Frota una hoja entre los dedos y el olor no admite dudas: anís, menta y un fondo dulce que se queda en la piel. Ese aroma es la firma del género Agastache, un grupo de labiadas perennes que florece de junio a octubre, aguanta la sequía del verano español mejor que casi cualquier vivaz de flor y atrae abejorros con una insistencia que se nota desde varios metros.

El nombre común más extendido, hisopo anisado, es un doble malentendido. No tiene relación con el anís de cocina (Pimpinella anisum), que es una umbelífera, y tampoco es el hisopo verdadero (Hyssopus officinalis), un arbusto mediterráneo distinto aunque comparta familia. Conviene tenerlo claro antes de comprar, porque en vivero las etiquetas se confunden con frecuencia y quien busca una cosa se lleva la otra.

Espigas florales de Agastache rugosa en flor

Un género partido en dos mitades

El género reúne una veintena larga de especies repartidas de forma desigual, y esa procedencia decide después cómo se comportan en el jardín.

La mayor parte son norteamericanas. Agastache foeniculum viene de las praderas del centro y norte de Estados Unidos y Canadá: suelos profundos, veranos cálidos, inviernos muy fríos pero con nieve seca. Da espigas de un azul violáceo apagado sobre matas de 80 a 120 cm y es la especie más generosa en resiembra. En el extremo opuesto están las de los roquedos del suroeste americano y del norte de México: Agastache rupestris, de flor anaranjada cobriza y follaje muy fino y grisáceo, y Agastache cana, de un rosa intenso. Estas dos crecen en pedregales secos y son las que peor toleran un invierno encharcado.

La excepción geográfica es Agastache rugosa, asiática, del este de China, Corea y Japón. Tiene la hoja más ancha y rugosa, la espiga más compacta y admite algo más de humedad en el suelo que sus primas americanas. En México, Agastache mexicana —el toronjil morado— es una planta de uso tradicional muy arraigado, de flor rosa fuerte y aroma más cítrico.

De los cruces entre A. rugosa y A. foeniculum salen los cultivares que más se venden aquí: 'Blue Fortune', 'Black Adder' o 'Blue Boa', con espigas densas y una floración muy larga. Tienen una particularidad práctica que la etiqueta no suele recoger: producen poca o ninguna semilla viable. Eso es una ventaja si no quieres plántulas por todo el arriate, y un inconveniente si contabas con que la mata se renovara sola. Para esos híbridos hay que recurrir a la división o al esqueje.

Sol, drenaje y poco más

La agastache quiere sol directo, mínimo seis horas. A media sombra se estira, produce tallos débiles que se tumban con la primera tormenta y florece la mitad. Solo en el interior peninsular, con veranos de 40 °C sostenidos, agradece una sombra ligera en las horas centrales de julio y agosto.

El punto crítico no es el frío, es el agua parada en invierno. Una A. foeniculum resiste sin problema por debajo de -20 °C si el suelo drena; esa misma planta en una arcilla compacta de vega, con las lluvias de noviembre a marzo, se pudre por el cuello y no rebrota. Este es el motivo por el que las agastaches fracasan en el norte atlántico y en muchos jardines de suelo pesado, y no la falta de rusticidad que suele achacárseles.

La solución es de suelo, no de riego. En terreno arcilloso conviene plantarlas en bancal elevado o en un montículo de 20-30 cm, con una enmienda generosa de grava o arena gruesa de río (nunca arena fina de playa) en los primeros 30 cm. Una capa de gravilla de 3-4 cm alrededor del cuello mantiene seca la base y ha salvado más matas que cualquier fungicida. Toleran bien la caliza y los suelos pobres; un pH entre 6 y 7,5 les va perfecto.

Marco de plantación: de 40 a 50 cm entre plantas. Más juntas se airean mal y el oídio aparece en agosto.

Riego y abonado: menos de lo que parece

El primer verano hay que regar: un riego semanal abundante hasta que la mata arraigue. A partir del segundo año, una agastache establecida en pleno suelo pasa el verano peninsular con riegos muy espaciados, cada dos o tres semanas en secano mediterráneo, y en muchos jardines del interior sobrevive sin riego alguno una vez pasada la floración principal.

El aspecto exuberante engaña. Regarla como si fuera una planta de arriate inglés produce tallos blandos, floración pobre y una mata que se abre por el centro. Lo mismo pasa con el abono: un exceso de nitrógeno da hoja grande y verde clara, espigas cortas y menos aroma en la hoja, porque los aceites esenciales se concentran en condiciones algo austeras. Con una aportación de compost bien hecho en primavera, un par de centímetros esparcidos alrededor, va sobrada.

En maceta cambia el planteamiento: hace falta un contenedor de al menos 25-30 cm de diámetro, sustrato mezclado al 40 % con material drenante y riego más frecuente, porque el cepellón se seca de verdad. Lo que no se puede es dejar plato con agua debajo.

Poda y calendario de mantenimiento

Es una vivaz de parte aérea caduca: en invierno se seca entera y desaparece.

