Un rizoma de Phyllostachys aurea avanza entre uno y tres metros al año por debajo del suelo, y no distingue entre tu parcela y la del vecino. Ese dato, y no el color de las cañas, es lo que decide si plantar bambú amarillo será un acierto o una obra de reparación dentro de cinco años. Todo lo demás de su cultivo es fácil: agarra rápido, aguanta el calor peninsular, se abona como el césped y apenas enferma.
Qué planta compras cuando compras bambú amarillo
La etiqueta «bambú amarillo» cubre al menos tres plantas distintas, y no plantean el mismo problema en el jardín.
Phyllostachys aurea es la más habitual en viveros españoles. Alcanza de 4 a 6 metros en clima peninsular (hasta 8 en zonas cálidas y con riego), con cañas de 2 a 5 cm de grosor que pasan del verde al amarillo dorado al segundo o tercer año, sobre todo si les da el sol de lleno. Resiste hasta unos -18 o -20 °C, así que vive sin problema en Burgos o en Teruel. Es de rizoma corredor.
Phyllostachys aureosulcata 'Aureocaulis' tiene la caña amarilla desde el principio, a veces con una franja verde en el canal del entrenudo, y es igual de rústica. También corredora.
Bambusa vulgaris 'Vittata', el bambú amarillo con rayas verdes de las fotos tropicales, es cespitoso: crece en mata cerrada y no invade. El inconveniente es el frío: por debajo de -2 o -3 °C se quema y una helada seria lo mata. Solo tiene sentido en el litoral mediterráneo cálido, Canarias o zonas costeras del sur.
Si el vivero no especifica la especie, hay una pista fiable en la propia caña: Phyllostachys aurea presenta en la base varios entrenudos muy comprimidos y algo hinchados, apelotonados unos sobre otros, un rasgo que no comparte ninguna otra especie común. Agáchate y mira los primeros 30 cm de caña antes de pagar.
El rizoma: se resuelve antes de plantar o no se resuelve
Los bambúes corredores emiten rizomas horizontales que discurren casi siempre entre los 15 y los 40 cm de profundidad, aunque en suelos sueltos o arenosos bajan más. De cada nudo puede salir un turión a varios metros de la mata madre. Aquí es donde se pierde el jardín: brotes en el césped, en el arriate del vecino, entre las juntas de la solería, contra el liner de la piscina o metidos en una arqueta que ya tenía una fisura. El rizoma no rompe hormigón sano, pero explota cualquier junta, grieta o unión mal sellada que encuentre.
Hay tres formas razonables de contenerlo:
Barrera antirrizoma. Lámina de polietileno de alta densidad (HDPE) de 2 mm de grosor y 70-80 cm de altura, enterrada dejando 5 cm por encima del suelo para ver y cortar lo que intente saltarla. Se coloca ligeramente inclinada, con la parte inferior hacia dentro de la mata, de modo que el rizoma que la toque se desvíe hacia arriba en vez de buscar por debajo. El solape de los extremos debe ser de 30 cm como mínimo y se cierra con perfil metálico de acero inoxidable atornillado; grapas o bridas de plástico ceden a los dos años. Nunca uses plástico de obra fino ni geotextil: el rizoma los perfora.
Zanja de inspección. Una zanja perimetral de unos 30 cm de ancho y 40-50 cm de hondo, dejada abierta o rellena con grava suelta. Se revisa dos veces al año y se corta con la pala todo rizoma que la cruce. Funciona, pero exige que alguien se acuerde.
Contenedor. Un bancal elevado con fondo aislado o una maceta grande. Es la solución para terrazas y para quien no quiera vigilancia anual.
El momento de repasar el perímetro es el final del verano y el otoño (de septiembre a noviembre), cuando el rizoma ha terminado su avance anual y todavía se corta con facilidad. Una pala de corte recta, hundida a lo largo de la línea de la barrera, basta.
Sol, suelo y riego
El color dorado depende directamente de la luz: a pleno sol las cañas amarillean pronto y con intensidad; a media sombra se quedan en un verde amarillento apagado. En el interior peninsular conviene sol de mañana y algo de resguardo en las horas centrales de julio y agosto, no por la planta sino por la hoja, que se enrolla y se tuesta con viento seco.
Acepta casi cualquier suelo mientras drene. Lo que no tolera es el encharcamiento prolongado ni la salinidad; tampoco le sienta bien el agua clorada de vaciado de piscina. En suelos calizos con pH alto —la norma en media España— aparece clorosis férrica: hoja amarilla con los nervios marcados en verde. Se corrige con quelato de hierro EDDHA regado en primavera, no con sulfato de hierro, que en pH alto se bloquea en pocos días.
Riego: abundante y espaciado, mejor que poco y a diario. Un goteo con dos o tres emisores por mata, funcionando de mayo a septiembre, mantiene la planta sin sobresaltos. La propia planta avisa: cuando las hojas se enrollan longitudinalmente sobre sí mismas, le falta agua. Si se enrollan a diario, el brote del año siguiente será más fino.
Abonado y las hojas que no hay que barrer
El bambú es una gramínea, y come como tal: mucho nitrógeno. Un abono de césped tipo 20-10-10, o estiércol bien compostado, aplicado en marzo y de nuevo a principios de junio, duplica el vigor de los brotes. Corta el abonado nitrogenado a partir de agosto para que la madera del año endurezca antes del frío.
