Entre la flor y la algarroba madura pasa casi un año entero. Un algarrobo florece a finales de verano o en otoño, y ese fruto no se recoge hasta agosto o septiembre del año siguiente, de modo que durante meses el árbol lleva a la vez las vainas del ciclo anterior engordando y la flor nueva. Entender ese calendario largo es lo que separa una poda razonable de una poda que deja al árbol sin cosecha durante tres campañas.

Algarrobo adulto de porte redondeado

La especie

Ceratonia siliqua L. es una leguminosa arbórea de la subfamilia Caesalpinioideae, perennifolia, de crecimiento lento y longevidad muy alta: hay ejemplares de varios siglos en Levante y Baleares. Alcanza de 8 a 12 m con copa ancha y redondeada, tronco corto y grueso y corteza pardo grisácea que se agrieta con los años.

La hoja es compuesta, paripinnada, con 2 a 5 pares de folíolos coriáceos, redondeados, verde oscuro y brillantes por el haz. No pierde la hoja en invierno, aunque renueva parte del follaje en primavera.

Sobre el nombre conviene aclarar una cosa antes de que cause un disgusto. En América "algarrobo" designa a varias especies que no tienen nada que ver: los Prosopis del Cono Sur, la Hymenaea courbaril tropical o, en algunos catálogos de jardinería, la Robinia pseudoacacia. Si se compra un "algarrobo" por catálogo online y llega una planta de hoja caduca con espinas en el tronco, no es Ceratonia siliqua: en el vivero hay que pedir el nombre científico, porque las exigencias de clima y el resultado final no se parecen en nada.

Árbol dioico: el detalle que arruina plantaciones enteras

El algarrobo es mayoritariamente dioico. Hay pies con flores masculinas y pies con flores femeninas, y también aparecen individuos hermafroditas. Solo los pies femeninos (y los hermafroditas) producen algarroba.

De ahí la consecuencia práctica: plantar un algarrobo solo, o plantar diez de semilla sin saber qué son, puede terminar en un árbol precioso que no da un fruto en su vida. Con planta de semilla el sexo no se conoce hasta la primera floración, que llega hacia los 6-8 años. La solución de siempre es injertar variedades femeninas conocidas y dejar en la parcela un 5-10 % de pies masculinos como polinizadores, o injertar una o dos ramas de macho dentro de cada árbol hembra.

La flor es pequeña, sin pétalos, agrupada en racimos cortos que salen directamente sobre madera vieja e incluso sobre el tronco. Las masculinas desprenden un olor fuerte y desagradable, por las aminas que producen; es normal y es lo que atrae a los insectos que, junto al viento, hacen la polinización. Quien plante un macho junto a la terraza tendrá ese olor cada otoño durante varias semanas.

Variedades femeninas cultivadas en España: 'Ramillete', 'Matalafera', 'Negra', 'Rojal', 'Duraió', 'Bugadera' y, en Baleares, 'Banya de Cabra' y 'Costella de Ase'. Los machos suelen ir sin nombre comercial, identificados simplemente como polinizadores.

Dónde vive y dónde no

Es un árbol termófilo y estrictamente mediterráneo litoral. En España se cultiva en Valencia, Castellón, Alicante, Tarragona, Baleares, Murcia, Almería y la costa de Málaga.

Temperatura. Es el factor limitante. Un algarrobo adulto aguanta hasta -4 °C con daños en brotes tiernos; por debajo de -6 o -7 °C se producen daños graves en ramas y descortezamiento. Los ejemplares jóvenes, de uno a tres años, sufren ya a -2 °C. Esto lo excluye del interior peninsular y de cualquier zona con heladas invernales regulares. Como referencia de altitud, rara vez prospera por encima de los 500-600 m, y cuanto más al norte, más pegado a la costa.

Agua. Tolera la sequía tan bien como pocos frutales: vegeta con 300-350 mm anuales y produce con 400-500 mm. Su raíz es pivotante y profunda, y explora un volumen enorme de suelo. Eso no significa que la sequía no le afecte al rendimiento: con riegos de apoyo de verano, del orden de 1.000-2.000 m³/ha, la cosecha puede multiplicarse. Lo que no tolera es el encharcamiento: unos días con agua estancada en el cuello y aparece asfixia radicular y podredumbre.

Suelo. Prefiere los calizos, pedregosos, pobres y bien drenados, incluso con pH de 7,5 a 8,5. Vive donde otros frutales no cuajan: laderas, terrazas de piedra, suelos esqueléticos. Le van mal las arcillas compactas mal drenadas y los suelos ácidos. Tolera cierta salinidad, más que el almendro, lo que lo hace útil en zonas costeras con agua salobre.

