Una hoja circular de más de dos metros de diámetro, con el borde levantado como el de una bandeja, flota en un remanso del Amazonas y aguanta encima el peso de una niña sentada sobre una tabla. La escena se grabó y se reprodujo por toda Europa a mediados del siglo XIX, y sigue siendo la carta de presentación del aguapé: Victoria amazonica, el nenúfar gigante, una planta cuya hoja funciona como una estructura de ingeniería y no como una hoja.

Un nombre, varias plantas

Antes de seguir hay que aclarar a qué planta nos referimos, porque "aguapé" designa cosas distintas según dónde se pronuncie. La palabra viene del guaraní y significa, aproximadamente, "lo que se posa redondo sobre el agua"; se aplicó a varias plantas flotantes del Paraná y del Amazonas.

En Brasil, aguapé a secas es el jacinto de agua, Pontederia crassipes (durante décadas Eichhornia crassipes): una planta pequeña, de rosetas flotantes con pecíolos hinchados y espigas de flores lilas. Al nenúfar gigante se le llama allí aguapé-açu, y en Argentina y Paraguay irupé o yrupé. Esa distinción no es una curiosidad de diccionario: una de las dos plantas está prohibida en España y la otra no.

Pontederia crassipes figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013). Eso significa que su posesión, transporte, tráfico, comercio y cultivo están prohibidos en todo el territorio nacional, incluido un estanque particular o un barreño en la terraza, y que el incumplimiento se sanciona por la Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y Biodiversidad.

No es una prohibición decorativa. Esta planta duplica su biomasa en menos de dos semanas en aguas cálidas y eutrofizadas, forma tapices continuos que impiden el paso de la luz, agotan el oxígeno disuelto y matan la fauna acuática de debajo. En el río Guadiana, a su paso por Badajoz, la invasión detectada a comienzos de los 2000 ha costado decenas de millones de euros en retirada mecánica y sigue sin erradicarse. Empezó, casi con seguridad, con alguien que vació un estanque ornamental en el río. Si te la ofrecen en un mercadillo o por internet como "jacinto de agua" o "camalote", la respuesta es no.

El nenúfar gigante amazónico, en cambio, no está catalogado como invasor en España, y por una razón sencilla: no puede sobrevivir aquí a la intemperie.

Hojas flotantes de Victoria amazonica en un estanque

Cómo es el nenúfar gigante

Pertenece a las Nymphaeaceae, la familia de los nenúfares comunes, y el género Victoria lo describió John Lindley en 1837 dedicándolo a la reina Victoria. Durante casi dos siglos se le supusieron dos especies; en 2022, un equipo del Real Jardín Botánico de Kew describió una tercera, Victoria boliviana, que llevaba décadas cultivada allí mismo confundida con las otras dos.

  • Victoria amazonica: cuenca del Amazonas y Guayanas. La más termófila; hojas de hasta 2,5-3 m.
  • Victoria cruziana: cuenca del Paraná-Paraguay. Tolera aguas más frescas, borde de la hoja más alto (hasta 15-20 cm) y algo más pequeña. Es la que se cultiva casi siempre fuera del trópico.
  • Victoria boliviana: llanuras de Bolivia. Ostenta el récord de hoja más grande registrada en cultivo, más de 3,2 m en Kew.

La hoja es lo llamativo. El limbo flota gracias a una red de nervios radiales huecos y muy prominentes en el envés, que funcionan como vigas en caja y reparten la carga; entre ellos, cámaras de aire dan flotabilidad. El borde vuelto hacia arriba evita que el agua inunde la superficie y, en los huecos entre nervios, unos orificios llamados estomatodos dejan escapar el agua de lluvia. Todo el envés y los pecíolos están cubiertos de espinas duras de hasta un centímetro, defensa contra los peces herbívoros y los manatíes. Una hoja adulta bien equilibrada soporta 30-40 kg repartidos, no concentrados: si te apoyas de pie, la atraviesas.

Ese nervado radial de la Victoria es, además, el origen documentado de una idea arquitectónica: Joseph Paxton, jardinero del duque de Devonshire y primero en florecerla en Europa en 1849, tomó de él el esquema de vigas y viguetas del Crystal Palace de la Exposición de 1851.

La floración: dos noches y un escarabajo

La flor merece tanta atención como la hoja. Es grande, de 25 a 40 cm, y su ciclo dura exactamente dos noches.

