Florece en junio, no en octubre. Ese detalle basta para separar el Aster alpinus de los ásteres que llenan los viveros al final del verano, que son otra planta y de otro género. Quien compra en septiembre una maceta cargada de flores moradas etiquetada como "aster" y espera un cojín alpino de montaña se lleva un Symphyotrichum, americano, de mata alta y floración otoñal, con necesidades de riego y de suelo bastante distintas.
El áster alpino es una de las pocas especies europeas que siguieron llamándose Aster después de la gran revisión del género, cuando la mayoría de los ásteres de jardín pasaron a Symphyotrichum y Eurybia. Junto con Aster amellus, es el representante que nos queda aquí. Y no es una planta exótica: crece de forma silvestre en los Pirineos, la Cordillera Cantábrica y el Sistema Ibérico, en pastos pedregosos y repisas calizas entre los 1.500 y los 3.000 metros.
Cómo es la planta
Aster alpinus L. es una vivaz rizomatosa pequeña. Forma una roseta basal densa de hojas espatuladas, algo carnosas y con pelillos cortos, de la que salen tallos de 10 a 30 cm, cada uno rematado por un único capítulo. Esa flor solitaria por tallo es un rasgo diagnóstico: los ásteres de otoño llevan panículas ramificadas con decenas de flores.
El capítulo mide de 3 a 5 cm de diámetro y tiene el esquema clásico de las compuestas: lígulas periféricas en violeta, lila, rosa o blanco, y un disco central de flósculos amarillos que se van oscureciendo a naranja pardo conforme maduran. En el monte florece en junio y julio; cultivado a menor altitud se adelanta y suele abrir entre mayo y junio, con unas cuatro o cinco semanas de flor.
El rizoma es corto y trazador: la mata se ensancha lentamente hasta formar una alfombra de 30-40 cm de diámetro, sin llegar a ser invasiva. Es una planta longeva si se divide de vez en cuando, y de vida corta si se abandona.
Variedades que merecen la pena
La selección hortícola no es amplia pero sí útil. 'Goliath' da los capítulos más grandes, en lavanda claro, sobre tallos algo más altos. 'Happy End' es rosa intenso y muy compacta. 'Dunkle Schöne' (también vendida como 'Dark Beauty') tiene el violeta más saturado. 'Albus' es la blanca de disco amarillo, excelente para acompañar tonos fuertes. Y las series de semilla tipo 'Trimix' mezclan los tres colores en el mismo sobre, con la irregularidad de altura que eso implica.
Todas ellas comparten la misma exigencia de cultivo, así que la elección es puramente estética.
Dónde plantarlo: el suelo manda
Lo que el áster alpino no perdona es el drenaje deficiente. En su hábitat vive en gravas y suelos esqueléticos donde el agua atraviesa y desaparece; en un arriate de arcilla compactada la corona se pudre en el primer invierno lluvioso, y no por frío, sino por asfixia radicular.
Suelo ideal: pobre, pedregoso, permeable, de pH neutro a ligeramente alcalino. Tolera perfectamente la caliza, cosa que agradece quien jardinea en buena parte del interior peninsular. Si tu tierra es pesada, no lo plantes al nivel del suelo: levanta un lomo, monta una rocalla o usa un bancal elevado con una mezcla de tierra vegetal, arena gruesa de río y grava en partes similares. Rematar con un acolchado de grava o gravilla de dos o tres centímetros alrededor del cuello mantiene la base seca y airada, y ahí se juega buena parte de la supervivencia.
Sobre la exposición hay que ajustar según dónde vivas. Es una planta de pleno sol en su montaña, pero el sol de una montaña a 2.000 m no es el de la meseta en julio. En el norte y en zonas de montaña, sol directo todo el día. En el centro, sur y valle del Ebro, planta donde reciba sol de mañana y sombra a partir de las dos o tres de la tarde: la combinación de más de 32 °C con noches cálidas es lo que la agota, no la insolación en sí.
Y de ahí sale el aviso más importante para el clima español: el enemigo del áster alpino no es el invierno, es el verano. Resiste sin inmutarse hasta -25 o -30 °C, pero se muere en agosto en un jardín de secano cálido con suelo húmedo y aire quieto. En Sevilla, Córdoba o Murcia hay que darle sombra de tarde, buen drenaje y aceptar que puede comportarse como planta de dos o tres temporadas más que como perenne longeva.
Plantación, riego y abonado
La plantación va en otoño (septiembre-octubre) en zonas de clima suave, para que enraíce con las lluvias antes del frío, o en primavera (marzo-abril) donde los inviernos son duros. Marco de plantación de 25-30 cm entre plantas; si las aprietas más, el aire deja de circular entre las matas y aparece el oídio.
Al plantar, deja la corona ligeramente por encima del nivel del suelo, nunca enterrada. Un centímetro de tierra sobre el cuello es suficiente para que se pudra.
El riego, moderado y espaciado. El primer verano hay que acompañarla mientras arraiga, con un riego profundo semanal. A partir del segundo año, tolera bastante sequía y basta con regar en las olas de calor prolongadas. Riega a la base y a primera hora: mojar el follaje por la tarde y que pase la noche húmedo es una invitación directa al oídio y a la botritis.
