Un muro de piedra seca a mediados de abril, con una cascada violeta que cae medio metro por encima de las juntas: esa imagen es de Aubrieta, y ese es también el único tipo de sitio donde la planta se comporta como debe. En un arriate llano de tierra rica y regada a diario dura dos temporadas y se pudre.
Conviene aclarar antes de nada el nombre. El género se llama Aubrieta, en honor al pintor botánico francés Claude Aubriet, y así aparece en las etiquetas serias de vivero. La grafía «aubretia» está tan extendida en catálogos y jardinería popular que funciona como sinónimo práctico, pero si buscas variedades concretas o semilla, teclea Aubrieta y encontrarás mucho más.
Qué planta tienes delante
La especie de jardín es casi siempre Aubrieta deltoidea y sus híbridos, aunque el género tiene una docena larga de especies repartidas por el sur de Europa, los Balcanes, Turquía e Irán. Pertenece a las Brassicaceae, la familia de las coles y los alhelíes, y eso se ve a simple vista: cada flor tiene cuatro pétalos dispuestos en cruz, de apenas un centímetro y medio.
Es una perenne de mata baja y persistente: no desaparece en invierno. Levanta de 10 a 15 cm y se extiende hasta 40 o 60 cm formando una alfombra densa de hojitas grisáceas, pequeñas, cubiertas de pelillos ásperos. Las flores van del malva pálido al violeta intenso, con variedades en rosa y en un azul-púrpura muy saturado como 'Royal Blue' o 'Doctor Mules'.
La floración peninsular arranca en marzo y se sostiene hasta mayo, antes en el sur y en costa, hasta junio en zonas de montaña. Durante esas semanas la mata desaparece literalmente bajo la flor. El resto del año es un tapiz verde grisáceo discreto, y hay que asumirlo: quien compre aubrieta esperando color de abril a octubre se llevará un chasco.
En el vivero se confunde con dos vecinas de rocalla que se venden en la misma bandeja. La de flor amarilla intensa que florece a la vez es Aurinia saxatilis (la antigua Alyssum saxatile), y la de flor blanca y hoja más oscura y brillante es Iberis sempervirens. Las tres piden lo mismo y quedan muy bien juntas, pero solo la aubrieta da el violeta.
Dónde prospera en España y dónde no
Es planta de montaña mediterránea acostumbrada a inviernos duros y veranos secos pero frescos. Traducido al mapa peninsular:
Va muy bien en la cornisa cantábrica, el Pirineo y prepirineo, el Sistema Central, la meseta norte, las sierras andaluzas de cierta altitud y en general cualquier jardín por encima de los 600-700 metros. El frío no es problema en absoluto: aguanta sin daño hasta unos -15 °C, y con nieve encima todavía más.
Va mal en el litoral mediterráneo cálido, en el valle del Guadalquivir y en cualquier sitio donde el verano junte más de 35 °C con noches templadas y humedad. Ahí la mata se abre por el centro, coge oídio y se va apagando; se comporta como una planta de dos o tres años en lugar de como una perenne longeva. No es imposible cultivarla, pero conviene plantarla en orientación este, con sol de mañana y sombra de tarde, y dar por hecho que habrá que renovarla con esquejes cada pocos años.
La combinación que la mata de verdad es calor más suelo húmedo. Una aubrieta en tierra seca aguanta un agosto castellano de 38 °C sin despeinarse; esa misma planta con riego por goteo diario en agosto se pudre por el cuello en dos semanas.
Suelo: el drenaje manda sobre todo lo demás
Quiere suelo suelto, pedregoso y pobre, con pH neutro o claramente alcalino. Es de las pocas plantas de jardín a las que la cal les sienta bien: en los suelos calizos de media España crece sin ningún ajuste. Si tu tierra es arcillosa y compacta, no la plantes tal cual; enmienda el hoyo con grava de 3-6 mm y arena gruesa de río hasta que un tercio del volumen sea material grueso, o mejor todavía, súbela de nivel.
Los sitios donde mejor queda son precisamente los peores para casi todo lo demás:
- Coronación y juntas de muros de piedra seca, donde cuelga en cortina.
- Rocallas y taludes, plantada entre piedras que le dan raíz fresca y cuello seco.
- Bordes de escalera y de camino, desbordando sobre la losa.
- Jardineras y macetas anchas y poco profundas, con sustrato de cactus o mezcla de tierra y arena.
El momento de plantación en la Península es el otoño, de octubre a noviembre, para que enraíce con las lluvias y llegue a la primavera instalada. En zonas de invierno muy frío se puede pasar a marzo, en cuanto se retire el riesgo de helada fuerte. Deja de 30 a 40 cm entre plantas: parece mucho el primer año y queda justo el tercero.
Un detalle de plantación que se pasa por alto: la corona debe quedar a ras o ligeramente por encima del nivel del suelo, nunca enterrada. Y viene bien rodearla con un par de centímetros de gravilla en lugar de acolchado orgánico. La corteza y el compost retienen humedad justo donde no debe haberla y son la vía rápida a la podredumbre del cuello.