La primera noche abre blanca y hace algo poco común en el reino vegetal: genera calor por sí misma. Es una flor termogénica, capaz de mantenerse entre 8 y 11 °C por encima de la temperatura del aire quemando reservas. Ese calor volatiliza un perfume intenso, entre piña y fruta madura, que atrae de noche a escarabajos del género Cyclocephala. Los insectos entran, se alimentan de tejidos ricos en almidón y, al amanecer, la flor cierra sus pétalos y los deja encerrados dentro durante todo el día, cubriéndolos de polen.

La segunda noche la flor reabre, ya teñida de rosa intenso o púrpura, ha pasado de femenina a masculina y libera a los escarabajos cargados de polen, que vuelan hacia otra flor blanca de primera noche. Después se hunde bajo el agua, donde madura el fruto espinoso con semillas negras comestibles, de ahí uno de los nombres populares en Brasil: milho d'água, maíz de agua. Ese cambio de color de blanco a púrpura no es marchitamiento: es una señal para que el polinizador no vuelva a una flor ya visitada.

Qué haría falta para cultivarlo en España

Conviene decirlo sin rodeos: en un estanque de jardín al aire libre, en la Península, no prospera. Necesita agua a 27-30 °C de forma sostenidaV. cruziana se conforma con 22-24 °C— y detiene el crecimiento por debajo de 20 °C. Un verano manchego o sevillano puede alcanzar esa temperatura en agua somera durante seis o siete semanas, pero necesita cinco meses seguidos para pasar de semilla a hoja adulta. En octubre se para y muere.

Donde sí se ve es en invernadero tropical con estanque calefactado: superficie mínima de 4 a 6 metros cuadrados por planta y 60-80 cm de profundidad, con un fondo de tierra franca arcillosa rica en materia orgánica donde anclar el rizoma, luz solar directa muchas horas y agua templada por resistencia o intercambiador. Se cultiva como anual, sembrando cada año en enero o febrero: las semillas se escarifican y germinan en agua a 28-30 °C, y la planta se elimina al final de la temporada. Los jardines botánicos que la exhiben en España y Europa trabajan así, y en su mayoría con V. cruziana o híbridos como 'Longwood', más tolerantes al frío que la amazónica pura.

Para un estanque doméstico en clima peninsular, la alternativa razonable es el nenúfar rústico (Nymphaea híbridos), que resiste el invierno con el rizoma bajo el hielo, o Nymphaea alba, autóctona. Nada de eso tiene hojas de dos metros, pero florece cada año sin factura eléctrica.

Errores que arruinan un estanque

Comprar plantas acuáticas sin comprobar la especie. Además del jacinto de agua, están catalogadas como invasoras en España la azolla o helechillo de agua (Azolla filiculoides) y el duraznillo de agua (Ludwigia grandiflora), entre otras. Pide el nombre científico antes de pagar.

Vaciar el estanque en un cauce, una acequia o una alcantarilla. Es la vía de entrada habitual de las invasiones acuáticas documentadas en la Península. Los restos vegetales van a bolsa de basura o a compostaje cerrado, nunca al agua.

Meter una planta tropical en un estanque exterior "a ver qué pasa". Con Victoria no pasará nada malo para el medio, porque no sobrevive al otoño; pasará que has tirado el dinero y la temporada.

Confundir tamaño con capacidad de carga. Ninguna hoja de nenúfar gigante está pensada para subirse encima. Las fotografías clásicas usan una tabla que reparte el peso y niños de pocos kilos, y aun así se hunden con frecuencia.

En resumen

El guaraní llamó aguapé a dos plantas flotantes muy distintas y la confusión ha llegado hasta hoy. Una, el jacinto de agua (Pontederia crassipes), es una invasora catalogada cuyo cultivo y tenencia están prohibidos en España por el Real Decreto 630/2013 y que ha costado millones en el Guadiana. La otra, el nenúfar gigante (Victoria amazonica y sus parientes V. cruziana y V. boliviana), es una maravilla botánica de hojas de hasta tres metros sostenidas por un nervado hueco que inspiró el Crystal Palace, y de flores termogénicas que cambian de blanco a púrpura en dos noches encerrando escarabajos polinizadores. Cultivarlo exige agua entre 25 y 30 °C durante cinco meses, varios metros cuadrados de lámina y siembra anual, condiciones que en la Península solo se dan en invernadero calefactado. Para un estanque de jardín, los nenúfares rústicos hacen el trabajo; el aguapé gigante, mejor visitarlo en un botánico en agosto, que es cuando florece.


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