Una caña de bambú sale del suelo con el grosor que va a tener el resto de su vida. No engorda nunca. Alcanza su altura definitiva en cinco o seis semanas de primavera, saca las ramas al año siguiente, endurece durante tres o cuatro años más y luego envejece y muere en pie. Entender eso resuelve la mitad de las dudas que genera esta planta: por qué los brotes nuevos son cada año más gordos que los anteriores, por qué recortar la punta no hace que suba más y por qué un bambú recién plantado parece que no hace nada durante dos temporadas.
Los bambúes son gramíneas —familia Poaceae, subfamilia Bambusoideae— con más de mil especies repartidas por Asia, América y África. Lo que en jardinería se llama "caña" o "tronco" es en realidad el culmo: un tallo hueco, tabicado en los nudos, que funciona como el de cualquier hierba, solo que con lignina suficiente para sostener veinte metros.
Cómo crece: lo que pasa bajo tierra manda
La planta viva no es el culmo, es el rizoma. El bosquete entero de bambú es un único organismo conectado por tallos subterráneos que almacenan reservas, se extienden y emiten brotes. Los culmos son órganos temporales que ese rizoma va sacando y descartando.
El brote —el turión— asoma en primavera con el diámetro completo, protegido por vainas coriáceas, y se estira a base de alargar los entrenudos ya formados, todos a la vez. De ahí las velocidades absurdas que se citan del bambú: en especies tropicales gigantes se han medido crecimientos de más de medio metro en un día. En un Phyllostachys de jardín español la cifra realista es de 10 a 20 cm diarios durante el pico de mayo.
La consecuencia práctica es que una plantación joven engorda por temporadas. El primer año salen cañas finas; el tercero, más gruesas; hacia el sexto o séptimo la mata alcanza el calibre propio de la especie. Quien planta un bambú de seis metros y lo juzga en su primer verano lo está juzgando antes de tiempo.
Trazadores y cespitosos: la distinción que decide todo
Antes de comprar un bambú hay que saber a cuál de los dos grupos pertenece. No es un matiz botánico: determina si vas a tener una mata ordenada o brotes saliendo entre las baldosas del vecino.
Rizoma leptomorfo (trazadores o estoloníferos). Tallo subterráneo delgado, largo, que corre horizontalmente a 15-40 cm de profundidad y puede avanzar entre uno y cinco metros por temporada según especie, suelo y riego. De cada yema puede salir un culmo nuevo, lejos de la planta madre. Aquí están Phyllostachys, Pleioblastus, Pseudosasa, Sasa, Semiarundinaria. Son los bambúes altos y de caña bonita, y también los que se escapan.
Rizoma paquimorfo (cespitosos o de mata). Rizoma corto, grueso y curvado hacia arriba: el culmo brota junto al anterior y la planta se ensancha por el borde unos pocos centímetros al año. Aquí están Fargesia, Bambusa, Dendrocalamus, Chusquea. Son los seguros para un jardín pequeño.
Una comprobación de vivero que ahorra disgustos: si el género no es Fargesia, Bambusa, Chusquea o Thamnocalamus, da por hecho que traza y planifica la contención desde el primer día. Instalar una barrera antes de plantar cuesta una tarde; sacarla después de que el rizoma haya pasado bajo un muro de carga es otra historia.
Especies que se comportan bien en España
Phyllostachys aurea, la caña dorada: 4-6 m, entrenudos basales apretados y muy característicos, tolera bien el calor y aguanta hasta unos -18 °C. Es el bambú clásico de jardín mediterráneo, y traza con ganas.
Phyllostachys nigra, el bambú negro: las cañas salen verdes y ennegrecen en su segundo año. Más lento, algo menos vigoroso, resistente a unos -18 °C. Espectacular con luz de tarde.
Phyllostachys bissetii: el más rústico del género, hasta -20 o -22 °C, follaje muy denso desde abajo. Buena elección para pantallas visuales altas donde el frío aprieta.
Phyllostachys aureosulcata 'Spectabilis': cañas amarillas con una franja verde en el surco, a veces con zigzag en la base. Ornamental y resistente.
Pseudosasa japonica, el bambú metaké: 3-4 m, hoja grande, muy tolerante a la sombra, a la sequía moderada y a la brisa marina. Salva situaciones difíciles en patios oscuros y jardines costeros.
Fargesia murielae, F. rufa y F. robusta: cespitosos, de 2,5 a 4 m, resistentes hasta -20/-25 °C, sin capacidad de invadir. La murielae quiere frescor y sombra, así que en el interior seco conviene tirar de rufa o robusta, que llevan mejor el calor.
Bambusa oldhamii y otras Bambusa: cespitosas, grandes, de aspecto tropical, pero solo para el litoral cálido —Levante, Costa del Sol, Canarias— porque por debajo de -3 o -5 °C se defolian y con más frío mueren.