Plantación

El punto crítico es la raíz pivotante. Un algarrobo joven manda una raíz principal hacia abajo desde muy pronto y, si esa raíz se enrolla en el fondo de una maceta o se corta en el trasplante, el árbol arranca mal y tarda años en recuperarse. Dos consecuencias:

La primera, hay que usar contenedores altos y estrechos, del tipo forestal, o sembrar directamente en el hoyo definitivo. La segunda, cuanto más pequeña sea la planta en el momento del trasplante, mejor agarra. Un plantón de un año en envase profundo termina adelantando a un ejemplar grande comprado en maceta ancha.

La época de plantación en el litoral mediterráneo va de marzo a abril, cuando ya no hay riesgo de helada y el suelo se ha templado. En zonas muy suaves también se planta en otoño. El hoyo debe ser profundo, con el subsuelo bien roto para que la pivotante pueda bajar, y el cuello a nivel del terreno, nunca enterrado.

Marcos habituales: de 7x7 a 10x10 m en plantación tradicional de secano, hasta 6x6 m en plantaciones intensivas con riego de apoyo y variedades poco vigorosas. Marcos más estrechos condenan a una poda de contención constante en un árbol que no la lleva bien.

El injerto se hace sobre el patrón franco ya establecido en el campo, normalmente al segundo o tercer año, cuando el tronquito tiene el grosor de un dedo. La técnica habitual es el injerto de escudete o de chapa en primavera avanzada o a finales de verano, con el árbol en actividad y la corteza despegando bien. Injertar sobre planta recién trasplantada, todavía sin arraigar, es perder púas.

Algarrobas creciendo en la rama

Laboreo y suelo bajo el árbol

El manejo tradicional consistía en dos o tres labores superficiales al año con el fin de romper la costra, enterrar la hierba y facilitar la infiltración del agua de lluvia. La labor de finales de invierno y otra a principios de verano eran las clásicas.

La objeción a ese sistema es conocida: las labores repetidas destruyen raíces superficiales, crean suela de labor y, en las laderas donde suele estar el algarrobo, favorecen la erosión. El manejo actual tiende a cubierta vegetal espontánea segada en las calles y suelo desnudo o acolchado solo en el ruedo del árbol. La cubierta se siega en primavera, antes de que compita por el agua en el momento de mayor demanda, y se deja en superficie como acolchado.

En un jardín particular, lo más sensato es un ruedo de 1,5-2 m libre de hierba y con acolchado de grava o astilla, y el resto con la vegetación que haya.

Abonado

El algarrobo produce en condiciones que otros árboles no aguantan, y de ahí viene la idea de que no necesita nada. Produce, sí, pero rinde mucho más si se le repone lo que extrae.

Es leguminosa, aunque su fijación de nitrógeno mediante nódulos es escasa e irregular, así que no conviene contar con ella. Un árbol adulto en producción responde bien a aportes anuales del orden de 0,5-1 kg de nitrógeno por pie, repartidos, más fósforo y sobre todo potasio, que es el elemento que más extrae el fruto y el que más se nota en el calibre y el contenido en azúcares de la vaina.

El momento de aplicación es el final del invierno o el comienzo de la primavera, coincidiendo con las lluvias, para que el fertilizante se disuelva y baje. Abonar en pleno verano en secano no sirve de nada: sin agua no hay absorción. El estiércol maduro o el compost, enterrado superficialmente en el ruedo cada dos o tres años, funciona muy bien en estos suelos pobres en materia orgánica.

Cuidado con pasarse de nitrógeno: exceso de vigor significa mucha madera nueva y poca flor, y en un árbol que fructifica sobre madera de dos o más años eso se traduce directamente en menos algarroba.

Poda

Aquí se pierde la cosecha con más facilidad que en ningún otro punto del cultivo. Las flores nacen sobre madera vieja, en ramilletes que salen del tronco y de las ramas de varios años y que vuelven a producir campaña tras campaña. Rebajar la copa con cortes gruesos, "para dejarlo bajito", elimina precisamente los órganos fructíferos, y como el árbol crece despacio tarda tres o cuatro años en reponerlos.

La poda de formación se hace en los primeros años: se deja un tronco limpio de 0,8 a 1,2 m y se seleccionan tres o cuatro ramas principales bien repartidas y abiertas, evitando las horquillas cerradas en V, que acaban desgajándose bajo el peso del fruto.

La poda de producción del árbol adulto es ligera y espaciada, cada dos o tres años. Consiste básicamente en cuatro cosas: quitar madera seca o rota, aclarar el interior de la copa para que entre luz, eliminar las ramas que se cruzan y suprimir los chupones del pie y los rebrotes del patrón por debajo del punto de injerto, que si se dejan pueden acabar dominando y convirtiendo un árbol injertado en un pie franco improductivo.

