El epíteto cathartica significa exactamente lo que parece: purgante. La planta entera contiene un látex blanco que irrita piel y mucosas, y cuya ingestión provoca vómitos y diarrea violenta. Conviene saberlo antes de comprarla, no después, porque el resto del artículo describe una trepadora espectacular que merece la pena cultivar siempre que se cultive con la cabeza puesta en dónde se planta.

Toxicidad: qué hay que tener en cuenta

Allamanda cathartica pertenece a las Apocynaceae, familia de la adelfa y del plumeria, conocida por su química defensiva. Sus tejidos contienen lactonas iridoides —la alamandina y la plumericina entre ellas— responsables tanto del efecto irritante como del purgante.

En la práctica esto significa tres cosas concretas:

  • Podar con guantes. El látex sale a chorro al cortar tallos gruesos, y el contacto repetido produce dermatitis. Si salpica los ojos, hay que lavar con agua abundante y consultar.
  • Es tóxica para perros, gatos y caballos. Un animal que mordisquee tallos u hojas puede acabar con un cuadro digestivo serio. En jardines con perros jóvenes, que muerden todo, no es la trepadora que yo elegiría.
  • Los frutos son espinosos y llamativos, del tamaño de una nuez y cubiertos de púas blandas. Llaman la atención de los niños. Si hay críos pequeños, se cortan en verde y punto.

No hay nada que preparar, macerar ni infundir con esta planta. Su historial de uso tradicional como purgante es precisamente el motivo por el que se le puso ese nombre, y también el motivo por el que la medicina abandonó esa vía: el margen entre dosis activa y dosis peligrosa es estrecho e impredecible. Es una planta ornamental, y ahí se queda.

Dicho esto, no se absorbe nada por el aire ni por tocar una hoja intacta. Una alamanda en una terraza, podada con guantes y fuera del alcance de un perro roedor, es tan segura como la adelfa que crece en las medianas de media España.

De dónde procede y por qué su nombre común confunde

La especie es originaria de Brasil y el norte de Sudamérica, donde crece en las orillas de ríos y en claros de selva húmeda trepando por la vegetación. El género fue dedicado a Frédéric-Louis Allamand, botánico suizo del siglo XVIII.

En los viveros españoles la etiqueta que verás en la maceta suele decir "jazmín de Cuba" o "copa de oro". Ninguno de los dos nombres ayuda. No tiene parentesco alguno con los jazmines (Jasminum, familia Oleaceae), no procede de Cuba —allí es planta introducida— y su flor no huele apenas, mientras que un jazmín se compra justamente por el aroma. Quien la adquiera esperando perfume nocturno se llevará un chasco.

Con "copa de oro" el lío es distinto: ese nombre se aplica también a Solandra maxima, una solanácea de flores gigantescas color crema-dorado con líneas moradas en la garganta, mucho más grandes y de textura correosa. Si el vivero vende "copa de oro" y las flores miden veinte centímetros, no es una alamanda.

Dentro del propio género conviene distinguir tres plantas que se venden mezcladas:

  • Allamanda cathartica: trepadora vigorosa, flor amarilla de 7 a 12 cm.
  • Allamanda schottii (antes A. neriifolia): arbustiva, compacta, de 1,5 m, con flores más pequeñas y garganta rayada de naranja. Es la adecuada para maceta si no se quiere una liana.
  • Allamanda blanchetii (antes A. violacea): flor rosa-púrpura, de crecimiento más lento y algo más delicada.
Flor amarilla en forma de trompeta de Allamanda cathartica

Cómo es la planta

Es un arbusto sarmentoso perennifolio más que una trepadora verdadera: no tiene zarcillos ni tallos volubles que se enrosquen solos, sino ramas largas y flexibles que se apoyan sobre lo que encuentran. En su clima puede alcanzar de 4 a 6 metros; en cultivo mediterráneo, con inviernos que la frenan, se queda en 2 o 3. Por eso necesita atarse a un enrejado, alambre o pérgola: si no se guía, forma un montón desordenado que acaba tumbándose sobre sí mismo.