Sasa palmata y Pleioblastus pygmaeus: bajos, de hoja ancha, útiles como cubresuelos en sombra. Trazan agresivamente; solo dentro de contenedor enterrado o entre pavimentos.
Tres plantas con nombre de bambú que no lo son
El "bambú de la suerte" que se vende en tallitos verdes dentro de un jarrón con agua y unas piedras es Dracaena sanderiana, una asparagácea africana sin ningún parentesco con las gramíneas. Se cultiva como planta de interior en agua o en sustrato, y si se planta en el jardín esperando un seto, lo que se obtiene es una planta tropical que muere en la primera helada.
La caña común de las cunetas y las riberas es Arundo donax. Es una gramínea, sí, y de aspecto parecido, pero no es un bambú: no tiene la ramificación ni las vainas del culmo típicas, y sobre todo desplaza a la vegetación de ribera autóctona, agrava las avenidas al taponar el cauce y resulta durísima de erradicar una vez instalada. No se planta.
El "bambú sagrado", Nandina domestica, es un arbusto de la familia Berberidaceae. Se le llama así por el porte de las ramas, pero es leñoso, da flores blancas y bayas rojas. Esas bayas contienen glucósidos cianogénicos, así que conviene tenerlo en cuenta si hay niños pequeños o aves que picoteen en el jardín.
Plantación, suelo y riego
El bambú quiere suelo profundo, fresco, suelto y rico en materia orgánica, ligeramente ácido a neutro. Se lleva mal con el encharcamiento invernal —los rizomas se pudren— y con los suelos calizos y compactos, donde amarillea.
Épocas: en la Península, octubre-noviembre es la mejor ventana en clima templado o mediterráneo, porque las lluvias otoñales y el invierno permiten enraizar antes del verano. En zonas de invierno duro, mejor esperar a febrero-marzo. Plantar en pleno verano es condenarse al riego diario.
Antes de plantar, sumerge el cepellón en un cubo hasta que deje de burbujear. Un cepellón de bambú que llega seco repele el agua, y luego se riega el hoyo durante meses sin que la raíz llegue a mojarse. Nivela el cuello con el terreno, riega abundantemente y acolcha con 5-8 cm de corteza o restos triturados. Las hojas que la propia mata deja caer son el mejor acolchado que existe para ella: devuelven sílice y potasio, así que no hay que barrerlas.
En riego, la referencia es la hoja: cuando se enrolla longitudinalmente, la planta está pasando sed. En verano mediterráneo, riego profundo cada dos o tres días los dos primeros años; después, semanal y abundante. En invierno no se riega en tierra, pero en maceta sí, porque el bambú es perenne y sigue transpirando.
El abonado es simple: nitrógeno. Un abono de césped de liberación lenta a finales de marzo y otra dosis menor en junio cubren el año. Nada de abonar en otoño; el brote tardío no endurece y lo quema el frío.
Poda y renovación de las cañas
Vuelvo al punto de partida, porque aquí es donde se arruina una pantalla de bambú: el culmo cortado no vuelve a crecer en altura. Recortar el bambú "para que espese arriba" solo consigue una pantalla achaparrada y ramificada que ya no se puede revertir; hay que esperar a que salgan culmos nuevos desde el suelo y eliminar los recortados.
El mantenimiento correcto es un aclareo anual a finales de invierno, en febrero o marzo, antes de que broten los turiones. Se cortan a ras de suelo las cañas de más de cinco o seis años —grises, mates, con líquenes—, las secas y las torcidas, hasta retirar en torno a la cuarta parte del total. La mata gana luz, ventilación y aspecto, y los turiones nuevos salen más gruesos.
Si quieres lucir las cañas, elimina las ramillas del metro o metro y medio inferior con una tijera de mano. Es el gesto que convierte un matorral en un bambú de jardín japonés.
Contener un bambú trazador
Hay tres formas de contener un Phyllostachys, y una de ellas no funciona.
Barrera antirrizoma. Lámina de polietileno de alta densidad de 2 mm de grosor como mínimo y 70-80 cm de altura, enterrada en vertical alrededor de la plantación, ligeramente inclinada hacia fuera por arriba y sobresaliendo 5 cm del terreno. Ese borde visible es imprescindible: el rizoma que llegue a la barrera sube buscando salida y hay que verlo para cortarlo. El cierre se hace solapando 30 cm y apretando con una pletina metálica; una barrera simplemente enterrada sin sellar se abre por la unión y el rizoma pasa por ahí.
Zanja de inspección. Una zanja perimetral de 30-40 cm de profundidad, rellena de arena o de material suelto. Los rizomas que entran en ella quedan a la vista y se cortan con una pala de corte una vez al año, a finales de verano. Es menos elegante que la barrera, pero funciona muy bien y no requiere obra.
El recorte a pala en primavera. Bordear la mata clavando la pala 30-40 cm cada primavera. Funciona si eres constante; si un año te olvidas, el rizoma ya está a tres metros.