La hojarasca que cae bajo la mata es el mejor abono que va a tener. Las hojas de bambú son ricas en sílice, el mineral que da rigidez a la caña, y al descomponerse lo devuelven al suelo. Recogerla con rastrillo cada semana, por prolijidad, empobrece la mata poco a poco y deja el suelo desnudo y caliente. Déjala.
Poda: qué se corta y qué no
Conviene entender una cosa antes de tocar las tijeras: una caña de bambú nace ya con su diámetro definitivo y su altura final se completa en seis u ocho semanas. Nunca engorda después. La mata gana grosor porque cada primavera emite turiones más gruesos que los del año anterior, alimentados por un sistema de rizomas mayor. Por eso cortar los turiones nuevos «para que la planta se concentre» es exactamente lo contrario de lo que conviene: se quedan los del año anterior, más finos, y la mata se estanca.
Lo que sí se hace, en invierno:
Aclarar cañas viejas. Una caña vive de ocho a diez años, pero a partir del sexto pierde hoja y se ensucia. Corta a ras de suelo las más viejas y las torcidas, dejando la mata aireada. Corta siempre justo por encima de un nudo o a ras: un tocón hueco cortado por el medio acumula agua y se pudre.
Levantar el faldón. Si quieres ver las cañas doradas, elimina las ramas laterales de los primeros 1,5-2 metros. Se hace con tijera de podar, rama a rama, dejando el muñón corto.
Rebajar altura. Se puede cortar la punta de una caña por encima de un nudo; no volverá a crecer en altura, pero ramificará abajo y espesará. Es lo que se hace en las pantallas vegetales.
Cultivo en maceta
Funciona bien y resuelve el problema del rizoma, pero exige mano. Elige recipiente ancho antes que hondo, de 60 litros como mínimo para un ejemplar que vaya a hacer pantalla, con drenaje generoso y sustrato con un tercio de material grueso. En dos o tres años el cepellón se convierte en un bloque macizo de rizomas: entonces hay que sacarlo, cortarlo con serrucho o machete en dos o cuatro porciones y replantar una de ellas con sustrato nuevo. Sin esa operación, el riego deja de penetrar y la planta se seca aunque la riegues a diario.
En maceta el frío pega más porque el cepellón se hiela por los lados. Un Phyllostachys que en suelo aguanta -18 °C, en un tiesto de terraza sufre a partir de -8 o -10 °C. Arrima la maceta a un muro en invierno y forra el exterior si se anuncia una ola de frío.
Amarilleos que no son la variedad
Como la planta se llama «amarilla», es fácil confundir un síntoma con el color propio. Conviene separar:
Caña amarilla y firme, con hoja verde y sana: es la coloración normal a partir del segundo año.
Caída masiva de hoja amarilla en abril y mayo: el bambú renueva su follaje en primavera, no en otoño. Ver el suelo cubierto de hojas amarillas en pleno mayo, mientras salen los turiones, es lo esperable.
Hoja amarilla con nervios verdes: clorosis férrica por caliza. Quelato EDDHA.
Hoja amarilla uniforme, mate, con la mata parada: falta de nitrógeno o cepellón asfixiado por exceso de riego en suelo pesado. Comprueba primero si el suelo está encharcado; si lo está, el problema no se arregla abonando.
Puntas de hoja secas y marrones con hoja algo enrollada: viento seco o sequía. En terraza, casi siempre viento.
La floración, que sí ocurre
Los bambúes florecen de forma gregaria: todos los ejemplares procedentes del mismo clon florecen más o menos a la vez, en cualquier punto del mundo, cada varias décadas. Cuando ocurre, la mata dedica sus reservas a la semilla, se defolia y con frecuencia muere o queda muy debilitada. No hay nada que hacer para impedirlo, aunque sí ayuda cortar las cañas floridas, regar y abonar con nitrógeno por si rebrota desde el rizoma. Es un fenómeno raro y no debe preocupar en la compra, pero explica por qué de vez en cuando desaparecen setos enteros de bambú de una misma variedad en toda una comarca.
Dónde no plantarlo
Sin barrera, mantén la mata a más de cinco metros de: linde de parcela, arquetas y fosas sépticas, red de saneamiento antigua de gres o fibrocemento, pavimentos con juntas, vaso de piscina con lámina y cimentaciones ligeras de caseta o pérgola. Y no lo plantes junto a un arriate de vivaces delicadas, porque desenredar rizomas de bambú de una mata de hostas es tarea de una tarde entera. Si tienes cerca cualquiera de esas cosas y aun así quieres bambú amarillo, la solución sensata no es vigilar: es plantarlo dentro de un contenedor o poner la barrera el mismo día de la plantación.
En resumen
El bambú amarillo de vivero español suele ser Phyllostachys aurea, rústico hasta unos -20 °C, dorado a pleno sol y de crecimiento rápido, con la contrapartida de un rizoma corredor que avanza metros cada año. Instala barrera de HDPE de 2 mm y 70-80 cm el día de la plantación, o cultívalo en contenedor. Riega abundante y espaciado con goteo de mayo a septiembre, abona con nitrógeno en marzo y junio, deja la hojarasca como acolchado y aclara cañas viejas en invierno sin tocar los turiones nuevos. El amarilleo de la hoja se interpreta aparte del color de la caña: nervios verdes indican caliza y se corrigen con quelato EDDHA; la defoliación de abril y mayo es simplemente el recambio anual de follaje.