Las hojas son coriáceas, brillantes, lanceoladas, de 8 a 15 cm, dispuestas en verticilos de tres o cuatro alrededor del tallo. Ese detalle —hojas en anillos, no opuestas ni alternas— es la forma más rápida de identificarla sin flor.

La flor es una trompeta de cinco lóbulos, amarillo intenso, con el tubo estrecho y la boca ancha. Aparece en ramilletes terminales sobre la madera del año, dato que determina toda la estrategia de poda. En condiciones cálidas florece de forma continua de mayo a octubre, con picos cuando el calor aprieta.

Los cultivares más habituales son 'Hendersonii', de flor grande y algo anaranjada en el capullo; 'Grandiflora', más contenida y adecuada para maceta; y 'Williamsii', con flores dobles.

Dónde se puede cultivar en España

Este es el punto que decide todo lo demás. La alamanda es estrictamente tropical: sufre daños por debajo de 10 °C y una helada, aunque sea corta, la mata o la deja reducida a un tocón que puede rebrotar o no.

  • Canarias: se cultiva al aire libre sin problema en zonas costeras. Es su sitio natural en territorio español.
  • Costa de Málaga, Almería, Murcia y Alicante en microclimas muy resguardados: posible, contra un muro orientado al sur, con protección invernal y aceptando que algún año perderá parte del follaje.
  • Resto de la península y Baleares: maceta, invernadero cálido o galería acristalada, sacándola fuera de junio a septiembre.

Plantarla en un jardín de Madrid, Zaragoza o Valladolid confiando en que "aguantará" es tirar el dinero: el primer invierno acaba con ella. Y en interior de vivienda normal, con calefacción y aire seco, sobrevive pero rara vez florece, porque le falta luz.

Luz, sustrato y riego

Luz. Quiere mucha, y en la península puede tomar sol directo sin quemarse, salvo en el sur en las horas centrales de julio y agosto. En interior, junto a una ventana orientada al sur o al oeste, sin cortina. La falta de luz es la causa número uno de una alamanda que crece verde y sana pero no da una sola flor.

Sustrato. Mezcla rica pero suelta: turba o fibra de coco, mantillo y un tercio de perlita o arena gruesa. Prefiere pH ligeramente ácido, entre 5,5 y 6,5. En riego con agua muy caliza acaba clorótica, con las hojas amarillas y los nervios verdes; se corrige con quelato de hierro y, mejor aún, regando con agua de lluvia o descalcificada.

Riego. Aquí hay dos regímenes muy distintos y confundirlos es lo que suele acabar con la planta:

  • De abril a septiembre: riego abundante y frecuente, manteniendo el sustrato húmedo sin llegar a encharcar. Es una planta de ribera tropical y bebe mucho cuando crece.
  • De noviembre a febrero: riego mínimo, solo lo suficiente para que el cepellón no se seque del todo. Regar en invierno como se regaba en agosto, con la planta parada y a 12 °C, pudre las raíces en pocas semanas. Las hojas amarillean, caen y a esas alturas ya no hay marcha atrás.

Humedad ambiental. Agradece el ambiente húmedo. En invernadero o galería, pulverizar el follaje en días secos previene la araña roja. En exterior mediterráneo, colocarla cerca de una fuente o entre otras plantas ayuda.

Abonado y poda

Durante el crecimiento, un abono líquido para plantas de flor cada quince días, de marzo a septiembre, con relación rica en potasio. El nitrógeno en exceso produce ramas largas, verdes y sin una flor, que es justo lo contrario de lo que se busca en una planta que se cultiva por el color. En invierno, nada de abono.

La poda es la operación que más se hace mal. Como florece sobre brotes nuevos de la temporada, hay que podar a finales de invierno, entre febrero y principios de marzo, antes de que arranque la brotación. Se recortan los tallos del año anterior a un tercio o la mitad, cortando siempre por encima de un verticilo de hojas o de una yema visible. La planta responde emitiendo brotes vigorosos que traerán la floración.

