rango cómodo va de los 18 a los 25 °C. Por debajo de 12 °C se detiene y no reanuda hasta la primavera; con helada se muere, así que no es candidata para dejarla fuera todo el invierno salvo en el litoral más suave, y aun ahí con reparo.
La humedad ambiental le viene bien: pulverizar con agua sin cal dos o tres veces por semana, o apoyar la maceta sobre grava húmeda, mantiene el follaje limpio. Un radiador debajo o una salida de aire acondicionado apuntando a la mata la secan aunque el sustrato esté húmedo, porque la hoja transpira más rápido de lo que la raíz puede reponer.
El aire seco trae además su principal problema fitosanitario: la araña roja (Tetranychus urticae). Se detecta por un punteado amarillento muy fino en la hoja y telarañas mínimas entre las cañitas. Se combate subiendo la humedad y duchando la planta entera con agua tibia en el fregadero, insistiendo por el envés; si está muy instalada, un acaricida específico autorizado para uso doméstico. Los insecticidas convencionales no le hacen nada al ácaro.
Sustrato, maceta y trasplante
Sustrato universal de calidad mezclado con un 20-30 % de perlita o arena gruesa: debe retener humedad y a la vez dejar que el agua sobrante corra. Nada de arcilla ni de tierra de jardín compactada.
La maceta, ajustada. En un tiesto muy grande el sustrato periférico queda mojado y sin raíces, y ahí sí se pudre. Trasplanta cada primavera, o cada dos años, a un recipiente un solo número mayor, y siempre con agujero de drenaje: los cachepots decorativos cerrados que llegan con la planta acumulan agua estancada bajo el cepellón.
Abonado y el recorte que la rejuvenece
De marzo a septiembre, abono líquido para plantas verdes (rico en nitrógeno) a la mitad de la dosis del envase, cada quince días. Es una gramínea de crecimiento rápido y agota el sustrato deprisa. En otoño e invierno, sin abono.
Con el tiempo la mata acumula hojas secas en la base y pierde forma. La solución es más drástica de lo que parece razonable y funciona: en primavera, corta toda la mata a 5-8 cm del sustrato, riega, dale luz y en tres o cuatro semanas rebrota entera y compacta. Lo mismo se hace con una planta que se ha secado por un olvido de riego, siempre que el rizoma siga vivo (se comprueba raspando: debe estar blanco y firme por dentro). Recortar solo las puntas marrones deja un corte visible que se vuelve a secar; el rebrote desde la base no.
Multiplicación
Por división de mata, en primavera y coincidiendo con el trasplante. Saca el cepellón, ábrelo con las manos o con un cuchillo en dos o tres porciones que tengan raíz y varias cañas, planta cada una en su maceta y mantenlas a la sombra y muy húmedas dos semanas. Enraízan sin dificultad. Por semilla es posible pero innecesario, y las plantas tardan mucho más en hacer mata.
Bambúes enanos de verdad, para jardín
Quien busca «bambú enano» para el exterior no busca Pogonatherum, sino un bambú de porte bajo que sirva de tapizante o de mata de borde. Los que funcionan en España:
Pleioblastus pygmaeus: de 20 a 40 cm, el tapizante clásico. Resiste hasta unos -18 °C, admite sol y media sombra, y sujeta muy bien taludes. Es corredor, de modo que en jardín pequeño hay que confinarlo o dejarlo entre bordillos enterrados. Se siega entera con desbrozadora o cortacésped alto en febrero, a unos 10 cm; rebrota en marzo con follaje nuevo y limpio.
Pleioblastus variegatus (a menudo etiquetado P. fortunei): 70-90 cm, hoja rayada de crema. Necesita media sombra en el interior peninsular, porque a pleno sol de julio las franjas blancas se queman.
Sasa veitchii: de 1 a 1,5 m, con una particularidad que asusta a quien no la conoce. En otoño los bordes de sus hojas se secan y blanquean formando un ribete claro; no es hongo ni sequía, es su comportamiento normal y decorativo.
Fargesia murielae 'Bimbo', de 1 a 1,5 m, es de rizoma cespitoso: crece en mata cerrada y no invade, así que no requiere barrera. Su límite en España es el calor: las Fargesia sufren por encima de 35 °C y con viento seco, y no dan buen resultado en el interior sur salvo en patio sombreado y con riego constante. En la cornisa cantábrica, en cambio, van perfectas.
Los tapizantes corredores son, paradójicamente, los mejores para maceta grande y jardinera: el recipiente hace de barrera y su tendencia a llenarlo todo juega a favor. Divide el cepellón cada dos o tres años.
El bambú de la suerte es otra planta y tiene un riesgo
Dracaena sanderiana, los tallos verdes y rectos que se venden en tarros con agua y cantos rodados, pertenece a las asparagáceas y no tiene ningún parentesco con las gramíneas ni con los bambúes. Se cuida de manera opuesta: luz tamizada, agua cambiada cada quince días y jamás sustrato encharcado si se cultiva en tierra. Amarillea con el cloro y el flúor del agua corriente, así que agua de lluvia o reposada.
Lo relevante para una casa con animales: Dracaena sanderiana contiene saponinas y es tóxica para perros y gatos. La ingestión provoca vómitos, salivación y decaimiento, y en gatos también pupilas dilatadas. No es letal en dosis pequeñas, pero si tienes gato es preferible colocarla fuera de su alcance o elegir el Pogonatherum, que no plantea ese problema.
En resumen
El bambú enano de interior es Pogonatherum paniceum, una gramínea asiática de 30 a 60 cm que no es un bambú verdadero y que se cultiva bien si se le dan dos cosas: mucha luz junto a ventana y un sustrato que nunca se seca, regado con agua sin cal. Tolera un platito con agua en verano, quiere entre 18 y 25 °C, muere con la helada y sufre araña roja en ambiente seco. Abónala quincenalmente a media dosis de marzo a septiembre y, cuando pierda forma o se te seque, córtala a 5-8 cm en primavera para que rebrote entera. Para el jardín, los bambúes enanos reales son Pleioblastus pygmaeus y sus parientes, corredores y por tanto a confinar; Fargesia murielae 'Bimbo' es la opción sin barrera, siempre que el verano no pase mucho de 35 °C. Y el bambú de la suerte, Dracaena sanderiana, ni es bambú ni es inocuo para perros y gatos.