Riego y abonado, mejor de menos
El primer verano tras la plantación sí necesita riegos: uno abundante cada 10 o 15 días, mojando bien y dejando secar del todo entre uno y otro. A partir del segundo año, en la mitad norte peninsular, una aubrieta establecida en rocalla puede pasar el verano sin riego alguno o con dos o tres socorros en los picos de calor.
El abonado sobra en la práctica. Con suelo fértil o con abono nitrogenado la planta responde con mucha hoja blanda, tallos largos y menos flor, además de volverse más sensible a los hongos. Si el suelo es arena pura y quieres darle algo, un puñado de compost bien hecho por metro cuadrado en otoño, o un abono de liberación lenta de baja dosis al final del invierno, es más que suficiente.
La poda de después de la flor, que es la clave de todo
Aquí se decide si tendrás una alfombra compacta durante ocho años o un anillo pelado con cuatro tallos leñosos al cabo de tres. En cuanto la floración decae, hacia finales de mayo o principios de junio, hay que rebajar toda la mata a la mitad de su altura, con tijera de setos pequeña o unas tijeras de podar, sin miedo.
El motivo es fisiológico: la aubrieta emite los brotes nuevos desde la base de los tallos del año anterior. Si se dejan crecer sin cortar, cada temporada el punto de brotación se aleja unos centímetros del centro de la planta, y el interior queda a la sombra de su propia vegetación, se seca y se lignifica. Un corte anual obliga a la mata a rebrotar desde dentro y la mantiene cerrada.
Dos precisiones. Primera: el corte va inmediatamente después de la floración, no en otoño ni en invierno; una poda tardía elimina la madera donde ya se han formado las yemas de flor de la primavera siguiente y te quedas sin espectáculo. Segunda: la mata rebrota mejor si después del corte recibe un riego, aunque sea el único del verano.
Si heredas una aubrieta ya envejecida y hueca por dentro, se puede intentar recuperarla acumulando un poco de mezcla de arena y compost sobre los tallos desnudos justo después de podar; algunos enraízan por acodo natural. Cuando no funciona, lo práctico es sacar esquejes de lo que quede vivo y empezar de cero.
Cómo multiplicarla
Tres caminos, ordenados de más a menos fiable:
Esqueje semileñoso. El método bueno, y el único que conserva el color exacto de una variedad. Se toman en julio o agosto, aprovechando los brotes que salen tras la poda: trozos de 4 a 6 cm, se les quitan las hojas de la mitad inferior y se clavan en una mezcla mitad turba mitad perlita, o directamente en arena. A la sombra, tapados con una botella cortada para mantener ambiente húmedo, enraízan en tres o cuatro semanas.
División de mata. En septiembre-octubre se levanta la planta y se separan porciones que ya tengan raíz propia en el borde exterior. Funciona, pero la parte central vieja no merece la pena replantarla.
Semilla. Barata y abundante; se siembra en primavera, sobre sustrato fino y apenas cubierta porque la luz favorece la germinación, que llega en dos o tres semanas a 15-18 °C. El inconveniente es que las plantas obtenidas de semilla de un híbrido salen desiguales en color y porte, y suelen florecer poco el primer año.
Problemas que puede dar
Podredumbre de cuello y raíz. El fallo grave, y prácticamente siempre por exceso de agua o por drenaje insuficiente. Se manifiesta como una zona de la mata que amarillea y se desprende al tirar de ella, con la base del tallo blanda y oscura. No tiene tratamiento útil: se corta la parte afectada, se ventila y se corrige el riego.
Oídio. Polvillo blanco sobre las hojas en veranos húmedos o en plantas apretadas y con poco aire. La poda de junio previene la mitad de los casos. Si aparece, azufre mojable o bicarbonato potásico, siempre con el sol bajo para no quemar la hoja.
Pulgón. Se ceba en los tallos florales tiernos en abril. Con una mata pequeña basta un chorro de agua a presión o jabón potásico.
Caracoles y babosas. Atacan el rebrote tierno de después de la poda y en primavera muy lluviosa. La gravilla del entorno ya disuade bastante.
Sin flor y con la mata blanda y larga. No es plaga ni enfermedad: es sombra, abono o riego de más, en ese orden de probabilidad. Trasládala a pleno sol, deja de abonar y espacia el riego.
En resumen
La Aubrieta deltoidea es una cubresuelos perenne de 10-15 cm que forma alfombras violeta de marzo a mayo, resiste hasta unos -15 °C y agradece los suelos calizos y pobres. Pide pleno sol, drenaje muy bueno y poco riego; el calor húmedo del litoral mediterráneo es su límite real, no el frío.
De todo lo que se hace con ella, lo que más se nota es el corte a la mitad justo después de la floración: hace la diferencia entre una mata cerrada que dura años y un anillo leñoso con el centro pelado. Plántala en otoño sobre un muro, una rocalla o el borde de un camino, ponle gravilla alrededor en lugar de acolchado orgánico, olvídate del abono y renuévala con esquejes de agosto cuando empiece a envejecer.