Podarla en junio o julio "para darle forma" elimina precisamente las ramas que iban a florecer, y el resultado es una mata compacta, verde y muda durante todo el verano. Si hay que despuntar en plena temporada, que sea solo la punta de los brotes que se desmandan.

Durante la floración conviene ir retirando las flores marchitas y los frutos que empiecen a formarse: cuajar semilla consume energía y frena la emisión de nuevos ramilletes.

Allamanda cathartica en flor, conocida como jazmín de Cuba

Multiplicación

Por esqueje semileñoso en primavera o principios de verano. Se toman trozos de 10 a 15 cm de brotes del año que empiecen a endurecerse, se dejan escurrir el látex unos minutos antes de plantar —si no, sella el corte y dificulta el enraizado—, se eliminan las hojas inferiores y se hunden en una mezcla de turba y perlita a partes iguales.

Requiere calor de fondo, entre 22 y 25 °C, y ambiente saturado bajo campana o bolsa. Con hormona de enraizamiento y esas condiciones, enraíza en cuatro a seis semanas. Sin calor de fondo, el porcentaje de éxito cae mucho.

La siembra de semilla es posible pero lenta y con plantas variables, y en cultivo español rara vez cuaja fruto viable.

Plagas y problemas frecuentes

  • Cochinilla algodonosa (Planococcus citri): se instala en las axilas de las hojas y en el envés, con esos copos blancos característicos. Es la plaga estrella de la alamanda en invernadero. Se trata con aceite de parafina o jabón potásico insistiendo en las axilas, y en ataques fuertes con un insecticida sistémico autorizado.
  • Araña roja (Tetranychus urticae): aparece con aire seco y calor. Punteado amarillento en el haz y telilla fina en el envés. Subir la humedad ambiental es media batalla.
  • Mosca blanca (Trialeurodes vaporariorum): nubes de adultos al mover la planta. Trampas cromáticas amarillas y jabón potásico.
  • Pulgón en los brotes tiernos de primavera.

Entre los problemas fisiológicos, conviene saber leer tres síntomas: hojas amarillas que caen en masa en invierno significa frío, exceso de riego o ambos; hojas amarillas con nervios verdes es clorosis férrica por agua caliza; y ausencia total de flor con planta sana es falta de luz, exceso de nitrógeno o poda hecha a destiempo.

Usos en el jardín

En clima adecuado cubre pérgolas, celosías y muros con una densidad notable, y florece en la época en que muchas trepadoras mediterráneas ya han terminado. Se combina bien con buganvilla, que aporta el contrapunto morado o rojo sobre el amarillo.

En maceta grande —de 40 cm de diámetro para arriba— sobre una terraza soleada, guiada en abanico sobre una espaldera, funciona muy bien como planta de verano que se retira a cubierto en octubre. También se cultiva como arbusto libre podándola dos veces al año, aunque para eso A. schottii es más apropiada por su porte naturalmente compacto.

Un apunte final: en varias regiones tropicales del mundo está catalogada como invasora, porque rebrota de fragmentos y coloniza riberas. En España el frío la contiene por completo, así que no representa ese riesgo aquí.

En resumen

Allamanda cathartica es una trepadora tropical brasileña de Apocynaceae, con flores amarillas en trompeta sobre hojas en verticilos, que se vende como jazmín de Cuba pese a no ser jazmín, no ser cubana y no oler. Toda la planta es tóxica y su látex irrita: se poda con guantes y no se planta donde haya perros que mordisquean o niños pequeños atraídos por sus frutos espinosos. Solo prospera al aire libre en Canarias y en microclimas costeros muy resguardados del sureste; en el resto de España es planta de maceta e invernadero, con un mínimo de 12-15 °C en invierno. Quiere mucha luz, sustrato suelto y ligeramente ácido, agua sin cal, riego generoso en verano y casi nulo de noviembre a febrero. Florece sobre brotes del año, de modo que la poda se hace en febrero y no en verano: cortarla en junio deja la planta sin flor toda la temporada.


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