Momento: después de la recolección y antes del frío, es decir, entre finales de otoño e invierno suave, o bien a finales de invierno. No se poda con riesgo de helada inminente porque los cortes son puerta de entrada de podredumbres. Los cortes grandes conviene evitarlos; si son inevitables, se hacen sobre la arruga de la corteza y sin dejar tocones.

Producción y recolección

Un árbol injertado empieza a dar algo a los 5-6 años, entra en producción seria hacia los 10-12 y alcanza su plenitud a partir de los 15-20. Un adulto en secano da del orden de 30 a 100 kg de algarroba por campaña, y los ejemplares viejos y bien situados superan con holgura esa cifra. Es habitual la vecería, con años buenos alternando con otros flojos.

La recolección se hace de agosto a septiembre, cuando la vaina está marrón oscura, dura y empieza a caer sola. Tradicionalmente se varea con cañas y se recoge sobre lonas, cuidando de no golpear los ramilletes florales del año siguiente, que ya están en la rama. Hoy se emplean vibradores de tronco en plantaciones ordenadas. Después hay que secar bien la algarroba antes de almacenarla: con humedad se enmohece y atrae plagas de almacén.

La semilla vale más que la pulpa

La vaina tiene aproximadamente un 90 % de pulpa y un 10 % de semilla en peso, pero el valor está repartido al revés. Esa semilla, el garrofín, es la materia prima de la goma de garrofín o goma de algarrobo, el aditivo alimentario E-410, un espesante y estabilizante que se usa en helados, salsas, lácteos y productos sin gluten. Su cotización es muy superior a la de la pulpa y es lo que ha sostenido el cultivo en las últimas décadas.

La semilla tiene además un peso extraordinariamente uniforme, en torno a 0,2 g, y se acepta como origen histórico del quilate usado para pesar piedras preciosas.

La pulpa se destina a alimentación animal y a harina de algarroba para consumo humano. Sobre esa harina, una precisión que evita decepciones: no sabe a chocolate. Es dulce por sí sola, con un 40-50 % de azúcares naturales, tiene aroma tostado propio y no contiene cafeína ni teobromina, lo que la hace apta donde el cacao no lo es, incluido el consumo por perros. Sustituye al cacao en la función, no en el sabor.

Problemas sanitarios

Es un árbol rústico y con pocos enemigos serios. El principal es la polilla de la algarroba, Ectomyelois ceratoniae, cuya larva perfora la vaina, se alimenta de la pulpa y deja galerías y excrementos; sigue dañando el producto en almacén, así que la recolección temprana, la retirada de las vainas caídas y el secado rápido son las medidas más eficaces.

La cecidomia Asphondylia gennadii provoca agallas y aborto de frutos jóvenes en algunas zonas. En cuanto a hongos, aparecen manchas foliares y oídio en primaveras húmedas, casi siempre sin importancia. Lo que sí mata árboles son las podredumbres de raíz y cuello asociadas a riegos excesivos o a suelos mal drenados, y no tienen tratamiento curativo: se previenen plantando en alto y no regando el tronco.

Ni la madera, ni la hoja, ni el fruto del algarrobo son tóxicos. Es un árbol seguro para tener con niños y con animales, y su algarroba se ha usado siempre como pienso para caballos, cabras y cerdos.

Como árbol de sombra

Al margen del fruto, es una excelente elección para jardines de bajo consumo de agua en la costa mediterránea: perenne, con sombra densa, sin raíces agresivas para pavimentos si se planta con espacio, y prácticamente sin riego una vez establecido. Dos advertencias antes de decidir el sitio: plantar un pie masculino cerca de una ventana o de una zona de estar trae el olor de la floración cada otoño, y las vainas maduras de un pie femenino caen sobre lo que haya debajo, coches incluidos, entre agosto y septiembre.

En resumen

Ceratonia siliqua es una leguminosa arbórea del litoral mediterráneo, perenne, longeva y extraordinariamente resistente a la sequía y a la caliza, que se detiene ante dos cosas: el frío por debajo de -4 °C y el suelo encharcado. Es dioica, así que sin pies masculinos en el entorno no hay algarroba, y el camino fiable es injertar variedad femenina conocida dejando polinizadores en la parcela. Se planta en marzo o abril, con contenedor profundo para no dañar la raíz pivotante, a marcos de 7x7 a 10x10 m, y empieza a rendir de verdad hacia los diez años. Abonado moderado con énfasis en potasio a final de invierno, poda ligera cada dos o tres años respetando la madera vieja donde nace la flor, y recolección en agosto y septiembre. El grueso del valor no está en la pulpa sino en la semilla, el garrofín del que sale la goma E-410.


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