Durante la floración, cortar las espigas pasadas por debajo del primer par de hojas sanas alarga la producción de flor hasta las primeras heladas. Si la mata se ha estirado demasiado, un despunte a finales de mayo o principios de junio, quitando un tercio de la altura, la compacta y retrasa la floración unas dos semanas, algo útil para escalonar el arriate.

La poda de limpieza se hace a finales de invierno, no en otoño. Los tallos secos protegen la corona del frío y de la humedad directa, y las semillas alimentan jilgueros y verderones en enero. En febrero o marzo se corta todo a unos 10 cm del suelo, antes de que empiecen a asomar los brotes basales.

Un aviso que evita disgustos: la agastache rebrota tarde. En abril puede seguir sin dar señales de vida mientras el resto del arriate ya está verde. Si la arrancas en ese momento dándola por muerta, tiras una planta viva: espera a mayo antes de decidir nada.

Agastache foeniculum, el llamado hisopo anisado

Cómo multiplicarla

Hay tres vías, según lo que tengas.

Semilla. Funciona bien en las especies puras. La semilla necesita luz para germinar, así que se siembra en superficie sobre sustrato fino, se presiona sin cubrir y se mantiene húmeda a 18-21 °C. Germina en dos o tres semanas. Se siembra en marzo bajo cubierta o directamente en el terreno a finales de primavera. Un mes de estratificación en frío, en la nevera dentro de una bolsa con sustrato húmedo, mejora el porcentaje en las especies de montaña. Los híbridos no se reproducen fielmente por semilla, y muchos ni siquiera la producen.

Esqueje. El método más rápido y fiable para cultivares. A finales de primavera se cortan brotes tiernos de 8-10 cm sin flor, se deshojan por la mitad inferior y se clavan en una mezcla de turba y perlita a partes iguales. Enraízan en dos o tres semanas con ambiente húmedo y sin sol directo.

División. En marzo, cuando asoman los brotes, se levanta la mata y se separa en secciones con raíz y yemas. Conviene hacerlo cada tres o cuatro años, porque la agastache es una perenne de vida relativamente corta y las matas viejas se ahuecan por el centro y florecen peor. Dividirla es a la vez multiplicación y rejuvenecimiento.

Problemas: pocos, y casi siempre el mismo

El aroma la protege de buena parte de los herbívoros. Los conejos y los corzos la dejan tranquila, y los pulgones aparecen poco y en cantidades irrelevantes.

Lo que sí hace daño:

Podredumbre de cuello y raíz. Es lo que se lleva por delante las matas de agastache en jardín español. Se manifiesta en primavera: la planta no rebrota, o rebrota débilmente y colapsa. No tiene tratamiento una vez instalada; se previene con drenaje y con gravilla en la base.

Oídio. Polvo blanquecino en el envés y en los tallos, típico de finales de agosto en matas apretadas o en sombra. Se controla aclarando, separando plantas y evitando mojar la hoja al regar.

Caracoles y babosas en los brotes tiernos de abril, que pueden arrasar un rebrote recién salido. Un cerco de gravilla o ceniza y revisiones nocturnas después de llover bastan.

Para qué sirve, más allá del arriate

Como planta melífera es de primer nivel. La floración larga y el néctar abundante la convierten en una de las mejores aportaciones que puedes hacer a un jardín para polinizadores en pleno verano, cuando muchas otras especies ya han pasado. Atrae abejas, abejorros, mariposas y la esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum), esa polilla diurna que revolotea como un colibrí en miniatura.

En la cocina, la hoja se usa fresca o seca en infusión, con un sabor anisado suave que no necesita azúcar. Combina bien en macedonias, cremas y postres lácteos, y las flores sirven de guarnición comestible. Agastache rugosa forma parte de la cocina coreana, donde la hoja se emplea en guisos y frituras. Para secarla, se cortan los tallos justo antes de la apertura completa de las flores, se atan en manojos y se cuelgan boca abajo en un lugar aireado y a la sombra; el aceite esencial se degrada con la luz.

Varias especies del género, en particular A. rugosa y A. mexicana, tienen un uso medicinal tradicional largo en sus zonas de origen. Es un dato cultural, no una recomendación: el uso terapéutico de cualquier planta corresponde a un profesional sanitario y aquí no se dan pautas.

En diseño funciona en macizos de estilo pradera junto a Echinacea, Salvia nemorosa, Perovskia y gramíneas como Stipa tenuissima, todas ellas con las mismas exigencias de sol y drenaje. También se sostiene sola en un jardín de bajo consumo de agua, y aguanta bien la vida en jardinera grande de terraza soleada.

En resumen

La Agastache es una vivaz de sol, suelo drenante y riego escaso que florece medio verano y llena el jardín de polinizadores. El frío no la mata; el agua estancada en invierno, sí, y ahí se decide todo: bancal elevado, grava en la mezcla y gravilla alrededor del cuello en cualquier terreno pesado. Riega poco a partir del segundo año, olvídate del abonado nitrogenado, corta las espigas pasadas para prolongar la floración y deja los tallos secos hasta febrero. Divide la mata cada tres o cuatro años para que no se agote, recuerda que los híbridos tipo 'Blue Fortune' no se resiembran solos y ten paciencia en primavera, porque brota tarde y parece muerta cuando no lo está.


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