Abonado: casi ninguno. Una aportación ligera de compost bien hecho en primavera es más que suficiente. El exceso de nitrógeno produce matas exuberantes de hoja, tallos blandos que se tumban con el primer chaparrón y bastante menos flor, además de hacerla más apetecible para el pulgón. Un abono para plantas de flor, si lo usas, a media dosis y una sola vez antes de la floración.
Mantenimiento a lo largo del año
Retirar las flores marchitas conforme se pasan prolonga la floración algunas semanas y evita que la planta se agote produciendo semilla. Terminada la floración, un recorte de los tallos florales a ras de la roseta deja la mata limpia y compacta; algunas variedades responden con una segunda tanda de flores en septiembre, más escasa.
La roseta basal permanece verde en invierno en gran parte de España, así que no la cortes en otoño pensando que está seca: ese follaje es el que arranca en marzo.
Cada tres o cuatro años toca dividir, y esto no es opcional. Con el tiempo el centro de la mata se apelmaza, pierde vigor y deja un hueco pelado mientras la floración se concentra en el anillo exterior. En marzo, levanta el cepellón, descarta la parte central envejecida y replanta las porciones periféricas con raíces sanas. Es también la forma más rápida de multiplicarla.
Además de la división, se propaga por esquejes de brotes basales en primavera, de 5-6 cm, en arena y turba bajo protección, y por semilla. La siembra se hace en febrero-marzo en semillero protegido, a 18-20 °C, cubriendo las semillas apenas porque necesitan luz para germinar; brotan en dos o tres semanas. Las plantas de semilla suelen florecer al segundo año y presentan variación de color, algo que puede gustarte o no según lo que busques.
Dónde queda bien
Su tamaño y su porte de cojín lo colocan en sitios muy concretos: rocallas, jardines alpinos, bordes de camino, primera línea de arriate, huecos de muros de piedra seca, jardineras de artesa y macetas anchas y poco profundas con sustrato muy drenante. Entre losas de un pavimento de piedra también funciona bien, siempre que la junta tenga profundidad suficiente.
Como flor cortada no sirve: los tallos son demasiado cortos y duran poco en jarrón.
Combina de manera natural con otras plantas de rocalla que compartan su gusto por el suelo pobre y drenante: Dianthus, Armeria maritima, Sempervivum, Saxifraga, Campanula de porte bajo, Helianthemum y gramíneas pequeñas como Festuca glauca. Evita plantarlo junto a vivaces de riego abundante, porque el régimen de agua que necesita el vecino es el que lo matará a él.
Tiene además un valor que no siempre se cuenta: florece en un momento del año en que hay pocas fuentes de néctar accesibles a media montaña, y sus capítulos abiertos atraen abejas, sírfidos y mariposas con facilidad.
Plagas y enfermedades
El oídio es el problema principal, un polvillo blanco que cubre hojas y tallos. Aparece cuando hay calor, aire estancado y contrastes fuertes entre día y noche, y se agrava con las matas apretadas y el exceso de nitrógeno. La solución de fondo es de cultivo: espaciar, regar al suelo y por la mañana, dividir para aclarar la mata. Si hace falta tratar, el azufre mojable o el bicarbonato potásico aplicados al inicio de los síntomas y nunca con más de 28 °C —el azufre quema el follaje con calor— controlan bien la situación.
La roya (Coleosporium) deja pústulas anaranjadas en el envés; se maneja retirando hojas afectadas y mejorando la ventilación. La botritis ataca la corona en inviernos húmedos con suelo encharcado, y otra vez la respuesta es el drenaje.
Entre las plagas, babosas y caracoles son los más dañinos en primavera porque se ceban en la roseta cuando rebrota y pueden anular la floración; funcionan las trampas, la retirada nocturna y las barreras de grava gruesa. El pulgón se instala en los tallos florales tiernos y se controla con un chorro de agua o jabón potásico. Los nemátodos foliares (Aphelenchoides) producen manchas oscuras en cuña delimitadas por los nervios; las hojas afectadas se retiran y se destruyen, no se compostan.
Un caso sin remedio conviene conocerlo: el amarilleo del áster, causado por un fitoplasma que transmiten los saltahojas. La planta produce brotes anormalmente delgados y amarillentos y flores deformes que reverdecen en lugar de colorear. No hay tratamiento; hay que arrancar y eliminar el ejemplar para que no sirva de reservorio.
En cuanto a seguridad, no consta toxicidad relevante ni para personas ni para perros y gatos, así que es una planta tranquila para un jardín con niños o animales.
En resumen
Aster alpinus es una vivaz de montaña de 10-30 cm que florece a finales de primavera y principios de verano, con un capítulo por tallo, y no tiene nada que ver con los ásteres altos de otoño que hoy se llaman Symphyotrichum. Si la compras en flor en septiembre, no es esta planta.
Pide sol —matizado por la tarde en la mitad sur—, suelo pobre, pedregoso y muy drenante, tolera bien la caliza, agradece un acolchado de grava en el cuello y prácticamente no necesita abono. Aguanta fríos extremos y flaquea con el calor húmedo del verano bajo. Divide la mata cada tres o cuatro años para que no se ahueque, retira las flores pasadas, riega a la base y por la mañana, y tendrás cojines de flor en la rocalla durante años.