Lo que no sirve: los bordillos de jardín, las tejas enterradas, la lámina geotextil o el plástico fino de obra. El rizoma pasa por encima, por debajo o directamente los perfora. Y respecto a la linde con el vecino, un bambú trazador que levanta un pavimento o se mete en una parcela ajena acaba siendo un problema de convivencia y de responsabilidad civil que sale mucho más caro que la barrera que no se puso.
Multiplicación
La forma que funciona en clima español es la división de mata, a finales de invierno o a principios de primavera (febrero-marzo), justo antes de que arranque la brotación.
Se descalza una porción del borde de la mata con una pala de corte o un hacha, procurando que el trozo lleve al menos dos o tres cañas jóvenes de uno o dos años unidas a un fragmento de rizoma con raíces y con yemas visibles. Se despunta el follaje a la mitad para reducir la transpiración, se planta de inmediato a la misma profundidad y se riega sin dejar que se seque durante todo el primer mes. Un trozo de rizoma sin caña, o una caña sin rizoma, no prosperan.
Conviene deshacer una idea que circula por los foros de jardinería: meter un trozo de caña de bambú en un vaso de agua no produce una planta nueva en las especies de jardín templado. Los esquejes de culmo o de rama solo funcionan en bambúes tropicales cespitosos de caña gruesa, como Bambusa o Dendrocalamus, donde las yemas de los nudos conservan capacidad de enraizar. En un Phyllostachys o una Fargesia, ese trozo de caña se queda verde unas semanas y luego se pudre. La otra ruta, la semilla, es prácticamente inviable como método doméstico: los bambúes florecen a intervalos de décadas y la semilla, cuando aparece, tiene una viabilidad muy corta.
La floración: cuando el bosquete entero muere a la vez
Los bambúes son monocárpicos y de floración gregaria: pasan décadas sin florecer y, cuando lo hacen, florecen todos los individuos del mismo clon a la vez, produzcan semilla o no, y después se agotan y mueren. Los intervalos van de 30 a más de 100 años según la especie.
Sucedió a la vista de todos con Fargesia murielae entre 1992 y 2000: las plantas cultivadas en Europa procedían de un mismo origen de 1907 y florecieron simultáneamente en jardines de todo el continente. Si una mata empieza a llenarse de espiguillas parduzcas y a perder hoja, está floreciendo. Se puede intentar salvarla cortándola a ras, regando y abonando con nitrógeno; a veces rebrota débil, a veces no hay nada que hacer.
Brotes comestibles y precauciones
Los turiones de varias especies, sobre todo Phyllostachys edulis, son un alimento habitual en la cocina asiática, y en España se pueden recolectar de las propias matas de jardín. Un dato de seguridad que no se suele mencionar: los brotes crudos de muchos bambúes contienen glucósidos cianogénicos (taxifilina) y no deben comerse sin cocinar. El calor y el agua de cocción los eliminan; por eso la conserva y el brote cocido son seguros y el crudo no lo es. Con esa salvedad, no hay ningún riesgo especial en la planta: ni el follaje ni las cañas son tóxicos por contacto.
Problemas frecuentes y qué significan
Hojas enrolladas en verano. Sed o calor. Riego profundo y acolchado. Si ocurre con el suelo húmedo, es golpe de calor y hará falta sombra.
Amarilleo generalizado con caída de hoja en otoño. Normal. El bambú renueva parte del follaje; el recambio fuerte suele darse en primavera, en abril y mayo.
Hojas amarillas con nervios verdes. Clorosis férrica de suelo calizo. Quelato de hierro EDDHA en primavera.
Punteado plateado en el haz. Ácaros, entre ellos el ácaro del bambú (Schizotetranychus celarius), que forma pequeños nidos de seda en el envés. Se controla mojando el follaje y con jabón potásico o acaricida específico en ataques fuertes.
Melaza y hormigas. Pulgones (Takecallis spp.). Problema estético; agua a presión y jabón potásico.
Brotes que salen a tres metros de la planta. El rizoma ya se escapó. Corta el rizoma con pala entre el brote y la mata madre, retíralo entero y coloca la barrera que faltaba.
En resumen
El bambú es una hierba leñosa que vive de su rizoma: la caña sale con su grosor definitivo, crece solo unas semanas y nunca vuelve a alargarse tras un corte. Antes de comprar, mira el género: Phyllostachys, Pseudosasa, Sasa y Pleioblastus son trazadores y necesitan barrera de HDPE de 70-80 cm o zanja de inspección; Fargesia, Bambusa y Chusquea forman mata y se pueden plantar sin más.
Suelo profundo y fresco, plantación en otoño, cepellón bien empapado antes de enterrarlo, acolchado permanente, nitrógeno en marzo y junio, y un aclareo de cañas viejas en febrero. Se multiplica por división de mata con rizoma y cañas jóvenes, no metiendo un trozo de caña en agua. Y si algún día la mata se llena de espiguillas y se apaga, no has hecho nada mal: le ha tocado florecer.